LS-098 / Semántica y pragmática

Nombres, necesidad e identidad en Kripke

Para orientarte: Modalidad y mundos posibles, Descripciones, lógica y análisis en Russell, Indeterminación, traducción y holismo en Quine.

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  1. Los nombres y las descripciones
  2. Dos tesis descriptivistas
  3. El argumento modal
  4. Los argumentos epistemológico y semántico
  5. Bautismo y cadena histórica
  6. Identidad necesaria y necesario a posteriori
  7. Esencialismo y modalidad de re
  8. Términos de clases naturales
  9. Nombres vacíos y ficción
  10. Modalidad de dicto, de re y descripciones rigidizadas
  11. Kripke frente a Russell y frente a Quine
  12. Referencia sin conocimiento y externalismo
  13. Aplicaciones científicas y clínicas
  14. Inteligencia artificial y nombres propios
  15. El caso de Marie Curie
  16. Análisis de un término singular
  17. Referencias

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

Los nombres y las descripciones

Una teoría descriptivista sostiene que un nombre como Aristóteles refiere porque el hablante lo asocia con alguna descripción, como el maestro de Alejandro Magno, el autor de la Metafísica o el filósofo nacido en Estagira. El nombre llegaría al referente a través de esa descripción. Saul Kripke cuestionó esta arquitectura en las conferencias reunidas en Naming and necessity (Kripke, 1980). Su pregunta central fue si la referencia de un nombre depende de que el hablante asocie con él una descripción que el referente satisfaga. Su respuesta fue negativa. Un nombre puede seguir refiriendo al mismo individuo aunque las descripciones asociadas sean falsas, sean insuficientes para identificarlo o no sean compartidas por la comunidad.

La propuesta introduce una noción decisiva. Un designador rígido refiere al mismo individuo en todos los mundos posibles en los que ese individuo existe. La tesis transforma las relaciones entre el significado, la referencia, la necesidad, la esencia y el conocimiento a priori. Sus argumentos contra el descriptivismo, su imagen alternativa de la referencia y las consecuencias modales y metafísicas que extrajo de ella son el objeto de las secciones siguientes.

Dos tesis descriptivistas

Conviene distinguir dos funciones posibles de las descripciones. Según la primera, el significado de un nombre consiste en una descripción o en un conjunto de descripciones. Según la segunda, la descripción fija quién es el referente sin constituir el significado del nombre. Las dos tesis no son idénticas, porque una teoría puede rechazar que la descripción sea el significado y aceptar que ayude a fijar la referencia inicial.

Kripke reconstruyó el descriptivismo en una serie de tesis numeradas para examinarlas por separado, junto con una condición de no circularidad según la cual las descripciones asociadas no pueden apelar ellas mismas a la relación de referencia que se pretende explicar. Su crítica alcanza también la versión de racimo, según la cual un nombre está asociado a una familia de descripciones de las que basta que el referente satisfaga una porción suficiente. Esa versión fue formulada por Searle (1958) y tiene antecedentes en la discusión de Wittgenstein sobre el nombre Moisés. Kripke no intentó demostrar que las descripciones nunca participen en el uso de los nombres. Intentó mostrar que no pueden constituir por sí solas su semántica.

El argumento modal

Si Aristóteles fuera sinónimo de el maestro de Alejandro, la oración Aristóteles fue maestro de Alejandro sería necesariamente verdadera. Puede imaginarse, sin embargo, un curso de acontecimientos en el que Aristóteles nunca conociera a Alejandro y se dedicara a otra cosa. La oración Aristóteles podría no haber sido maestro de Alejandro expresa una posibilidad genuina, mientras que Aristóteles podría no haber sido Aristóteles no expresa ninguna. La descripción designa a personas distintas según el mundo que se considere, porque en otro mundo el maestro de Alejandro pudo haber sido Platón. El nombre designa al mismo individuo con independencia de esa propiedad.

