Una teoría de la verdad como teoría del significado
Comprender La nieve es blanca parece consistir en conocer su significado. Donald Davidson formuló una pregunta más radical, la de qué forma debería tener una teoría capaz de explicar la comprensión de todas las oraciones de una lengua. Su respuesta parte de Tarski (1944). Una teoría de la verdad para una lengua debe permitir derivar enunciados del tipo La nieve es blanca es verdadera si y solo si la nieve es blanca. Davidson (1967) propuso que una teoría de la verdad suficientemente estructurada y empíricamente adecuada puede cumplir el papel de una teoría del significado.
La propuesta no identifica el significado con la verdad. Sostiene que una teoría de la verdad puede mostrar, de manera composicional, cómo el valor semántico de las expresiones simples contribuye a las condiciones de verdad de un número indefinido de oraciones. Davidson combinó esta idea con un segundo proyecto, el de la interpretación radical, que pregunta cómo podría un intérprete asignar significados y creencias a un hablante cuya lengua desconoce. La respuesta requerirá evidencia conductual, una restricción de racionalidad y una teoría formal del lenguaje. Su filosofía une así la semántica formal con una teoría de la interpretación.
Contra los significados como entidades
Davidson heredó de Quine la desconfianza hacia entidades intensionales como los significados, las proposiciones o los sentidos concebidos como objetos. La pregunta es qué trabajo explicativo realizan esas entidades. Decir que el significado de una oración es cierta entidad no explica cómo un hablante comprende oraciones nuevas ni cómo un intérprete accede a ellas. Davidson buscó una teoría que entregue resultados observables, con oraciones emparejadas a sus condiciones de verdad. La teoría debe generar teoremas interpretativos, sin asociar cada oración con una entidad llamada significado. La semántica se convierte en una teoría explícita de la estructura. Esto no elimina el significado en su sentido corriente, porque es una propuesta sobre cómo teorizarlo (Lepore y Ludwig, 2005).
El argumento decisivo procede de la infinitud. Una lengua natural permite producir y comprender oraciones nunca oídas, como las que encadenan actitudes de manera indefinida. Una teoría del significado no puede almacenar una lista de pares entre oraciones y significados, porque el conjunto de oraciones posibles es abierto y la mente del hablante es finita. La teoría debe ser composicional y mostrar cómo un hablante finito comprende un número indefinido de oraciones. La semántica de Tarski da un modelo recursivo con esa forma.
Tarski, la convención T y las oraciones T
Tarski desarrolló una teoría formal de la verdad para lenguajes regimentados, con el esquema según el cual una oración es verdadera si y solo si se cumple lo que esa oración dice. La parte izquierda menciona una oración y la parte derecha la usa para especificar la condición en la que es verdadera. Tarski buscaba definir la verdad evitando las paradojas semánticas. Davidson tomó esa maquinaria y le asignó otra función, porque la usó para interpretar una lengua y no para definir la verdad de una lengua ya interpretada. La inversión es importante, ya que Tarski presupone el significado para definir la verdad y Davidson presupone una teoría de la verdad para recuperar la interpretación.
Tarski exige una condición de adecuación conocida como convención T. Una teoría materialmente adecuada debe implicar, para cada oración del lenguaje objeto, una instancia del esquema con la oración mencionada a la izquierda y su traducción a la derecha. Estas instancias se llaman oraciones T. El contenido interpretativo está en la relación entre la oración mencionada y la oración usada para dar sus condiciones de verdad. Una teoría composicional debe derivar esos teoremas a partir de axiomas sobre los términos singulares, los predicados, los conectores y los cuantificadores, lo que convierte la semántica en un sistema finito capaz de generar interpretaciones ilimitadas.
Una lengua mínima ilustra el mecanismo. Los axiomas pueden asignar un referente a cada nombre, condiciones de satisfacción a cada predicado y cláusulas recursivas a la negación y la conjunción. Desde ellos se derivan las condiciones de verdad de oraciones complejas que el sistema nunca encontró antes. La teoría explica la productividad porque calcula la interpretación de cada oración y no la memoriza.
