Saber qué significa una expresión
Una teoría semántica extensional puede caracterizar la palabra mamífero mediante el conjunto de individuos que pertenecen a la categoría. Otra teoría puede preguntar qué inferencias debe dominar alguien para comprender la palabra. Quien la comprende sabe que las ballenas son mamíferos y que los mamíferos son animales. Comprender el término parece exigir, además de la capacidad de señalar ejemplares, el conocimiento del modo en que la expresión entra en una red de razones, clasificaciones y consecuencias. Esta intuición está en el centro de las teorías inferencialistas del significado, según las cuales el significado de una expresión se aproxima a su papel inferencial.
La fórmula necesita muchas precisiones. No toda inferencia que un hablante realiza con una palabra forma parte de su significado. Tampoco toda asociación frecuente es semántica. Un término puede participar en inferencias equivocadas, idiosincráticas o culturalmente contingentes. El problema consiste en identificar qué inferencias son constitutivas, qué papel cumplen las normas de uso, cómo se preserva la composicionalidad, cómo se evita un holismo ilimitado y cómo se relaciona la inferencia con la referencia y la verdad. Lo que sigue introduce ese espacio teórico.
Del significado como objeto al significado como papel
Una imagen intuitiva trata el significado como algo asociado a una palabra, sea un objeto, una propiedad, una idea mental o una condición de verdad. El inferencialismo cambia la pregunta. Deja de buscar la entidad que corresponde a una palabra y pregunta qué papel cumple la expresión dentro de prácticas racionales. La analogía clásica es la de una pieza de ajedrez. Una torre no se define por su forma física. Comprender qué es una torre exige dominar cómo puede moverse, qué movimientos son legales y qué consecuencias tiene ocupar una casilla. De manera semejante, el significado de una expresión puede caracterizarse por las reglas y transiciones en las que interviene. La analogía tiene límites, aunque ayuda a desplazar el significado desde una entidad estática hacia una posición dentro de un sistema.
Wittgenstein y el significado como uso
Una formulación célebre del segundo Wittgenstein sostiene que, para una amplia clase de casos, el significado de una palabra es su uso en el lenguaje (Wittgenstein, 1953, §43). La tesis no identifica el significado con la frecuencia, ni afirma que cualquier uso determine el significado. El uso remite a prácticas gobernadas por reglas, a juegos de lenguaje y a formas de vida. Comprender prometer no consiste solo en reconocer instancias de promesas. Implica saber que decir Prometo que vendré puede generar un compromiso. El significado se conecta así con lo que la expresión hace dentro de una práctica, una orientación que prepara el terreno para los inferencialismos posteriores. Wittgenstein no elabora, con todo, una teoría formal del significado como papel inferencial. Sería anacrónico, por eso, leer toda su filosofía tardía como una anticipación de Brandom.
Sellars y el espacio de las razones
Wilfrid Sellars sostuvo que el lenguaje conceptual pertenece al espacio lógico de las razones (Sellars, 1956). Una aserción, además de ser un evento causal, es una acción que puede justificar otras afirmaciones, requerir justificación, entrar en contradicción y comprometer al hablante. Este objeto es de cobre puede autorizar inferencias sobre la conductividad, las propiedades físicas o la composición del objeto. Puede exigir también evidencia, como cuando alguien pregunta cómo lo sabe el hablante. El vocabulario conceptual opera dentro de prácticas de dar y pedir razones. La semántica comienza así a conectarse con una pragmática normativa.
Inferencias formales e inferencias materiales
Sellars (1953) distinguió las inferencias formales de las materiales, una distinción que Brandom (2000) convirtió en un punto central de su teoría. En una inferencia formal, como la que pasa de P y Q a P, la validez depende de la estructura lógica. En una inferencia material, como la que pasa de x es un perro a x es un animal, la consecuencia depende del contenido conceptual de perro y de animal. Lo mismo ocurre con el paso de x es escarlata a x es rojo, que no se deriva de la forma lógica. El inferencialismo sostiene que estas transiciones materiales pueden ser constitutivas del contenido conceptual, lo que lo distingue de una lógica puramente formal.
