Entender y decodificar
A pregunta si B vendrá a la reunión de las ocho. B responde que tiene guardia toda la noche. B no ha pronunciado no ni ha afirmado literalmente que le sea imposible asistir. A entiende, sin embargo, con facilidad que probablemente no irá. Una teoría puramente semántica puede describir el significado convencional de Tengo guardia toda la noche, aunque necesita algo más para explicar por qué esa proposición es una respuesta negativa a una pregunta sobre la asistencia. Lo que la oración significa es distinto de lo que el hablante comunica al usarla.
Grice convirtió esta diferencia en uno de los problemas de fondo de la filosofía del lenguaje y de la pragmática moderna. Su programa buscaba explicar cómo los interlocutores reconocen intenciones comunicativas y derivan contenidos que no están codificados literalmente, más allá de añadir a la semántica una lista de reglas de conversación. El proyecto tiene dos componentes que deben mantenerse separados. El primero es una teoría del significado del hablante (speaker meaning), que examina qué significa que alguien quiera decir algo mediante una conducta. El segundo es una teoría de la inferencia conversacional, que examina cómo un oyente reconstruye contenidos adicionales a partir de lo dicho, del contexto y de las expectativas sobre la racionalidad de la interacción.
Grice desarrolló ambos problemas durante décadas, desde «Meaning» (Grice, 1957) hasta «Utterer's meaning, sentence-meaning, and word-meaning» (Grice, 1968), «Utterer's meaning and intentions» (Grice, 1969) y las William James Lectures de 1967, cuya parte más conocida se publicó como «Logic and conversation» (Grice, 1975). Grice (1989) reunió después estos trabajos en Studies in the way of words. El texto LS-042 introdujo las implicaturas. Este capítulo examina la arquitectura que las hace posibles.
Significado natural y significado no natural
Grice (1957) comienza distinguiendo dos usos del verbo mean. En su ejemplo Esas manchas significan sarampión, la relación es la de un indicio natural, que no requiere que las manchas hayan sido producidas con una intención comunicativa. En Esos tres timbrazos significan que el autobús está lleno, la relación depende, en cambio, de una convención o de un uso comunicativo. Grice llamó al primer caso significado natural y al segundo significado no natural, que abrevió como meaningNN.
La diferencia es de fondo. En el significado natural, que X signifique Y implica que Y es verdadero. Si las manchas significan realmente sarampión en ese sentido, sería incoherente añadir que el paciente no tiene sarampión. En el significado no natural, alguien puede comunicar algo falso. Un hablante puede decir Está lloviendo con la intención de comunicar que llueve aunque no esté lloviendo. El significado natural está relacionado con la indicación natural, mientras que el no natural depende de una práctica de significación que admite la verdad, la falsedad, el engaño, la ironía y el error. La teoría griceana se concentra en este segundo dominio.
Del signo a la intención comunicativa
Grice (1957) contrastó dos maneras de informar a un marido de la conducta de su esposa. Mostrarle una fotografía comprometedora produce la creencia con independencia de que él reconozca la intención de quien se la muestra, porque la fotografía ya es evidencia del hecho. Hacerle un dibujo de la misma escena solo produce la creencia si él reconoce que quien dibuja pretende comunicarle algo. Para Grice, el primer caso no es significado no natural y el segundo sí. El núcleo del análisis es que el emisor pretende producir cierto efecto en el destinatario, pretende que este reconozca esa intención y pretende que ese reconocimiento contribuya a producir el efecto.
Comunicar no consiste, por tanto, en causar una reacción. Si alguien golpea accidentalmente una puerta y el ruido despierta a otra persona, ha causado un efecto sin haber comunicado nada. Si golpea deliberadamente tres veces para anunciar su presencia, la acción pertenece a otro tipo de estructura, porque la intención es manifiesta para el destinatario.