Frege explicaba la composicionalidad mediante sentidos y referencias. Davidson conservó la arquitectura composicional sin tratar los significados como entidades, porque hace depender las condiciones de verdad de una expresión compleja de los valores semánticos de sus partes y de su estructura. La teoría necesita una estructura semántica rica y evita comprometerse con un reino de objetos intensionales.
Cabe preguntar por qué la verdad y no otra noción. Conocer las condiciones de verdad parece captar una dimensión central de la comprensión de una oración declarativa, porque quien comprende Venus es un planeta sabe qué tendría que ocurrir para que fuera verdadera. Esto no reduce toda la competencia lingüística a evaluar verdades, ya que las órdenes, las preguntas y las expresiones no declarativas requieren un tratamiento adicional. La verdad cumple en la teoría un papel estructural desde el cual otros fenómenos pueden explicarse o extenderse.
El problema de las oraciones T accidentales
Una teoría de la verdad puede generar bicondicionales verdaderos sin valor interpretativo. Si ambas partes son verdaderas, también lo es un bicondicional que empareje La nieve es blanca con la suma de dos y dos. La teoría no explicaría entonces el significado. Foster (1976) formuló esta objeción con precisión, al señalar que saber que una teoría implica ciertos teoremas verdaderos no basta para saber qué significan las oraciones de la lengua. Davidson necesita por eso restringir la teoría mediante evidencia de interpretación, para que sus teoremas sean interpretativos además de materialmente correctos. La teoría del significado no se valida únicamente desde dentro de la lógica, porque debe conectarse con la conducta y las circunstancias de hablantes reales. Aquí entra el proyecto de la interpretación radical.
Interpretación radical
Davidson (1973) modificó el problema de la traducción radical de Quine. Un intérprete quiere comprender a un hablante cuya lengua desconoce, sin diccionarios, sin intérpretes bilingües y sin acceso a su mente. Observa qué oraciones el hablante da por verdaderas en qué circunstancias. El problema es simultáneo, porque para saber qué significa una oración hace falta saber qué cree el hablante. Para saber qué cree hace falta saber qué significan sus oraciones. La interpretación radical debe resolver ambos conjuntos a la vez.
La evidencia básica es que el hablante tiene por verdadera una oración en cierta circunstancia. El intérprete observa el asentimiento sin conocer todavía el significado de la oración ni la creencia del hablante. Debe asignar ambos de manera que explique el patrón global de asentimientos y disentimientos. Quine mostró que esa evidencia no determina por sí sola una traducción palabra por palabra, según la lectura LS-097. Davidson añadió una estrategia basada en una teoría de la verdad y en un principio de caridad.
La interpretación requiere tres polos, el hablante, el intérprete y el mundo. Si ambos están frente a la lluvia y el hablante afirma una oración desconocida, existe una base para interpretarla como relacionada con la lluvia. El mundo aporta el punto común. La interpretación no es una relación puramente interna entre dos mentes y depende de causas compartidas de creencia. Davidson desarrolló esta dimensión en su idea de triangulación.
El principio de caridad
Para interpretar a otro hay que atribuirle un conjunto considerable de creencias verdaderas y de razonamientos coherentes. El principio de caridad no es una recomendación de amabilidad, porque es una condición metodológica. Si se atribuyera error masivo en cada punto, se perdería la capacidad misma de identificar los contenidos. Quien usa árbol para hablar de árboles en la mayoría de los casos puede equivocarse en uno. La atribución de error presupone un trasfondo de acuerdo.
El principio se malinterpreta cuando se formula como la exigencia de suponer que el hablante siempre tiene razón. Eso destruiría la posibilidad del desacuerdo, del error y de la crítica. La tesis es más moderada, porque el error solo se identifica sobre un fondo mayoritario de acuerdo. Puede atribuirse a alguien la creencia falsa de que la Tierra es plana precisamente porque se le atribuyen muchas creencias verdaderas sobre la Tierra, la forma y el espacio. Sin ese terreno común no sabríamos siquiera sobre qué discrepa.
La caridad suele incluir dos dimensiones. Una alinea las creencias del hablante con lo que ocurre en el entorno compartido. La otra atribuye patrones razonablemente consistentes de inferencia. Los intérpretes usan ambas, porque alguien puede tener muchas creencias verdaderas e inferir de manera caótica, o razonar bien desde premisas falsas. La interpretación busca un equilibrio global entre ambas dimensiones.
