LS-087 / Semántica y pragmática

Lenguaje figurado e interpretación no literal

Para orientarte: Metáfora y metonimia entre la extensión léxica y la inferencia, Coerción, enriquecimiento y composición flexible, Teoría de la relevancia, explicaturas e inferencia.

Ver secciones del texto
  1. Qué hace no literal una interpretación
  2. Léxico, composición y pragmática
  3. Literalidad y dependencia del contexto
  4. Teorías de la metáfora
  5. Metonimia y transferencia
  6. Aproximación, hipérbole y ensanchamiento
  7. Lítote y atenuación
  8. Ironía
  9. Lexicalización y sentidos convencionales
  10. Saliencia y orden de procesamiento
  11. Composición figurada y coerción
  12. El algoritmo que «ve» el riesgo
  13. Metáforas en la ciencia y en la clínica
  14. Convencionalidad, cultura y traducción
  15. Indeterminación y paráfrasis
  16. Modismos
  17. Composicionalidad
  18. Diagnósticos diferenciales y figuras combinadas
  19. Lo que puede demostrar la evidencia experimental
  20. Función figurada y género discursivo
  21. Modelos de lenguaje y lenguaje figurado
  22. Un mapa de mecanismos figurados
  23. Referencias

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

Qué hace no literal una interpretación

Las expresiones Juan es un robot, La Casa Blanca respondió, Te llamé un millón de veces, No está nada mal, Qué puntual eres y La botella está vacía requieren algún ajuste interpretativo, aunque no del mismo modo. En la primera, robot proyecta sobre una persona propiedades como la rigidez, el automatismo o la frialdad. En la segunda, un edificio designa una institución. En la tercera, el número no se interpreta de manera literal. En la cuarta, una negación puede producir una valoración positiva moderada o intensa. En la quinta, el hablante puede comunicar una actitud irónica. En la sexta, vacía rara vez significa ausencia física absoluta de contenido.

Llamar lenguaje no literal a todos estos casos oculta diferencias teóricas importantes. La pregunta de fondo va más allá de decidir si una expresión es literal o figurada. Consiste en identificar la operación interpretativa que permite pasar de la forma lingüística al contenido comunicado. La literatura propone varias, como la selección de un sentido léxico convencional, el ajuste de la extensión de un predicado, la transferencia metonímica, la coerción composicional, el enriquecimiento pragmático, la construcción de un concepto ad hoc, la inferencia conversacional, la representación ecoica y la reinterpretación metafórica. La distinción entre lo literal y lo no literal no traza, por lo tanto, una frontera única. Conviene pensarla como una arquitectura con múltiples fuentes de flexibilidad semántica y pragmática.

Léxico, composición y pragmática

Tres niveles de análisis permiten ordenar el problema. El primero es el léxico, que corresponde a la información que una expresión aporta por convención. Robot denota máquinas de cierto tipo. El segundo es la composición, que determina cómo se combina esa expresión con otras. En Juan es un robot, la estructura predicativa exige aplicar una propiedad a Juan. El tercero es la pragmática, que selecciona la interpretación concreta en un contexto. El oyente puede construir allí un concepto ajustado, un robot modificado que reúne propiedades como la rigidez, el automatismo o la falta de espontaneidad, según el intercambio.

El significado léxico, el significado compuesto y el significado comunicado son, por tanto, niveles distintos. En los casos sencillos los tres se aproximan. En el lenguaje figurado, sus diferencias se vuelven visibles. Una teoría debe explicar en qué nivel ocurre el ajuste.

Literalidad y dependencia del contexto

Una definición ingenua diría que una expresión es literal cuando se usa con su significado de diccionario. El criterio falla pronto, porque los diccionarios registran múltiples sentidos convencionales y porque palabras aparentemente literales requieren ajuste contextual. La botella está vacía puede ser verdadera en el uso ordinario aunque la botella contenga aire. La mayoría de las teorías no consideraría figurada esta oración. Vacía se interpreta respecto de un estándar contextual, como el de no contener el líquido pertinente. Una expresión puede alejarse de una definición física estricta sin volverse metafórica, de modo que la literalidad debe distinguirse de la dependencia del contexto. Recanati (2004) desarrolló esta distinción y mostró que gran parte del lenguaje ordinario se ajusta al contexto sin ser figurado.

