Qué debería explicar una teoría sintáctica
Los capítulos anteriores emplearon conceptos procedentes de tradiciones distintas, entre ellos los constituyentes y las dependencias, los núcleos, los complementos y los adjuntos, la estructura argumental, el movimiento, el ligamiento, el control y la estructura informativa. Esas herramientas no pertenecen a una única teoría unificada, porque la sintaxis contemporánea está formada por programas de investigación que difieren en cuál es la unidad básica, dónde reside la información gramatical, qué representaciones admiten, cómo enlazan la sintaxis con la semántica y cuánto peso conceden al léxico, al uso y a la frecuencia.
Una comparación rigurosa no puede reducirse a etiquetas como formalista, funcionalista, cognitivo o generativo, que designan familias amplias con variantes internas muy diversas. La pregunta útil es qué problema concreto intenta resolver cada teoría y qué observaciones permitirían preferir una explicación sobre otra.
Antes de comparar hay que fijar la tarea. Una teoría sintáctica debería explicar, al menos en parte, qué secuencias son posibles, qué unidades forman constituyentes, qué palabras dependen de cuáles, cómo se realizan los argumentos, por qué existen dependencias a distancia y por qué algunas quedan restringidas, cómo se interpreta la anáfora y qué regularidades comparten las lenguas. Algunas teorías aspiran además a explicar la adquisición, el procesamiento, el cambio histórico y la relación con la cognición general. Esa diferencia de ambición debe tenerse presente, porque exigir a una teoría descriptiva lo mismo que a una teoría psicológica completa distorsiona la comparación.
La tradición generativa
La gramática generativa nace a mediados del siglo XX con la pregunta por el conocimiento que permite a un hablante producir y comprender un número potencialmente ilimitado de expresiones. La gramática se concibe como un sistema formal que genera estructuras bien formadas. Desde Syntactic Structures (Chomsky, 1957) hasta el programa minimalista, el marco ha cambiado varias veces, de manera que hablar de la teoría generativa en singular oculta diferencias considerables entre la rección y el ligamiento, el modelo de principios y parámetros y las formulaciones actuales.
Una distinción histórica organiza buena parte del programa. La competencia corresponde al conocimiento lingüístico; la actuación incluye la memoria, la atención, los errores y las condiciones de uso. La distinción explica por qué una oración puede ser gramatical y difícil de procesar, como ocurre con las incrustaciones centrales múltiples del tipo de El informe que el médico que la residente llamó escribió llegó. Una gramática no necesita, bajo ese supuesto, explicar el costo de memoria que su propia estructura impone.
La jerarquía es el recurso explicativo central. El ligamiento, el alcance y el movimiento se describen mediante relaciones estructurales como el mando-c, según se vio en los capítulos 33 y 34, más que por proximidad lineal. Las dependencias a distancia se representan como movimiento, con una copia interpretada en la posición interna y otra pronunciada en la periferia. El programa minimalista intenta reducir la maquinaria a una operación básica de ensamble, que combina dos objetos sintácticos y construye la jerarquía por aplicación recursiva, con el movimiento reinterpretado como un ensamble interno de material ya presente en la estructura (Chomsky, 1995).
El enfoque ha producido descripciones especialmente detalladas de la localidad, del ligamiento y de las interfaces con la semántica, además de un lenguaje formal para derivar predicciones específicas. Buena parte de la psicolingüística experimental contemporánea prueba hipótesis formuladas en ese marco. Las críticas frecuentes apuntan al nivel de abstracción, a la dificultad de conectar ciertas representaciones con datos de adquisición, a los cambios sucesivos de arquitectura y a la dependencia de juicios de aceptabilidad. Ninguna de ellas invalida el programa. Todas obligan a precisar qué versión explica qué fenómeno.
Gramáticas de dependencias
Las gramáticas de dependencias representan relaciones directas entre palabras, con un núcleo y sus dependientes, sin postular nodos frasales primitivos. La residente leyó el informe se representa con el verbo como raíz y con dos dependencias hacia el sujeto y el objeto, según la tradición que arranca de Tesnière (1959) y que el capítulo 27 presentó.