Para Davidson, cierto grado de racionalidad es constitutivo de tener actitudes proposicionales. La tesis no dice solo que la mayoría de las personas suele razonar bien. Dice que atribuir creencias a una entidad exige presuponer en ella una sensibilidad mínima a la evidencia, a la consistencia y a las consecuencias de lo que cree. Este compromiso es fuerte y ha sido discutido. Se conecta con su posición en filosofía de la mente, el monismo anómalo, según la cual los eventos mentales son eventos físicos sin que existan leyes psicofísicas estrictas formuladas en vocabulario mental. La atribución de creencias sigue principios de racionalidad que no se reducen a leyes físicas, por lo que la interpretación no equivale a una explicación neurofisiológica.
El error local se identifica, entonces, sobre un fondo de verdad. Si alguien llama perro a un zorro, se le atribuye un error porque usa perro normalmente para perros. Si aplicara la palabra a cualquier objeto, cabría preguntar si está equivocado o si usa la palabra con otro significado. Distinguir el error del desacuerdo semántico es uno de los problemas más profundos de la interpretación.
Holismo y composicionalidad
La estructura lógica de una lengua se infiere de regularidades. Si una construcción desconocida aparece en los contextos en que se afirman dos cosas a la vez, el intérprete puede postular un operador conjuntivo y comprobar si esa hipótesis permite derivar correctamente los patrones de asentimiento en muchas oraciones complejas. La semántica se convierte en una teoría empírica, porque la estructura se infiere y no se observa.
Davidson comparte por eso una forma de holismo. Ninguna oración se interpreta de manera aislada del resto de la lengua, porque los axiomas semánticos se apoyan entre sí y la interpretación de una palabra depende de cómo funcionan las demás. El holismo no equivale a decir que cada palabra signifique toda la lengua. La teoría es composicional en su derivación interna y holista en su evidencia, ya que el significado de las oraciones complejas depende de sus partes y la asignación de valores a esas partes se justifica desde el sistema completo (Ramberg, 1989).
El rechazo de los esquemas conceptuales
En On the very idea of a conceptual scheme, Davidson (1974) criticó la distinción entre un esquema conceptual y un contenido empírico neutral que ese esquema organizaría. La idea criticada sostiene que distintas culturas organizan un mismo material neutral mediante esquemas radicalmente distintos. Davidson preguntó qué significaría que dos esquemas fueran absolutamente inconmensurables. Si una lengua fuera por completo intraducible, no habría base para reconocer en ella oraciones, creencias, referencia o pensamiento. Tampoco la habría para afirmar que su comunidad posee un esquema conceptual distinto del nuestro. Identificar una diferencia conceptual exige ya una base de traducción, lo que continúa la lógica del principio de caridad.
La crítica no demuestra que todas las lenguas conceptualicen del mismo modo. Puede haber diferencias profundas en categorías gramaticales, taxonomías, metáforas y distinciones léxicas, como mostraron las lecturas LS-076 y LS-088. Lo que Davidson cuestiona es la tesis de una inconmensurabilidad absoluta, porque la traducción puede ser parcial, costosa y no isomórfica sin ser imposible. El salto desde la diferencia hasta los mundos conceptuales cerrados es el que rechaza.
Davidson describió la dualidad entre esquema y contenido como un tercer dogma del empirismo, que sobrevivió a la crítica de Quine a los dos primeros. La idea de una experiencia por completo no conceptualizada que el lenguaje luego organiza le pareció inestable, porque no accedemos a un contenido neutral fuera de todo esquema para comparar representaciones.
Cabe preguntar si atribuir a otros muchas creencias verdaderas presupone un acceso infalible al mundo. El intérprete también puede equivocarse. La caridad opera dentro de una relación triangular en la que ambos están expuestos a causas comunes. No hay un punto de vista absoluto fuera de toda interpretación. Davidson rechaza a la vez el escepticismo global, porque el contacto causal compartido con el mundo da una base objetiva suficiente.