Teorías de la metáfora

Una teoría literal estricta trataría Juan es un robot como falsa, porque Juan no pertenece a la clase de los robots. La interpretación real construye una propiedad aplicable a una persona. Existen varias familias de teorías para explicarlo. La teoría de la comparación entiende la metáfora como una semejanza abreviada, del tipo Juan es como un robot. Necesita, con todo, especificar en qué dimensión opera la semejanza. Black (1962) sostuvo que la metáfora pone en interacción dos sistemas de conceptos y reorganiza las propiedades de uno a la luz del otro. Searle (1979) distinguió el significado de la oración del significado del hablante y describió los principios que permiten pasar de uno a otro. Davidson (1978) negó que la metáfora tenga un segundo significado codificado y atribuyó su efecto al uso literal y a lo que ese uso hace notar.

La lingüística cognitiva propuso otra perspectiva. Lakoff y Johnson (1980) sostuvieron que muchas metáforas del lenguaje cotidiano manifiestan metáforas conceptuales, proyecciones sistemáticas de un dominio de origen sobre un dominio de destino, como las que organizan el tiempo en términos de dinero o las discusiones en términos de guerra. Glucksberg (2001) defendió que muchas metáforas son aserciones de pertenencia a una categoría. En Ese abogado es un tiburón, el término tiburón nombra una categoría más amplia de entidades depredadoras y agresivas, a la que el abogado se asigna. En la teoría de la relevancia, el oyente construye un concepto ad hoc al ajustar el concepto léxico al contexto (Carston, 2002; Wilson y Carston, 2007). Estas teorías no son equivalentes, aunque todas muestran que la interpretación metafórica no se reduce a una sustitución léxica.

Metonimia y transferencia

El hospital decidió suspender el programa no atribuye una decisión a un edificio. La interpretación habitual remite a las personas que deciden en la institución. La relación no depende de una semejanza, porque se apoya en una asociación dentro de un mismo dominio. En Estoy leyendo a Borges, el autor da acceso a sus obras. La metonimia permite así que una entidad dé acceso a otra relacionada, mientras que en la metáfora una estructura conceptual de un dominio se proyecta sobre otro. Las fronteras pueden superponerse. Una misma expresión puede combinar ambos mecanismos.

Nunberg (1995) distinguió dos formas de transferencia. En la referencia diferida, una expresión designa algo distinto de su denotación habitual, como cuando un camarero dice que el sándwich de jamón pidió la cuenta y se refiere al cliente que lo encargó. En la transferencia de predicado, lo que cambia es la propiedad atribuida. En Estoy estacionado atrás, el sujeto sigue designando al hablante. El predicado estacionado atrás expresa una propiedad que el hablante tiene en virtud de su automóvil. La distinción muestra que la transferencia puede operar sobre el referente o sobre el predicado, con consecuencias gramaticales distintas.

Aproximación, hipérbole y ensanchamiento

Te llamé mil veces no pretende comunicar que las llamadas fueron exactamente mil. Comunica que superaron con creces lo esperable. La hipérbole exagera una dimensión, como en El examen duró una eternidad, que comunica una duración muy larga. La teoría de la relevancia analiza estos casos como ensanchamiento, porque el concepto comunicado tiene una extensión más amplia que el concepto léxico estricto (Wilson y Carston, 2007). La aproximación funciona de manera semejante. La mesa es redonda es verdadera aunque la mesa tenga pequeñas irregularidades, porque la predicación tolera una distancia respecto del ideal geométrico. Existe así un continuo que va de la aproximación al uso laxo y a la hipérbole. No todo alejamiento de las condiciones estrictas merece la etiqueta de figura retórica en el mismo sentido.

Lítote y atenuación

No está mal puede significar, según el contexto, que algo no es malo, que es aceptable, que es bueno o que es muy bueno. La forma lógica niega que algo sea malo sin implicar que sea bueno, de modo que el fortalecimiento es pragmático. La lítote suele negar el contrario, como en No es poca cosa, No es imposible o No fue una mala idea. El oyente puede inferir una valoración positiva o una intensificación. No existe, sin embargo, una conversión lógica automática desde la negación de lo bajo hacia lo alto. La interpretación depende de la escala, el contexto, la prosodia y las expectativas, lo que conecta la lítote con las implicaturas escalares.

Ironía

La lectura LS-086 mostró que la ironía no se reduce a comunicar la negación de lo dicho. Cuando alguien dice Qué puntual eres a una persona que llega tarde, puede comunicar una crítica, aunque el mecanismo incluye una actitud hacia una representación. En el análisis ecoico, el hablante evoca un contenido y manifiesta distancia respecto de él. Esto distingue la ironía de la metáfora, que ajusta un concepto. En la ironía, el hablante puede conservar la formulación literal precisamente para mostrar su distancia, lo que la vuelve una figura de naturaleza especialmente pragmática.

