Voz y proyección de los participantes
El capítulo 29 mostró que el sujeto y el objeto son funciones gramaticales distintas de los papeles semánticos. La distinción se vuelve especialmente clara cuando una lengua permite expresar una misma escena mediante estructuras diferentes. El equipo evaluó al paciente y El paciente fue evaluado por el equipo describen el mismo evento con los mismos participantes, un evaluador y un evaluado. En la primera, el equipo es el sujeto y al paciente, el objeto; en la segunda, el paciente es el sujeto y el evaluador aparece en un complemento opcional introducido por por.
La voz gramatical abarca los mecanismos que modifican la correspondencia entre participantes semánticos, argumentos y funciones sintácticas. La pasiva es solo uno de ellos. Las lenguas disponen también de construcciones reflexivas y recíprocas, causativas y anticausativas, medias, aplicativas y antipasivas, además de alternancias en la realización del objeto (Dixon y Aikhenvald, 2000; Haspelmath y Müller-Bardey, 2004). Todas modifican la cantidad, la prominencia o la realización sintáctica de los participantes sin cambiar necesariamente el contenido conceptual del evento.
El análisis exige distinguir cinco niveles, que son la estructura del evento, la estructura argumental, las funciones sintácticas, la morfología de voz y los efectos discursivos. Una alternancia puede modificar uno de ellos sin alterar los demás. Buena parte de los errores de análisis consiste en tratar un cambio en un nivel como si afectara a todos.
Activa y pasiva
En una activa transitiva prototípica como La médica examinó al paciente, la relación EXAMINAR(agente, paciente) se proyecta con el agente como sujeto y el paciente como objeto. En El paciente fue examinado por la médica, el paciente pasa a sujeto y el agente se expresa en un complemento periférico o se omite. La voz no cambia quién hizo qué a quién en el nivel conceptual, pero sí la manera en que esa relación se proyecta en la gramática.
La activa es el patrón no marcado de los verbos transitivos en muchas lenguas. En las lenguas nominativo-acusativas, el argumento con más propiedades de protoagente tiende a ocupar la función de sujeto (Dowty, 1991). La correspondencia es una tendencia con excepciones. La activa es una configuración gramatical particular, distinta de una copia directa de quién actúa en la realidad.
La pasiva reduce la prominencia sintáctica del argumento externo de un verbo transitivo y promueve otro argumento, típicamente el objeto, a la función de sujeto. En Los datos fueron analizados por la investigadora, los datos controla la concordancia y ocupa la posición canónica del sujeto, mientras que la investigadora conserva el papel de agente aunque su mención sea prescindible. La voz cambia las funciones sin invertir los papeles semánticos, como se vio en el capítulo 29. Conecta, además, la sintaxis con la estructura informativa, porque organiza la oración en torno al participante promovido.
La pasiva perifrástica del español combina ser con un participio que concuerda en género y número con el sujeto (evaluado, evaluada, evaluados, evaluadas), rasgo que la separa de los tiempos compuestos con haber, cuyo participio es invariable. El complemento agente con por es opcional. Omitirlo no deja al evento sin agente, porque la pasiva conserva en su interpretación un participante agentivo que la superficie no realiza.
La pasiva resulta útil cuando el paciente ya es tópico del discurso, cuando el agente es irrelevante o desconocido y cuando conviene posponer o suprimir su mención. Su elección depende, por eso, del discurso tanto como de la gramática.
Pasiva refleja, impersonal y los valores de se
El español tiene, además, una pasiva con se. En Se vendieron las entradas, el grupo nominal concuerda con el verbo, como muestra el singular Se vendió la entrada. La gramática académica denomina esta construcción pasiva con se; la tradición la llama pasiva refleja (RAE y ASALE, 2019, s. v. pasiva con se). En Se entrevistó a los pacientes, en cambio, el objeto de persona con a no controla el plural del verbo. Se trata de una impersonal con se, cuyo contraste con la pasiva refleja se examinó en el capítulo 29.
La impersonal con se tampoco requiere un objeto. Se vive bien en Santiago carece de un grupo nominal que controle la concordancia e introduce un participante humano genérico, interpretable como la gente en general. La construcción evita la expresión de un sujeto referencial específico, lo que la distingue de la pasiva prototípica, que promueve un argumento a sujeto.