Triangulación
Davidson desarrolló la noción de triangulación para explicar la objetividad y el contenido. Dos sujetos reaccionan a una causa compartida y cada uno observa la reacción del otro, con lo que se forma un triángulo entre los dos sujetos y el mundo. Para que una reacción se convierta en contenido objetivo no basta correlacionarla con un estímulo, porque el sujeto necesita distinguir cómo parecen las cosas de cómo son. La interacción con otro sujeto permite contrastar respuestas y hace posibles las nociones de error, corrección y objetividad. La idea recuerda el papel de los criterios públicos en Wittgenstein dentro de un marco filosófico distinto.
Davidson comparte de este modo el espíritu externalista de Putnam y Burge, estudiado en la lectura LS-099, con otro énfasis. No se centra en las clases naturales ni en los expertos, porque se centra en la interpretabilidad y en un mundo causal compartido. La objetividad del pensamiento nace dentro de una práctica de interpretación.
Malapropismos, teoría previa y teoría de paso
En A nice derangement of epitaphs, Davidson (1986) analizó casos en que los hablantes usan palabras de manera desviada y aun así son comprendidos, como ocurre con los malapropismos examinados en la lectura LS-096. El oyente reconstruye la intención a partir del contexto, lo que desafía la imagen según la cual comunicarse exige compartir de antemano una teoría lingüística fija. La comprensión puede construirse sobre la marcha.
Davidson distinguió la teoría previa de la teoría de paso. La teoría previa recoge las expectativas con que el intérprete llega a la conversación sobre cómo habla esa persona. La teoría de paso es la que efectivamente usa para interpretar una emisión concreta, ajustada a lo que acaba de oír. Si alguien confunde una palabra con otra fonológicamente parecida, el oyente corrige de manera pragmática y sigue la conversación. La convención compartida no es entonces ni suficiente ni estrictamente necesaria, porque la comunicación depende de que las interpretaciones converjan en el contexto.
De ahí procede su formulación provocativa, según la cual no existe tal cosa como un lenguaje si por ello se entiende un conjunto fijo de convenciones compartidas capaz de explicar toda la comunicación. La tesis no niega que existan los idiomas. Señala que la competencia comunicativa real excede cualquier teoría previa estable, porque los hablantes ajustan sus interpretaciones a cada interlocutor y a cada ocasión. La interpretación contextual puede superar las desviaciones del código.
Metáfora
Davidson (1978) rechazó que una metáfora tenga un significado figurado adicional, distinto del literal. En Julieta es el sol, la oración conserva su significado literal y es literalmente falsa. La metáfora hace que el oyente vea semejanzas o conexiones, sin que exista una proposición metafórica oculta que la oración exprese. El efecto pertenece al uso y a lo que la emisión provoca en el intérprete.
El argumento se apoya en la paráfrasis. Si una metáfora tuviera un significado proposicional adicional determinado, debería poder parafrasearse. Muchas metáforas resisten toda paráfrasis exhaustiva, porque pueden enumerarse asociaciones sin que la lista equivalga a la metáfora. Davidson concluyó que la metáfora no significa esas cosas en un segundo sentido, porque nos hace notar conexiones. La tesis preserva una semántica literal austera y desplaza la riqueza hacia los efectos del uso, lo que contrasta con las teorías de conceptos ad hoc examinadas en la lectura LS-087.
Interpretación, acción y pragmática
Davidson no construyó una teoría pragmática como la de Grice. Varias de sus ideas son, con todo, pragmáticamente relevantes. La comprensión no es una mera decodificación, porque consiste en atribuir creencias, deseos, intenciones y contenidos a otro agente. La semántica formal se inserta en una teoría más amplia de la interpretación, sin abandonar el compromiso con las condiciones de verdad.
Su filosofía de la acción va en la misma dirección. Una explicación de una acción cita las creencias y los deseos que la hacen razonable, como cuando alguien lleva paraguas porque cree que lloverá y quiere no mojarse. La teoría de la interpretación presupone esa atribución de razones. La racionalidad del agente conecta la semántica con la acción.
Aplicaciones clínicas
Un paciente dice que todos hablan de él. La interpretación clínica debe decidir qué significa la emisión, qué cree el paciente, qué evidencia tiene y qué grado de generalización pretende. Si el clínico atribuye desde el inicio una estructura por completo irracional, puede perder el contenido real de lo que se dice. El principio de caridad sugiere reconstruir primero la interpretación más coherente posible con el conjunto de las conductas y del contexto. Esto no significa validar como verdadero todo lo dicho, porque significa distinguir el contenido de la creencia, su justificación y su evaluación clínica. Solo puede identificarse un error concreto sobre un fondo de comprensión compartida.