Kripke llamó designador rígido a una expresión que designa el mismo objeto en todo mundo posible en el que ese objeto existe. Los nombres propios son rígidos. Las descripciones definidas ordinarias no lo son, porque su referente varía según qué individuo satisfaga la condición en cada mundo. La rigidez es una propiedad modal de la referencia.

La rigidez no implica existencia necesaria. Aristóteles designa rígidamente a Aristóteles sin que se siga que Aristóteles exista en todos los mundos posibles. La rigidez responde a quién designa la expresión en los mundos en que ese individuo está presente y no a si ese individuo existe de manera necesaria. Salmon (1981) precisó esta distinción al separar los designadores que designan al objeto incluso en mundos donde no existe de los que solo lo designan donde existe.

El contraste se aprecia en el alcance. El filósofo que escribió esas obras podría no haber escrito esas obras admite dos lecturas, según se evalúe la descripción en el mundo actual o mundo por mundo. Si se evalúa en cada mundo, la descripción pierde al individuo actual. El nombre, en cambio, mantiene fijo al individuo mientras se imagina otro curso de acontecimientos. Esa estabilidad es lo que motiva la semántica de la designación rígida.

Los argumentos epistemológico y semántico

Kripke formuló también una objeción epistemológica. Supóngase que un hablante asocia Gödel con la descripción el hombre que demostró el teorema de incompletitud. Supóngase también que la prueba fue obra de un tal Schmidt, cuyo trabajo Gödel se apropió. Si la descripción fijara la referencia en cada uso, el nombre Gödel designaría a Schmidt en boca de ese hablante. La intuición es que el hablante sigue hablando de Gödel y sostiene sobre él una creencia falsa. La referencia permanece estable pese al error descriptivo, lo que cuestiona que el hablante deba poseer una descripción correcta para referir.

La objeción semántica parte de la pobreza del conocimiento habitual. Alguien puede saber de Feynman únicamente que fue un físico. Esa descripción la satisfacen muchas personas. El hablante usa aun así el nombre para hablar de Feynman. El conocimiento individual no determina la referencia, porque la práctica lingüística contiene mecanismos sociales e históricos de transmisión. La referencia no necesita reconstruirse desde cero en cada mente. Donnellan (1970) desarrolló en paralelo argumentos semejantes sobre los nombres propios y las descripciones identificadoras.

Bautismo y cadena histórica

Kripke propuso una imagen alternativa. La referencia puede comenzar con un bautismo inicial en el que se fija ostensivamente, como cuando unos padres dicen que llamarán Nadia a esa niña. También puede fijarse mediante una descripción, como cuando se decide llamar Neptuno al planeta responsable de ciertas perturbaciones orbitales. Una vez fijado el nombre, se transmite con independencia de esa descripción. Cada hablante que recibe el nombre lo usa con la intención de referir a lo mismo que el hablante de quien lo aprendió, de modo que la referencia se conserva a lo largo de una cadena histórica. Nadie necesita haber conocido a Aristóteles para hablar de él, porque participa de una cadena de usos que se remonta al bautismo original.

La teoría no se reduce a una causalidad simple. Un loro que repite el sonido Aristóteles participa de una cadena acústica sin usar el nombre de manera competente. La cadena pertinente incluye la intención de conservar la referencia, la participación en una práctica lingüística y el reconocimiento del nombre como nombre de alguien. La dimensión histórica es social y normativa, además de física. Kripke advirtió, además, que no cualquier transmisión conserva la referencia, porque alguien puede recibir un nombre y usarlo para otra cosa. Una teoría causal necesita por eso una condición sobre la intención de mantener el uso recibido.

Los hablantes pueden tener creencias falsas sobre el referente y seguir usando bien su nombre. Quien cree que Einstein recibió el Nobel por la relatividad usa Einstein para hablar de Einstein, aunque el premio le fue otorgado por el efecto fotoeléctrico. La estabilidad de la referencia es compatible con el error de creencia, lo que separa la semántica de la epistemología.

