La conversación como organización secuencial
Si A pregunta ¿Vienes mañana? y B contesta Sí, la respuesta parece trivial. Su interpretación depende, sin embargo, de una organización secuencial compleja. La pregunta de A selecciona a B como próximo hablante, proyecta un conjunto de respuestas posibles y hace pertinente una respuesta sobre la asistencia. También vuelve significativo un eventual silencio de B y permite evaluar si la intervención siguiente responde, evita la pregunta o inicia una reparación. Si B contestara El invierno pasado fue especialmente lluvioso, su intervención podría ser gramatical y verdadera, aunque secuencialmente extraña.
El análisis de la conversación (Conversation Analysis, CA), desarrollado a partir del trabajo de Harvey Sacks, Emanuel Schegloff y Gail Jefferson, estudia cómo los participantes organizan la interacción turno a turno. Su tesis central es que el significado interactivo de un turno depende de su posición en la secuencia. Está bien puede aceptar una propuesta, cerrar un tema, conceder un punto o expresar un reproche, según lo que lo precede. La conversación organiza las acciones mediante la toma de turnos, los pares adyacentes y sus expansiones, la preferencia y la reparación. Esta lectura trata la toma de turnos, la organización de las secuencias y la preferencia, mientras que la reparación queda para la lectura LS-084.
El análisis de la conversación como programa empírico
El análisis de la conversación surgió del trabajo de Sacks en la década de 1960, reunido después en sus lecciones (Sacks, 1992). Se desarrolló en colaboración con Schegloff y Jefferson. Su método se apoya en grabaciones de interacción natural, transcripciones detalladas, análisis secuencial y comparación de colecciones de casos (Sidnell, 2010). La pregunta que orienta el programa es qué prácticas observables usan los participantes para producir y reconocer acciones. Las reglas que debería seguir una conversación ideal quedan fuera de su objeto, lo que distingue al análisis de la conversación de los modelos normativos.
El analista examina lo que ocurrió antes de un turno, lo que ocurrió después y el modo en que los propios participantes trataron esa contribución. La respuesta posterior es evidencia sobre cómo se entendió el turno previo. Si A pregunta ¿Quieres café? y B contesta No, gracias, B muestra que trató el turno de A como un ofrecimiento. Sacks et al. (1974) llamaron a este recurso procedimiento de prueba del turno siguiente, porque la secuencia misma aporta la evidencia interpretativa.
Turnos y unidades de construcción de turno
Un turno no equivale necesariamente a una oración. Puede consistir en Sí, en Marta, en Bueno... o en una emisión extensa como Cuando llegué a la consulta, después de hablar con mi hermana y revisar el correo, decidí que no iba a ir. Sacks et al. (1974) llamaron unidades de construcción de turno (turn-constructional units, TCU) a los componentes con que se forman los turnos. Una TCU puede ser una palabra, un sintagma, una cláusula o una oración, siempre que los participantes puedan reconocerla como completa en su contexto. Lo que importa es que permita proyectar un posible punto de finalización. Sin esperar a que se produzca un silencio, el oyente anticipa el momento en que el turno puede terminar a partir de la sintaxis, la prosodia y la acción en curso.
Lugares pertinentes para la transición y reglas de asignación
Al final posible de una TCU aparece un lugar pertinente para la transición (transition-relevance place, TRP), un punto en que el cambio de hablante se vuelve pertinente. Sacks et al. (1974) formularon para esos puntos un conjunto de reglas ordenadas. Si el hablante actual selecciona al siguiente, por ejemplo al dirigirle una pregunta con su nombre (Pedro, ¿qué opinas?), el seleccionado tiene el derecho y la obligación de hablar. Si nadie fue seleccionado, cualquier participante puede autoseleccionarse. En ese caso, el primero que empieza obtiene el turno. Si nadie toma la palabra, el hablante actual puede continuar. Las reglas vuelven a aplicarse entonces en el siguiente TRP.
Este sistema explica que la conversación logre una alternancia con pocos silencios prolongados, pocos solapamientos extensos y turnos de tamaño variable sin un coordinador externo. Los participantes se guían por señales que pueden proyectarse, en un proceso local e incremental. El modelo tampoco excluye las interrupciones, los solapamientos, los silencios o la competencia por el turno. Estos fenómenos adquieren significado precisamente porque existe una organización de base. Stivers et al. (2009) compararon la latencia de las respuestas a preguntas polares en diez lenguas y encontraron en todas una tendencia a evitar tanto los silencios como los solapamientos entre turnos, con diferencias modestas en los tiempos medios de respuesta.