Qué inferencias son constitutivas
El paso de x es un pájaro a x puede volar es útil con frecuencia, aunque tiene excepciones. El paso de x es un pájaro a x es un animal parece mucho más central. Una teoría inferencialista necesita distinguir las inferencias constitutivas de las asociaciones empíricas. Los criterios propuestos incluyen la necesidad conceptual, la estabilidad normativa, el papel en las definiciones, la centralidad en la práctica y la resistencia a la revisión. Peacocke (1992) propuso individuar los conceptos por sus condiciones de posesión, que especifican las transiciones que un pensador debe encontrar primitivamente convincentes para poseer el concepto. Cada criterio enfrenta, con todo, problemas. Si una creencia se modifica, cabe preguntar si el significado cambió. Si se descubriera una especie inesperada, cabría preguntar lo mismo respecto de mamífero. La frontera entre regla semántica y conocimiento del mundo es difícil de trazar. Trazarla es uno de los desafíos clásicos del inferencialismo.
Dummett, la manifestación y las condiciones de aserción
Dummett (1975) sostuvo que una teoría del significado debe explicar en qué consiste manifestar la comprensión lingüística. Si conocer el significado equivaliera a conocer condiciones de verdad inaccesibles en principio, quedaría sin explicar cómo se muestra esa competencia en el uso. Dummett puso el acento en las condiciones de aserción, las reglas de inferencia y las prácticas de justificación. La comprensión debe poder manifestarse en público, lo que favorece las teorías que conectan la comprensión con la capacidad de usar las expresiones. Esto no exige identificar el significado con la conducta observable, porque la competencia puede incluir capacidades disposicionales y normativas.
Dos arquitecturas se enfrentan aquí. Según la semántica veritativo-condicional, comprender una oración es conocer, de algún modo, cuándo sería verdadera. Según el enfoque justificacional, comprenderla implica saber cuándo está justificado afirmarla, qué inferencias permite, con qué es incompatible y qué consecuencias tiene. Ambas familias no son necesariamente incompatibles, porque una teoría puede combinar condiciones de verdad con reglas inferenciales. La disputa se refiere a cuál de esas dimensiones es la básica.
Brandom, compromiso y autorización
Brandom (1994) desarrolló una versión normativa del inferencialismo. Cuando un hablante afirma El metal es cobre, adquiere un compromiso con esa proposición. Si está comprometido con que algo es cobre, queda comprometido también con que es un metal. Brandom distinguió tres clases de relaciones inferenciales. Las que preservan compromisos transmiten la obligación de aceptar la conclusión. Las que preservan autorizaciones transmiten el derecho a afirmarla, como ocurre en muchas inferencias inductivas. Las relaciones de incompatibilidad establecen que un compromiso excluye la autorización para otro. La pragmática del discurso puede describirse entonces como una contabilidad deóntica de compromisos, autorizaciones, desafíos, justificaciones e incompatibilidades. El contenido de una afirmación es su posición en esa red normativa.
Un concepto tiene contenido porque está articulado por relaciones. Comprender triángulo exige dominar, entre otras, las inferencias según las cuales un triángulo es un polígono y tiene tres lados. Exige también reconocer incompatibilidades, como la que impide, con las definiciones geométricas habituales, que algo sea a la vez triángulo y cuadrado. El perfil inferencial de una expresión puede describirse por sus entradas, que son las circunstancias que autorizan aplicarla, por sus salidas, que son las consecuencias de aplicarla, así como por las afirmaciones que excluye. La semántica deja de ser una lista de rasgos para convertirse en una estructura de transiciones.
La negación y la contradicción pueden modelarse mediante incompatibilidades. Si ser rojo es incompatible con ser verde, esa relación contribuye al contenido de ambos predicados. La incompatibilidad requiere, sin embargo, precisión. Un objeto puede tener regiones rojas y verdes, por lo que la relación depende de la región, del momento, de la perspectiva y del estándar aplicado. El inferencialismo traslada el trabajo semántico fino a la especificación de las incompatibilidades, sin eliminarlo.