Las cadenas históricas también pueden desplazarse. El caso de Madagascar, que Kripke tomó de Evans (1973), muestra que un nombre usado originalmente para una parte del continente africano acabó designando la isla a causa de un malentendido que la comunidad terminó por estabilizar. La causalidad histórica no garantiza una referencia eternamente fija, porque las prácticas comunitarias pueden reanclar los nombres. Una teoría causal debe admitir ese cambio.

Identidad necesaria y necesario a posteriori

Si dos nombres son designadores rígidos y designan el mismo individuo, la identidad entre ellos es necesaria. Héspero es Fósforo es verdadera porque ambos nombres designan a Venus. No hay un mundo posible en el que Venus no sea Venus. La identidad de un objeto consigo mismo no varía de un mundo a otro, un argumento que Kripke (1971) desarrolló a partir de la indiscernibilidad de los idénticos.

De ahí se sigue una de sus tesis más influyentes. La identidad entre Héspero y Fósforo se descubrió mediante observación astronómica, de modo que se conoce a posteriori. Si ambos nombres son rígidos, la identidad es además necesaria. Existen entonces verdades necesarias conocidas a posteriori, lo que rompe la equivalencia tradicional entre lo necesario y lo a priori. La modalidad pregunta si las cosas podrían haber sido de otra manera, mientras que la epistemología pregunta cómo llegamos a saberlo. Las dos dimensiones son independientes. La confusión histórica provino de tratar dos ejes distintos como si fueran uno.

Kripke defendió también la existencia de verdades contingentes conocidas a priori. Quien estipula que un metro es la longitud de cierta barra en un momento dado sabe a priori que esa barra mide un metro en ese momento. La verdad es contingente, porque la barra podría haber tenido otra longitud si hubiera estado sometida a otras condiciones. La descripción fija la referencia de la unidad sin expresar una identidad necesaria entre el objeto físico y esa longitud en todos los mundos.

Este punto merece tratarse por separado, porque una descripción puede fijar la referencia sin dar el significado. Neptuno pudo fijarse como el planeta responsable de ciertas perturbaciones orbitales. Después se descubrieron muchas propiedades del planeta. Pueden imaginarse mundos en los que Neptuno no causara esas perturbaciones. El nombre sigue designando a Neptuno. La descripción inicial fue epistemológicamente útil sin constituir el contenido modal del nombre. Stalnaker (1997) examinó cómo tratar estos casos mediante operadores de actualidad y descripciones rigidizadas, en un marco que distingue dos dimensiones de evaluación.

Esencialismo y modalidad de re

Kripke usó la rigidez para defender tesis esencialistas. Si una mesa concreta fue hecha de cierta pieza de madera, cabe preguntar si esa misma mesa podría haberse originado a partir de una pieza completamente distinta. Kripke consideró que ciertas propiedades de origen son esenciales. Si un individuo humano proviene de determinados gametos, ese mismo individuo no podría haber provenido de otros completamente distintos, aunque otra persona podría haber ocupado un papel biográfico semejante sin ser literalmente él. La formulación exacta es objeto de discusión filosófica. El punto general es que la modalidad de re puede revelar propiedades esenciales del objeto.

Esto exige corregir una imagen equivocada de los mundos posibles. Un mundo posible no es un país lejano que deba explorarse para averiguar qué objeto corresponde allí a Nixon. Cuando alguien dice que Nixon podría haber perdido las elecciones, estipula que habla de Nixon y describe una manera en que las cosas podrían haber sido. La identidad a través de mundos no se establece por semejanza descriptiva, porque el individuo se fija por estipulación y luego se pregunta cómo podría haber sido. La rigidez permite esa evaluación sin exigir un criterio de identificación por propiedades.

