LS-094 / Semántica y pragmática

Uso, juegos de lenguaje y reglas en el segundo Wittgenstein

Para orientarte: Actos de habla, Inferencialismo y significado en uso, Representación, proposición y límites en el primer Wittgenstein.

Ver secciones del texto
  1. Del lenguaje como figura al lenguaje como práctica
  2. Contra la búsqueda de una esencia
  3. Juegos de lenguaje y formas de vida
  4. Qué significa y qué no significa el uso
  5. Semejanzas de familia
  6. Reglas y la paradoja del seguimiento
  7. Interpretación, aplicación y aprendizaje
  8. Criterios y síntomas
  9. El lenguaje privado y el escarabajo
  10. Gramática filosófica
  11. Filosofía como terapia
  12. Kripke y el problema escéptico
  13. Individuo, comunidad y relativismo
  14. Filosofía, ciencia, semántica y pragmática
  15. Aplicaciones clínicas
  16. Definición y uso en la ciencia
  17. Inteligencia artificial, reglas y uso
  18. Interioridad, casos intermedios y descripción
  19. Del uso a la normatividad
  20. El primer y el segundo Wittgenstein
  21. Un procedimiento wittgensteiniano
  22. Referencias

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

Del lenguaje como figura al lenguaje como práctica

El Tractatus buscaba una estructura lógica común a la proposición y al mundo. En las Investigaciones filosóficas (Wittgenstein, 1953), Wittgenstein cambió de método. La pregunta dejó de ser qué debe compartir una proposición con la realidad para representarla y pasó a ser cómo funcionan las palabras dentro de las actividades humanas. El giro no abandona la preocupación por la lógica, el significado o la representación. Cuestiona la idea de que exista una esencia única del lenguaje, oculta bajo la diversidad de sus usos. El lenguaje aparece así como una multiplicidad de actividades, con usos, prácticas, reglas y juegos que se superponen.

La tesis más citada sostiene que, para una amplia clase de casos, el significado de una palabra es su uso en el lenguaje (§43), fórmula ya discutida en la lectura LS-090. La fórmula no identifica el significado con la frecuencia ni con cualquier uso individual. El uso pertinente está inserto en prácticas públicas, en reglas, en el aprendizaje, en formas de vida y en criterios compartidos. Esta lectura examina esas nociones, el problema del seguimiento de reglas y sus consecuencias para la semántica, la clínica y los sistemas artificiales.

Contra la búsqueda de una esencia

Una tentación filosófica consiste en preguntar qué tienen en común todos los usos del lenguaje o qué propiedad define todo significado. Wittgenstein desconfiaba de estas preguntas cuando se formulan como búsqueda de una esencia oculta. Dar órdenes, describir un objeto, informar sobre un acontecimiento, formular una hipótesis, inventar una historia, representar teatro, adivinar acertijos, hacer un chiste, traducir, preguntar, agradecer, maldecir, saludar o rezar son algunos de los juegos de lenguaje que enumeró (§23). Todos usan el lenguaje, sin que parezca necesario reducirlos a una función representacional única. El problema filosófico surge cuando se impone una imagen demasiado estrecha, como la que identifica el lenguaje con la descripción de hechos. El segundo Wittgenstein reemplazó esa imagen por una familia de prácticas, en la que la diversidad forma parte del fenómeno.

Juegos de lenguaje y formas de vida

Wittgenstein introdujo la noción de juego de lenguaje para designar una práctica en la que las expresiones, las acciones y las reglas forman una unidad. En su ejemplo inicial, un constructor y su ayudante se comunican con cuatro palabras, cubo, pilar, losa y viga (§2). El constructor dice ¡Losa! y el ayudante trae una losa. La palabra funciona dentro de una actividad coordinada. Wittgenstein discutió si ¡Losa! debía entenderse como una forma abreviada de Tráeme una losa y rechazó que la oración más larga fuera más básica (§19-20). La unidad funcional puede ser la palabra misma dentro del juego. La idea radicaliza una lección ya vista en la pragmática, según la cual la forma lingüística no determina por sí sola la acción. En otro juego, la misma palabra podría servir para nombrar un objeto, enseñar una palabra o marcar una cantidad.