Proyección del final del turno
Los participantes anticipan la forma posible del turno en curso. Ante Si mañana termina la reunión antes de las..., el oyente sabe que la construcción no está completa, porque la sintaxis proyecta una continuación. En Entonces eso sería todo, la estructura puede proyectar un cierre. La prosodia añade información, ya que un contorno continuativo puede indicar que el turno sigue y una caída final puede volver plausible un TRP. Ninguna señal aislada determina por sí sola el final del turno. De Ruiter et al. (2006) pidieron a oyentes neerlandeses anticipar el final de turnos grabados y encontraron que la precisión se mantenía al eliminar el contorno entonativo, mientras que disminuía al suprimir el contenido léxico. El contenido léxico y sintáctico parece, por lo tanto, la fuente principal de la proyección, aunque la prosodia puede contribuir en otras lenguas o situaciones.
Prosodia, mirada y gesto
La toma de turnos tampoco depende solo de la sintaxis. En la interacción cara a cara, los participantes usan la prosodia, la mirada y el gesto para anticipar la continuidad o la cesión del turno. Kendon (1967) observó que los hablantes tienden a apartar la mirada al comenzar una emisión larga y a dirigirla al oyente cerca de su final, lo que facilita el cambio de hablante. Mantener la mirada apartada y prolongar una unidad puede contribuir a conservar el turno. Estas señales no forman un código universal. Su valor depende de la lengua, del género interactivo y de la comunidad, de modo que una mirada directa puede seleccionar al próximo hablante en un contexto y limitarse a monitorearlo en otro.
La consecuencia metodológica es que una transcripción exclusivamente ortográfica puede recuperar las palabras y perder recursos decisivos para explicar por qué un participante tomó el turno en un punto determinado. Cuando el análisis depende de solapamientos, pausas o competencia por el turno, el audio y, si corresponde, el video forman parte de la evidencia necesaria.
Solapamiento e interrupción
Dos personas pueden hablar al mismo tiempo sin que haya interrupción. Un solapamiento puede surgir porque ambas proyectaron el mismo TRP. También puede deberse a una completación colaborativa, como cuando A dice Y entonces nos vemos el..., B completa martes y A ratifica martes, exacto. Las señales de seguimiento, como mhm, sí o claro, pueden superponerse al turno de otro sin reclamarlo. La interrupción es una interpretación más específica, que atribuye una competencia por el uso de la palabra. Para sostenerla hay que considerar la posición del solapamiento, su duración, su función y la respuesta de los participantes. Schegloff (2000) describió los recursos con que los hablantes resuelven los solapamientos, como los cortes, los alargamientos y las repeticiones. Mostró también que la mayoría se resuelve en muy pocas sílabas. Un registro clínico que anota interrumpe constantemente a partir de solapamientos frecuentes, sin examinar su organización, confunde un fenómeno acústico con una acción.
Silencio y posición secuencial
El silencio tampoco posee un significado fijo. Una pausa de dos décimas de segundo antes de responder Sí a ¿Quieres café? no tiene el mismo alcance que un silencio de cinco segundos después de ¿Quieres casarte conmigo? La duración y la acción previa modifican la interpretación. Un silencio después de una pregunta puede reflejar dificultad, búsqueda de palabras, resistencia, procesamiento o la preparación de una respuesta no preferida. Ninguna de estas causas se deduce de manera automática. El análisis de la conversación describe primero el silencio en una posición determinada y solo después considera sus posibles causas. La posición secuencial es observable. La causa mental, en cambio, exige evidencia adicional.
Pares adyacentes y pertinencia condicionada
Una de las estructuras centrales del análisis de la conversación es el par adyacente (adjacency pair). Schegloff y Sacks (1973) lo definieron como una secuencia de dos turnos producidos por hablantes distintos, ordenados como primera y segunda parte (FPP y SPP, por sus siglas en inglés) y relacionados por su tipo, de modo que cada primera parte admite ciertas segundas partes. A una pregunta corresponde una respuesta. A un saludo, otro saludo. Una oferta o una invitación se aceptan o se rechazan, una acusación recibe una defensa o una admisión y un agradecimiento recibe una respuesta.
Schegloff (1968) llamó pertinencia condicionada (conditional relevance) a la propiedad que da a este vínculo su fuerza. Una vez producida una primera parte reconocible, la segunda se vuelve esperable. Tras ¿Qué hora es?, la falta de respuesta puede tratarse como un acontecimiento, una ausencia notable que motiva intervenciones como ¿Me escuchaste? El silencio adquiere entonces el valor de una respuesta pertinente que no se produjo. Esta propiedad distingue los pares adyacentes de las simples correlaciones frecuentes, porque la primera parte proyecta una acción siguiente.
