Una operación gramatical con consecuencias discursivas
En El equipo evaluó la propuesta, el verbo organiza una predicación en la que alguien realiza una actividad dirigida a un objeto. En la evaluación de la propuesta por el equipo, el núcleo es un nombre. La segunda expresión permite retomar ese evento como referente de otra afirmación, como en La evaluación duró dos horas. El cambio afecta a la organización gramatical, mientras que el evento sigue siendo el mismo y no aparece ninguna entidad separada de quienes actuaron.
Con este capítulo termina el recorrido por la morfología. La nominalización reúne la derivación con la estructura argumental y las relaciones léxicas. Muestra, además, por qué el análisis de una palabra continúa después de identificar sus segmentos, ya que un nombre derivado puede conservar participantes del verbo y entrar en construcciones que no estaban disponibles para la base.
El término necesita una delimitación. El Glosario de términos gramaticales define la nominalización como un nombre derivado, generalmente de una categoría no nominal, que manifiesta algunas propiedades sintácticas y semánticas de su base. Las nominalizaciones deverbales proceden de verbos, como celebración o estacionamiento; las deadjetivales, de adjetivos, como dulzura o maldad. El término se aplica con menos frecuencia a los derivados de otros sustantivos, como alumnado (RAE y ASALE, 2019, s. v. nominalización). Como la misma obra incluye sustantivación entre sus sinónimos, debe declararse el sentido adoptado. Este capítulo parte del sentido morfológico y distingue expresamente los fenómenos sintácticos y las reformulaciones conceptuales que no implican una derivación de ese tipo.
La precisión importa en la escritura clínica. Pasar de un relato a una etiqueta como anhedonia es una clasificación o una compresión conceptual, operación distinta de la nominalización aunque su resultado sea también un nombre. La relación entre ambos dominios requiere una explicación propia.
Paradigmas y familias derivativas
Un hablante puede reconocer conexiones entre evaluar, evaluación y evaluador. Esas conexiones difieren de las que existen entre evalúo, evaluamos y evaluaban. En el primer grupo hay lexemas relacionados por derivación; en el segundo, formas de un mismo lexema dentro de un paradigma flexivo. Confundir ambos agrupamientos impediría explicar qué propiedades permanecen y cuáles cambian.
La arquitectura del léxico debe representar al menos esa diferencia. Un paradigma reúne las celdas gramaticales de una unidad, mientras que una familia derivativa relaciona unidades que pueden pertenecer a categorías distintas. Cada lexema de la familia tiene, a su vez, su propio paradigma, de modo que evaluación forma el plural evaluaciones. La derivación deja abierta la flexión posterior.
Las relaciones entre palabras tampoco exigen identidad material completa. Como se vio en el capítulo 22, una familia puede contener alternancias. Por eso la relación entre DECIDIR y DECISIÓN se representa como derivativa, sin reducirla a la instrucción literal de añadir -ción al infinitivo, que produciría \decidirción*. La descripción debe especificar la base y sus alternancias o adoptar un modelo que relacione formas completas, como los de palabra y paradigma.
En una formación más transparente puede proponerse la segmentación evalu-a-ción, con una base verbal, una vocal temática y un sufijo nominalizador. De ella no se sigue que cada segmento corresponda a un único rasgo conceptual, porque la segmentación y la interpretación semántica se justifican por separado.
La historia de una familia puede, además, contradecir la dirección de la derivación sincrónica. El Glosario analiza viaje como nombre de acción de viajar, pese a que la palabra se documenta mucho antes que el verbo (RAE y ASALE, 2019, s. v. nombre de acción). La relación derivativa describe la organización actual del léxico y deja para la historia la cronología de las formas.
La familia tampoco tiene que coincidir con una lista de palabras que el hablante genera cada vez desde cero. Una teoría puede almacenar formas completas y conexiones entre ellas; otra puede dar más peso a reglas o esquemas. La existencia de una relación morfológica en la lengua deja sin decidir qué ruta se utiliza al reconocer una palabra concreta. La pregunta por la representación gramatical y la pregunta por el procesamiento son diferentes, por mucho que deban relacionarse.
Nombres de acción y nombres de efecto
Un nombre derivado puede designar realidades muy distintas de una abstracción. El Glosario (RAE y ASALE, 2019, s. v. nominalización) distingue, entre otras, nominalizaciones de acción (aterrizaje), de efecto (dibujo), de agente (cocinero) y de instrumento (regadera). Una misma forma puede pertenecer a varias clases según su interpretación. Construcción designa la acción en La construcción del puente duró varios años y su resultado en La construcción se pondrá pronto a la venta. La clasificación debe atender, por tanto, a la lectura de la expresión además de a su sufijo.