Los juegos de lenguaje están insertos en formas de vida. Imaginar un lenguaje es imaginar una forma de vida (§19). Hablar un lenguaje forma parte de una actividad (§23). La expresión es deliberadamente amplia e incluye prácticas humanas compartidas, como las acciones coordinadas, las instituciones, los intereses, los patrones de reacción, el aprendizaje y las normas. Comprender prometo exige comprender prácticas de compromiso, confianza, obligación y reproche. La noción de forma de vida no debe usarse, sin embargo, como una explicación que resuelve cualquier cosa. Atribuir un significado a la forma de vida sin describir las prácticas concretas que lo hacen inteligible no explica nada.

Qué significa y qué no significa el uso

Una lectura útil de la tesis del uso aconseja observar cómo se usa una expresión en actividades regulares para entenderla. Juego no parece tener una propiedad necesaria y suficiente presente en todos los juegos. Algunos son competitivos y otros no. Algunos tienen reglas explícitas y otros son espontáneos. Algunos requieren habilidad y otros dependen del azar. Aun así, sabemos usar la palabra. Esa competencia no depende de poseer una definición clásica. El significado se entiende a partir del patrón de usos correctos dentro de una práctica, lo que desplaza la semántica desde la definición abstracta hacia el funcionamiento.

La tesis no afirma que cualquier uso individual sea correcto. Si una persona usa perro para referirse a los gatos, el español no cambia. El uso pertinente es público y está estabilizado por normas. Tampoco afirma que el significado sea la frecuencia estadística, porque una palabra poco frecuente puede tener un significado estable. No niega, por último, la referencia ni la verdad. El lenguaje descriptivo conserva sus condiciones de verdad. La tesis sostiene que la descripción es una práctica entre otras que debe comprenderse dentro del uso.

Semejanzas de familia

Wittgenstein describió la unidad de conceptos como juego mediante la noción de semejanzas de familia (§66-67). Entre los juegos no se encuentra una propiedad común a todos. Se observan, en cambio, similitudes superpuestas y entrecruzadas. En una familia, algunos miembros comparten los ojos, otros la forma de caminar, otros el temperamento, sin que todos compartan un único rasgo. Una categoría puede mantenerse unida por una red de similitudes parciales. La idea anticipa las teorías posteriores de los prototipos, estudiadas en la lectura LS-072, aunque no equivale a ellas. Wittgenstein no formuló una teoría psicológica de la categorización. Propuso un diagnóstico filosófico contra la obsesión por las definiciones esenciales.

Reglas y la paradoja del seguimiento

La noción de regla se volvió central. Para usar una palabra correctamente, un hablante debe poder continuar una práctica de manera reconocible. En uno de los ejemplos de Wittgenstein, un alumno aprende la serie que consiste en sumar dos. Al pasar de mil escribe 1004, 1008 y 1012. Sostiene, además, que sigue haciendo lo mismo (§185). Nada en los casos anteriores parece excluir por sí solo esa continuación, porque podría haber una función que coincidiera con todos los casos previos y divergiera después. Cabe preguntar entonces qué determina lo que la regla exige, un problema que Wittgenstein examinó también en sus observaciones sobre los fundamentos de la matemática (Wittgenstein, 1978).

La respuesta no puede consistir en interpretar la regla mediante otra regla mental, porque esa interpretación necesitaría a su vez una regla para interpretarla. Wittgenstein formuló así la paradoja. Ninguna regla podría determinar un curso de acción si todo curso de acción pudiera hacerse concordar con ella mediante alguna interpretación (§201). La salida consiste en reconocer que hay una manera de captar una regla que no es una interpretación y que se manifiesta en lo que llamamos seguir la regla en los casos concretos. Seguir una regla es una práctica. Por eso no puede seguirse una regla de manera privada (§202). En una formulación célebre, Wittgenstein escribió que, agotadas las justificaciones, se llega a la roca dura y la pala se retuerce. Solo queda decir que así es como se actúa (§217). El final de las justificaciones no significa arbitrariedad, porque la práctica está estructurada socialmente.