El argumento de la identidad necesaria influyó también en la filosofía de la mente. Si dolor y una descripción neurofisiológica rígida designaran lo mismo, su identidad sería necesaria. Kripke sostuvo que la aparente contingencia de esa identidad no puede explicarse del modo en que se explica la de Héspero es Fósforo, porque no parece haber un modo de presentación contingente que separe el dolor de lo que el dolor es. El argumento se convirtió en una objeción clásica a las teorías de identidad entre tipos mentales y tipos cerebrales.

Términos de clases naturales

Kripke extendió parte de la idea de rigidez a términos como agua, oro o tigre, una tesis que Putnam (1975) desarrolló en paralelo. Si agua designa rígidamente la sustancia cuya naturaleza la química investigó, la identificación del agua con el H₂O se descubrió de manera empírica y es, con todo, necesaria. No habría entonces un mundo posible en el que el agua tenga otra constitución química. Podría existir una sustancia de apariencia idéntica, que bajo esta teoría no sería agua.

La oración El agua es H₂O no afirma que toda sustancia de apariencia acuosa sea H₂O. Afirma que la sustancia cuya naturaleza fue investigada tiene esa constitución. La apariencia, con propiedades como ser líquida, incolora, insípida y potable, sirvió para identificar muestras iniciales. La ciencia descubrió después la estructura subyacente. Kripke distingue así las propiedades que permiten reconocer muestras de las que fijan la naturaleza de la clase, una distinción que será central en el experimento de Tierra Gemela examinado en la lectura LS-099.

La extensión desde los nombres propios a los términos de clase no es idéntica en todos sus detalles. Un nombre propio designa un individuo. Un término de clase designa una clase, una propiedad o una sustancia. La semántica debe distinguir esos casos. Soames (2002) argumentó que la rigidez, tal como se define para los nombres, es insuficiente para explicar la semántica de los términos de clase natural ni para sostener todas las conclusiones modales que se les atribuyen. LaPorte (2004) sostuvo, por su parte, que muchas identificaciones científicas implican decisiones de refinamiento conceptual y no el descubrimiento de una esencia preexistente.

Nombres vacíos y ficción

Los nombres sin referente real, como Sherlock Holmes, plantean un problema a cualquier teoría de la referencia. Responder simplemente que no hay referente deja sin explicar por qué los hablantes comprenden enunciados sobre Holmes, discuten sobre él y distinguen lo verdadero de lo falso dentro de la ficción. Kripke (2013) desarrolló más tarde una teoría de los nombres de ficción y de las entidades ficticias, donde distingue el uso dentro de la ficción del uso que habla de personajes como objetos abstractos creados por una obra. Frege, Russell y Kripke necesitaron por igual una teoría adicional para la ficción.

Modalidad de dicto, de re y descripciones rigidizadas

Necesariamente, existe algún presidente atribuye necesidad a una proposición general, mientras que existe un individuo que tiene necesariamente cierta propiedad atribuye una propiedad necesaria a un objeto. Kripke legitimó esta segunda forma, la modalidad de re, que permite hablar de propiedades esenciales, de identidad a través de mundos y de origen. No toda necesidad sobre una descripción es una necesidad del objeto.

Una descripción puede volverse rígida. El actual presidente de Chile designa a personas distintas en mundos distintos. La persona que de hecho es el actual presidente de Chile fija el referente en el mundo actual y lo mantiene al evaluar contrafácticos. El operador de actualidad produce ese efecto, lo que muestra que la rigidez no es una propiedad de la forma superficial de la expresión. Depende de cómo la expresión designa a través de los mundos.

Kripke frente a Russell y frente a Quine

Russell analizaba los nombres ordinarios como descripciones encubiertas, según se expuso en la lectura LS-092. Kripke sostuvo que Aristóteles no equivale semánticamente a el maestro de Alejandro. La teoría de las descripciones conserva su fuerza para las descripciones genuinas, de modo que Kripke no la destruye y limita su alcance en lo relativo a los nombres propios.