La distinción entre nombre de acción y nombre de efecto ayuda a formular el problema. En La traducción del informe duró dos días, la duración se predica de una actividad; en La traducción del informe está en la carpeta, se localiza un producto documental. Las dos oraciones usan la misma forma léxica y atribuyen propiedades a referentes de tipo distinto.
El nombre de acción no implica, por otra parte, agentividad. El progresivo calentamiento global es un nombre de acción sin agente voluntario, de modo que la etiqueta no permite deducir volición. Hay, además, nombres eventivos que no derivan de ningún verbo, como guerra o conferencia, mientras que los nombres de acción son característicamente deverbales (RAE y ASALE, 2019, s. v. nombre de acción). La categoría semántica y la formación morfológica no se corresponden, por tanto, uno a uno.
El efecto designado tampoco tiene que ser un objeto material. Lo es en compra o traducción, pero en aprendizaje el nombre de efecto designa otra clase de resultado (RAE y ASALE, 2019, s. v. nombre de efecto). Lo pertinente es qué se predica del referente en la oración y qué relación mantiene con la base verbal.
Estas diferencias importan para la composición del significado. Tres evaluaciones puede contar actividades, documentos o decisiones evaluativas según el contexto, de modo que antes de convertir el número de nominalizaciones en número de eventos hay que determinar la lectura. Una investigación documental que contara palabras sin resolver esa diferencia podría confundir varios registros del mismo evento con varios eventos independientes.
Participantes conservados y participantes no expresados
Una nominalización eventiva puede mantener las relaciones argumentales de su base. El Glosario caracteriza los nombres de acción por heredar los complementos del verbo, como de la novela en la publicación de la novela en diciembre (RAE y ASALE, 2019, s. v. nombre de acción). Si se compara La comisión revisó el manuscrito el lunes con la revisión del manuscrito por la comisión el lunes, el revisor y lo revisado siguen expresados, aunque cambien sus funciones sintácticas.
Esta observación precisa una afirmación habitual. Nominalizar puede facilitar que ciertos participantes queden sin expresar. La construcción nominal permite también mantenerlos, como acaba de verse. La revisión fue breve deja sin expresar quién revisó y qué se revisó, lo que puede ser adecuado si ambos ya fueron identificados. Una oración verbal también puede omitir información, pues Revisaron no identifica explícitamente al sujeto ni al objeto. La transparencia depende de la construcción y del contexto.
La preposición de tampoco identifica un único papel. En la evaluación del supervisor, el supervisor puede ser quien evalúa o quien es evaluado. Llamar complemento a la secuencia deja sin resolver la ambigüedad, que exige determinar qué relación expresa. Cuando la fuente lo permite, se puede desambiguar de dos maneras. La evaluación realizada por el supervisor fija el agente; la evaluación a la que fue sometido el supervisor fija al evaluado. Sería ilegítimo escoger una de ellas solo porque suena más clara, ya que una reescritura puede mejorar la legibilidad e introducir, al mismo tiempo, un hecho ausente del original.
Al editar hay que distinguir, por tanto, dos metas. Una es hacer explícita una relación ya establecida por el contexto; la otra, resolver una incertidumbre real. La primera es una transformación de redacción, mientras que la segunda requiere información adicional. La nominalización hace visible ese límite porque permite mantener participantes sin asignarles de manera inequívoca todos sus papeles.
Lectura de evento y lectura de resultado
La polisemia de una nominalización permite formular contrastes concretos. En La evaluación comenzó a las nueve, el predicado temporal favorece una lectura eventiva; en La evaluación ocupa cuatro páginas, la predicación favorece una lectura documental. La misma palabra puede remitir a distintos aspectos de una actividad institucional. El análisis debe identificar cuál queda activado en cada oración.
El cambio de lectura afecta a los complementos. En la lectura de actividad, del paciente puede realizar un argumento de EVALUAR, mientras que en la lectura documental puede expresar el contenido del documento o su pertenencia. Solo algunos usos de una nominalización conservan intacta la estructura del verbo, así que tratar cualquier complemento nominal como argumento heredado produciría análisis excesivos.
La distinción puede ponerse a prueba mediante predicaciones compatibles. Una actividad puede durar o interrumpirse; un documento puede imprimirse o archivarse. Se trata de pruebas de interpretación, falibles como detectores de entradas léxicas distintas, porque las metonimias permiten desplazamientos. Archivar una evaluación puede referirse a su registro sin que la actividad haya sido colocada en una carpeta.