Esta variedad obliga a separar la forma se de su función. El español usa se en María se peina, Juan y María se abrazaron, El vaso se rompió, Se venden libros, Se vive bien aquí y María se arrepintió, oraciones que ilustran, respectivamente, la reflexividad, la reciprocidad, la anticausatividad, la pasiva refleja, la impersonalidad y el verbo pronominal (Mendikoetxea, 1999). Una misma forma cubre funciones distintas, del mismo modo que el sincretismo estudiado en el capítulo 22 reúne valores diferentes en una sola terminación.
La gramática académica propone un criterio formal para una primera división. En los usos reflexivos, recíprocos y pronominales, se alterna con me, te, nos y os (me peino, nos abrazamos, me arrepentí); en los pasivos e impersonales no alterna con ninguna otra persona (RAE y ASALE, 2009, § 41.10). El criterio no agota el análisis, que exige observar la construcción completa, pero separa dos grandes grupos con una prueba verificable.
Reflexividad, reciprocidad y verbos pronominales
En María se lavó, el mismo referente ocupa dos posiciones conceptuales, la de quien realiza la acción y la de quien la recibe. La representación LAVAR(María, María) muestra que el verbo conserva su estructura transitiva LAVAR(x, y) y que la construcción reflexiva establece la identidad x = y. Las lenguas realizan esa identidad con pronombres reflexivos, con morfología verbal o con otras estrategias.
María se lavó y María se arrepintió comparten la forma y difieren en la estructura léxica. El primer verbo tiene una transitiva ordinaria, María lavó al niño, de la que la lectura reflexiva se obtiene identificando ambos argumentos. Arrepentir carece de ella, como muestra la agramaticalidad de \María arrepintió a Juan. *Arrepentirse es un verbo pronominal cuyo se no puede parafrasearse como a sí mismo.
En Ana y Pedro se abrazaron, la lectura más natural es recíproca y equivale a la conjunción de ABRAZAR(Ana, Pedro) y ABRAZAR(Pedro, Ana). La misma forma sirve para la reflexividad y la reciprocidad, que el número del sujeto y el contexto ayudan a distinguir. Con un sujeto singular, como en Ana se abrazó a Pedro, la reciprocidad desaparece y el verbo pasa a un uso pronominal con un complemento introducido por a.
Alternancia causativa y anticausativa
María rompió el vaso y El vaso se rompió están relacionadas. La primera expresa una causa externa; la segunda presenta el cambio de estado del vaso sin expresarla. Una descomposición simplificada formaliza la causativa como CAUSE(María, BECOME(roto(vaso))) y la anticausativa como BECOME(roto(vaso)). El participante que experimenta el cambio permanece y el argumento causante deja de realizarse, de modo que la alternancia reduce la valencia. El capítulo 28 presentó estos verbos entre los inacusativos (Levin y Rappaport Hovav, 1995).
Una anticausativa no afirma que el evento careciera de causa. El vaso se rompió es compatible con que cayera, con que alguien lo golpeara o con un cambio brusco de temperatura, porque la construcción solo deja de proyectar la causa como argumento. Confundir la causa no expresada con la ausencia de causa en el mundo trasladaría a la ontología una propiedad de la sintaxis. Alexiadou et al. (2015) sostienen, de hecho, que las anticausativas conservan el componente causal en su interpretación, como muestra que admitan complementos de causa del tipo de El vaso se rompió por el calor.
No todos los verbos transitivos admiten una anticausativa natural. La puerta se abrió y El vaso se rompió presentan cambios que pueden concebirse sin un agente, mientras que La casa se construyó en dos años solo admite la lectura de pasiva refleja, con un constructor implícito. Los verbos cuyo cambio puede concebirse como espontáneo favorecen la alternancia; los que exigen la intervención de un agente, como los de creación, la rechazan. Haspelmath (1993) contrastó esa gradación en muchas lenguas.
La descomposición del evento explica por qué estas alternancias no son arbitrarias. Una estructura CAUSE(x, BECOME(y)) puede proyectarse como transitiva; si la capa causal no se expresa, BECOME(y) resulta compatible con la anticausativa. La descomposición sigue siendo un modelo cuya validez depende de comprobar qué verbos siguen realmente el patrón.