Holismo, molecularismo y semántica del papel conceptual
Si el significado depende de relaciones inferenciales, el significado de una expresión depende de muchas otras, una consecuencia conocida como holismo semántico. Si dos hablantes creen cosas diferentes sobre las ballenas, cabe preguntar si ballena significa lo mismo para ambos. Si cualquier diferencia inferencial cambiara el significado, una pequeña diferencia de creencias produciría significados distintos, lo que amenazaría la comunicación, el desacuerdo, la traducción y el aprendizaje. Fodor y Lepore (1992) desarrollaron esta objeción de manera sistemática. Una teoría inferencialista necesita limitar las relaciones constitutivas, porque de lo contrario el significado se vuelve demasiado individual.
El molecularismo responde que el significado depende de un subconjunto restringido de inferencias y no de toda la red de creencias. Para soltero, ese subconjunto incluiría que un soltero no está casado y excluiría que un soltero probablemente vive solo, porque la primera relación parece conceptual y la segunda contingente. No todas las categorías permiten una separación tan limpia. El molecularismo reduce el holismo, aunque necesita criterios no circulares para decidir qué relaciones son centrales.
La semántica del papel conceptual, desarrollada por Harman (1982) y Block (1986), sostiene que el contenido de una representación depende de su papel en la percepción, la inferencia, la acción y las relaciones con otras representaciones. Una versión amplia incluye las relaciones inferenciales, las entradas perceptivas y las salidas conductuales, lo que permite conectar los conceptos con la experiencia y la conducta. Block propuso además una teoría de dos factores, que combina un papel conceptual interno con un factor externo que fija la referencia. El problema del holismo reaparece también en este marco. Si todo papel causal o inferencial determinara el contenido, diferencias accidentales alterarían el significado. Por eso muchas versiones distinguen los papeles semánticamente pertinentes de las relaciones periféricas.
Inferencia, asociación y normatividad
El inferencialismo no es un asociacionismo. Que hospital aparezca con frecuencia junto a médico en un corpus no demuestra que la inferencia de uno al otro sea constitutiva. La coocurrencia describe una asociación estadística, mientras que el inferencialismo habla de relaciones de autorización, compromiso, justificación e incompatibilidad. Una asociación estadística no equivale a una inferencia normativa. Una red neuronal puede aprender asociaciones distribucionales, lo que no basta para concluir que implemente una semántica inferencialista.
Una inferencia puede ser correcta o incorrecta. Quien sostiene que todos los mamíferos son animales, que las ballenas son mamíferos y que, por tanto, las ballenas no son animales ha cometido un error inferencial. El inferencialismo vincula el significado con normas de uso. Describir lo que los hablantes infieren de hecho no basta, porque hay que distinguir lo que se sigue de lo que alguien cree. Esta distinción separa el inferencialismo normativo de una psicología descriptiva de las asociaciones.
El problema de tonk y la armonía
Prior (1960) introdujo la conectiva ficticia tonk para desafiar las teorías que definen el significado mediante reglas de inferencia arbitrarias. La regla de introducción de tonk permite pasar de P a P tonk Q. Su regla de eliminación permite pasar de P tonk Q a Q. Combinadas, permiten derivar cualquier Q a partir de cualquier P. No cualquier conjunto de reglas define, por lo tanto, un significado coherente. Belnap (1962) respondió que las reglas de una conectiva nueva deben extender el sistema de manera conservadora, sin permitir derivar conclusiones sobre el vocabulario previo que antes no se seguían.
Dummett (1991), a partir del trabajo de Prawitz (1965), desarrolló la noción de armonía entre las reglas de introducción y las de eliminación. La regla de eliminación no debe permitir extraer más contenido que el que la regla de introducción aportó. En una conectiva bien comportada, ambas reglas se equilibran. Tonk falla porque su regla de eliminación es demasiado permisiva respecto de la de introducción. La noción de armonía intenta explicar qué sistemas inferenciales pueden constituir un significado sin hacer colapsar la lógica, lo que muestra que el inferencialismo necesita una teoría normativa de las reglas válidas.