Seguir una regla no equivale a actuar de acuerdo con ella por accidente. Una persona que produce la secuencia correcta podría haber acertado por azar. Seguir la regla implica reconocer la corrección, corregir los errores, continuar en casos nuevos y participar de una práctica que tiene criterios. La regularidad observable es una evidencia necesaria, aunque no suficiente. Esta exigencia introduce la normatividad. Si una regla distingue usos correctos e incorrectos, su significado es normativo. Aplicar la regla de multiplicar por dos y responder ocho ante cuatro es correcto, mientras que responder nueve es incorrecto. La diferencia no se reduce a lo que la mayoría hace, porque una comunidad podría equivocarse de manera sistemática. La normatividad no se deriva de la frecuencia, por lo que Wittgenstein no puede reducirse a un sociologismo estadístico.

Interpretación, aplicación y aprendizaje

Un error frecuente consiste en imaginar que toda acción lingüística requiere una interpretación interna explícita. Un hablante competente que usa rojo no consulta una definición en cada ocasión. Fue entrenado para aplicar la palabra en ciertas circunstancias. Su competencia puede ser práctica, inmediata y distribuida en su conducta. Wittgenstein no negó las representaciones mentales. Negó que una teoría filosófica del significado deba fundarse en una cadena de interpretaciones internas. Puso el acento, en cambio, en los criterios públicos de uso.

El aprendizaje lingüístico implica adiestramiento, imitación, corrección, repetición, participación y reconocimiento de los casos (§5-6). Un niño no aprende rojo a partir de una definición abstracta basada en longitudes de onda. Aprende a responder de manera correcta ante los casos. La teoría no es un conductismo simple, porque el niño no se limita a asociar un estímulo con un sonido. Aprende a participar en una práctica organizada por normas.

Criterios y síntomas

En el Cuaderno azul, Wittgenstein distinguió los criterios de los síntomas con un ejemplo médico (Wittgenstein, 1958). Si la medicina define la angina como una inflamación causada por cierto bacilo, encontrar ese bacilo en la sangre es el criterio que define la enfermedad. Una garganta inflamada es un síntoma, un fenómeno que la experiencia ha mostrado asociado con aquello que el criterio define. El síntoma es una evidencia empírica contingente, mientras que el criterio participa en la aplicación misma del concepto. La conducta de dolor plantea una pregunta más difícil, porque no queda claro si es solo evidencia del dolor o forma parte de los criterios con que lo atribuimos. La distinción es compleja y cambia según el contexto. Su intuición es que algunos conceptos se aplican mediante criterios públicos y no mediante inferencias desde un contenido privado inaccesible, algo que afecta los debates sobre el lenguaje privado, la mente y el conocimiento de los demás.

El lenguaje privado y el escarabajo

Uno de los argumentos más discutidos de las Investigaciones se dirige contra la idea de un lenguaje cuyos signos refieran a sensaciones que solo su hablante conoce y cuyo uso correcto solo él podría verificar. Wittgenstein imaginó a alguien que anota el signo S en un diario cada vez que tiene cierta sensación (§258). No queda claro cómo distinguiría esa persona entre aplicar correctamente el signo y tener la impresión de aplicarlo correctamente. Si no existe un criterio independiente, la distinción normativa colapsa. El argumento no niega la experiencia privada. Cuestiona la posibilidad de un lenguaje con normas completamente privadas.

En el ejemplo del escarabajo en la caja, cada persona tiene una caja con algo dentro que nadie más puede ver. Todos llaman escarabajo a su contenido (§293). Si el uso de la palabra se organiza por prácticas públicas, el contenido de cada caja no cumple el papel definitorio que se le atribuía. Incluso podría ser distinto en cada caja. La analogía apunta a palabras como dolor. No afirma que el dolor no exista. Afirma que la gramática pública del concepto no se explica como la denominación de un objeto privado observado introspectivamente.

