LS-035 / Sintaxis y gramática

Orden de palabras y estructura informativa

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  1. Orden lineal y organización de la información
  2. Tópico y comentario
  3. Foco y alternativas
  4. Información dada y nueva
  5. El orden de palabras del español
  6. Foco, inversión y posición final
  7. Prosodia y prominencia
  8. Hendidas y presuposición
  9. Tipología del orden
  10. Orden marcado y lenguaje clínico
  11. Progresión temática en la escritura científica
  12. Orden y foco en el procesamiento automático
  13. Análisis de casos
  14. Referencias

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

Orden lineal y organización de la información

Los capítulos anteriores trataron el orden de palabras sobre todo como evidencia estructural. Una misma lengua permite, sin embargo, varias secuencias gramaticales que difieren en énfasis, perspectiva y distribución de la información. María compró el libro, El libro lo compró María y Lo compró María, el libro describen el mismo evento, representable como COMPRAR(María, libro), con organizaciones distintas del enunciado.

El orden lineal participa, por tanto, en dos sistemas a la vez. Uno es la estructura sintáctica estudiada hasta aquí; el otro es la estructura informativa, que organiza el enunciado según qué entidad abre el mensaje, qué contenido resulta accesible para el interlocutor y qué elemento aporta la información pertinente frente a un conjunto de alternativas. El capítulo examina cómo el español y otras lenguas distribuyen esas funciones entre el orden, la prosodia y la morfología.

La distinción importa porque los términos de sujeto, tópico y foco se confunden con facilidad. María compró el libro permite que María sea a la vez sujeto y tópico en un contexto neutro. En El libro, María lo compró ayer, el tópico es el libro y el sujeto sigue siendo María. El sujeto es una función sintáctica y el tópico, una función discursiva, de modo que su coincidencia frecuente no autoriza a identificarlos.

Tópico y comentario

Un tópico puede caracterizarse, en una primera aproximación, como aquello respecto de lo cual se formula una predicación. En En cuanto a Juan, ya llegó, el hablante establece a Juan como entidad pertinente y aporta después la información de su llegada, con una división entre tópico y comentario que muchas tradiciones han considerado básica. Lambrecht (1994) desarrolló esa articulación dentro de una teoría general de la estructura informativa, en la que las relaciones pragmáticas se asocian con formas oracionales concretas.

La topicalidad no equivale a información previamente mencionada. Una entidad nueva puede convertirse de inmediato en tópico, como ocurre cuando un relato comienza presentando a un personaje desconocido que las oraciones siguientes retoman. La continuidad discursiva, la accesibilidad y la predicación acerca de una entidad suelen correlacionarse sin coincidir siempre, razón por la cual cada análisis debe precisar qué noción emplea.

Tampoco toda oración tiene una estructura de tópico y comentario. Llueve carece de un tópico referencial explícito. Las construcciones presentativas del tipo de Llegaron tres pacientes pueden ser, por su parte, enteramente focales. La división entre tópico y comentario describe una organización frecuente, aplicable a buena parte de los enunciados, aunque no a todos.

Una oración puede además contener más de un elemento topicalizado. En cuanto al informe, Juan todavía no lo ha leído combina un tópico de marco con un tópico referencial. Los marcos delimitan un dominio de validez, como en En Chile, la prevalencia es distinta o Respecto del tratamiento, faltan datos, sin ser argumentos del verbo. Las teorías cartográficas de la periferia izquierda postulan posiciones diferenciadas para el tópico, el foco y la fuerza oracional, según la propuesta de Rizzi (1997) presentada en el capítulo 33.

Foco y alternativas

El foco identifica el componente que aporta la información pertinente respecto de un conjunto de alternativas. Ante la pregunta ¿Quién compró el libro?, la respuesta María compró el libro selecciona un miembro del conjunto de personas que podrían haberlo comprado. Krifka (2008) define la noción en esos términos y la distingue con cuidado de la novedad informativa, porque el foco se define por la existencia de alternativas y por la pregunta, explícita o implícita, a la que el enunciado responde.