Constantes lógicas y vocabulario empírico
La versión más fuerte del inferencialismo sostiene que las constantes lógicas se definen por sus reglas. Gentzen (1935) ya había sugerido que las reglas de introducción funcionan, en cierto modo, como definiciones de los símbolos. La conjunción se introduce al pasar de P y de Q a P y Q. Se elimina al pasar de P y Q a cualquiera de sus miembros. El significado de la conjunción puede caracterizarse por ese papel inferencial. El caso es atractivo porque sus relaciones están formalizadas con claridad. El desafío es extender la idea al vocabulario empírico, como rojo, árbol, dolor o democracia, cuyas reglas inferenciales son mucho menos transparentes.
Comprender rojo no depende solo de inferencias verbales, porque requiere también discriminación perceptiva. Una teoría inferencialista estricta debe explicar cómo una entrada perceptiva conduce a afirmar que algo es rojo. Sellars (1956) rechazó el mito de lo dado, según el cual la percepción entregaría un contenido conceptual sin mediación normativa, aunque no negó que la percepción participe en la práctica conceptual. Brandom (1994) describió estas conexiones como transiciones de entrada al lenguaje, que van de la percepción a la aserción, junto con transiciones de salida, que van de la aserción a la acción. La cuestión es integrar la percepción, el reconocimiento, el aprendizaje, la norma y la inferencia.
Algo semejante ocurre con los términos ligados a la acción. Peligroso puede orientar hacia la evitación. Comestible puede autorizar a comer algo en las condiciones apropiadas. El significado puede incluir disposiciones prácticas además de inferencias proposicionales, lo que amplía el papel inferencial hacia un papel práctico. Una teoría demasiado amplia corre el riesgo de convertir cualquier consecuencia conductual en parte del significado, de modo que la delimitación sigue siendo necesaria.
Composicionalidad y sistematicidad
Un desafío central es explicar cómo se combinan los significados inferenciales. En la semántica formal, la composicionalidad da una regla clara, según la cual el significado de una expresión compleja es una función de los significados de sus partes. Una semántica inferencial necesita una operación equivalente. Fodor y Lepore (1992) sostuvieron que los papeles inferenciales no se componen de esa manera. Si alguien cree que las vacas marrones son peligrosas, esa inferencia forma parte del papel de vaca marrón sin derivarse de los papeles de vaca y de marrón. Una teoría que explica conceptos aislados puede fallar ante el lenguaje productivo. Por eso muchos enfoques combinan la inferencia con estructuras composicionales.
Los hablantes que comprenden Marta admira a Pedro suelen comprender también Pedro admira a Marta. Fodor y Pylyshyn (1988) llamaron sistematicidad a esta propiedad y la tomaron como indicio de que el pensamiento y el lenguaje tienen componentes recombinables. Una teoría del significado debe explicar cómo los papeles conceptuales permiten esa productividad, porque almacenar asociaciones globales de oraciones completas no basta. El inferencialismo y la composicionalidad no son necesariamente incompatibles, aunque deben articularse de manera explícita.
Referencia y verdad
Una crítica clásica pregunta cómo conecta el inferencialismo el lenguaje con el mundo. Si el significado de agua dependiera solo de inferencias internas, como que el agua es líquida o potable, nada garantizaría que el término refiera al H₂O y no a otra sustancia funcionalmente semejante. El problema será central en la lectura LS-099, dedicado a Putnam y Burge. Por ahora basta distinguir el papel inferencial de la referencia. Una teoría semántica completa puede necesitar ambos. El inferencialismo fuerte debe explicar si la referencia se deriva de la práctica o es una dimensión adicional, como propone la teoría de dos factores de Block.
Otra objeción se refiere al error colectivo. Si el significado se definiera por las inferencias aceptadas, una comunidad que creyera que las ballenas son peces incorporaría esa inferencia al significado de ballena. Si se acepta esa conclusión, el contenido y el error científico se confunden. Si se rechaza, hace falta un criterio para separar lo que forma parte del significado de las creencias falsas. El problema muestra por qué la verdad y el uso no pueden fusionarse sin más, ya que una práctica puede ser estable y estar equivocada.
Revisión conceptual y desacuerdo
Los conceptos cambian. Las categorías científicas se revisan a lo largo de la historia. En esos casos cabe preguntar si cambió el significado o la teoría. A veces cambian ambos. La redefinición de planeta aprobada en 2006 por la Unión Astronómica Internacional modificó los criterios de clasificación y, con ellos, parte del papel inferencial del término. Los hablantes podían seguir discutiendo, aun así, si Plutón debía contar como planeta. El significado conserva la estabilidad suficiente para permitir la revisión conceptual. Una teoría demasiado holista dificulta describir el desacuerdo a lo largo del tiempo.