La arquitectura resulta especialmente natural para la valencia, las relaciones entre predicado y argumentos, el orden flexible y el análisis automático. En lenguas con caso rico y orden relativamente libre, una representación entre palabras puede ser más económica que una estructura de constituyentes. Esa ventaja explica su adopción en corpus multilingües, donde el proyecto Universal Dependencies estandarizó etiquetas como nsubj, obj u obl para más de cien lenguas (de Marneffe et al., 2021).
La convención de anotación debe distinguirse de la afirmación psicológica. Muchas decisiones de Universal Dependencies responden a la consistencia entre lenguas y a la utilidad computacional, lo que no demuestra que esa representación corresponda al formato cognitivo del hablante. Los enfoques de dependencias afrontan además dificultades conocidas con la coordinación, la elipsis y los constituyentes discontinuos, para las cuales existen soluciones que requieren dependencias mejoradas, enlaces adicionales o estructuras no proyectivas. La ausencia de nodos frasales no elimina, por tanto, los problemas que esos nodos trataban de resolver.
Gramáticas de rasgos y niveles paralelos
La gramática léxico-funcional separa niveles de representación simultáneos. La estructura de constituyentes describe la organización sintagmática; la estructura funcional recoge relaciones como sujeto, objeto, tiempo y número. Dos lenguas pueden diferir en la primera y coincidir en la segunda, lo que permite describir variación superficial sobre una base funcional común. La teoría prescinde en gran medida de derivaciones, porque representa las dependencias a distancia como correspondencias entre niveles (Bresnan et al., 2016). La pregunta empírica es si esa arquitectura captura las mismas restricciones con igual o mayor economía.
La gramática de estructura sintagmática guiada por núcleos lleva más lejos el uso de rasgos. Una entrada léxica reúne información sobre categoría, argumentos, concordancia y significado. Las frases se construyen mediante restricciones declarativas que las estructuras deben satisfacer, sin transformaciones ordenadas (Pollard y Sag, 1994). La concordancia se sigue de la unificación de rasgos compatibles entre el sujeto y el verbo, de manera que buena parte de la sintaxis se convierte en un problema de compatibilidad estructurada.
La diferencia entre una arquitectura derivacional y una declarativa merece un comentario. La primera afirma que ciertas operaciones ocurren en un orden; la segunda especifica qué condiciones debe cumplir la representación final. Las dos pueden generar el mismo conjunto de estructuras. La diferencia se vuelve empírica solo cuando producen predicciones distintas sobre procesamiento, orden o adquisición.
Construcciones, gramática cognitiva y enfoques funcionales
La gramática de construcciones trata como unidades gramaticales los pares convencionales de forma y significado, que pueden ir desde una palabra hasta un patrón sintáctico abstracto. Goldberg (1995) defendió que ciertos patrones argumentales tienen significado propio, con el ejemplo inglés del verbo sneeze usado en una construcción de movimiento causado, donde la oración expresa que alguien hizo desplazarse un objeto estornudando. El verbo no es transitivo causativo en su uso ordinario, de modo que la lectura procede del patrón. La gramática se concibe así como una red de construcciones con distintos grados de especificidad, en la que la productividad surge de esquemas abstraídos a partir de ejemplos. Croft (2001) llevó la propuesta a una versión radical, en la que las categorías sintácticas son específicas de cada construcción y de cada lengua.
La gramática cognitiva rechaza una separación fuerte entre sintaxis y semántica, porque atribuye significado a las estructuras gramaticales (Langacker, 1987). Nociones como figura y fondo, perfil y perspectiva ocupan el lugar central. La elección entre activa y pasiva se analiza como una diferencia de conceptualización de la misma escena. El enfoque describe bien la gradiencia y la continuidad entre léxico y sintaxis. Su carga probatoria consiste en mostrar que conceptos amplios como esquema o prototipo generan predicciones suficientemente restrictivas, porque una teoría demasiado flexible puede acomodar cualquier patrón una vez observado.