Me duele puede funcionar como expresión del dolor. Wittgenstein comparó en parte esta emisión con conductas naturales como el llanto y sostuvo que la expresión verbal del dolor reemplaza al grito sin describirlo (§244). El lenguaje se injerta en formas de expresión preexistentes. Decir me duele no equivale a informar el resultado de una observación interna, lo que afecta los debates sobre el autoconocimiento. La emisión tiene contenido. Su gramática filosófica difiere, con todo, de la de una observación externa.

Gramática filosófica

En el segundo Wittgenstein, la gramática tiene un sentido más amplio que en la lingüística descriptiva (Wittgenstein, 1974). Incluye las reglas sobre qué tiene sentido decir, qué combinaciones conceptuales son admisibles, qué preguntas pueden formularse y qué inferencias se siguen. La gramática filosófica pregunta, por ejemplo, qué sentido tendría afirmar que un dolor pesa tres kilos. No debe confundirse con la sintaxis ni con la morfología, porque su terminología es filosófica.

Wittgenstein advirtió que una semejanza gramatical superficial puede engañar y distinguió la gramática superficial de la gramática profunda (§664). Tengo una moneda y Tengo dolor comparten una estructura superficial. Las prácticas conceptuales son, sin embargo, distintas, porque tiene sentido preguntar dónde se guarda la moneda y carece de sentido preguntar dónde se guarda el dolor. La filosofía se confunde cuando proyecta la lógica de una expresión sobre otra por su semejanza gramatical. Este diagnóstico reemplaza el ideal del Tractatus de una forma lógica única y oculta.

Filosofía como terapia

Wittgenstein sostuvo que muchos problemas filosóficos surgen cuando el lenguaje se va de vacaciones (§38), es decir, cuando una expresión se saca de los contextos que anclan su uso. Preguntas como dónde está el significado o qué es realmente el tiempo pueden nacer de ese desplazamiento. La filosofía terapéutica intenta devolver las palabras a sus usos, mostrar las confusiones, comparar juegos de lenguaje y disolver los pseudoproblemas (§116). Su meta no es siempre responder la pregunta, porque a veces consiste en mostrar que la pregunta estaba mal formada.

El segundo Wittgenstein no buscó una teoría sistemática única. Su método es plural, con ejemplos, comparaciones, contrastes, descripciones y casos imaginarios. Comparó el tratamiento filosófico de una pregunta con el tratamiento de una enfermedad (§255) y describió su objetivo como mostrarle a la mosca la salida de la botella cazamoscas (§309). La dificultad filosófica surge porque una imagen conceptual mantiene cautivo al pensamiento. La terapia no es antiintelectualista, porque requiere un análisis fino de las prácticas. Diamond (1991) desarrolló esta lectura realista y antidogmática de su filosofía.

Wittgenstein desconfiaba de las teorías que reducen fenómenos heterogéneos a una esencia única, aunque no consideraba ilegítima toda generalización. Advertía contra la generalización que borra diferencias. Toda oración describe un hecho falla ante las preguntas, las órdenes, las promesas, las bromas, los saludos, las oraciones religiosas y las ficciones. La respuesta wittgensteiniana consiste en ampliar la mirada antes de teorizar.

Kripke y el problema escéptico

Kripke (1982) propuso una interpretación influyente del problema de las reglas. Supóngase que alguien nunca ha sumado números mayores que 56 y que ahora debe calcular 68 más 57. Responde 125. Un escéptico sostiene que su regla anterior podría haber sido otra función, a la que llama quus, que coincide con la suma para los números menores que 57 y da 5 en los demás casos. Todos los usos pasados son compatibles con ambas funciones, de modo que no parece haber un hecho que determine que la persona quería decir más y no quus. Kripke presentó el resultado como una paradoja escéptica y propuso una solución comunitaria, según la cual atribuir el seguimiento de una regla depende de las condiciones de aserción que establece una comunidad.

La lectura originó el apodo de Kripkenstein y es muy controvertida. Baker y Hacker (1984) sostuvieron que Kripke atribuye a Wittgenstein un escepticismo que este no defendía. McDowell (1984) argumentó que la paradoja surge de suponer que comprender una regla es siempre interpretarla, una suposición que Wittgenstein rechazaba. Conviene distinguir el texto de Wittgenstein de la interpretación escéptica de Kripke, una diferencia historiográficamente importante.

