LS-039 / Semántica y pragmática

Composicionalidad y ambigüedad

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  1. El principio de composicionalidad
  2. Ambigüedad léxica
  3. Ambigüedad estructural
  4. Ambigüedad de alcance
  5. Ambigüedad referencial y subdeterminación
  6. Ambigüedad, vaguedad y subespecificación
  7. Expresiones idiomáticas y coerción
  8. Procesamiento de la ambigüedad
  9. Contexto, semántica y pragmática
  10. Ambigüedad en la entrevista y en la documentación clínica
  11. Ambigüedad en la escritura científica
  12. Desambiguación y errores de alcance en los modelos
  13. Análisis de ejemplos
  14. Referencias

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

El principio de composicionalidad

Los capítulos anteriores distinguieron el significado, la referencia y las relaciones léxicas. Queda por responder cómo se construye el significado de una expresión compleja a partir de sus partes. El principio de composicionalidad, que suele atribuirse a Frege (1892), sostiene que ese significado depende del significado de los componentes y de la manera en que se combinan. La segunda cláusula pesa tanto como la primera. El perro mordió al hombre y El hombre mordió al perro comparten el léxico y difieren en las condiciones de verdad, porque la estructura asigna los papeles de otro modo.

La formulación admite versiones distintas. Puede escribirse como una función que toma los significados de las partes y la estructura de combinación, sin que la fórmula determine cuál es la representación semántica, cuál es esa función ni qué tipo de estructura interviene. Teorías muy diferentes pueden ser composicionales, de manera que el principio opera como una restricción metodológica según la cual el significado complejo debe derivarse de modo sistemático de la información disponible en las partes (Partee, 1984; Szabó, 2022).

El mecanismo se aprecia con el cálculo lambda presentado en el capítulo 37. Ana admira a Pedro y Pedro admira a Ana emplean la misma función λy.λx.ADMIRAR(x, y) y difieren en qué argumento ocupa cada posición, de manera que la sintaxis guía la aplicación funcional paso a paso, según la tradición que arranca de Montague (1974) y que exponen Heim y Kratzer (1998) y Winter (2016).

Dos propiedades generales respaldan el principio. La productividad permite comprender oraciones nunca oídas, como una frase inventada sobre un pulpo azul que escribe una tesis de semántica lunar, lo que indica que el significado se construye y no se memoriza enunciado por enunciado. La sistematicidad explica que quien comprende una oración comprenda también su inversa, porque las mismas unidades se recombinan. El principio necesita, con todo, restricciones adicionales para tener fuerza explicativa, ya que una teoría puede salvarlo almacenando en el léxico unidades arbitrariamente grandes.

Ambigüedad léxica

La clasificación que sigue distingue la ambigüedad léxica, la estructural, la de alcance y la referencial, división habitual en los manuales de semántica (Saeed, 2016). Fui al banco admite dos interpretaciones que dependen del sentido activo del nombre, con la misma estructura sintáctica en ambos casos. La ambigüedad precede aquí a cualquier integración contextual; la tarea consiste en seleccionar el sentido.

El contexto resuelve el problema con rapidez. Retirar dinero favorece un sentido y sentarse bajo un árbol favorece el otro, con lo que el conjunto de lecturas posibles se reduce al compatible con la situación descrita. El predicado pesa mucho en esa selección, porque quebrar una institución y astillar un asiento imponen restricciones sobre el tipo de entidad admisible. Esas restricciones de selección no son absolutas, ya que la metáfora las flexibiliza y permite hablar del colapso de un banco financiero.

La distinción entre polisemia y homonimia, estudiada en el capítulo 38, importa poco para el proceso de comprensión. El oyente selecciona un sentido con independencia de que ambos estén históricamente emparentados. Las representaciones disponibles pueden ser graduales, sin formar un inventario discreto de acepciones.

Ambigüedad estructural

Vi al hombre con el telescopio admite una lectura instrumental, en que el grupo preposicional se adjunta al verbo, junto con una lectura de modificación nominal, en que se adjunta al objeto. La cadena de palabras es idéntica y la jerarquía cambia, caso clásico de ambigüedad de adjunción.

Las dos lecturas rara vez son equiprobables. Un contexto de observatorio favorece la instrumental; una situación en que varias personas llevan objetos distintos favorece la nominal. La gramática define un espacio de análisis posibles y el contexto distribuye probabilidades entre ellos.