Si A afirma La depresión es una enfermedad cerebral y B responde No estoy de acuerdo, ambos deben compartir lo suficiente del contenido de depresión, enfermedad y cerebro para que exista desacuerdo. Si sus redes inferenciales fueran completamente distintas, quizá no se estarían contradiciendo. Una teoría inferencialista debe explicar un papel parcialmente compartido junto con el desacuerdo inferencial. La identidad semántica no puede exigir una coincidencia absoluta, porque requiere tolerancia a la variación.
Traducción
La lectura LS-076 mostró que la traducción no equivale a la sustitución léxica. Desde una perspectiva inferencialista, una buena traducción debe preservar parte del papel inferencial de la expresión. Si una expresión de una lengua autoriza ciertas inferencias que su equivalente en otra lengua no autoriza, la equivalencia es incompleta. Esto importa en particular en los términos técnicos, porque dos palabras pueden tener referentes parecidos y participar en prácticas argumentativas distintas. La equivalencia traductora puede evaluarse como una aproximación entre papeles inferenciales, dado que exigir su identidad completa sería demasiado fuerte.
Inferencialismo y pragmática
El inferencialismo aparece al final del bloque dedicado a la pragmática porque borra en parte una frontera clásica. Si el significado depende de reglas de uso, de compromisos, de autorizaciones, de justificaciones y de incompatibilidades, la práctica de uso no es un contexto externo al significado y puede ser constitutiva de él. El paso de la semántica a la pragmática se transforma así en una concepción del significado como práctica, lo que prepara la transición desde la teoría lingüística hacia la filosofía del lenguaje.
Las lecturas anteriores estudiaron el common ground, las preguntas en discusión, el grounding y el compromiso. El inferencialismo permite reinterpretar estas estructuras en términos semánticos. Cuando un hablante afirma algo, además de añadir información asume consecuencias. Queda responsable de lo que se sigue de su afirmación. Todos los pacientes mejoraron compromete con que algunos pacientes mejoraron, de modo que negar después que alguno mejoró genera una incompatibilidad. La semántica inferencial y la pragmática del compromiso convergen en este punto.
Términos científicos y categorías clínicas
En la metodología científica, afirmar que un ensayo fue aleatorizado autoriza ciertas inferencias y bloquea otras. Autoriza a concluir que la asignación de los participantes dependió de un procedimiento aleatorio. No autoriza a concluir que los grupos estén perfectamente equilibrados. Comprender el término exige saber qué consecuencias son legítimas. Un uso incorrecto puede conservar la apariencia léxica y violar el papel inferencial, lo que muestra que la competencia técnica excede el conocimiento de las definiciones nominales.
Una nota que dice paciente delirante no es neutra. La etiqueta puede desencadenar inferencias sobre el juicio de realidad, la capacidad de decidir, el riesgo, la necesidad de tratamiento y la credibilidad del paciente. Si el dato disponible era que el paciente refiere temor de que lo observen y reconoce que podría estar equivocado, la etiqueta autoriza inferencias que el material no respalda. Desde una perspectiva inferencial, una etiqueta introduce compromisos que alcanzan a los lectores posteriores. El problema es inferencial además de terminológico, porque una palabra cambia las conclusiones que parecen disponibles.
La documentación puede comprimir varias inferencias en una frase. Paciente poco colaborador puede sugerir resistencia, falta de compromiso o dificultad interpersonal, aunque el dato observado haya sido que el paciente respondió con brevedad y declinó contestar preguntas sobre su sexualidad. La categoría global añade una red inferencial que el dato no contiene. La escritura rigurosa debe preguntarse qué compromisos introduce cada etiqueta, una pregunta que conecta la semántica con la ética documental y con el lenguaje estigmatizante examinado en la lectura LS-085.