Individuo, comunidad y relativismo

Cabe preguntar si toda normatividad lingüística necesita una comunidad real. Si la última persona viva que habla una lengua sigue usándola, sus palabras no parecen perder el significado, lo que plantea un problema a las lecturas comunitaristas fuertes. Wittgenstein puso el acento en las prácticas públicas. No se sigue trivialmente, sin embargo, que el significado exija en cada momento una comunidad presente. Puede bastar una práctica aprendida con criterios heredados. El debate muestra que lo público y lo mayoritario son cosas distintas.

Si el significado depende de las formas de vida, podría parecer que todo queda relativizado. Wittgenstein no sostuvo que cada comunidad viva en un mundo lingüístico incomunicable. Las prácticas humanas comparten regularidades, las personas aprenden otros juegos de lenguaje y los juegos se traducen, se comparan y se modifican. La dependencia de la práctica no implica una inconmensurabilidad absoluta. La comparación entre prácticas sigue siendo posible.

En Sobre la certeza (Wittgenstein, 1969), escrito en otro momento, algunas ideas prolongan esta perspectiva. Las prácticas epistémicas dependen de proposiciones que no se cuestionan en cada paso, como que existe un mundo externo o que las palabras conservan cierta estabilidad. Estas certezas son bisagras sobre las que giran las preguntas y las dudas (§341). No son conclusiones empíricas ordinarias, porque forman parte del trasfondo de la práctica. El uso lingüístico depende así de un marco de certezas operativas.

Filosofía, ciencia, semántica y pragmática

Wittgenstein distinguió la filosofía de la ciencia. Una explicación psicológica puede investigar cómo aprenden los niños una palabra, qué procesos cognitivos intervienen o qué regiones cerebrales se activan. La filosofía pregunta cómo funciona el concepto dentro del lenguaje. Saber qué regiones cerebrales participan al usar la palabra dolor no determina la gramática del concepto de dolor. Los dos niveles pueden coexistir sin sustituirse.

El segundo Wittgenstein suele presentarse como enemigo de la semántica formal, una caricatura excesiva. Su crítica se dirige a la búsqueda de una esencia única, a la idealización tomada por descripción completa, a la confusión entre forma lógica y uso y a las explicaciones que ignoran la práctica. Una semántica formal puede describir con precisión ciertas relaciones inferenciales, la composicionalidad y las condiciones de verdad. El conflicto aparece cuando una teoría formal pretende explicar de manera exhaustiva todos los usos.

Muchas ideas estudiadas entre las lecturas LS-077 y LS-090, como el uso y la acción, el contexto, la normatividad, la interacción, el common ground y el significado como práctica, resuenan con el segundo Wittgenstein. No conviene, sin embargo, presentar las teorías actuales como desarrollos directos de su obra. Su influencia es amplia e indirecta. La semejanza principal es que el significado no puede separarse de las prácticas de uso, mientras que la pragmática moderna desarrolla formalizaciones que Wittgenstein no pretendía construir.

Aplicaciones clínicas

Paciente poco colaborador plantea la pregunta de qué significa colaborador en esa práctica. Puede depender de expectativas sobre la adherencia, la franqueza, la puntualidad, la aceptación de los procedimientos o la disposición a responder. Una persona puede negarse a responder una pregunta íntima y ser plenamente cooperadora en otros aspectos. La etiqueta global puede condensar una norma institucional no explícita. La pregunta wittgensteiniana consiste en examinar cómo se usa colaborador en esa práctica clínica y qué conductas cuentan como criterios, lo que permite auditar las categorías sin suponer que tienen una esencia natural.

Cuando un paciente dice Me duele mucho, la expresión tiene un estatuto particular dentro del juego de lenguaje del dolor. No debe aceptarse sin evaluación, aunque tampoco se comporta como una hipótesis ordinaria que el paciente formula tras observar un objeto interno. La distinción entre la expresión de primera persona, la evidencia conductual, los hallazgos fisiológicos y la inferencia del clínico tiene consecuencias prácticas, porque la gramática conceptual del dolor importa en la clínica.