La coordinación produce ambigüedades comparables. En Juan vio a médicos y enfermeras cansadas, el adjetivo puede modificar solo al segundo coordinado o al conjunto, lectura que la concordancia de género restringe en parte sin eliminarla del todo. Las relativas plantean el mismo problema en Vi al hijo del médico que llegó tarde, donde la subordinada puede adjuntarse a cualquiera de los dos nombres.

Ese último caso tiene además interés tipológico. Cuetos y Mitchell (1988) mostraron que los hablantes de español prefieren adjuntar la relativa al primer nombre, mientras que los de inglés tienden a la adjunción baja, resultado que refutó la idea de una estrategia universal de cierre tardío. La preferencia de análisis depende, por tanto, de la lengua y de la experiencia del lector con sus construcciones.

El español añade casos propios de ambigüedad estructural dentro del grupo nominal. El retrato de Goya admite una lectura en que el pintor es el autor, otra en que es el retratado y otra en que es el propietario, sin que la preposición distinga esos papeles. Lo mismo ocurre con las nominalizaciones estudiadas en el capítulo 24, donde la evaluación del médico deja indeterminado si el médico evalúa o resulta evaluado. La documentación clínica encuentra ahí una fuente frecuente de error, que se resuelve con una oración de verbo pleno donde el sujeto y el objeto queden expresos.

Ambigüedad de alcance

Todos los estudiantes leyeron un libro admite una lectura en que cada estudiante leyó un libro posiblemente distinto y otra en que existe un mismo libro leído por todos. Las dos corresponden a órdenes diferentes de los cuantificadores, el universal sobre el existencial en la primera y el existencial sobre el universal en la segunda. Cuando el orden semántico invierte el superficial se habla de alcance inverso, fenómeno que las teorías derivan de movimientos encubiertos o de mecanismos estrictamente semánticos.

La negación produce contrastes de mayor consecuencia. Todos los pacientes no mejoraron admite la lectura en que ninguno mejoró y la lectura, mucho más débil, en que no todos lo hicieron. La diferencia entre ambas puede cambiar por completo la conclusión de un informe, así que corresponde sustituir la oración por Ningún paciente mejoró o por No todos los pacientes mejoraron, según lo que se quiera afirmar.

La modalidad añade otra dimensión, ya examinada en el capítulo 30. Juan puede no venir expresa la posibilidad de una ausencia y Juan no puede venir niega la posibilidad misma, de modo que la posición relativa de la negación y el modal decide el contenido. El orden relativo de los dos elementos tiene, así, consecuencias lógicas directas.

El español gramaticaliza, en cambio, una distinción que otras lenguas dejan a la inferencia. Busco un médico que habla alemán presenta al referente como identificado por el hablante, mientras que Busco un médico que hable alemán lo deja indeterminado. La alternancia de modo en la relativa desambigua así la lectura específica y la inespecífica del indefinido, que en inglés suelen quedar a cargo del contexto. El fenómeno muestra que la ambigüedad de alcance no se distribuye igual entre lenguas, porque cada sistema gramatical marca de manera obligatoria algunas distinciones y deja otras abiertas.

La cuantificación distributiva presenta un contraste parecido. Cada paciente recibió una dosis fuerza la lectura en que las dosis se reparten una por paciente, mientras que Todos los pacientes recibieron una dosis admite además la lectura colectiva. La elección del cuantificador tiene, por tanto, consecuencias sobre lo que un informe afirma acerca del reparto de una intervención.

Ambigüedad referencial y subdeterminación

María habló con Ana cuando ella salió deja abierta la identidad del referente pronominal, sin que existan dos significados léxicos del pronombre. La incertidumbre afecta a la asignación del antecedente, según el análisis del capítulo 34.

Los deícticos plantean un caso distinto. Ponlo ahí tiene un significado convencional estable, con una referencia que depende de parámetros fijados por el contexto. El fenómeno se describe mejor como subdeterminación contextual, porque la expresión dispone de una regla que requiere valores contextuales, sin varias lecturas codificadas. El capítulo 40 desarrolla el problema.

Ambigüedad, vaguedad y subespecificación

Una expresión es ambigua cuando admite interpretaciones discretamente distinguibles, como ocurre con el nombre del banco. Una expresión es vaga cuando sus límites son imprecisos, como ocurre con alto o con joven, donde existen una dimensión gradual y un umbral contextual, sin dos significados distintos. La confusión entre ambos fenómenos conduce a buscar acepciones donde solo hay una frontera difusa.