Causar una creencia y comunicar
Supongamos que Ana quiere que Pedro crea que ella está en casa y deja su coche estacionado afuera para engañarlo. Pedro ve el coche y concluye que Ana está en casa. Ana produjo deliberadamente una creencia en Pedro, aunque el caso no es un acto de significado en sentido griceano, porque Ana no pretende que Pedro reconozca que ella quiere que lo crea. El engaño funciona mejor, al contrario, si Pedro interpreta el coche como evidencia independiente. El caso es análogo al del pañuelo que Grice imaginaba dejado junto a la escena de un crimen para inculpar a un inocente. Si Ana escribe Estoy en casa, el destinatario reconoce, en cambio, que Ana produce la señal para que él forme una creencia sobre dónde está. Causar una creencia es distinto de comunicar, porque la comunicación griceana exige una intención abierta (overt).
Las intenciones M
Las formulaciones de Grice se refinaron porque las primeras versiones encontraban contraejemplos. Una simplificación razonable de la noción madura de intención M establece que el hablante produce una emisión con la intención de que la audiencia forme una respuesta, de que reconozca que el hablante pretende producirla y de que la forme, al menos en parte, por reconocer esa intención. Strawson (1964) mostró que esta definición admitía casos de intenciones ocultas y exigía una intención adicional. Schiffer (1972) propuso cortar la regresión resultante mediante el conocimiento mutuo. Neale (1992) reconstruyó en detalle la evolución de estas definiciones.
La respuesta pretendida varía con el tipo de acto. En una aserción como Está lloviendo, la respuesta pretendida puede ser una creencia. En una orden como Cierra la puerta, puede ser una acción o una intención práctica. El análisis no debe limitarse, por tanto, a la intención de causar una creencia, porque el tipo de respuesta depende de la fuerza comunicativa.
Reconocimiento de la intención
La originalidad de Grice consiste en convertir el reconocimiento de la intención en parte constitutiva del acto comunicativo. En la comunicación ostensiva, el oyente trata la emisión como evidencia de lo que pretende el hablante, además de tratarla como evidencia causal de un estado del mundo. La comprensión involucra una inferencia reflexiva. Quien en un contexto ordinario pregunta ¿Puedes cerrar la ventana? rara vez quiere averiguar si el interlocutor tiene la capacidad física de cerrarla. Produce una interrogativa cuya intención directiva es reconocible. El oyente reconstruye que el hablante quiere que cierre la ventana. El reconocimiento de esa intención explica por qué la emisión es una petición.
Esto conecta el programa de Grice con la teoría de los actos de habla, aunque las dos no son idénticas. La teoría de los actos de habla insiste en los tipos de acto y sus condiciones de felicidad, mientras que Grice explica la comunicación mediante intenciones reconocibles y razonamiento inferencial. Bach y Harnish (1979) integraron ambas perspectivas en un esquema inferencial de los actos de habla.
Significado del hablante y significado de la oración
Una de las contribuciones más duraderas de Grice es la separación entre el significado del emisor (utterer's meaning) y el significado de la oración (sentence meaning). Hace frío aquí describe convencionalmente una temperatura baja en un lugar determinado por el contexto. Un hablante puede usarla, además, para pedir que se cierre la ventana. La oración no deja de significar lo que significa convencionalmente, porque el hablante usa ese significado como parte de una acción comunicativa más rica. Su significado de hablante añade al contenido de la oración una petición inferida.
La diferencia explica cómo una misma oración puede usarse con intenciones distintas sin que el diccionario almacene todos esos usos como sentidos independientes. Grice (1978) resumió el criterio en su navaja de Occam modificada, según la cual los sentidos no deben multiplicarse más allá de lo necesario. Este principio es básico para la frontera entre semántica y pragmática que estudia el texto LS-089.