Algunas categorías clínicas tienen estructura politética, con criterios múltiples, casos heterogéneos y rasgos superpuestos sin una propiedad única compartida por todos los casos. En el trastorno depresivo mayor del DSM-5, que exige cinco de nueve criterios con al menos uno de los dos centrales, dos pacientes pueden recibir el mismo diagnóstico compartiendo un solo síntoma (American Psychiatric Association, 2013). La noción de semejanza de familia ayuda a pensar estas categorías, aunque no debe convertirse en un argumento diagnóstico. Que una categoría tenga esa estructura es una hipótesis empírica y conceptual que debe demostrarse, porque Wittgenstein no propuso una teoría nosológica.

Definición y uso en la ciencia

Un término científico puede requerir una definición explícita. Wittgenstein no sostuvo que nunca deba definirse. La cuestión es si la definición corresponde al uso real y al propósito. Si un artículo dice Denominamos cierre provisional a..., hay que verificar si el término se usa después de manera consistente, si el lector puede aplicarlo y si la definición excluye los casos pertinentes. Una definición puede ser útil dentro de un juego técnico sin descubrir una esencia metafísica.

La ciencia modifica los usos. Palabras ordinarias como fuerza, trabajo, depresión o memoria adquieren sentidos técnicos. Que un término técnico se aparte del uso cotidiano no es un error, porque pertenece a otro juego de lenguaje. Mezclar ambos usos sin aviso produce, en cambio, confusión. Depresión puede designar un estado anímico transitorio, un trastorno clínico definido por criterios o un fenómeno económico. En la clínica, confundir el uso cotidiano con el técnico puede conducir al sobrediagnóstico o a la trivialización del sufrimiento. La filosofía ayuda a identificar estos cambios de juego.

Inteligencia artificial, reglas y uso

Un sistema artificial puede producir secuencias conformes a una regla. Si se le pide continuar la serie 2, 4, 6, 8 y responde 10, cabe preguntar si sigue la regla en el sentido de Wittgenstein. La respuesta depende del concepto que se use. En términos funcionales, el sistema se comporta de acuerdo con la regla. Wittgenstein insistió, sin embargo, en que una salida aislada no basta. Hay que examinar si existe una práctica en la que el sistema corrige errores, generaliza en casos nuevos, responde a los criterios de corrección y participa de manera estable en la actividad. Esta perspectiva no decide si un sistema puede seguir reglas, aunque define qué tendría que analizarse para decidirlo.

Los sistemas conversacionales participan de manera funcional en prácticas como preguntar, resumir, traducir, corregir o asesorar, de modo que pueden describirse como participantes en juegos de lenguaje en un sentido operativo. Esto no implica que tengan experiencia, intención humana, pertenencia plena a una forma de vida o comprensión fenomenológica. Afirmar que un modelo comprende una palabra porque la usa correctamente tampoco se sigue de la tesis del uso, porque el uso pertinente incluye una práctica normativa. La pregunta es qué repertorio de conducta, corrección y generalización muestra el sistema. Un resultado aislado en una prueba de evaluación no agota ese repertorio.

Interioridad, casos intermedios y descripción

Una lectura simplificada atribuye a Wittgenstein la negación de los estados mentales internos. La atribución es falsa. Wittgenstein no negó las sensaciones, los pensamientos ni las experiencias. Cuestionó el papel filosófico de los objetos internos postulados como fundamento exclusivo del significado. El problema no es que exista el dolor. Es la idea de que dolor significa por nombrar un objeto privado conocido solo por quien lo siente.

Wittgenstein usó con frecuencia casos intermedios. Si dos conceptos parecen completamente distintos, pueden construirse casos graduales que revelen sus conexiones, lo que forma parte de una representación panorámica de los usos (§122). El método combate las dicotomías rígidas sin eliminar las distinciones, porque las vuelve sensibles a la diversidad real, algo que conecta con las lecturas sobre prototipos, cortesía, ironía y variación pragmática.