Lexicalización y sentidos convencionales

Una innovación figurada puede convertirse con el tiempo en un sentido convencional. Rama designa una parte de un árbol y también una subdivisión de una disciplina. La segunda lectura pudo surgir por metáfora. Para un hablante actual, en cambio, forma parte del léxico. Una metáfora en la historia de una palabra no implica una metáfora en su uso presente. Lo mismo ocurre con la cabeza de una organización. Algunas expresiones se convencionalizan tanto que ya no requieren una inferencia figurada, de modo que el origen histórico debe distinguirse del procesamiento actual.

La etiqueta de metáfora muerta, aplicada a expresiones como pie de página, brazo de una silla o cabeza de lista, puede ser engañosa. Que una relación metafórica sea histórica no demuestra que el hablante contemporáneo la represente como metáfora. Las expresiones muy convencionales pueden, además, reactivar asociaciones figuradas en contextos creativos. El argumento tiene una base muy frágil usa un término convencionalizado en el discurso abstracto. Un escritor puede continuar con todo el edificio teórico termina cayéndose, lo que vuelve productiva la metáfora arquitectónica. Conviene separar tres preguntas, la del origen de una expresión, la de su estatuto léxico actual y la de su activación en una tarea concreta. La primera pertenece a la etimología, la segunda a la semántica sincrónica y la tercera al procesamiento.

Saliencia y orden de procesamiento

Una hipótesis clásica, asociada a los análisis de Grice (1975) y de Searle (1979), sostiene que el oyente calcula primero el significado literal, detecta una incompatibilidad y busca después una lectura figurada. El modelo puede explicar algunos casos novedosos y es problemático para las expresiones convencionales. Glucksberg et al. (1982) pidieron a los participantes juzgar la verdad literal de oraciones como Algunos trabajos son cárceles y encontraron que tardaban más en rechazarlas que otras oraciones falsas. La lectura metafórica interfería con la tarea literal, lo que indica que se activaba sin necesidad de un fracaso previo de la interpretación literal.

Giora (2003) desarrolló la hipótesis de la saliencia gradual, según la cual ciertos significados son más accesibles por su frecuencia, su convencionalidad, su familiaridad o su prototipicidad. Una expresión figurada muy convencional puede ser más accesible que una lectura literal poco frecuente. Para muchos hablantes, romper el hielo evoca de inmediato el inicio de una interacción sin que haga falta construir primero una escena física. Bowdle y Gentner (2005) propusieron que las metáforas siguen una trayectoria, porque las novedosas se procesan como comparaciones y las convencionales como categorizaciones. La disponibilidad de una interpretación depende de la saliencia y de la convencionalidad, además de la literalidad.

Composición figurada y coerción

El lenguaje figurado no ocurre solo en el léxico. El proyecto devoró el presupuesto combina un verbo que selecciona normalmente un agente animado y un objeto comestible con argumentos que no cumplen esos requisitos. La oración comunica que el proyecto consumió los recursos con rapidez. El ajuste puede involucrar al verbo, a los papeles temáticos, a la selección semántica y a una metáfora conceptual. En Ana empezó el libro, analizado en la lectura LS-075, el desajuste es de tipo, porque empezar requiere un evento y recibe un objeto. La composición recupera un evento como leer o escribir el libro. En el primer caso se reinterpreta el verbo mismo. Conviene distinguir la coerción, que ajusta el tipo, del enriquecimiento metafórico, que ajusta el concepto, aunque las fronteras no siempre son nítidas y una teoría de tipos ricos puede analizar algunos fenómenos figurados mediante mecanismos de coerción. En cada caso hay que especificar qué se ajusta, si el tipo o el concepto.

El algoritmo que ve el riesgo

El algoritmo ve el riesgo antes de que lo haga el clínico parece transparente y comprime, sin embargo, varias operaciones. Algoritmo designa un sistema computacional o un procedimiento. Ver selecciona de manera literal a un perceptor. Como el algoritmo carece de visión biológica, la interpretación se aproxima a la detección de un patrón. Riesgo no es un objeto visible y puede designar la probabilidad estimada de un evento. La comparación con el clínico es temporal o inferencial. Una paráfrasis más precisa diría que el sistema identifica patrones asociados con una mayor probabilidad del desenlace antes de que el clínico formule esa estimación.