La gramática del papel y la referencia integra sintaxis, semántica y pragmática con una fuerte orientación tipológica (Van Valin y LaPolla, 1997). Emplea una representación de estructura lógica de los predicados, una organización sintáctica estratificada y macropapeles como actor y paciente, que agrupan varios papeles semánticos y se conectan con la realización sintáctica mediante principios explícitos. Las tradiciones funcionales, entre ellas la lingüística sistémico-funcional, preguntan sobre todo cómo se relacionan las estructuras con la comunicación y el discurso. Analizan el lenguaje como un recurso que realiza metafunciones ideacionales, interpersonales y textuales (Halliday y Matthiessen, 2014). Su influencia en el análisis del discurso y en la lingüística aplicada ha sido considerable.
Las preguntas de las distintas familias no siempre compiten. Una formulación generativa pregunta qué estructura jerárquica permite una dependencia; una funcional pregunta qué función comunicativa explica la elección entre variantes. Ambas pueden coexistir mientras operen en niveles distintos. El conflicto aparece cuando una teoría sostiene que cierta estructura formal es innecesaria porque una explicación funcional basta, afirmación que exige evidencia y no una simple preferencia metodológica.
Enfoques basados en el uso
Los enfoques basados en el uso conceden un papel central a la frecuencia y a la experiencia. Las representaciones emergen de manera gradual a partir de patrones de uso, de suerte que una construcción frecuente puede automatizarse, esquematizarse y ganar productividad (Tomasello, 2003). Una expresión muy frecuente queda consolidada como unidad, lo que explica irregularidades y resistencias a la analogía. La frecuencia de ocurrencias refuerza unidades específicas y la frecuencia de tipos favorece la abstracción de patrones, misma lógica que rige la productividad morfológica estudiada en los capítulos 20 y 21.
La productividad sintáctica admite estudio experimental. Si un hablante interpreta un verbo inventado dentro de una construcción conocida, la interpretación no puede derivarse de combinaciones memorizadas. La tensión entre almacenamiento y abstracción atraviesa la morfología y la sintaxis por igual. Su resolución empírica exige medir qué generaliza un hablante y en qué condiciones.
Cuándo dos teorías compiten realmente
Supongamos que una teoría describe un grupo nominal como un sintagma y otra como una dependencia con núcleo nominal. Si ambas predicen exactamente los mismos datos, la comparación se reduce a notaciones. Para hablar de competencia se necesita una situación en que cada modelo prediga algo distinto y la observación permita decidir. Sin una divergencia empírica de ese tipo, la elección entre teorías no puede decidirse con datos.
Existen, con todo, diferencias que van más allá de la notación. Un modelo que combina categorías abstractas mediante reglas o principios, otro que toma construcciones de forma y significado como unidades básicas y otro que incorpora la frecuencia al sistema difieren en lo que postulan como contenido de la gramática. Esas diferencias afectan a la adquisición, a la productividad y al almacenamiento, terreno en que sí caben predicciones divergentes.
El problema tiene también una dimensión epistemológica. Varios modelos pueden dar cuenta del mismo conjunto de datos, situación que se conoce como subdeterminación y que exige nuevos datos, experimentos más discriminantes o criterios explícitos de complejidad. Un árbol sintáctico puede tratarse como una herramienta descriptiva o como una hipótesis sobre la organización cognitiva real, posturas que afirman cosas distintas, porque una teoría puede tener éxito predictivo sin que cada una de sus entidades corresponda a una estructura neural. El pluralismo resulta legítimo cuando las preguntas difieren y las representaciones no se contradicen; cuando las predicciones son incompatibles, la evidencia debe decidir.
Dos problemas comparativos
Juan empezó el libro es un primer caso. El verbo parece seleccionar un evento, como muestran empezar a leer o empezar a escribir, mientras que el complemento designa una entidad. Una explicación léxica atribuye al nombre información sobre los eventos típicamente asociados con él y permite que el verbo recupere uno mediante coerción, según el modelo de estructura de qualia de Pustejovsky (1995) presentado en el capítulo 28. Una explicación construccional atribuye ese valor interpretativo al patrón formado por el verbo y el grupo nominal, de modo que el significado no procede exclusivamente del verbo.
La comparación exige datos discriminantes. Juan empezó el café se interpreta sin dificultad como el comienzo de beberlo, mientras que Juan empezó la mesa resulta mucho menos natural sin un contexto que provea un evento pertinente. Los tipos de nombre aceptados, los tiempos de lectura, la generalización a nombres nuevos y los efectos de frecuencia permiten evaluar qué modelo predice mejor el contraste.