Secuencias insertadas
El término par adyacente puede inducir a pensar que las dos partes deben ser contiguas. Entre la primera y la segunda parte puede aparecer, sin embargo, una secuencia insertada. Si A pregunta ¿Quieres café?, B pregunta ¿Tiene cafeína?, A contesta Sí y B concluye Entonces no, la pregunta insertada resuelve una información necesaria para responder la primera. La estructura es jerárquica. La secuencia insertada equivale a una de las subpreguntas estudiadas en la lectura LS-081, que debe resolverse antes de completar el par principal.
Expansiones previas y posteriores
Antes de una primera parte puede aparecer una preexpansión. Si A pregunta ¿Estás ocupado mañana?, B responde No mucho y A pregunta entonces ¿Quieres ayudarme con la mudanza?, la primera pregunta prepara la petición. Las preinvitaciones y las prepeticiones son ejemplos clásicos (Levinson, 1983). Permiten explorar las condiciones de una acción cuya respuesta puede ser delicada y reducen el riesgo de formularla de manera directa. La organización secuencial gestiona así, junto con la información, las relaciones sociales.
Después de completar un par pueden aparecer expansiones posteriores. Algunas son mínimas, como el Perfecto con que A cierra después de preguntar ¿Puedes enviarlo hoy? y recibir un Sí. Schegloff (2007) llama terceros turnos de cierre a estas intervenciones que ratifican la respuesta y cierran la secuencia. Otras expansiones la prolongan. Si A pregunta ¿Vendrás?, B responde No y A pregunta ¿Por qué?, la segunda parte genera una nueva pregunta. Las secuencias pueden expandirse de manera recursiva, por lo que la unidad de análisis rara vez se limita a dos turnos aislados.
Forma gramatical y acción
Una interrogativa no siempre es una pregunta informativa. ¿Puedes pasarme la sal? pregunta por una capacidad según su forma gramatical. En la secuencia, en cambio, es una petición. La respuesta pertinente es pasar la sal. Responder Sí, puedo sin hacerlo trataría el turno como una pregunta sobre la capacidad. La acción se reconoce por la forma, el contexto, la posición y las prácticas convencionales. El análisis de la conversación se concentra en cómo los participantes muestran que la reconocieron. Esta perspectiva complementa la teoría de los actos de habla de la lectura LS-041.
Una misma expresión puede cambiar de acción según su posición. ¿En serio? después de una noticia puede pedir confirmación o expresar sorpresa. Después de una acusación puede desafiarla. Tras una broma puede evaluarla. La secuencia determina parte del acto, de manera que la acción de un enunciado depende de su forma, de su posición, del turno anterior y del contexto. Fuera de la secuencia, una misma cadena lingüística carece de una fuerza conversacional fija.
Preferencia en sentido técnico
La preferencia (preference) es una de las nociones más malinterpretadas del análisis de la conversación. En este marco, el término designa una organización estructural y es independiente de lo que el hablante desee en términos psicológicos. En muchos pares, una clase de segunda parte aparece de manera rápida, breve y poco marcada, mientras que otra aparece demorada, mitigada, explicada o precedida de un prefacio (Levinson, 1983; Pomerantz, 1984). Ante la invitación ¿Quieres venir mañana?, la respuesta Sí, encantado tiene el formato preferido. Bueno... me encantaría, pero tengo guardia tiene el formato no preferido. El rechazo puede ser exactamente lo que B quiere comunicar y sigue siendo, en el sentido técnico, una respuesta no preferida. La preferencia estructural debe distinguirse, por tanto, de la preferencia mental.
Heritage (1984) y Clayman (2002) vincularon esta organización con la solidaridad social. Los formatos preferidos tienden a coincidir con las respuestas afiliativas, como aceptar una invitación o coincidir con una evaluación. Los formatos no preferidos acompañan a las respuestas que amenazan la relación, que llegan atenuadas y justificadas.
Diseño de respuestas preferidas y no preferidas
Las respuestas preferidas suelen ser inmediatas, claras y con poca justificación, como el Sí que responde a ¿Te parece bien el martes? En las invitaciones y los ofrecimientos, la aceptación suele adoptar este formato. La organización depende, con todo, del tipo de acción. No existe una regla universal que haga preferido el sí y no preferido el no. Pomerantz (1984) mostró que, ante una autodepreciación como Estoy horrible en esta foto, el desacuerdo es la respuesta preferida y suele llegar sin demora, mientras que el acuerdo aparece vacilante o se evita.