Intenciones y significado lingüístico
Una lectura frecuente del programa griceano sostiene que el significado del hablante se reduce a intenciones y que el significado de las expresiones se reduce, después, a regularidades del significado del hablante. Grice exploró esta dirección, sobre todo en sus primeros trabajos, aunque su reconstrucción madura es más compleja. En «Utterer's meaning, sentence-meaning, and word-meaning», Grice (1968) introdujo la idea de los procedimientos que una comunidad tiene en su repertorio para usar ciertas expresiones con determinadas intenciones. El significado convencional surge así de regularidades estabilizadas de uso.
La explicación no elimina necesariamente todo residuo semántico, porque las formulaciones posteriores usan proposiciones, procedimientos y reglas que ya contienen estructura semántica. Sería excesivo resumir el proyecto como la tesis de que la semántica es psicología de las intenciones. Una formulación más prudente es que Grice intenta explicar la relación entre el significado convencional y el ocasional mediante patrones de uso intencional y de coordinación comunicativa. El grado en que esto es una reducción completa está en discusión.
Del significado del hablante a la implicatura
En el intercambio inicial, B dice literalmente que tiene guardia toda la noche. A infiere que probablemente no irá. Hay que explicar por qué esa inferencia es recuperable. Grice propone que los interlocutores interpretan las contribuciones con la expectativa de que la conversación sigue cierta dirección racional. Si B responde con una proposición aparentemente indirecta, A busca una interpretación bajo la cual esa respuesta contribuya al propósito del intercambio. El razonamiento puede reconstruirse así. A preguntó si B vendría. B respondió que tiene guardia toda la noche. A da por hecho que la respuesta es pertinente y sabe que una guardia nocturna suele impedir la asistencia, de modo que concluye que B pretende comunicar que probablemente no vendrá. Esa implicatura no está codificada léxicamente en tengo guardia. Surge de una inferencia sobre el uso de la expresión en ese contexto.
El principio de cooperación
En «Logic and conversation», Grice (1975) formula el principio de cooperación como la exigencia de que cada contribución sea la que requiere, en su momento, el propósito o la dirección aceptada del intercambio. El principio no afirma que los hablantes sean moralmente cooperativos. Una discusión hostil, un interrogatorio o una negociación competitiva siguen siendo racionalmente interpretables, porque la cooperación griceana designa una coordinación mínima que permite que la interacción funcione como intercambio comunicativo. El hablante puede mentir, ocultar información, ironizar o explotar deliberadamente una máxima. Lo que el oyente presupone es que existe alguna razón interpretable para la forma elegida de la contribución. La cooperación griceana es distinta, por tanto, de la benevolencia y no asegura la veracidad.
Las máximas como expectativas racionales
Grice organiza sus máximas en cuatro categorías. La cantidad exige que la contribución sea tan informativa como lo requiere el intercambio y no más informativa de lo necesario. La calidad exige no afirmar lo que se cree falso ni aquello para lo que se carece de evidencia suficiente. La relación exige ser pertinente. La manera exige evitar la oscuridad y la ambigüedad y ser breve y ordenado. Estas máximas no son reglas gramaticales, porque una oración puede incumplirlas y ser perfectamente gramatical. Tampoco son leyes universales de buena educación. Funcionan como expectativas racionales que permiten derivar inferencias.
Si A pregunta dónde está Pedro y B responde que hay un coche azul frente a su casa, la respuesta parece insuficiente mientras no se sabe que Pedro conduce un coche azul. Con ese conocimiento, la relación se vuelve informativa. La máxima de relación produce la inferencia al interactuar con el conocimiento contextual.