La aplicación exige cautela. La caridad no autoriza a sostener que todo discurso psicótico es racional si se lo interpreta lo bastante bien. La regla es metodológica, porque recomienda agotar la interpretación antes de declarar que algo carece de sentido. Una creencia puede seguir siendo falsa, improbable y clínicamente relevante. La desorganización formal del pensamiento existe como fenómeno.
El trabajo de reconstrucción tiene, además, valor descriptivo. Ante la afirmación de que el vecino lo observa porque ayer cerró la cortina, puede reconstruirse una premisa, una conclusión y un paso inferencial débil. El contenido es interpretable. Describir el paso inferencial, la evidencia invocada y el grado de convicción es más informativo que registrar que el pensamiento es incomprensible. Esto mantiene separados el contenido de la creencia, su justificación y su estatuto clínico.
Caridad en la lectura científica
Al criticar un artículo conviene reconstruir primero la versión más coherente de su argumento, con su afirmación central, su evidencia, sus pasos inferenciales y su conclusión, antes de identificar los supuestos no justificados, los saltos y las alternativas no consideradas. La práctica se parece a la caridad interpretativa y es una disciplina argumentativa, porque evita refutar una versión peor que la que el autor sostiene, sin que eso signifique suavizar las críticas.
Tampoco obliga a tratar como igualmente plausibles dos interpretaciones con respaldo desigual. Busca la mejor reconstrucción de una posición antes de evaluarla, sin exigir una equivalencia entre posiciones que la evidencia no sostiene. Ser caritativo consiste en representar correctamente lo que el otro afirma y no en neutralizar las diferencias de evidencia, una distinción importante en la ciencia y en la discusión pública.
Inteligencia artificial e interpretación
Un sistema conversacional recibe mensajes y debe inferir qué quiere el usuario, qué presupone y qué considera relevante. Enfrenta con ello una versión limitada del problema de la interpretación. Cuando el usuario responde que eso no era lo que quería, el sistema debe revisar su interpretación del objetivo y ajustarla. Un modelo no parte, con todo, de cero como el intérprete radical idealizado, porque llega con un entrenamiento previo masivo, lo que vuelve parcial la analogía.
La distinción entre teoría previa y teoría de paso es útil aquí. El sistema espera ciertos usos a partir de su entrenamiento y adapta la interpretación al usuario concreto. Si alguien usa una abreviatura propia para referirse a una lectura, la comunicación exige que el sistema adopte esa microconvención durante la conversación, sin que el significado general del término cambie fuera de ella.
Un asistente aplica también una versión funcional de la caridad cuando interpreta un error de tipeo como la palabra que el usuario pretendía. La caridad tiene límites, porque si la reconstrucción cambia decisiones importantes conviene pedir aclaración y no asumir la intención más plausible. En dominios de alto riesgo, la confirmación explícita es preferible a la inferencia caritativa.
Los modelos actuales suelen comprender malapropismos y errores, lo que muestra flexibilidad interpretativa. Davidson no predice, con todo, una arquitectura computacional concreta, porque la convergencia en una teoría de paso puede implementarse de maneras muy distintas. La analogía es funcional y no una identidad de mecanismos.
Un modelo puede generar además una oración bien formada y falsa, como una que atribuya a Marie Curie un premio en un año equivocado. Su estructura semántica sigue siendo interpretable. Davidson ayuda a separar la especificación de las condiciones de verdad de la verificación de que se cumplen. Una teoría del significado dice qué tendría que ocurrir para que una oración fuera verdadera sin garantizar que ocurra, algo que solo la evidencia externa puede establecer.