Una regla metodológica wittgensteiniana aconseja observar los usos, los contextos, las actividades, los errores y los criterios antes de teorizar sobre la esencia del significado. La descripción debe ocupar el lugar de la explicación en la filosofía (§109). La recomendación coincide con la disciplina empírica del análisis de la conversación, aunque los proyectos son distintos. El análisis de la conversación produce un estudio sistemático de la interacción, mientras que Wittgenstein usaba la descripción como terapia filosófica.

Del uso a la normatividad

La tesis del uso solo se sostiene si el uso incluye normas. Existen usos correctos e incorrectos, expectativas, entrenamiento, correcciones, criterios y justificaciones. Por eso el problema del seguimiento de reglas es central. Sin normatividad, el uso se reduciría a una frecuencia, a una conducta o a una asociación. Wittgenstein quería algo más. Las reglas viven en prácticas en las que los participantes corrigen, justifican, enseñan, aprenden y reconocen errores. El significado es inseparable de esas capacidades.

El primer y el segundo Wittgenstein

El Tractatus concebía el lenguaje como figura, buscaba una forma lógica única, aspiraba a una notación ideal y trazaba el límite de lo decible. Las Investigaciones conciben el lenguaje como una familia de prácticas, sin esencia única, atienden al lenguaje ordinario en su diversidad y sustituyen la forma lógica oculta por la gramática de los usos. El contraste no debe exagerar la ruptura. Entre ambas obras hay continuidades, como la concepción de la filosofía como actividad, la atención a las confusiones lingüísticas, la crítica a la metafísica y la idea de que muchos problemas son conceptuales. Lo que cambia es la comprensión de la fuente de la confusión (McGinn, 1997).

Un procedimiento wittgensteiniano

El procedimiento wittgensteiniano parte de ejemplos reales del uso de una expresión y de la actividad en que aparece. Sobre ese material se decide qué cuenta como uso correcto, qué es un criterio y qué un síntoma. La comparación de usos revela semejanzas de familia y confusiones gramaticales. La filosofía, la psicología, la neurociencia y la teoría formal responden preguntas distintas y deben mantenerse separadas. El procedimiento no produce una teoría universal y evita imponerla sobre usos heterogéneos (Baker y Hacker, 1980).

La atención al lenguaje ordinario como acción tuvo otro desarrollo en Oxford. Su figura central fue Austin, cuya teoría de los actos que se realizan al hablar es el tema de la lectura LS-095.

Referencias

American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed.). American Psychiatric Publishing.

Baker, G. P., y Hacker, P. M. S. (1980). Wittgenstein: Understanding and meaning. Blackwell.

Baker, G. P., y Hacker, P. M. S. (1984). Scepticism, rules and language. Blackwell.

Diamond, C. (1991). The realistic spirit: Wittgenstein, philosophy, and the mind. MIT Press.

Kripke, S. A. (1982). Wittgenstein on rules and private language. Harvard University Press.

McDowell, J. (1984). Wittgenstein on following a rule. Synthese, 58(3), 325-363.

McGinn, M. (1997). Wittgenstein and the Philosophical Investigations. Routledge.

Wittgenstein, L. (1953). Philosophical investigations. Blackwell.

Wittgenstein, L. (1958). The blue and brown books. Blackwell.

Wittgenstein, L. (1969). On certainty. Blackwell.

Wittgenstein, L. (1974). Philosophical grammar. Blackwell.

Wittgenstein, L. (1978). Remarks on the foundations of mathematics (ed. rev.). MIT Press.

Cómo citar esta lectura

Publicación en la web: · LS-094

APA 7

Alarcón Covarrubias, J. (2026). Uso, juegos de lenguaje y reglas en el segundo Wittgenstein. Lingüística y Semiótica. https://linguisticaysemiotica.org/temas/ls-094

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Alarcón Covarrubias, Jonathan. «Uso, juegos de lenguaje y reglas en el segundo Wittgenstein». Lingüística y Semiótica. 22 de septiembre de 2026. https://linguisticaysemiotica.org/temas/ls-094.

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