Obedecer, violar, optar por no seguir y explotar una máxima
No todos los incumplimientos de las máximas funcionan igual. Normalmente, el hablante cumple la expectativa. En la violación encubierta, incumple una máxima intentando que el oyente no lo advierta. La mentira es el caso prototípico respecto de la calidad. Al optar por no seguir una máxima, el hablante declara que no puede o no quiere dar cierta información, como en No puedo comentar ese asunto. En el conflicto entre máximas, dos exigencias chocan, como cuando un hablante no es suficientemente informativo porque carece de evidencia para decir más sin incumplir la calidad. En la explotación (flouting), el hablante incumple ostensiblemente una máxima para que el oyente busque una interpretación adicional, como ocurre en la ironía. La taxonomía importa porque una implicatura surge cuando el incumplimiento ostensible puede racionalizarse comunicativamente, algo más exigente que el mero hecho de romper una máxima.
Explotación de las máximas y razonamiento inferencial
Supongamos que alguien dice Magnífica exposición después de una presentación desastrosa. La oración expresa literalmente una evaluación positiva, que el contexto vuelve difícil de reconciliar con la calidad si el hablante pretende ser literal. El oyente puede razonar que el hablante sabe que la exposición fue mala y sabe que el oyente también lo sabe. Una evaluación positiva literal sería manifiestamente falsa. Como el hablante mantiene una conducta comunicativa abierta, probablemente quiere que se reconozca el contraste. La emisión se interpreta entonces irónicamente.
El análisis muestra por qué la ironía requiere más que falsedad. Una afirmación falsa puede ser un error o una mentira, mientras que la lectura irónica exige que la discrepancia sea reconocible y cumpla una función. La inferencia depende de los estados epistémicos atribuidos a los participantes. No existe un marcador lingüístico universal de la ironía.
Calculabilidad
Para Grice, una implicatura conversacional debe ser, en principio, calculable. La calculabilidad exige que pueda reconstruirse una cadena racional que explique por qué se infirió cierto contenido, sin que los hablantes realicen conscientemente una demostración lógica. La plantilla aproximada parte de que el hablante dijo p y de que no hay razones para pensar que abandona la cooperación. Si pretendiera comunicar solo p, su contribución sería extraña respecto del intercambio, mientras que, si se admite q, la elección de p es racional. El hablante sabe, además, que el oyente puede reconocer este razonamiento. Por tanto, implica q. La reconstrucción debe ser suficientemente específica. Decir que algo se infiere por el contexto no es todavía un análisis, porque hay que identificar qué hechos contextuales y qué expectativas conectan p con q.
Cancelabilidad
Una propiedad clásica de las implicaturas conversacionales es la cancelabilidad. Algunos estudiantes aprobaron sugiere que no aprobaron todos, aunque Algunos estudiantes aprobaron. De hecho, aprobaron todos no es una contradicción lógica estricta si algunos tiene una semántica existencial. La continuación cancela la implicatura. En el caso particularizado, Tengo guardia toda la noche, pero aun así iré a la reunión cancela la inferencia inicial de ausencia. La cancelabilidad distingue las implicaturas de los entrañamientos y de muchas presuposiciones. No es, sin embargo, una prueba mecánica perfecta, porque una cancelación puede sonar extraña por razones discursivas aunque no exista contradicción semántica. Es una propiedad diagnóstica y no absoluta.
No desprendibilidad y dependencia de la forma
Grice asoció muchas implicaturas conversacionales con cierta no desprendibilidad (nondetachability). Si dos expresiones dicen aproximadamente lo mismo, sustituir una por otra debería preservar la implicatura. La idea tiene sentido cuando la inferencia depende sobre todo del contenido y del contexto. Las implicaturas de manera son, sin embargo, la excepción, porque dos formulaciones con condiciones de verdad similares producen implicaturas diferentes si una es innecesariamente larga, técnica o evasiva. En el ejemplo de Grice (1975), decir que la señorita X produjo una serie de sonidos que correspondían aproximadamente a la partitura de una canción implica una evaluación negativa que no produce la simple afirmación de que la cantó. No todas las implicaturas son, por tanto, independientes de la forma lingüística. El análisis debe identificar si la inferencia surge de lo que se dijo o de cómo se dijo.