La vaguedad genera además paradojas conocidas. Si alguien de veinte años es joven y un día de diferencia no altera la categoría, la iteración del razonamiento lleva a conclusiones inaceptables, estructura que la tradición llama paradoja sorites. El problema pertenece a la lógica y a la semántica de los adjetivos graduables. Ninguna enumeración de sentidos lo resuelve.

La subespecificación describe un tercer caso. Juan abrió la puerta con una llave deja sin determinar con qué mano, cuánto tardó o qué tipo de llave utilizó, sin que existan lecturas alternativas estructuradas. Algo semejante ocurre con María y Juan tienen un auto, que admite una interpretación colectiva y otra distributiva, diferencia que muchas teorías explican como un efecto de distributividad, sin postular dos significados del verbo. La frontera entre ambigüedad y subespecificación depende, por tanto, de la teoría, porque no toda diferencia interpretativa exige multiplicar las entradas semánticas.

Expresiones idiomáticas y coerción

Las expresiones idiomáticas parecen desafiar la composicionalidad. Estirar la pata significa morir sin que el significado se derive de sus palabras. El principio puede conservarse si el léxico contiene unidades mayores que la palabra, de manera que la locución completa reciba una denotación propia. La solución tiene un costo, porque un léxico con unidades arbitrariamente grandes vacía el principio de contenido.

La idiomaticidad es además gradual. Tomar una decisión emplea un verbo que ha perdido su valor físico prototípico y conserva una interpretación parcialmente transparente, de modo que entre lo composicional y lo idiomático existe un continuo que conecta con la gramática de construcciones y con la fraseología, presentadas en el capítulo 36.

La coerción muestra el fenómeno inverso, donde el sistema enriquece el significado para resolver una incompatibilidad de tipos. Juan empezó el libro combina un verbo que selecciona eventos con un objeto que denota una entidad, de suerte que la interpretación recupera un evento asociado de lectura o de escritura. Pustejovsky (1995) propuso que las entradas léxicas contienen estructura rica, con información sobre la función y el origen de cada objeto, lo que permite derivar las coerciones sin almacenar cada lectura por separado. El contexto decide cuál de los eventos disponibles se activa.

Procesamiento de la ambigüedad

La comprensión es incremental y el analizador debe comprometerse con una interpretación antes de disponer de toda la información. Al oír el comienzo de Vi al hombre con…, el sistema todavía no sabe dónde se adjuntará el grupo preposicional, mientras cada palabra nueva confirma la hipótesis inicial o fuerza una revisión.

Los efectos de camino de jardín documentan el proceso. Las oraciones inglesas del tipo clásico donde un participio se confunde inicialmente con el verbo principal obligan a reanalizar la estructura cuando aparece el verdadero verbo, lo que produce un costo medible (Frazier y Rayner, 1982). La gramática admite esas oraciones y el procesador se equivoca aun así, lo que confirma la distinción entre lo que una gramática permite y lo que un sistema construye en tiempo real, discutida en el capítulo 36.

La lengua oral dispone además de un recurso que la escritura pierde. La organización prosódica agrupa los constituyentes y puede favorecer una adjunción sobre otra, porque una pausa antes del grupo preposicional inclina la interpretación hacia la lectura instrumental y su ausencia la acerca a la modificación del nombre. El capítulo 35 mostró que la prosodia organiza la información; aquí interviene también en la construcción de la estructura sintáctica, con lo que un mismo texto leído en voz alta puede ser menos ambiguo que su versión escrita.

Las preferencias no son arbitrarias. La frecuencia del sentido léxico, la plausibilidad del evento descrito, el tipo de estructura y el contexto previo determinan qué lectura se activa primero. Un sentido frecuente se recupera con mayor rapidez. Una estructura habitual se prefiere hasta que la evidencia contraria obliga a revisarla.

Contexto, semántica y pragmática

El contexto elimina la mayoría de las ambigüedades antes de que el oyente las advierta. Fuera de contexto, Está frío deja indeterminado el sujeto de la predicación; dentro de un intercambio sobre el café, la interpretación es inmediata. La oración aislada resulta menos informativa que el enunciado situado.

La frontera entre lo codificado y lo inferido no siempre es nítida. Juan y María se casaron recibe casi siempre una lectura recíproca, que también podría describir dos matrimonios independientes. La preferencia puede proceder de la pragmática, sin necesidad de una codificación léxica. Los capítulos siguientes desarrollan las herramientas para decidir casos de este tipo.