Causativización y tipos de causación
El proceso inverso añade un argumento causante. De El niño duerme, con la estructura DORMIR(niño), se obtiene María hizo dormir al niño, con CAUSE(María, DORMIR(niño)). El español recurre para ello a la perífrasis causativa con hacer más infinitivo; otras lenguas usan morfología causativa específica. En ambos casos, la causativización aumenta la valencia.
La causación también puede estar lexicalizada. Morir y matar son lexemas distintos, aunque matar admite un análisis aproximado como CAUSE(y, MORIR(x)). Esa relación es léxica, mientras que hacer dormir es una construcción sintáctica productiva. Las lenguas distribuyen la causación entre el léxico, la morfología y la sintaxis, razón por la cual las causativas ocupan un lugar central en la tipología (Shibatani, 1976).
Las construcciones causativas difieren también en la integración del evento causal. En María abrió la puerta, María aparece como causa directamente integrada en el evento. María hizo que Juan abriera la puerta distingue, en cambio, dos eventos, uno en que María causa algo y otro en que Juan abre la puerta. En algunas lenguas, morfemas causativos distintos se asocian con la causación más directa o más indirecta, lo que muestra que la gramática puede codificar diferencias de estructura causal (Shibatani, 1976).
Construcciones medias
Este libro se lee fácilmente no describe un evento particular de lectura. Atribuye al libro una propiedad general, próxima a la de ser fácil de leer, con un lector genérico. Kemmer (1993) estudió este tipo de construcciones dentro del dominio más amplio de la voz media. La comparación con Este libro fue leído ayer, una pasiva eventiva, muestra que la diferencia es semántica además de formal.
La frontera entre la pasiva refleja, la media y la impersonal puede ser difícil de trazar en español. Se venden libros usados describe una actividad comercial con lectura pasiva, mientras que Estos libros se venden fácilmente atribuye una propiedad disposicional a los libros. El aspecto, la genericidad, la concordancia y la interpretación del agente permiten separarlas (Mendikoetxea, 1999), lo que confirma que las categorías de voz no se identifican mediante una sola marca morfológica.
Diagnósticos para las construcciones con se
La puerta fue abierta y La puerta se abrió tienen el mismo sujeto y difieren en la interpretación. La pasiva implica un evento transitivo con un agente posible, representable como ∃x ABRIR(x, puerta), aunque x no se exprese; la anticausativa presenta el cambio sin proyectar un causante externo. La pasiva perifrástica admite un complemento agente y adverbios orientados al agente, como en La puerta fue abierta a propósito por la enfermera. La puerta se abrió, en su lectura anticausativa, rechaza esos adverbios y admite complementos de causa como por el viento. Si se le añade a propósito, solo queda disponible la lectura de pasiva refleja.
María se peinó y La puerta se abrió muestran otra diferencia. En la primera, María reúne propiedades de agente y de paciente; en la segunda, la puerta no actúa sobre sí misma. La paráfrasis con un segundo argumento idéntico es aproximadamente válida en María peinó a María e imposible en \La puerta abrió a la puerta. Sin ser una prueba absoluta, basta para mostrar que interpretar todo *se como reflexivo sería un error.
La puerta se abre fácilmente y La puerta se abrió a las tres comparten la morfología. La primera tiene una lectura genérica o disposicional, con un agente humano genérico posible; la segunda describe un evento concreto de cambio de estado. El aspecto, los adverbios y el contexto distinguen las construcciones, de modo que el análisis sintáctico debe integrarse con la semántica aspectual del capítulo 30. La tabla 31.1 reúne las cuatro construcciones con un mismo verbo.