Lo dicho y el problema de la frontera semántica
Grice distingue lo dicho (what is said) de lo implicado (what is implicated). A primera vista, lo dicho podría equivaler al significado convencional. Incluso una oración sencilla como Ella llegó ayer exige, sin embargo, completar información contextual, como quién es ella, qué día cuenta como ayer y quizá qué lugar o evento es pertinente. Lo dicho depende ya, por tanto, del contexto. Esto plantea el problema de cuánta información aportada por el contexto puede formar parte de lo dicho antes de entrar en la implicatura. Las respuestas posteriores divergen. Los minimalistas intentan mantener un contenido semántico relativamente austero, los contextualistas admiten que el contexto añada más contenido y la teoría de la relevancia introduce la noción de explicatura. Los textos LS-079 y LS-089 desarrollan esta disputa.
Implicatura conversacional particularizada
Una implicatura particularizada depende de un contexto específico. Si A pregunta si Ana está en casa y B responde que su coche está afuera, la inferencia de que Ana probablemente está en casa depende de saber que el coche es de Ana, que ella lo usa normalmente y que suele estar en casa cuando el coche está allí. En otro contexto, el mismo enunciado no produce la misma implicatura. Si se sabe que Ana dejó el coche y salió de viaje, que el coche esté afuera deja de ser evidencia suficiente. La implicatura de un enunciado varía, así, de un contexto a otro. Esa dependencia contextual es constitutiva. La interpretación no está almacenada como un sentido léxico de coche ni de afuera.
Implicaturas generalizadas
Grice distinguió también inferencias que aparecen de manera más regular, las implicaturas conversacionales generalizadas. Levinson (1983) difundió la distinción en su manual de pragmática. Algunos suele implicar no todos, mientras que la disyunción o implica a veces no ambos. Grice (1975) observó que X va a encontrarse con una mujer esta noche implica normalmente que la mujer no es su esposa ni su hermana. La cuestión es más compleja de lo que parece. Hay que averiguar si estas inferencias se generan por defecto o se calculan en cada contexto, si están gramaticalizadas mediante operadores de exhaustificación y hasta qué punto dependen de escalas léxicas. Estas preguntas dieron origen a la pragmática neogriceana y a las teorías gramaticales de las implicaturas escalares, que estudia el texto LS-078. Aquí basta distinguir las implicaturas particularizadas de las generalizadas, sin tratar la segunda categoría como una teoría resuelta.
Implicatura y evidencia epistémica
La máxima de calidad introduce una dimensión epistémica. Si alguien afirma Pedro está en Santiago, el oyente suele suponer que el hablante tiene alguna razón suficiente para decirlo. Esa expectativa no pertenece necesariamente a las condiciones de verdad de la oración, porque el hablante puede haber visto a Pedro, haber recibido un mensaje, haberlo inferido o repetir lo que otro le dijo. El texto LS-067 mostró que la fuente y el compromiso epistémico deben mantenerse separados. Grice añade otra capa, porque el acto de afirmar genera expectativas sobre la posición epistémica del hablante. Por eso Creo que Pedro está en Santiago reduce explícitamente el compromiso. La fuerza del compromiso afecta a qué inferencias conversacionales son racionales. La calidad no debe convertirse, sin embargo, en una teoría completa de la justificación epistémica. La máxima describe una norma conversacional y no criterios filosóficos universales de conocimiento.
Comunicación y engaño
La teoría griceana permite distinguir la comunicación del engaño sin concluir que el engaño no sea comunicativo. Un mentiroso puede comunicar perfectamente. Cuando dice No tomé el dinero, pretende que el oyente reconozca la emisión como una afirmación de inocencia, de modo que su intención comunicativa es abierta. Lo encubierto es la intención de engañar sobre la verdad de la proposición. El hablante quiere que el oyente reconozca que está diciendo que no tomó el dinero, pero no que quiere engañarlo. La mentira incumple la calidad sin destruir necesariamente la arquitectura del significado del hablante. El caso confirma que la cooperación no equivale a la honestidad.