La congruencia entre pregunta y respuesta permite localizar el foco sin apelar a la intuición. ¿Quién compró el libro? exige prominencia sobre el sujeto; ¿Qué compró María? la desplaza al objeto. La estructura sintáctica puede permanecer idéntica en ambos casos, de modo que el foco no corresponde a una posición fija. Las lenguas lo marcan con acento, con orden, con partículas o con morfología. El español recurre sobre todo a la prosodia y al desplazamiento.

El foco puede ser estrecho o amplio. En la respuesta a ¿Qué compró María?, solo el objeto responde a la pregunta. En la respuesta a ¿Qué pasó?, toda la oración aporta información nueva, aunque el acento principal recaiga sobre el último elemento léxico. La prosodia marca en ese caso el borde prominente de una estructura mayor, distinción indispensable para analizar la entonación sin atribuir foco estrecho a cada acento.

El contraste añade otra dimensión. Compró el libro, no el cuaderno establece una oposición explícita entre dos alternativas, que puede expresarse con el acento, con el orden o con una construcción hendida. El foco correctivo aparece cuando el hablante rectifica un supuesto del interlocutor, como en la réplica María lo compró a la afirmación de que lo compró Juan. El foco no se limita, entonces, a añadir información, porque también puede modificar lo que ambos interlocutores daban por establecido.

Información dada y nueva

Una expresión es dada cuando su referente resulta accesible en el discurso. En Vi a un médico. El médico parecía cansado, el grupo definido recupera un referente introducido antes, accesibilidad que favorece los pronombres, la elipsis y la reducción prosódica. La información nueva introduce, en cambio, un referente o un contenido no establecido.

La novedad es gradual. Un referente puede ser enteramente nuevo, inferible a partir de otro, mencionado con anterioridad o activado en el momento. Gundel et al. (1993) propusieron una jerarquía de estados cognitivos, con niveles que van desde el referente en foco de atención hasta el simplemente identificable por su tipo. Con datos de cinco lenguas, entre ellas el español, mostraron que cada forma referencial exige un nivel mínimo de accesibilidad. La jerarquía explica por qué un pronombre resulta adecuado en un contexto y una descripción definida en otro.

Las taxonomías del material dado afinan esa gradación. Prince (1981) distinguió entre entidades enteramente nuevas, entidades no usadas que el interlocutor ya conoce sin tenerlas activas, entidades inferibles a partir de otras e información evocada en el texto o en la situación. La clasificación permite describir con precisión qué hace un escritor cuando introduce un término técnico como si fuera conocido o cuando trata como inferible una relación que el lector no tiene por qué reconstruir.

El foco y la novedad tampoco coinciden. En Ayer conocí a una mujer. Su hija estudia medicina, el segundo grupo nominal introduce un referente no mencionado que, sin embargo, resulta inferible a partir del primero, según la anáfora de puente vista en el capítulo 34. A la inversa, una expresión ya conocida puede recibir foco contrastivo, como en ¿Juan vino? cuando se discute cuál de varias personas llegó. La estructura informativa depende de la accesibilidad y de las alternativas, más que de la primera mención.

Las tradiciones funcionales llegaron a distinciones semejantes por otra vía. Halliday (1967) organizó la oración en tema y rema, con el tema en la posición inicial como punto de partida del mensaje. Vallduví (1992) propuso un componente informativo autónomo que separa el vínculo con el conocimiento del oyente, el foco y el fondo. Las terminologías difieren entre sí y coinciden en que la estructura informativa opera sobre una capa distinta de la de las funciones sintácticas.

El orden de palabras del español

El español suele describirse como una lengua de orden SVO, lo que refleja una tendencia no marcada. La descripción admite varias lecturas, porque puede referirse al orden más frecuente, al pragmáticamente neutro o al que una teoría postula como básico, afirmaciones que son independientes entre sí. La tipología trabaja con tendencias observables; la teoría formal puede proponer representaciones más abstractas.

La variación es considerable. Compró María el libro, El libro lo compró María y Compró el libro María son gramaticales y difieren en naturalidad según el contexto, el tipo de verbo y la prosodia. El orden básico describe una tendencia, sin equivaler a un orden obligatorio.