La metáfora que convierte la detección en visión puede ser útil en lo retórico y antropomorfiza al mismo tiempo. Si un texto científico dice que el algoritmo ve, el lector puede atribuirle comprensión, percepción o agencia. La escritura técnica debe decidir cuándo la metáfora facilita la comprensión y cuándo la distorsiona.

Metáforas en la ciencia y en la clínica

La ciencia usa metáforas de manera constante, como el código genético, el paisaje epigenético, la memoria inmunológica, los circuitos cerebrales, el cuello de botella o el árbol filogenético. Estas expresiones son útiles como heurísticas, porque permiten transferir estructura de un dominio a otro. Una metáfora científica puede convertirse, sin embargo, en fuente de error si se la cosifica. La memoria inmunológica no implica que el sistema inmune tenga memoria autobiográfica. La utilidad de una metáfora no establece una identidad ontológica entre los dominios que relaciona.

En la clínica aparece otro problema. Un paciente puede decir Tengo una piedra en el pecho para referirse a una opresión, a la tristeza, a la ansiedad o a un dolor físico. La metáfora no debe convertirse de manera automática en un síntoma específico. Una respuesta útil es ¿Cómo es esa sensación de piedra en el pecho? La documentación puede conservar las dos capas, como en Refiere sensación de «piedra en el pecho», que describe como opresión asociada a angustia. Así se distingue la metáfora del paciente de la paráfrasis clínica, porque una metáfora no es un diagnóstico.

Convencionalidad, cultura y traducción

Las expresiones figuradas se sitúan en un continuo que va de lo novedoso a lo familiar, lo convencionalizado y lo lexicalizado. Un uso novedoso requiere más construcción inferencial. Uno convencional se recupera con rapidez. La nube de la computación dependía en su origen de una metáfora gráfica y hoy es un término técnico convencional. Su historia metafórica no demuestra que el hablante procese activamente la metáfora.

Las metáforas y metonimias convencionales varían entre lenguas y culturas. Un dominio emocional puede conceptualizarse mediante el calor, la presión, el movimiento o los órganos del cuerpo. La traducción literal puede perder ese sentido. Una expresión somática convencional en una lengua puede sonar clínicamente literal en otra. Nichter (1981) llamó modismos de malestar a estas formas culturalmente compartidas de expresar el sufrimiento psicosocial. El DSM-5 incorporó la noción en sus conceptos culturales de malestar, entre los que figuran los nervios y el ataque de nervios (American Psychiatric Association, 2013). Como ya se vio en la lectura LS-076, una convención figurada propia de una cultura no equivale al informe de un síntoma individual. La interpretación transcultural exige distinguir ambas cosas.

Indeterminación y paráfrasis

Una metáfora puede comunicar una paráfrasis relativamente estable. El proyecto está muerto equivale aproximadamente a que el proyecto ya no continúa. Otras abren un espacio más amplio. Su voz era invierno puede sugerir frialdad, distancia, oscuridad o quietud. La noción de implicaturas débiles de la teoría de la relevancia es útil en estos casos, porque el hablante puede no comprometerse con una sola proposición y el significado comunicado puede quedar en parte indeterminado (Sperber y Wilson, 1995). Davidson (1978) insistió en que la metáfora puede hacer notar semejanzas sin requerir un significado adicional, mientras que otras teorías construyen un contenido proposicional ajustado. La disputa gira en torno a si toda interpretación comunicada debe convertirse en una proposición. En algunos casos la paráfrasis funciona bien. En otros, una paráfrasis exhaustiva destruye parte del efecto, porque la granularidad del análisis semántico no coincide con la del efecto estético.

Modismos

Los modismos plantean un problema distinto. Tiró la toalla significa por convención que alguien se rindió. En muchos contextos, el oyente no necesita reconstruir la escena literal. La expresión es una unidad en parte lexicalizada. Los modismos no forman, sin embargo, una clase uniforme. Algunos son relativamente opacos, como estirar la pata. Otros conservan transparencia, como abrir los ojos, que puede usarse de manera literal o figurada. También difieren en composicionalidad. En romper el hielo, el significado figurado se relaciona todavía con una escena de apertura de la interacción, mientras que en las expresiones muy lexicalizadas esa conexión es débil.