Intención y convención
El programa de Grice privilegia las intenciones, aunque las lenguas están llenas de convenciones. Quien dice Buenos días realiza un saludo aunque su estado psicológico sea indiferente, porque la expresión pertenece a una práctica social estabilizada. Queda por explicar cómo se relacionan la intención y la convención. Una respuesta griceana es que las convenciones aportan procedimientos conocidos para realizar intenciones comunicativas, de modo que el hablante no tiene que inventar un código en cada interacción. La comunidad comparte asociaciones relativamente estables entre formas, contenidos y tipos de acto. La teoría madura no opone, por tanto, la intención a la convención, porque la convención hace que las intenciones sean reconocibles con un bajo coste inferencial. El problema filosófico es cuánto del significado convencional puede derivarse finalmente de regularidades de uso intencional.
Reconstrucción racional y procesamiento
Una objeción frecuente sostiene que los hablantes no ejecutan conscientemente los razonamientos que les atribuye el análisis griceano. Quien oye Tengo guardia no formula internamente seis premisas y una conclusión. La defensa griceana no requiere un razonamiento consciente paso a paso, porque una reconstrucción racional puede explicar la competencia aunque el proceso real sea rápido, automático o parcialmente implícito. La reconstrucción racional muestra qué inferencias justifican una interpretación, mientras que un algoritmo cognitivo en tiempo real describe cómo el sistema la calcula. Grice trabajaba sobre todo en el primer nivel, mientras que la psicolingüística necesita experimentos adicionales para estudiar el segundo.
El common ground y el conocimiento mutuo
Para que una implicatura sea recuperable, el hablante debe poder anticipar qué información tiene el oyente a su disposición. Si A pregunta si vendrá Marta y B responde que su coche está afuera, la inferencia funciona solo si ambos conocen la relación entre Marta y ese coche. Esto acerca la pragmática griceana a las nociones de common ground, conocimiento mutuo y supuestos compartidos. Grice no desarrolló una teoría dinámica del common ground tan explícita como la de Stalnaker (1978), aunque su arquitectura de las implicaturas presupone información compartida suficiente para que el razonamiento sea mutuamente accesible. El texto LS-080 estudia esta idea de manera sistemática. Una implicatura es una inferencia relativa al contexto compartido y no una asociación privada del oyente. Una inferencia idiosincrática que el hablante no podía anticipar razonablemente no es una implicatura conversacional en sentido fuerte.
La lectura parcial de un manuscrito
A pregunta si B leyó el manuscrito completo. B responde que leyó la introducción y la discusión. El significado explícito de la respuesta es que B leyó esas dos secciones. A puede inferir que no leyó el manuscrito entero. A preguntó por la lectura completa, mientras que B menciona solo dos secciones cuando podría haber respondido que sí. La respuesta parcial sería extraña si B quisiera comunicar una lectura completa, de modo que, si se da por sentada la cooperación, la omisión es informativa y A infiere que B no leyó todo.
La inferencia es cancelable. Leí la introducción y la discusión. En realidad, terminé el resto esta mañana puede sonar discursivamente rara, aunque no contiene una contradicción comparable a Leí todo y no leí todo. La implicatura depende también del contexto. Si la introducción y la discusión eran las únicas partes cuya lectura importaba para la tarea, la misma respuesta puede no implicar que el resto quedó sin leer. El ejemplo muestra la interacción entre la cantidad, la relación y el contexto, sin que haga falta identificar una sola máxima como causa exclusiva.