Bauer (2024) examina qué parte del significado de las nominalizaciones inglesas procede del uso establecido y qué parte aporta su estructura morfológica. La pregunta delimita el alcance de la composición sin negarla, pues la contribución de los componentes sigue siendo pertinente, si bien el conocimiento que una comunidad tiene de una palabra la excede. De ahí se sigue una consecuencia precisa para el análisis. Hay que diferenciar lo que predice un patrón derivativo de la información específica de cada unidad. Si una nominalización admite una lectura documental convencional, sería un error atribuir al sufijo el significado «documento» en todas las palabras de la misma familia formal, porque un patrón común puede coexistir con especializaciones que requieren aprendizaje léxico.
Nominalización morfológica y construcciones nominales
Una expresión encabezada por un determinante puede no ser una palabra creada por sufijación. En el saber, un saber especializado o sus saberes se identifican propiedades nominales estabilizadas, como el plural y la modificación adjetiva. En el haberlo sabido antes, en cambio, el infinitivo conserva propiedades verbales, como el pronombre átono y el auxiliar, aunque aparezca en una posición de distribución nominal. Para decidir el análisis hay que observar qué complementos admite la forma y si acepta flexión nominal.
La diferencia entre sustantivación y elipsis, examinada en el capítulo 23, añade otro contraste. Ninguno de estos casos se resuelve con la afirmación de que todo puede nominalizarse, porque intervienen mecanismos distintos con grados diferentes de lexicalización. La pregunta pertinente es si se ha creado una nueva unidad léxica, si la sintaxis ha construido una expresión o si se ha omitido un nombre recuperable. Como las tres posibilidades pueden producir superficies parecidas, la respuesta necesita evidencia distribucional y, en algunos casos, histórica.
La recategorización conceptual es otro nivel. Resumir varias observaciones bajo inestabilidad puede utilizar un sustantivo ya existente sin formar una palabra nueva. Traducir una descripción clínica a una categoría técnica exige juicio especializado y es una operación ajena a la derivación morfológica. La distinción impide atribuir a la gramática operaciones inferenciales que pertenecen al análisis del contenido.
Los niveles, con todo, están conectados. Una vez elegida una categoría nominal, su distribución facilita ciertos enunciados, porque el nombre puede cuantificarse o convertirse en tema. Esa disponibilidad sintáctica nada dice, sin embargo, sobre la corrección de la clasificación inicial. El análisis de la forma comienza después de una decisión conceptual que necesita su propia justificación.
Almacenamiento, esquemas y predicciones
Una arquitectura léxica basada solo en entradas independientes explica con facilidad las irregularidades, pero necesita mecanismos adicionales para dar cuenta de la productividad. Una arquitectura basada solo en reglas productivas tiene que explicar por qué ciertas formas tienen significados especializados o distribuciones excepcionales. Un modelo de redes puede conectar palabras y esquemas, siempre que especifique cómo aprende las relaciones y qué generalizaciones predice.
Presentar estas opciones como preferencias doctrinales es insuficiente. Hay que indicar qué observación las discriminaría. Si dos modelos reconocen correctamente todas las palabras frecuentes de una muestra, ese resultado nada dice sobre cómo generan una formación nueva. Un contraste con bases no familiares puede evaluar la generalización. Una comparación entre palabras transparentes y opacas permite investigar, por su parte, qué información contribuye al reconocimiento.
La frecuencia exige un tratamiento parecido. La frecuencia de ejemplares (token frequency) cuenta las apariciones de una palabra; la frecuencia de tipos (type frequency), las palabras distintas que siguen un patrón. Se trata de medidas diferentes. La primera puede contribuir a la familiaridad con una forma; la segunda puede informar sobre la amplitud de un esquema. Formular hipótesis sobre sus efectos es razonable, pero convertirlas en leyes cognitivas exige experimentos con controles adecuados.
Una comparación bien diseñada tendría que evitar que la frecuencia se confundiera con la longitud o con la familiaridad temática. Si todas las palabras raras son también largas y técnicas, un mayor tiempo de reconocimiento no puede atribuirse solo a la frecuencia. La misma precaución vale para las nominalizaciones. Que un texto nominal resulte difícil no prueba que la nominalización sea la causa, porque el vocabulario y la complejidad sintáctica pueden variar al mismo tiempo.