Ambigüedad en la entrevista y en la documentación clínica

El vocabulario del paciente exige desambiguación explícita. Escucho voces puede describir una alucinación auditiva verbal, la percepción de voces reales, un recuerdo vívido o el propio pensamiento experimentado de cierta manera. La expresión aislada resulta insuficiente. La aclaración pasa por preguntar de dónde parecen provenir, si se perciben como externas y qué control tiene el paciente sobre ellas. La desambiguación exigida es aquí de orden fenomenológico.

Lo mismo vale para expresiones metafóricas como sentirse vacío, que pueden apuntar a una ausencia afectiva, a una falta de sentido, a una sensación corporal o a la soledad. Convertir una metáfora en categoría psicopatológica sin aclararla añade información que el enunciado no contenía. La polisemia no es una anomalía; es una propiedad normal del lenguaje que la entrevista debe explorar.

El alcance también aparece en el habla espontánea. No creo que quiera morir niega una actitud y no equivale a creer que el paciente no lo quiera, distinción que el capítulo 32 examinó con los verbos de actitud. Registrar la oración sin conservar esa estructura modifica lo que el documento afirma.

La redacción clínica debe evitar, por su parte, las ambigüedades estructurales. Paciente con madre que refiere ansiedad deja indeterminado quién presenta el síntoma, problema que se resuelve escribiendo que la madre refiere que el paciente presenta ansiedad o que el paciente refiere ansiedad y acude acompañado por su madre. Refiere insomnio después del alta por tres semanas deja indeterminado si el intervalo mide la duración del síntoma o el tiempo transcurrido. Una reescritura que sitúe el modificador junto al elemento que cuantifica elimina la duda.

Ambigüedad en la escritura científica

Las afirmaciones cuantificadas exigen un cuidado particular. No todos los participantes respondieron al tratamiento niega la universalidad de la respuesta sin afirmar la ausencia universal de respuesta, distinción que una redacción descuidada borra con facilidad. La diferencia entre ambas formulaciones es de orden lógico.

La causalidad plantea un problema paralelo. Los pacientes mejoraron con el tratamiento admite una lectura temporal y otra causal, porque la preposición no codifica la causa de manera inequívoca. Un texto riguroso distingue la mejoría producida durante el tratamiento de la mejoría atribuible a él. Incluso la fórmula de asociación deja abierta la dirección del vínculo, con un compromiso deliberadamente más débil que el de una afirmación causal, de modo que la elección léxica debe corresponder al diseño del estudio.

Desambiguación y errores de alcance en los modelos

El procesamiento automático llama desambiguación de sentidos a la tarea de elegir la acepción adecuada según el contexto. Los modelos contextuales han mejorado mucho en esa tarea, porque generan representaciones distintas para los distintos usos de una misma forma, sin que ello implique que dispongan de un inventario explícito de sentidos comparable al de un diccionario.

Persiste, con todo, un riesgo en la interacción. Ante una pregunta ambigua, un sistema puede elegir sin advertirlo una de las lecturas y responder con fluidez, decisión que introduce un error que quien pregunta no puede detectar. Una respuesta cuidadosa solicita el contexto que falta o señala la ambigüedad antes de resolverla.

La sensibilidad a la negación ha sido, en particular, objeto de evaluación sistemática. Ettinger (2020) adaptó materiales de la psicolingüística para examinar modelos de lenguaje y encontró que sus predicciones apenas cambiaban al introducir una negación en la oración, pese a que el contenido afirmado se invertía. El resultado importa para cualquier uso en que un operador decida el sentido de la conclusión. Sugiere evaluar con materiales donde la única diferencia entre dos ítems sea el elemento lógico pertinente.

Los errores de alcance merecen atención especial. Un resumen que transforme No todos los estudios mostraron beneficio en Los estudios no mostraron beneficio sustituye la negación de una afirmación universal por una afirmación universal negativa, con un enunciado mucho más fuerte que el original. Este tipo de error resulta especialmente grave en medicina. Su detección exige comparar la estructura lógica de las dos versiones más que su parecido superficial.

La discusión filosófica sobre el alcance del principio requiere dos precisiones. El holismo semántico sostiene que el significado de una expresión depende de su relación con un conjunto amplio de creencias y de otras expresiones, tesis que Quine (1960) llevó hasta la indeterminación de la traducción y que entra en tensión con una composición estrictamente local. La tensión se alivia al distinguir la composición oracional del conocimiento enciclopédico que el intérprete moviliza, porque admitir un contexto cognitivo amplio no obliga a renunciar a una derivación sistemática del contenido oracional.