Quine desconfiaba de la modalidad de re y de las esencias, porque consideraba que atribuir propiedades necesarias a un objeto con independencia de cómo se lo describa carece de sentido claro, como se vio en la lectura LS-097. Kripke rehabilitó la modalidad de re, las propiedades esenciales y la metafísica modal. Consideró inteligible preguntar qué propiedades podría haber tenido este mismo objeto. El paso de la lectura LS-097 a esta marca un cambio profundo en la filosofía analítica, desde la sospecha hacia las nociones modales hasta su uso sistemático.

Referencia sin conocimiento y externalismo

Una consecuencia de la teoría es que un hablante puede usar correctamente un nombre sin saber identificar a su referente por propiedades. Quien dice que Feynman fue un físico participa de una práctica en la que la comunidad lingüística lleva parte de la carga referencial. La idea anticipa la división del trabajo lingüístico de Putnam, estudiada en la lectura LS-099. La referencia deja de depender por completo del contenido mental del hablante individual y pasa a depender también de la historia del nombre, de la comunidad y del entorno. Kripke no formuló exactamente el externalismo de Putnam y de Burge, aunque su teoría desplazó la referencia en esa dirección.

Aplicaciones científicas y clínicas

Una enfermedad puede recibir un nombre antes de que se comprenda su mecanismo. Si más tarde se descubre que los casos agrupados bajo ese nombre tienen etiologías distintas, como ocurrió con las hepatitis virales, la pregunta por la referencia del término no se decide solo por semejanza descriptiva. Importan la historia del término, las prácticas de la comunidad científica, los criterios de identificación de casos y las decisiones nosológicas posteriores. La lección de Kripke es que un término puede mantener su referencia mientras cambian las creencias asociadas. Esto no garantiza que toda categoría científica designe una clase natural rígida, porque esa conclusión requiere evidencia adicional.

Existe la tentación de suponer que una categoría diagnóstica con nombre estable corresponde a una esencia estable. Kripke no autoriza esa inferencia. La teoría de las clases naturales funciona si existe una estructura subyacente que explique las propiedades observables y que la investigación pueda identificar. En las categorías psiquiátricas, esa condición es una cuestión empírica y filosófica abierta. Kendler et al. (2011) argumentaron que los trastornos psiquiátricos se comprenden mejor como clases definidas por mecanismos causales múltiples y mutuamente reforzados que como clases naturales con esencias. La semántica de los términos no basta para demostrar la ontología clínica.

Un término como esquizofrenia se transmite dentro de una comunidad profesional, con manuales, formación, supervisión y literatura. El clínico individual no necesita dominar toda la historia científica del término para usarlo, porque la referencia se apoya en esa práctica compartida, lo que es compatible con una dimensión externalista. Las categorías clínicas cambian, sin embargo, por revisiones nosológicas, de modo que la continuidad semántica entre dos versiones de un manual debe estudiarse históricamente antes de darse por supuesta.

El modelo del agua tampoco se extrapola a todo el vocabulario científico. Términos como inteligencia, estrés, resiliencia o función ejecutiva designan constructos operacionalizados mediante medidas, sin que esté claro que exista en ellos una estructura subyacente única. La teoría semántica debe ser sensible al dominio y preguntar qué tipo de entidad o propiedad designa cada término.

Inteligencia artificial y nombres propios

Un modelo de lenguaje puede usar Aristóteles asociándolo con descripciones extraídas de sus datos de entrenamiento. Esto no implica que la referencia del nombre quede determinada por la intersección de esas descripciones. En términos funcionales, el sistema participa en una práctica lingüística en la que el nombre tiene un referente histórico, aunque la relación entre sus parámetros internos y esa referencia externa requiere una teoría adicional. La lección de Kripke se aplica también aquí, porque un sistema puede asociar descripciones incorrectas y seguir usando el nombre de la persona correcta.