Tabla 31.1. Cuatro construcciones con abrir
| Oración | Construcción | Sujeto | Estructura conceptual |
|---|---|---|---|
| La enfermera abrió la ventana | activa causativa | la enfermera | CAUSE(enfermera, BECOME(abierta(ventana))) |
| La ventana fue abierta por la enfermera | pasiva perifrástica | la ventana | la misma, con el agente en un complemento |
| La ventana se abrió | anticausativa | la ventana | BECOME(abierta(ventana)) |
| Esta ventana se abre fácilmente | media | esta ventana | propiedad disposicional, sin evento concreto |
El análisis de una alternancia puede ordenarse en unos pocos pasos. Primero se identifican el evento y sus participantes, es decir, quién causa, experimenta o recibe el cambio; después, las funciones sintácticas y las marcas morfológicas, como el auxiliar, el participio, se o un afijo. Hay que evaluar luego si la construcción añade, elimina o relega un argumento, así como si describe un evento concreto, una disposición o un estado. Completan el análisis la comparación con otros verbos como romper, cerrar o hundir y la búsqueda de restricciones, porque no todos los verbos transitivos admiten la alternancia.
Aplicativos, antipasivas y otras alternancias
Algunas lenguas tienen morfología aplicativa, que promueve un participante periférico, como un beneficiario, un instrumento o un lugar, a la posición de objeto. Donde el español dice María cocinó comida para Juan, una lengua con aplicativo puede marcar en el verbo que Juan es el objeto. Las lenguas bantúes son el ejemplo clásico de este sistema (Dixon y Aikhenvald, 2000), que el español no tiene de forma productiva. Ciertos dativos cumplen, con todo, funciones parcialmente comparables.
En las lenguas de alineamiento ergativo, como el dyirbal de Australia, la antipasiva reduce la prominencia del objeto y permite que el argumento de tipo agente reciba la marca de caso del sujeto intransitivo. La antipasiva no es la imagen invertida de la pasiva, porque pertenece a otro sistema de alineamiento y cumple funciones distintas. Considerarla impide universalizar la arquitectura nominativo-acusativa del español.
Otros verbos alternan la realización del tema y del lugar. En inglés, load hay onto the truck y load the truck with hay reparten de modo distinto la función de objeto. El español tiene una alternancia parcialmente comparable en cargar cajas en el camión y cargar el camión con cajas. Cuando el lugar es el objeto, la oración tiende a interpretarse como si el camión quedara completamente cargado, efecto holístico que Levin (1993) documenta para este grupo de verbos.
El dativo permite otra reorganización. Juan rompió el brazo de María y Juan le rompió el brazo a María designan el mismo daño, pero la segunda expresa al poseedor mediante un dativo posesivo, también llamado simpatético, que lo presenta como afectado (RAE y ASALE, 2019, s. v. dativo). En Se me cayó el plato, el pronombre es un dativo de interés que designa a la persona perjudicada por el evento (RAE y ASALE, 2014, s. v. dativo), implicación que Se cayó el plato no expresa. Los participantes periféricos adquieren así prominencia argumental, lo que muestra la estrecha relación entre valencia y pragmática.
La voz se marca, según la lengua, con auxiliares, clíticos, afijos o cambios de raíz. El español usa una perífrasis en fue evaluado y el clítico se en se rompió. Otras lenguas señalan la pasiva, la causativa o la antipasiva con un sufijo verbal. Las lenguas austronesias como el tagalo tienen, por su parte, sistemas de voz simétrica que no se organizan como la oposición europea entre activa y pasiva y que han ocupado un lugar central en los debates sobre voz y alineamiento. Estas diferencias advierten contra la universalización de las categorías del español.
Alternancias y organización del léxico
Un verbo no queda descrito por su glosa semántica. Los diccionarios y los léxicos computacionales necesitan registrar si admite usos transitivos, intransitivos o pronominales, si participa en la alternancia causativa y qué complementos preposicionales rige. Abrir participa, por ejemplo, en abrir la puerta y en la puerta se abrió, dos estructuras que forman parte del conocimiento léxico del verbo.
Levin (1993) mostró que los verbos que comparten propiedades semánticas tienden a compartir alternancias sintácticas, de modo que el comportamiento sintáctico puede revelar aspectos del significado léxico. Los verbos de cambio de estado, por ejemplo, participan en ciertas alternancias causativas. La correspondencia es imperfecta, porque la historia de cada verbo y las particularidades idiomáticas también intervienen, pero convirtió las alternancias en una herramienta para estudiar la organización del léxico. La clasificación comparada de los patrones de valencia se extendió después a muestras amplias de lenguas (Malchukov y Comrie, 2015).