La dislocación a la izquierda con clítico es una de las construcciones centrales del sistema. Ese libro, ya lo leí sitúa un tópico fuera de la cláusula y mantiene su función mediante el clítico, que conserva la relación argumental con el verbo. A Juan, no lo vi ayer muestra el mismo patrón con la marca de objeto. La construcción se distingue de una interrogativa como ¿A quién viste? pese a compartir material inicial, porque su función discursiva y su relación anafórica son distintas.

La dislocación debe distinguirse de la anteposición focal. El libro, lo compró María contiene un tópico retomado por un clítico, mientras que EL LIBRO compró María, sin clítico y con acento contrastivo sobre el objeto antepuesto, expresa un foco que corrige o contrasta con alternativas. La presencia del clítico separa las dos construcciones, que también difieren en la prosodia y en los contextos que las licencian (Zubizarreta, 1998). Confundirlas llevaría a tratar como tópico un constituyente que el hablante ha antepuesto por su carácter informativo.

El español dispone también de dislocación a la derecha, como en No lo vi ayer, a Juan, donde la expresión final aclara el referente del clítico. Estas estructuras son frecuentes en el habla espontánea y escasas en la escritura formal, de manera que su ausencia en un texto académico responde a una convención de registro más que a una restricción gramatical.

Foco, inversión y posición final

La inversión del sujeto interactúa con la estructura informativa. Llegó Juan resulta natural como respuesta a ¿Quién llegó?, porque el sujeto posverbal recibe el foco, sin que su función sintáctica cambie. Con verbos inacusativos como llegar, aparecer o morir, el sujeto posverbal es especialmente natural, como muestra Llegaron tres pacientes, de modo que el orden depende también de propiedades léxicas del verbo, según se vio en los capítulos 28 y 29.

El español tiende además a situar el foco informativo hacia el final del enunciado. La respuesta a ¿Qué hizo Juan? coloca la información nueva en la posición final, patrón que Zubizarreta (1998) analizó como resultado de la interacción entre las reglas de acento nuclear y el orden de constituyentes. La tendencia admite excepciones, porque la prosodia puede focalizar elementos no finales sin alterar la secuencia.

Prosodia y prominencia

La prosodia marca la prominencia mediante la frecuencia fundamental, la duración y la intensidad. En un enunciado neutro, el acento principal recae sobre el último elemento léxico; en una corrección, se desplaza al constituyente que se rectifica. El acento nuclear puede, por tanto, reorganizar la información sin modificar el orden lineal.

La información accesible tiende, a la inversa, a perder prominencia. Ante ¿Qué hizo María con el libro?, la respuesta María lo leyó recupera la entidad mediante un clítico átono. Las lenguas utilizan la reducción prosódica para señalar accesibilidad, con una correspondencia fuerte, sin ser universal.

La prominencia informativa debe separarse de la expresión emocional. Un elemento prominente puede sonar enfático sin que ese énfasis indique enojo, ansiedad o excitación, porque la prominencia puede tener una función puramente informativa. Un ascenso de tono puede marcar foco contrastivo, de manera que la interpretación afectiva de la prosodia exige considerar antes la estructura sintáctica y discursiva del enunciado.

Hendidas y presuposición

Las construcciones hendidas hacen explícita la partición informativa. Fue María quien compró el libro separa un foco, que identifica a la compradora, de una cláusula presupuesta, según la cual alguien compró el libro. Las pseudohendidas invierten el orden de esas partes, como en Lo que compró María fue el libro, donde una relativa libre delimita el contenido presupuesto.

Estas construcciones permiten diagnosticar el foco y tienen, al mismo tiempo, valores discursivos propios. Fue María quien rompió el vaso presenta como compartido que alguien rompió el vaso, de manera que el foco solo responde por la identidad del responsable. El contenido no focalizado se presenta así como establecido, lo que conecta el foco con la presuposición sin reducir una noción a la otra.

Tipología del orden

Las lenguas varían en su orden básico, con los tipos clásicos SOV, SVO y VSO. El japonés se describe como SOV, el español como SVO y el árabe clásico como VSO, con matices según el análisis y el contexto. La clasificación es una simplificación útil, porque muchas lenguas admiten más de un orden y la determinación del básico exige varios criterios convergentes.