Las categorías del análisis gramatical y las unidades de un modelo cognitivo no tienen que coincidir término por término. Una teoría puede representar una relación derivativa sin postular una operación consciente, del mismo modo que un hablante puede reconocer una familia sin reconstruir cada paso histórico. El compromiso empírico empieza cuando la teoría especifica qué información utiliza, en qué momento y con qué consecuencias observables.
Nominalización y reificación
En sentido crítico, este capítulo llama reificación al tratamiento de una abstracción o de una clasificación como una entidad independiente con propiedades no justificadas. Una nominalización puede facilitar ese desplazamiento porque pone a disposición un nombre reutilizable, sin producirlo por necesidad lógica. También se puede reificar con una oración verbal o evitar la reificación en un texto lleno de sustantivos abstractos.
Sea La clasificación cambió durante el seguimiento. La oración puede informar una modificación de las etiquetas asignadas sin afirmar que exista una cosa autónoma llamada clasificación. La clasificación causó la evolución clínica introduce, por su parte, una tesis causal adicional. El problema reside en esa relación causal, que exige una evidencia distinta de la necesaria para registrar un cambio de etiqueta.
Una explicación que utiliza un diagnóstico puede no ser circular. La circularidad aparece cuando se usa como causa una categoría definida únicamente por el mismo fenómeno que pretende explicar, sin añadir un mecanismo ni una regularidad independiente. Si una teoría dispone de evidencia adicional sobre procesos causales, la denominación diagnóstica puede abreviar esa explicación. La crítica debe dirigirse, por tanto, al salto inferencial concreto.
Un ejemplo construido permite distinguir los casos. «La persona no participó porque mostró no participación» no añade información explicativa. Sustituir no participación por un término más técnico mantiene la misma identidad. Proponer que una barrera física impidió participar introduce, en cambio, una relación contrastable, siempre que la barrera haya sido observada y sea causalmente pertinente.
La prueba conceptual consiste en desplegar el nombre. Hay que establecer qué observaciones lo definen y qué propiedad adicional se le atribuye, así como si la conclusión podría resultar falsa aunque se mantuviera la clasificación. Cuando describir el dato y proponer la supuesta causa son la misma operación, la explicación es una reformulación que la nominalización vuelve menos visible.
Análisis integrado de un texto documental
Sea un texto inventado. «El martes, dos evaluadores revisaron por separado doce informes. En tres casos asignaron categorías diferentes. Después compararon sus decisiones. El registro no indica por qué discreparon.» A partir de este material pueden producirse versiones distintas y evaluarse qué conserva cada una.
Una versión nominal fiel sería «La revisión independiente de doce informes por dos evaluadores, realizada el martes, mostró discrepancias de clasificación en tres casos. La comparación posterior de las decisiones no dejó consignada la causa de esas discrepancias». La frase utiliza varias nominalizaciones y conserva los agentes, la cantidad, la secuencia y la ausencia de explicación causal. Su estilo es discutible, pero no pierde ningún hecho.
Una versión más breve sería «Hubo discrepancias en tres de los doce informes revisados». Esa síntesis elimina la información sobre los evaluadores, la independencia y la fecha. Puede ser adecuada en un contexto donde esos datos ya estén disponibles. Su contenido, con todo, es menor que el del original. La reducción debe evaluarse respecto del propósito documental.
Una versión problemática sería «La revisión independiente provocó tres errores de clasificación». Introduce dos cambios no autorizados, porque convierte desacuerdos en errores y atribuye causalidad al procedimiento. Que dos evaluadores discrepen no determina cuál está equivocado, del mismo modo que observar la discrepancia después de la revisión no demuestra que la independencia la haya causado.
Otra versión problemática sería «El equipo corrigió tres diagnósticos incorrectos». Añade un equipo como agente conjunto, una corrección y una valoración de incorrección, hechos que no aparecen en el texto. Pese a ser breve y gramatical, la frase no es una edición fiel.
La comparación muestra que la fidelidad de una versión se juzga por las proposiciones que contiene, con sus participantes y operadores, con independencia del número de nominalizaciones. Una reescritura puede cambiar la categoría gramatical sin alterar el contenido central, o mantener un estilo verbal sencillo mientras introduce hechos falsos. La evaluación lingüística y la documental deben trabajar juntas.
La diferencia entre discrepancia y error puede formularse con exactitud. Dos evaluadores pueden discrepar porque uno acierta y otro falla o porque ambos aplican criterios defendibles distintos. También puede ocurrir que ninguno coincida con un criterio de referencia independiente. El registro no identifica cuál de esas situaciones ocurrió. Sustituir «discrepancia» por «error» equivale a seleccionar una de ellas sin evidencia, por mucho que parezca una simple mejora de estilo.