El segundo caso es el de los verbos intransitivos en construcciones de movimiento causado. Una teoría lexicalista debe explicar cómo un verbo de manera adquiere una estructura con tres argumentos, sea mediante una regla léxica o mediante una extensión productiva. La explicación construccional atribuye esos argumentos al patrón y deja al verbo la especificación de la manera. La segunda parece más económica para los usos creativos, con la obligación de especificar qué verbos pueden entrar en la construcción y qué restricciones operan, porque una teoría que acepte cualquier combinación después de observarla pierde valor predictivo.
Adquisición y procesamiento
El argumento de la pobreza del estímulo sostiene que ciertos conocimientos gramaticales exceden lo directamente observable en el input. La explicación tradicional apela a restricciones innatas específicas del lenguaje. Los enfoques basados en el uso replican que la distribución, la frecuencia, la analogía y la cognición general pueden explicar más de lo supuesto. La disputa no se resuelve con intuiciones generales, porque exige cuantificar qué información recibe el niño, qué adquiere y qué modelo permite derivar lo segundo de lo primero.
Dos trabajos computacionales ilustran ese procedimiento. Perfors et al. (2011) mostraron con modelos bayesianos que un aprendiz ideal puede preferir una gramática jerárquica sobre una lineal a partir de corpus de habla dirigida a niños, sin una restricción innata que imponga la jerarquía. Pearl y Sprouse (2013) modelaron el aprendizaje de las restricciones de isla a partir de secuencias de dependencias en el input, con resultados que acotan qué parte del fenómeno requiere un sesgo específico. Ninguno de los dos trabajos cierra el debate. Ambos ilustran la forma que debe tener un argumento sobre aprendibilidad, que combina input medido con un algoritmo explícito.
El procesamiento impone una segunda restricción. Una teoría de la competencia describe estructuras posibles; una teoría del procesamiento explica cómo se construyen en tiempo real. Ambas son distintas y deberían ser compatibles, porque un modelo que exija operaciones imposibles de ejecutar incrementalmente tendría dificultades para conectarse con los datos de comprensión. Las técnicas de lectura automedida, de registro ocular y de electrofisiología permiten localizar costos en puntos específicos de la oración, de manera que una predicción sobre dónde se espera un hueco puede contrastarse con el momento en que aparece el efecto, según se vio en el capítulo 33.
Tipología y sesgo de base empírica
Buena parte de la sintaxis formal del siglo XX se desarrolló sobre el inglés y otras lenguas europeas. La comparación tipológica ha mostrado sistemas muy distintos, entre ellos la ergatividad, los sistemas de clasificadores, la voz simétrica austronesia, la incorporación nominal y la polisíntesis. Una teoría con pretensiones universales debe explicar esa diversidad, más que tratarla como variación periférica.
La advertencia metodológica ya apareció en el capítulo 29 con la noción de sujeto. Las categorías descriptivas de una lengua concreta deben distinguirse de los conceptos comparativos que la tipología define para el contraste entre lenguas. Confundir ambos niveles produce universales aparentes, que resultan de aplicar a todas las lenguas una categoría definida para una sola.
Criterios de evaluación
La comparación puede ordenarse con unos pocos criterios. La cobertura pregunta qué fenómenos explica el modelo, porque una teoría que solo da cuenta de oraciones declarativas simples del inglés tiene un alcance limitado. La restricción pregunta qué estructuras prohíbe, ya que un sistema capaz de generar cualquier combinación explica poco. La parsimonia pregunta cuántos mecanismos necesita, con la advertencia de que menos mecanismos no equivale a mejor teoría si la reducción sacrifica cobertura.
Los criterios restantes conectan la sintaxis con sus vecinos. La aprendibilidad pregunta si el sistema puede adquirirse con datos plausibles; el procesamiento, si sus representaciones son compatibles con la comprensión y la producción; la tipología, si el modelo sigue funcionando fuera de las lenguas en que se formuló. La falsabilidad comparativa pregunta qué observaciones mostrarían que el modelo es incorrecto, porque una teoría capaz de reinterpretar cualquier resultado después de conocerlo pierde fuerza explicativa. Ningún criterio basta por separado. Su aplicación debe ser la misma para todas las teorías comparadas.