La segunda precisión afecta al formato de las representaciones. Jackendoff (1990) desarrolló una semántica de estructuras conceptuales donde la composición opera sobre primitivos de un nivel de representación mental, sin recurrir a denotaciones definidas en modelos. Las dos tradiciones respetan la composicionalidad y difieren en qué objetos combinan, lo que vuelve a mostrar que el principio restringe la arquitectura sin determinarla, como se vio en el capítulo 36 a propósito de la comparación entre teorías.

La ambigüedad no es, por último, un defecto en todos los géneros. El humor, la poesía y la publicidad la explotan de manera deliberada, porque buena parte del juego verbal depende de que dos lecturas permanezcan activas a la vez. El recurso literario se convierte en un riesgo en un informe clínico o en un artículo, donde el lector no dispone del contexto compartido que permitiría elegir. La misma propiedad del lenguaje cambia de valor según el género y el propósito del texto.

Análisis de ejemplos

El procedimiento para una oración ambigua puede ilustrarse con Vi a la paciente con el médico. El primer paso comprueba que las palabras no aporten polisemia pertinente en ese contexto. El segundo propone las dos estructuras disponibles, con el grupo preposicional adjunto al verbo o al objeto. El tercero deriva las condiciones de verdad de cada una, que difieren en quién acompañaba a quién. El cuarto acude al contexto previo, que suele inclinar la interpretación. El quinto, en un texto técnico, obliga a desambiguar de manera explícita, sin confiar en que el lector elija bien.

Un ejemplo de alcance completa el ejercicio. Algunos pacientes no respondieron afirma la existencia de pacientes sin respuesta, sin implicar que ninguno respondiera ni que todos fracasaran. La redacción científica debe respetar exactamente ese alcance, porque cualquier refuerzo introduce una afirmación que los datos no respaldan.

Un enunciado clínico muestra, por último, la interacción de varios niveles. No creo que ellos sepan quién soy combina una actitud proposicional negada, cuyo alcance debe preservarse, un contenido subordinado sobre lo que otras personas saben y una expresión referencial cuya interpretación queda abierta. Sin aclarar quiénes son los designados, el clínico no debe convertir la frase en una proposición más específica. La misma oración reúne así el alcance, la referencia y la actitud, los tres dominios que este capítulo ha recorrido.

El capítulo 40 estudia la deixis y la referencia, con expresiones como yo, aquí y ahora, los demostrativos y la referencia discursiva, además del argumento de que el contexto forma parte constitutiva de la interpretación.

Referencias

Cuetos, F., y Mitchell, D. C. (1988). Cross-linguistic differences in parsing: Restrictions on the use of the Late Closure strategy in Spanish. Cognition, 30(1), 73-105.

Ettinger, A. (2020). What BERT is not: Lessons from a new suite of psycholinguistic diagnostics for language models. Transactions of the Association for Computational Linguistics, 8, 34-48. https://doi.org/10.1162/tacl_a_00298

Frazier, L., y Rayner, K. (1982). Making and correcting errors during sentence comprehension: Eye movements in the analysis of structurally ambiguous sentences. Cognitive Psychology, 14(2), 178-210.

Frege, G. (1892). Über Sinn und Bedeutung. Zeitschrift für Philosophie und philosophische Kritik, 100, 25-50.

Heim, I., y Kratzer, A. (1998). Semantics in generative grammar. Blackwell.

Jackendoff, R. (1990). Semantic structures. MIT Press.

Montague, R. (1974). Formal philosophy: Selected papers of Richard Montague (R. H. Thomason, Ed.). Yale University Press.

Partee, B. H. (1984). Compositionality. En F. Landman y F. Veltman (Eds.), Varieties of formal semantics (pp. 281-311). Foris.

Pustejovsky, J. (1995). The generative lexicon. MIT Press.

Quine, W. V. O. (1960). Word and object. MIT Press.

Saeed, J. I. (2016). Semantics (4.ª ed.). Wiley-Blackwell.

Szabó, Z. G. (2022). Compositionality. En E. N. Zalta (Ed.), The Stanford encyclopedia of philosophy. Stanford University. https://plato.stanford.edu/entries/compositionality/

Winter, Y. (2016). Elements of formal semantics. Edinburgh University Press.

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