La interpretación de Pluvi
Un intérprete observa a un hablante desconocido. Mientras llueve, el hablante dice Pluvi. Cuando deja de llover, niega esa misma oración. El intérprete formula la hipótesis de que Pluvi equivale a que está lloviendo. Después observa emisiones complejas como Pluvi e vento, que aparecen cuando llueve y hay viento, lo que sugiere un operador conjuntivo y un término para el viento. La teoría deriva entonces condiciones de verdad para combinaciones que nunca se oyeron antes. Para aceptar el análisis, el intérprete presupone que el hablante suele tener creencias verdaderas sobre el clima que ambos perciben y que razona con cierta coherencia. La interpretación combina una teoría de la verdad, evidencia conductual y caridad. Ninguno de los tres componentes basta por sí solo.
Límites del proyecto
La propuesta enfrenta varias objeciones. El problema de las oraciones T interpretativas exige condiciones adicionales que la teoría formal no da por sí sola. El tratamiento de las oraciones no declarativas, de los indéxicos, de los contextos de actitud y del discurso figurado requiere extensiones considerables. La tesis de la racionalidad constitutiva es fuerte y deja poco espacio a la irracionalidad profunda que la clínica documenta. El principio de caridad, formulado con generalidad, deja indeterminada cuánta divergencia tolera una interpretación antes de volverse implausible. Su teoría de la metáfora, por último, es discutida por quienes sostienen que la comprensión figurada implica un ajuste conceptual además de un efecto del uso. Aun así, el programa sigue siendo una de las arquitecturas más ambiciosas de la filosofía del lenguaje, porque integra la semántica formal, la epistemología de la interpretación y la teoría de la acción (Davidson, 1984).
Davidson y las teorías anteriores
El recorrido de este bloque permite situar su posición. Frege distinguió el sentido de la referencia. Russell analizó las descripciones mediante la forma lógica. El primer Wittgenstein explicó la representación mediante la forma lógica compartida y el segundo desplazó el significado hacia el uso y las prácticas. Austin describió los actos que se realizan al hablar y Grice explicó el significado mediante intenciones reconocibles. Quine cuestionó la determinación del contenido, Kripke fijó la referencia mediante la designación rígida y las cadenas históricas. Putnam y Burge la situaron en el entorno y la comunidad. Davidson intentó combinar la formalidad semántica con una teoría pública de la interpretación, en la que la verdad, la caridad y la triangulación explican a la vez el significado, la creencia y la objetividad.
Interpretar una emisión con Davidson
Interpretar una emisión con las herramientas de Davidson combina tres operaciones. Una asigna condiciones de verdad y reconstruye la estructura composicional que las genera. Otra atribuye al hablante las creencias que harían razonable su emisión, con la condición de que todo error atribuido se apoye en un fondo suficiente de acuerdo. La tercera ajusta la teoría previa a la teoría de paso que la interacción exige y separa lo que la oración dice de lo que su uso provoca. Ninguna de las tres verifica que las condiciones de verdad se cumplan, porque esa verificación depende del mundo y no de la teoría del significado.
Esta lectura integra el recorrido por la filosofía del lenguaje del siglo XX. Para relacionarlo con el inferencialismo y las prácticas de dar y pedir razones, puede consultarse la lectura LS-090.
Referencias
Davidson, D. (1967). Truth and meaning. Synthese, 17(3), 304-323.
Davidson, D. (1973). Radical interpretation. Dialectica, 27(3-4), 313-328.
Davidson, D. (1974). On the very idea of a conceptual scheme. Proceedings and Addresses of the American Philosophical Association, 47, 5-20.
Davidson, D. (1978). What metaphors mean. Critical Inquiry, 5(1), 31-47.
Davidson, D. (1984). Inquiries into truth and interpretation. Oxford University Press.
Davidson, D. (1986). A nice derangement of epitaphs. En E. LePore (Ed.), Truth and interpretation: Perspectives on the philosophy of Donald Davidson (pp. 433-446). Blackwell.
Foster, J. A. (1976). Meaning and truth theory. En G. Evans y J. McDowell (Eds.), Truth and meaning: Essays in semantics (pp. 1-32). Clarendon Press.
Lepore, E., y Ludwig, K. (2005). Donald Davidson: Meaning, truth, language, and reality. Oxford University Press.
Ramberg, B. T. (1989). Donald Davidson's philosophy of language: An introduction. Blackwell.
Tarski, A. (1944). The semantic conception of truth and the foundations of semantics. Philosophy and Phenomenological Research, 4(3), 341-376.