El procedimiento correspondiente parte del fenómeno más que de las escuelas. El primer paso es formular el problema en términos empíricos, reconstruir qué unidades y qué operaciones postula cada explicación, derivar una predicción que las separe, buscar el tipo de dato que corresponde a esa predicción y comparar después los costos teóricos de cada solución. Una teoría que explica un dato añadiendo una regla específica tiene menos apoyo que otra que lo deriva de un principio general, siempre que la segunda conserve la cobertura de la primera.
Un caso trabajado con tres construcciones
María rompió el vaso, El vaso se rompió y El vaso fue roto por María forman un conjunto adecuado para el ejercicio, porque las tres describen una escena comparable con organizaciones gramaticales distintas, según el análisis del capítulo 31.
Un análisis generativo describe las diferencias de estructura argumental, la proyección o la ausencia del argumento externo y la promoción del objeto a sujeto en la pasiva. Una gramática de construcciones postula tres construcciones asociadas cada una con su significado, organizadas en una red que recoge sus semejanzas. Una gramática cognitiva señala que la misma escena recibe tres conceptualizaciones, con el agente, el cambio de estado o el paciente en el perfil. Una gramática de dependencias representa en cada caso las relaciones entre el verbo y sus dependientes, con una anotación uniforme para las tres.
Las cuatro representaciones dan cuenta de los datos, de modo que ninguna queda descartada con este material. La comparación exige buscar fenómenos donde diverjan, entre ellos la productividad con verbos nuevos, las restricciones sobre qué verbos alternan, el curso de la adquisición y el costo de procesamiento de cada construcción. Ese desplazamiento del dato ilustrativo al dato discriminante es el paso central de cualquier comparación teórica seria.
Consecuencias para la clínica, la escritura y los modelos
En la evaluación clínica no hay que elegir una escuela, porque conocer varias mejora las preguntas disponibles. Un enfoque jerárquico sugiere examinar qué relaciones estructurales están alteradas; uno de dependencias, qué vínculos entre predicado y argumentos se conservan; uno construccional, qué patrones convencionales permanecen accesibles; uno basado en el uso, cómo influyen la frecuencia y la experiencia previa. La pluralidad resulta útil mientras las categorías no se mezclen de manera incoherente.
La consecuencia práctica es abandonar la etiqueta genérica de alteración sintáctica. Decir que un paciente presenta una alteración de ese tipo aporta poco frente a especificar errores de concordancia, omisión de palabras funcionales, dificultad con las pasivas, pérdida de estructura argumental o fallos en dependencias largas. Una teoría explícita obliga a operacionalizar la descripción.
En la escritura científica, usar términos como mando-c, isla o ensamble implica adoptar un marco, que debe declararse. La observación de que una extracción resulta degradada pertenece a un nivel; el análisis que atribuye esa degradación a un dominio opaco pertenece a otro. Nombrar una operación tampoco demuestra un mecanismo, de modo que una fórmula técnica debe ir acompañada de qué dato explica, qué predice y qué alternativa descarta. La exigencia se aplica por igual a todas las escuelas.
En el estudio de los modelos de lenguaje, la teoría lingüística aporta pruebas más que arquitecturas. Un modelo basado en atención no implementa directamente el ensamble ni una red de construcciones. Su comportamiento puede evaluarse preguntando si respeta las islas, si aprende dependencias a distancia, si generaliza construcciones a verbos nuevos y si resulta sensible a la frecuencia. Cuando un sistema entrenado solo con distribución reproduce una generalización, muestra que esa regularidad puede emerger sin reglas preprogramadas, lo que no demuestra que los humanos la adquieran del mismo modo. La inferencia válida se limita a la suficiencia del mecanismo en el modelo.
Con este capítulo se cierra el bloque de sintaxis. El capítulo 37 abre el de semántica con el significado, la referencia y las condiciones de verdad, es decir, con la diferencia entre lo que una expresión significa, aquello a lo que remite y las condiciones en que una proposición resultaría verdadera.
Referencias
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