Greenberg (1963) mostró que el orden de los constituyentes mayores se correlaciona con otros rasgos, entre ellos el tipo de adposiciones, la posición del genitivo y la de los auxiliares. Esas correlaciones son tendencias estadísticas, sin el carácter de universales absolutos. Su explicación se ha buscado en el procesamiento, en la estructura y en la historia de las lenguas. La tipología cuantitativa contemporánea sigue revisando el alcance de cada generalización.

Algunas lenguas admiten una variación mucho mayor, favorecida por el caso y la concordancia. Hablar de orden libre resulta engañoso si se entiende que todas las secuencias son equivalentes, porque la variación suele expresar diferencias de tópico, foco o estilo. En las lenguas de orden flexible se emplea el término scrambling para ciertos reordenamientos no vinculados a la interrogación, documentados sobre todo en japonés y alemán, cuyo análisis como movimiento, como orden generado en la base o como fenómeno discursivo sigue en discusión. La morfología conserva en esos casos las funciones sintácticas mientras el orden expresa organización informativa.

Orden marcado y lenguaje clínico

La entrevista clínica presenta varios casos en que estas distinciones evitan errores de interpretación. Un paciente que vuelve una y otra vez al mismo asunto puede estar manteniendo un tópico, perseverando o expresando una preocupación dominante, situaciones que la estructura informativa permite describir sin decidirlas. La persistencia temática es un dato descriptivo; su carácter anómalo depende del contexto y de otros elementos del examen.

La prominencia prosódica plantea un problema análogo. Un enunciado como Ellos me siguen, con acento contrastivo sobre el pronombre, marca una oposición frente a otras personas posibles. Esa prominencia organiza el foco y no mide la convicción con que se sostiene la creencia, que debe evaluarse con preguntas específicas.

La prosodia tiene además valor semiológico propio en la clínica, que debe separarse de su función informativa. Una reducción global de la variación tonal puede describirse como parte de un examen del lenguaje y del afecto, mientras que un acento contrastivo aislado responde a la organización del enunciado. La distinción exige comparar varios enunciados del mismo hablante, sin apoyarse en una curva entonativa suelta.

El orden marcado tampoco indica desorganización. A mí, nadie me entiende combina un tópico inicial con un clítico y es una construcción ordinaria del español. Interpretarla como alteración formal del pensamiento por apartarse del orden SVO supondría tomar una convención descriptiva por una norma. La evaluación del lenguaje exige conocer la variación sintáctica legítima de la variedad del hablante.

Progresión temática en la escritura científica

En la prosa científica, la posición inicial contribuye a mantener la continuidad temática. Cuando una oración comienza con información ya establecida e introduce después la nueva, el lector integra el contenido con menor esfuerzo. Haviland y Clark (1974) mostraron experimentalmente ese efecto, al medir el tiempo que cuesta comprender una oración cuya información dada carece de antecedente disponible en el texto previo.

La secuencia opuesta fragmenta el texto. Un párrafo en que cada oración cambia de centro temático, pasando del modelo a los pacientes y de allí al procedimiento estadístico, puede estar compuesto de oraciones impecables y resultar difícil de seguir. La coherencia depende de la progresión temática tanto como de la corrección gramatical.

La elección del orden organiza además el argumento. El principal hallazgo fue la reducción de recaídas y La reducción de recaídas fue el principal hallazgo contienen los mismos elementos y responden a preguntas distintas, porque la primera identifica cuál fue el hallazgo y la segunda califica la importancia de un resultado ya introducido. En un apartado de conclusiones, esa diferencia determina qué queda como aporte central.

Orden y foco en el procesamiento automático

Un sistema debe interpretar El libro lo compró María como COMPRAR(María, libro), sin asignar la función de sujeto al primer constituyente. La tarea exige separar la posición lineal de la función gramatical y aprovechar la información del clítico, de modo que las construcciones dislocadas resultan una buena prueba de solidez sintáctica, con la misma lógica de control de materiales descrita en el capítulo 33.