Voz, discurso y responsabilidad
Se excluyeron los casos con datos incompletos y Los casos con datos incompletos fueron excluidos eliminan al agente de la oración. La omisión puede ser discursivamente útil, pero en la escritura científica obliga a preguntar quién tomó la decisión y si respondió a una regla preespecificada o a una decisión posterior al análisis. Excluimos los casos según criterios definidos antes del análisis hace explícitos el agente, el procedimiento y la temporalidad metodológica. La elección de voz tiene, así, consecuencias epistemológicas.
La pasiva no es por eso una forma defectuosa. En Se reclutaron cien participantes. Veinte fueron excluidos por datos incompletos, la pasiva mantiene a los participantes como tópico y favorece la cohesión. Reclutamos cien participantes y excluimos a veinte por datos incompletos es igualmente posible y explicita el agente. La elección depende de la continuidad temática, de la necesidad de atribuir decisiones y del estilo de cada disciplina, dentro de las alternativas que la sintaxis pone a disposición.
En el lenguaje institucional, Se cometieron errores reduce la visibilidad del agente que El equipo cometió errores hace explícito. No toda impersonal es evasiva, aunque la gramática puede usarse estratégicamente. Un análisis crítico del discurso debe distinguir la estructura gramatical, la función retórica y el contexto institucional. Afirmar que la pasiva oculta la agencia exige demostrar que el agente era recuperable y pertinente y que su omisión fue deliberada o tuvo un efecto discursivo identificable.
La voz muestra, en términos más generales, que una misma realidad puede representarse desde perspectivas distintas sin que todas las diferencias lingüísticas sean diferencias del mundo. Si El comité rechazó el manuscrito y El manuscrito fue rechazado por el comité describen el mismo evento, difieren sobre todo en la perspectiva y en el tópico. El evento mantiene sus restricciones y la gramática reorganiza su presentación, de modo que la tesis no conduce al relativismo.
Elegir una pasiva tampoco hace falsa una oración. Puede, eso sí, ocultar a un participante, desplazar el foco o modificar la atribución pragmática. El análisis debe separar el contenido proposicional, la estructura gramatical, el efecto discursivo y la intención que se atribuye al autor. La sintaxis permite el recurso, pero su uso retórico debe demostrarse en contexto, sin inferirlo de la mera presencia de una pasiva.
La voz en la documentación clínica y en el procesamiento automático
El paciente golpeó a su hermano y El paciente fue golpeado por su hermano contienen casi las mismas palabras e invierten las funciones, como las pasivas examinadas en el capítulo 29. Un resumen que confunda ambas construcciones comete un error grave. La fidelidad clínica exige conservar quién actúa, quién resulta afectado y quién informa.
El paciente se lesionó puede referirse a una lesión accidental, a una conducta deliberada o a un resultado sin especificar. La forma reflexiva no codifica la intencionalidad, que la interpretación clínica solo puede establecer con datos adicionales. La sintaxis organiza a los participantes sin dar acceso a los estados mentales de quien actúa.
El medicamento produjo hipotensión y Se produjo hipotensión difieren en la expresión de la causa. La segunda es adecuada si la causa se desconoce. Si un texto transforma sistemáticamente eventos causados por intervenciones en construcciones sin causa explícita, dificulta la interpretación. La revisión de una prosa científica debe comprobar si la causalidad está establecida, si la causa se omitió y si la construcción conserva la incertidumbre que corresponde.
Los sistemas de procesamiento deben normalizar estas variaciones. El equipo suspendió el medicamento y El medicamento fue suspendido por el equipo han de corresponder a una misma estructura, con SUSPENDER como evento, el equipo como agente y el medicamento como tema. Esa normalización es necesaria para las bases de conocimiento, la búsqueda, el resumen y la auditoría clínica. Debe ir, además, más allá de la superficie sin invertir los papeles.
Un sistema puede resumir Se suspendió el medicamento por hipotensión como La hipotensión suspendió el medicamento. El resumen convierte un complemento causal en agente y produce una oración sintácticamente posible con una estructura conceptual equivocada. Reconocer la voz exige, por tanto, resolver también las relaciones causales y la diferencia entre argumentos y adjuntos.
El capítulo 32 estudia la coordinación y la subordinación, es decir, cómo se combinan unidades del mismo estatuto y cómo una oración se integra jerárquicamente dentro de otra.
Referencias
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