Una nominalización como la discrepancia puede conservar correctamente esa indeterminación, mientras que una oración verbal como «uno de los evaluadores se equivocó» puede eliminarla indebidamente. El control epistemológico examina las condiciones de verdad y las atribuciones de cada formulación, con independencia de que use verbos o nombres. Si una edición gana fluidez a costa de aumentar sin justificación el compromiso factual, el documento resultante es peor que el original.
Categoría clínica y relato del paciente
Sea ahora un enunciado construido. «Desde hace tres semanas, la paciente dice que ya no disfruta actividades que antes le resultaban agradables.» Una síntesis profesional podría utilizar una etiqueta clínica. Hacerlo requiere decidir si la descripción satisface los criterios del concepto elegido, decisión que ninguna transformación morfológica resuelve.
Intervienen al menos tres operaciones distintas, que son preservar la frase como reporte, interpretar qué experiencia describe y clasificarla con un término técnico. Después puede redactarse una oración más breve. Una palabra establecida facilita la compresión, pero no garantiza que la clasificación sea adecuada ni que se mantengan la temporalidad y la fuente.
Una versión que conserva los niveles sería «La paciente refiere pérdida de disfrute desde hace tres semanas». Mantiene la duración expresada y no convierte el reporte en observación directa. Una versión como «Presenta una alteración persistente de la capacidad hedónica» agrega decisiones sobre la persistencia, la capacidad y el estatuto del hallazgo. Puede ser defendible con información adicional, pero no se obtiene del texto inicial. El mismo principio vale para un sistema automático de resumen, cuya evaluación debe comprobar, además del término profesional que produce, si conserva quién informa y de qué periodo habla, junto con el grado de certeza expresado.
La morfología permite identificar qué propiedades puede expresar una familia de palabras y cómo se reorganiza una frase al convertir un proceso en nombre. La adecuación clínica del concepto pertenece a otro nivel. Mantener la separación permite usar la terminología sin atribuirle una autoridad inferencial que no posee.
Redacción nominal y redacción verbal
La elección depende de lo que el lector necesita seguir. Una nominalización es útil cuando convierte en tema un proceso ya identificado, como en La evaluación fue revisada posteriormente. Una formulación verbal puede ser preferible cuando interesa presentar por primera vez quién realizó una acción, como en Dos evaluadores revisaron los informes. Ninguna regla obliga a reemplazar siempre una por otra.
El criterio consiste en comparar la información de ambas versiones. Conviene comprobar si se conservan el agente y las circunstancias y si ha cambiado la fuerza causal o epistémica del predicado. En el caso de un nombre, importa además si su referente es el evento, su producto o una medida. Estas comprobaciones permiten mejorar la prosa sin inventar contenido.
Si una oración original dice «Se evaluó la muestra», no puede escribirse «Dos investigadores evaluaron la muestra» solo para añadir un sujeto concreto. La segunda versión sería más explícita, pero su explicitud sería ficticia si se desconoce quién actuó. Una alternativa fiel puede mantener la impersonalidad o indicar que el agente no está consignado.
La acumulación de nominalizaciones puede, además, generar relaciones difíciles de recuperar. La evaluación de la estabilidad de la medición de la respuesta contiene varias dependencias. Antes de abreviar hay que decidir qué operación depende de cuál. Una paráfrasis verbal puede ayudar a diagnosticar la estructura, aunque la versión final vuelva a emplear algunos nombres técnicos.
La nominalización debe juzgarse por el trabajo que realiza, sea sostener una anáfora o nombrar un constructo definido. También puede repetir una acción ya expresada sin añadir nada, como en realizar la ejecución de la evaluación. Eliminar esa redundancia mejora la economía del texto porque suprime una duplicación semántica.
El capítulo 25 comienza con las categorías y los constituyentes, para explicar cómo se agrupan las palabras dentro de una oración y qué pruebas permiten defender una estructura. La nominalización deja planteado un problema concreto para ese recorrido, pues reconocer un sustantivo no basta para entender qué complementos organiza ni qué información recibe en cada una de sus lecturas.
Referencias
Bauer, L. (2024). The semantics of English nominalizations: How much is usage? En L. Gardelle, E. Mignot y J. Neveux (Eds.), Nouns and the morphosyntax/semantics interface (pp. 399-414). Palgrave Macmillan. https://doi.org/10.1007/978-3-031-44561-3_14
Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. (2019). Glosario de términos gramaticales (versión 1.0 en línea). https://www.rae.es/gtg