Sistemas de inteligencia artificial e inferencia
Un modelo de lenguaje puede responder que Félix es un mamífero si se le dice que todos los gatos son mamíferos y que Félix es un gato. Esa respuesta demuestra una competencia inferencial en la conducta. No decide si el sistema usa reglas simbólicas explícitas, representaciones distribucionales, circuitos de atención u otra arquitectura, ni demuestra una normatividad en sentido filosófico. Producir una inferencia válida es observable. Representar una norma inferencial es una hipótesis mecanística o filosófica.
Los modelos de lenguaje aprenden regularidades distribucionales, lo que puede aproximar papeles inferenciales, porque los corpus humanos contienen patrones como X es un perro, por tanto X es un animal. La semejanza distribucional no equivale, sin embargo, a la validez inferencial. Un corpus contiene también errores, contradicciones y asociaciones espurias, por lo que un modelo puede aprender a la vez relaciones correctas e incorrectas. Una semántica inferencial normativa necesita un criterio de validez adicional.
Una prueba de evaluación puede medir la implicación, la contradicción o el razonamiento, aunque un resultado alto no demuestra un dominio conceptual completo. McCoy et al. (2019) mostraron que modelos con buen desempeño en tareas de inferencia en lenguaje natural se apoyaban en heurísticas superficiales, como la coincidencia léxica entre la premisa y la hipótesis. Fallaban cuando esas heurísticas no servían. Distinguir los mecanismos exige pruebas fuera de la distribución de entrenamiento, intervenciones, contrafácticos y evaluación de la composicionalidad, porque el desempeño y el mecanismo son cuestiones distintas.
Una teoría inferencial del significado no implica, por sí sola, nada sobre la experiencia consciente. Un sistema podría dominar una red de inferencias sin tener cualidades subjetivas, una perspectiva propia ni comprensión fenomenológica. La competencia inferencial y la fenomenología deben distinguirse. La semántica no resuelve por sí sola los problemas de la filosofía de la mente.
El término riesgo
En la conversación cotidiana, riesgo designa la posibilidad de que ocurra algo negativo. En estadística designa la probabilidad de un evento. En la clínica, decir que un paciente tiene alto riesgo puede activar inferencias prácticas, como una mayor vigilancia, una intervención o un seguimiento. Si no se especifican el desenlace, el horizonte temporal, la población y la estimación, el término queda incompleto. Desde un enfoque inferencial, el significado de riesgo incluye relaciones con la probabilidad, el evento y la decisión. No toda decisión se sigue, sin embargo, de la probabilidad, porque decidir exige combinar la estimación del riesgo con valores, umbrales y costos. El ejemplo muestra que el papel inferencial puede estar estructurado por una disciplina. Muestra también el peligro de comprimir demasiadas inferencias en una sola palabra.
Un mapa comparativo de teorías del significado
Las teorías examinadas difieren en su unidad central y en su pregunta principal. El referencialismo se centra en el referente y pregunta a qué se aplica la expresión. La semántica veritativo-condicional se centra en las condiciones de verdad y pregunta cuándo sería verdadera una oración. La semántica del papel conceptual se centra en el papel representacional y pregunta qué relaciones mantiene una representación con otras. El inferencialismo normativo se centra en las razones y las consecuencias y pregunta qué compromisos autoriza y exige una afirmación. La teoría del uso se centra en la práctica lingüística y pregunta cómo funciona una expresión en los juegos de lenguaje. Estas perspectivas no siempre se excluyen, porque una teoría híbrida puede incorporar la referencia, la verdad, la inferencia y el uso. La pregunta filosófica es cuál de ellas tiene prioridad explicativa.
Para un término o una afirmación, el análisis inferencial recorre lo que autoriza, lo que lo autoriza y aquello con lo que es incompatible. Separa luego las relaciones constitutivas de las empíricas. Quedan por examinar el papel de la referencia, la estabilidad del significado cuando se revisan las creencias y la capacidad de la teoría para explicar expresiones complejas. Estas preguntas permiten evaluar una propuesta inferencialista sin reducirla a la metáfora de una red.
La teoría del significado que dominó la filosofía analítica comenzó con otra pregunta, la de la relación entre las expresiones, sus modos de presentación y sus referentes. La lectura LS-091 estudia la propuesta de Frege sobre el sentido, la referencia y el pensamiento.
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