Nunberg et al. (1994) mostraron que muchos modismos son composicionales en parte, porque sus componentes corresponden a partes de su significado figurado. Esos modismos admiten variación interna, como en romper definitivamente el hielo o el hielo ya estaba roto. Un modismo no es necesariamente un bloque indivisible sin sintaxis interna. La teoría debe explicar cuánto significado corresponde a la construcción completa, cuánto a sus componentes y cuánto a la composición regular. La idiomaticidad debe distinguirse, además, de la novedad figurada, porque un modismo puede ser figurado en su historia y procesarse hoy como una construcción convencional.

Composicionalidad

El lenguaje figurado se presenta a veces como una prueba contra la composicionalidad. Si Juan es un robot comunica algo distinto de la denotación literal de robot, el significado de la oración no dependería de sus partes. La conclusión es demasiado fuerte. Una teoría puede mantener la composicionalidad si permite que el significado de las partes se module antes de la combinación o durante ella, como en la noción de modulación de Recanati (2004). Robot se ajusta en el contexto y el concepto ajustado se aplica a Juan. La interpretación sigue dependiendo de la palabra, de la estructura y del contexto. Lo que cambia es la noción de entrada semántica. Una composicionalidad estricta, basada en sentidos léxicos fijos, puede fallar. Una composicionalidad enriquecida puede sobrevivir.

La cuestión teórica es cuánta modulación contextual admite la composición. Si cualquier palabra pudiera adquirir cualquier significado, la teoría perdería poder predictivo. Por eso el ajuste debe estar restringido por el conocimiento léxico, la estructura conceptual, el contexto y los objetivos de la conversación.

Diagnósticos diferenciales y figuras combinadas

Ante una interpretación no literal conviene no clasificar demasiado rápido. La ciudad despertó puede analizarse como una metáfora que atribuye a la ciudad propiedades de un organismo, como una metonimia en la que ciudad designa a sus habitantes o como una expresión convencional para el inicio de la actividad urbana. Algunos diagnósticos ayudan a decidir. Si la paráfrasis Los habitantes despertaron conserva gran parte del sentido, la lectura metonímica gana plausibilidad. Si el texto continúa con la ciudad respiró, se estiró y volvió a moverse, la organización metafórica se vuelve más fuerte. Si la expresión aparece de manera rutinaria sin efecto figurativo perceptible, puede estar lexicalizada o convertida en construcción. Si el patrón admite extensiones nuevas y coherentes, la estructura figurada sigue activa. Estos diagnósticos no siempre producen una decisión binaria, porque algunos casos son genuinamente híbridos.

Una misma expresión puede reunir varios mecanismos. En Wall Street despertó nervioso, el nombre de una calle designa los mercados y sus actores por metonimia, la personificación los convierte en un experimentante animado y parte de la construcción responde a una convención periodística. En El mercado castigó la noticia, mercado puede ser metonímico y castigó antropomorfiza una reacción agregada. La frase comunica que los precios de los activos cayeron después de la noticia, aunque sugiere además una evaluación, como si la noticia mereciera un castigo. La metáfora puede sugerir una agencia donde solo existe una dinámica agregada, lo que importa en la escritura económica, científica y periodística.

Lo que puede demostrar la evidencia experimental

Los experimentos sobre lenguaje figurado han usado tiempos de lectura, priming, movimientos oculares, decisiones léxicas, potenciales evocados y neuroimagen. Estos métodos permiten preguntar cuándo se vuelve accesible una lectura figurada, qué efecto tiene el contexto, qué costo tiene una metáfora novedosa y si se activan sentidos alternativos. Un efecto conductual o neural no equivale, sin embargo, a una teoría semántica única. Un aumento del tiempo de lectura puede reflejar menor frecuencia, novedad, integración, conflicto o inferencia. Por sí solo no demuestra que el cerebro haya calculado primero el significado literal.

La neuroimagen exige la misma cautela. Durante años se atribuyó al hemisferio derecho un papel privilegiado en la comprensión de las metáforas. El metaanálisis de Rapp et al. (2012) encontró, en cambio, que el lenguaje no literal activa sobre todo una red del hemisferio izquierdo, con participación de regiones frontales inferiores y temporales. Una región activada por metáforas no es un centro de la metáfora. La evidencia experimental restringe las teorías cuando genera predicciones diferenciales. La reconstrucción semántica sigue siendo necesaria.