Un modelo puede generar además un nombre inexistente y rodearlo de descripciones coherentes, por ejemplo al inventar un investigador con su afiliación y sus publicaciones. La coherencia descriptiva no crea un referente. El caso recuerda los problemas de Frege y de Russell con los nombres vacíos, a los que Kripke añade que, incluso cuando hay referente, la referencia no se reduce a la descripción. La evaluación de una afirmación exige distinguir la coherencia interna del texto de la existencia efectiva de la entidad nombrada.

El caso de Marie Curie

Alguien sabe que Marie Curie hizo un descubrimiento importante sobre la radiactividad. No sabe en qué año nació, cuántos premios recibió ni en qué instituciones trabajó. Podría creer, además, que nació en Francia. Aun así usa Marie Curie para hablar de Marie Curie. No lo hace por poseer una descripción única y correcta. Lo hace porque participa en una cadena social que conecta su uso con el bautismo del nombre. Si dice que Marie Curie podría haber trabajado en otra ciudad, mantiene fijo al individuo mientras varía sus circunstancias, sin hablar de quienquiera que satisficiera la descripción de científica famosa. El ejemplo combina la rigidez, la cadena histórica, el error descriptivo compatible con la referencia y la separación entre modalidad y conocimiento.

Análisis de un término singular

Un término singular exige decidir primero si es un nombre propio o una descripción definida, con independencia de su gramática superficial. La fijación de su referencia y la cadena histórica que la sostiene explican a quién designa. La evaluación de contrafácticos muestra si lo designa de manera rígida. Las propiedades que permiten identificar al referente no son necesariamente las que podrían serle esenciales. Una verdad, a su vez, puede ser necesaria o contingente con independencia de que se conozca a priori o a posteriori. Queda por último la pregunta por el tipo de término, porque un individuo, una clase natural y un constructo no se comportan igual. El modelo de las clases naturales no se aplica a todo el vocabulario.

La teoría de Kripke desplazó la referencia hacia la historia y la comunidad. Putnam y Burge convirtieron ese desplazamiento en una tesis externalista sobre el contenido mental, con el experimento de Tierra Gemela y la división del trabajo lingüístico, como muestra la lectura LS-099.

Referencias

Donnellan, K. S. (1970). Proper names and identifying descriptions. Synthese, 21(3-4), 335-358.

Evans, G. (1973). The causal theory of names. Proceedings of the Aristotelian Society, Supplementary Volumes, 47, 187-208.

Kendler, K. S., Zachar, P., y Craver, C. (2011). What kinds of things are psychiatric disorders? Psychological Medicine, 41(6), 1143-1150.

Kripke, S. A. (1971). Identity and necessity. En M. K. Munitz (Ed.), Identity and individuation (pp. 135-164). New York University Press.

Kripke, S. A. (1980). Naming and necessity. Harvard University Press.

Kripke, S. A. (2013). Reference and existence: The John Locke lectures. Oxford University Press.

LaPorte, J. (2004). Natural kinds and conceptual change. Cambridge University Press.

Putnam, H. (1975). The meaning of "meaning". En Mind, language and reality: Philosophical papers (Vol. 2, pp. 215-271). Cambridge University Press.

Salmon, N. (1981). Reference and essence. Princeton University Press.

Searle, J. R. (1958). Proper names. Mind, 67(266), 166-173.

Soames, S. (2002). Beyond rigidity: The unfinished semantic agenda of Naming and Necessity. Oxford University Press.

Stalnaker, R. (1997). Reference and necessity. En B. Hale y C. Wright (Eds.), A companion to the philosophy of language (pp. 534-554). Blackwell.

Cómo citar esta lectura

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APA 7

Alarcón Covarrubias, J. (2026). Nombres, necesidad e identidad en Kripke. Lingüística y Semiótica. https://linguisticaysemiotica.org/temas/ls-098

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Alarcón Covarrubias, Jonathan. «Nombres, necesidad e identidad en Kripke». Lingüística y Semiótica. 22 de septiembre de 2026. https://linguisticaysemiotica.org/temas/ls-098.

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