La generación plantea un problema complementario. Ante la pregunta por quién aprobó el proyecto, la respuesta El proyecto fue aprobado por Juan es gramatical y aporta el dato, aunque sitúa la información solicitada en una posición poco prominente. Lo aprobó Juan alinea mejor el foco con la pregunta. La estructura informativa influye, por tanto, en la naturalidad de un sistema conversacional, más allá de la corrección del contenido.

El resumen automático depende igualmente de estas distinciones. Un buen resumen conserva qué información es central, selección que no puede derivarse de la frecuencia léxica, porque una expresión mencionada una vez puede constituir el foco principal del argumento. Distinguir el tópico, el foco y los antecedentes discursivos exige una representación del texto que los conteos superficiales no permiten construir.

Análisis de casos

Los contrastes anteriores pueden aplicarse a un conjunto breve de ejemplos. Ante la pregunta por quién evaluó al paciente, la respuesta La residente evaluó al paciente tiene como sujeto sintáctico y como foco informativo la misma expresión, con el acento principal sobre el nombre. Ante la pregunta por lo que hizo la residente, la misma oración cambia de organización, porque el sujeto pasa a ser tópico y el predicado completo recibe un foco amplio. La estructura sintáctica permanece idéntica en los dos casos.

El tercer caso muestra la dislocación. Ante ¿Y el informe?, la respuesta El informe, todavía no lo he leído sitúa el objeto como tópico fuera de su posición argumental y mantiene su función mediante el clítico. El cuarto caso muestra la dependencia del contexto, porque Llegaron tres pacientes puede ser una respuesta enteramente focal a una pregunta por lo ocurrido o una respuesta de foco estrecho a una pregunta por quién llegó. La misma superficie admite organizaciones informativas diferentes.

Tres advertencias delimitan el alcance de estas nociones. La primera es que lo dado y lo nuevo no son propiedades fijas de las expresiones, porque dependen del interlocutor, del contexto y del conocimiento compartido, de manera que la misma oración resulta nueva para un lector y accesible para otro. La segunda es que el tópico no equivale a lo más importante, ya que suele ser el punto de partida mientras el aporte principal recae en el foco, como muestra Respecto de Juan, fue María quien llamó. La tercera es que ninguna forma determina por sí misma la interpretación, porque una posición inicial puede alojar un sujeto, un tópico o un foco, del mismo modo que una prominencia puede marcar foco, contraste o emoción. La interpretación exige integrar la sintaxis, la prosodia y el contexto, tarea que reaparece en cada nivel de análisis.

El capítulo 36 cierra el bloque de sintaxis con una comparación de teorías, entre ellas los enfoques generativos, de dependencias, funcionales y de construcciones, además de un examen del tipo de evidencia que permite evaluarlas.

Referencias

Greenberg, J. H. (1963). Some universals of grammar with particular reference to the order of meaningful elements. En J. H. Greenberg (Ed.), Universals of language (pp. 73-113). MIT Press.

Gundel, J. K., Hedberg, N., y Zacharski, R. (1993). Cognitive status and the form of referring expressions in discourse. Language, 69(2), 274-307.

Halliday, M. A. K. (1967). Notes on transitivity and theme in English, Part 2. Journal of Linguistics, 3(2), 199-244.

Haviland, S. E., y Clark, H. H. (1974). What's new? Acquiring new information as a process in comprehension. Journal of Verbal Learning and Verbal Behavior, 13(5), 512-521.

Krifka, M. (2008). Basic notions of information structure. Acta Linguistica Hungarica, 55(3-4), 243-276. https://doi.org/10.1556/ALing.55.2008.3-4.2

Lambrecht, K. (1994). Information structure and sentence form: Topic, focus, and the mental representations of discourse referents. Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9780511620607

Prince, E. F. (1981). Toward a taxonomy of given-new information. En P. Cole (Ed.), Radical pragmatics (pp. 223-255). Academic Press.

Rizzi, L. (1997). The fine structure of the left periphery. En L. Haegeman (Ed.), Elements of grammar (pp. 281-337). Kluwer.

Vallduví, E. (1992). The informational component. Garland.

Zubizarreta, M. L. (1998). Prosody, focus, and word order. MIT Press.

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