La frecuencia tampoco equivale a la literalidad. Una lectura muy frecuente puede seguir siendo figurada desde el punto de vista semántico, mientras que una lectura literal rara puede ser más costosa de procesar. Si una comunidad dice constantemente subir un archivo a la nube, la interpretación técnica puede ser la dominante, sin que eso obligue a concluir que nube perdió toda relación figurada en el sistema conceptual. La frecuencia informa sobre la accesibilidad, aunque no resuelve por sí sola el estatuto léxico. Para decidir si hay una polisemia lexicalizada, una extensión metafórica productiva o una simple convención discursiva hay que combinar la distribución, los juicios de los hablantes, la productividad, el comportamiento composicional y la historia de uso. Esta distinción evita convertir un resultado de procesamiento rápido en una conclusión sobre la estructura del léxico.

Función figurada y género discursivo

Un mismo recurso puede tener distinto estatuto según el género. En la poesía, una metáfora novedosa puede ser el centro de la interpretación. En el periodismo económico, expresiones como los mercados respiraron son casi rutinarias. En la ciencia, una metáfora puede funcionar como modelo heurístico. En la clínica, una figura puede ser un dato fenomenológico que requiere exploración. La función de una figura depende de la expresión, del género y del contexto, de modo que clasificar la expresión no basta. Hay que identificar el trabajo que realiza en una práctica discursiva concreta. Esta perspectiva evita dos reducciones opuestas, la que trata toda figura como ornamento y la que la trata siempre como un mecanismo cognitivo profundo. A veces la figura organiza el pensamiento. Otras veces resume, evalúa, dramatiza o pertenece a una convención del género.

Modelos de lenguaje y lenguaje figurado

Los modelos de lenguaje actuales interpretan y generan metáforas, ironías, hipérboles y metonimias con un rendimiento alto en los ejemplos convencionales. Los casos difíciles requieren un common ground específico, conocimiento local, prosodia o un historial interpersonal. Una respuesta correcta no demuestra que el modelo implemente una representación ecoica o una metáfora conceptual como mecanismo interno, porque la competencia conductual y el mecanismo que la produce son cuestiones distintas.

Existen además dos errores opuestos. La literalización interpreta Estoy muerto de cansancio como una referencia a la muerte. La figurativización excesiva interpreta Tengo presión en el pecho como una simple metáfora emocional. En los contextos médicos, el segundo error puede ser peligroso, porque puede pasar por alto un síntoma cardiovascular. Cuando ambas lecturas son posibles, deben mantenerse abiertas hasta que el contexto permita resolverlas.

Un mapa de mecanismos figurados

Los fenómenos examinados pueden ordenarse según su operación principal. La metáfora ajusta o proyecta un concepto, como en Juan es un robot. La metonimia da acceso a una entidad relacionada, como en La Casa Blanca respondió. La hipérbole ensancha o exagera, como en Te llamé mil veces. La lítote combina una negación con un fortalecimiento pragmático, como en No está nada mal. La ironía combina la evocación de un contenido con una actitud de distanciamiento, como en Qué puntual eres. La aproximación relaja un estándar, como en La mesa es redonda. La coerción ajusta un tipo, como en Empezó el libro. La polisemia selecciona un sentido relacionado, como la oposición entre el libro físico y su contenido. Este orden no afirma que exista una única teoría correcta para cada fenómeno. Muestra qué problema debe explicar una teoría. Las categorías pueden solaparse, porque una emisión puede ser a la vez metonímica e irónica, o metafórica e hiperbólica. La clasificación debe reconstruir las operaciones pertinentes sin forzar una etiqueta exclusiva.

Una expresión que parece no literal puede examinarse en capas. Su contenido convencional y su composición indican si hay desajustes de tipo o de selección. La lexicalización decide si la interpretación ya forma parte del sentido registrado. Si no lo es, queda por identificar el ajuste, que puede ser un estrechamiento, un ensanchamiento, una transferencia, una coerción o un eco. El contexto y la pregunta en discusión muestran qué problema comunicativo resuelve la expresión, mientras que en la ironía el contenido debe separarse de la actitud. La respuesta del interlocutor sirve de verificación. Una metáfora no demuestra, por último, la identidad entre los dominios que relaciona, de modo que el análisis no debe extraer de ella conclusiones ontológicas.

Las convenciones figuradas y pragmáticas varían entre comunidades. De esa variación se ocupa la lectura LS-088, desde la perspectiva de la pragmática intercultural.

Referencias

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Alarcón Covarrubias, J. (2026). Lenguaje figurado e interpretación no literal. Lingüística y Semiótica. https://linguisticaysemiotica.org/temas/ls-087

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Alarcón Covarrubias, Jonathan. «Lenguaje figurado e interpretación no literal». Lingüística y Semiótica. 22 de septiembre de 2026. https://linguisticaysemiotica.org/temas/ls-087.

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