Lo implicado y lo afirmado en la documentación clínica
El médico pregunta si el paciente ha pensado en hacerse daño. El paciente responde que tiene hijos que dependen de él. El paciente no ha dicho explícitamente que no haya pensado en hacerse daño. La respuesta puede implicar una razón para no hacerlo, una negativa indirecta, ambivalencia o una desviación de la pregunta. La inferencia debe explorarse. Registrar que niega ideación suicida sin una aclaración adicional transformaría una implicatura posible en contenido explícito. Una intervención más precisa durante la entrevista sería reconocer que los hijos son una razón de peso y preguntar después si ha tenido o no pensamientos de hacerse daño. El ejemplo muestra por qué la pragmática importa en la clínica. Una conversación cotidiana tolera las respuestas indirectas, mientras que una evaluación clínica necesita a veces convertirlas en información explícita antes de documentarlas.
Implicaturas involuntarias en la escritura científica
Algunos estudios encontraron una asociación invita a inferir que no todos la encontraron, aunque el autor quizá solo quiso decir que existe al menos un subconjunto pertinente. Si todos los estudios disponibles encontraron la asociación, algunos produce una implicatura que puede engañar. En El tratamiento puede ser eficaz, el modal expresa posibilidad. Según el contexto, el lector puede inferir que existe evidencia positiva de eficacia, aunque puede no asegura esa evidencia. La prosa científica necesita controlar tanto lo que entraña como lo que invita razonablemente a inferir. La responsabilidad epistémica incluye ambas dimensiones.
Inferencia conversacional en sistemas de IA
Si un usuario pregunta a un sistema conversacional si debe cancelar un viaje y el sistema responde que hay una tormenta grave pronosticada para mañana, la respuesta implica que cancelar o reconsiderar el viaje es prudente. La competencia conductual para producir esa inferencia puede describirse en términos griceanos. No debe concluirse de inmediato, sin embargo, que el sistema codifica conscientemente las máximas, tiene intenciones con carácter fenomenológico o razona mediante la psicología cotidiana humana. Puede describirse una salida compatible con una inferencia griceana sin afirmar que el mecanismo interno sea la teoría de Grice. La distinción permite usar la pragmática como marco de análisis de la interacción entre humanos y sistemas de IA sin convertirla en una teoría automática de la cognición artificial.
Límites del modelo griceano
El programa de Grice transformó la teoría del significado, aunque enfrenta varios problemas. Las definiciones maduras del significado del hablante requieren estados intencionales de orden elevado. Esa exigencia plantea preguntas sobre el desarrollo infantil, la comunicación animal y la comunicación automática. La comunicación lingüística depende de estructuras convencionales que no parecen reconstruirse desde cero en cada interacción. Las expectativas conversacionales varían, además, entre prácticas sociales y géneros discursivos. Más de una implicatura puede ser compatible con el mismo enunciado. La reconstrucción racional no especifica el algoritmo cognitivo real. La frontera entre lo dicho y lo implicado sigue siendo, por último, controvertida.
Estas limitaciones impulsaron la pragmática neogriceana, la teoría de la relevancia, los modelos de common ground, la pragmática experimental y las teorías gramaticales de las implicaturas. El programa griceano no es la teoría final de la pragmática, aunque sigue definiendo gran parte del espacio de problemas. El texto LS-078 estudia las inferencias que surgen de manera sistemática a partir de escalas como ⟨todos, algunos⟩ o ⟨siempre, a veces⟩ y compara las explicaciones griceanas, neogriceanas y gramaticales basadas en alternativas y exhaustificación.
Referencias
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Grice, H. P. (1975). Logic and conversation. En P. Cole y J. L. Morgan (Eds.), Syntax and semantics 3: Speech acts (pp. 41-58). Academic Press.
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Grice, H. P. (1989). Studies in the way of words. Harvard University Press.
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Schiffer, S. R. (1972). Meaning. Oxford University Press.
Stalnaker, R. C. (1978). Assertion. En P. Cole (Ed.), Syntax and semantics 9: Pragmatics (pp. 315-332). Academic Press.
Strawson, P. F. (1964). Intention and convention in speech acts. The Philosophical Review, 73(4), 439-460.