Las respuestas no preferidas suelen incluir pausas, prefacios como bueno o eh, mitigaciones, agradecimientos, justificaciones y, al final, el rechazo mismo. Ante ¿Quieres venir a cenar?, la respuesta Eh... gracias, pero mañana entro muy temprano combina una demora, un agradecimiento, una atenuación y una justificación antes de un rechazo que ni siquiera se formula de manera explícita. Esta estructura reduce las consecuencias sociales del rechazo. La gramática y la secuencia cooperan en la gestión interpersonal, un tema que la lectura LS-085 desarrolla a propósito de la cortesía.
Justificaciones
Una justificación (account) es una explicación de una acción. Después de un rechazo, No puedo, tengo guardia vuelve el rechazo socialmente más aceptable. También puede aparecer después de una conducta inesperada, como en Llegué tarde porque hubo un accidente. Las justificaciones muestran que la conversación gestiona la responsabilidad y la razonabilidad de las acciones, además de intercambiar proposiciones (Heritage, 1984). Una justificación no garantiza que la explicación sea verdadera. El análisis de la conversación estudia su función secuencial y deja la evaluación factual para otro nivel de análisis.
Acuerdo, desacuerdo y autoridad epistémica
Ante una evaluación como La película fue excelente, el acuerdo suele llegar rápido y a menudo intensificado, como en Sí, buenísima. El desacuerdo suele mitigarse y presentarse precedido de un acuerdo parcial, como en Bueno... tenía algunas escenas buenas, aunque me pareció larga (Pomerantz, 1984). El formato permite observar cómo se gestiona la divergencia. Una respuesta demorada no equivale, sin embargo, a un desacuerdo oculto, porque la demora puede tener otras causas. La organización de preferencia describe un patrón secuencial que no permite detectar estados psicológicos.
Heritage (2012) distinguió el estatus epistémico, que corresponde al acceso relativamente estable de una persona a cierto conocimiento, de la postura epistémica, que es el modo en que una emisión concreta presenta ese conocimiento. Una persona tiene mayor autoridad sobre cómo se siente que cualquier otro participante. Sé que Marta llegó y Creo que Marta llegó expresan posturas distintas sobre un mismo contenido. La secuencia conversacional depende de quién tiene derecho a afirmar qué. La pregunta ¿Cómo se sintió? reconoce al interlocutor como fuente privilegiada de su experiencia, mientras que una reformulación categórica del entrevistador puede competir con ese estatus. La lectura LS-067 trató el compromiso epistémico.
Autoridad deóntica
Las conversaciones distribuyen también derechos para decidir acciones. Una persona puede tener mayor autoridad deóntica para ordenar, autorizar, proponer o decidir (Stevanovic y Peräkylä, 2012). Envía el informe hoy, dicho por un jefe, es una instrucción. La misma forma, en boca de un colega, puede ser una petición o una sugerencia. La organización secuencial depende de los roles institucionales, lo que permite al análisis de la conversación estudiar el poder sin reducirlo al vocabulario. La autoridad debe documentarse en el contexto, porque una oración imperativa aislada no basta para inferirla.
La entrevista clínica como conversación institucional
La entrevista clínica es una conversación institucional con roles asimétricos (Drew y Heritage, 1992). El profesional controla buena parte de las preguntas, cambia de tópico, pide aclaraciones y puede cerrar secuencias. El paciente responde, introduce temas, repara formulaciones y puede resistirse a una categorización. Esta asimetría es funcional y afecta, a la vez, los datos que se obtienen. Las preguntas cerradas producen secuencias distintas de las abiertas, de modo que el diseño conversacional forma parte del método clínico.
Las preguntas múltiples son un ejemplo. Si el clínico pregunta ¿Ha dormido mejor y ha tomado el medicamento todos los días? y el paciente responde Sí, queda sin aclarar a qué parte responde. La respuesta puede interpretarse como conjunta, con el consiguiente riesgo de ambigüedad. En una entrevista que busca precisión conviene separar las dos preguntas, de modo que cada una reciba una segunda parte interpretable.
Respuestas mínimas y silencios en la clínica
Ante ¿Ha estado mejor?, un Sí confirma algo y deja abierto cuánto, en qué dimensión y desde cuándo. Una nota que registra Evolución favorable significativa añade información que el paciente no dio. Una respuesta mínima debe documentarse con el grado de compromiso que efectivamente expresa. El análisis de la conversación enseña a no convertir una señal de respuesta en una proposición clínica elaborada sin una aclaración previa.
Después de ¿Ha pensado en morir?, un silencio de varios segundos puede ser relevante. Su posición lo convierte en una demora de la segunda parte, aunque no revela si refleja emoción, duda, un esfuerzo de memoria, resistencia o incomprensión. La secuencia justifica explorar. Documentar una causa exige otra evidencia. Una intervención adecuada puede ser Tómese su tiempo o repetir la pregunta con claridad. La teoría aporta un criterio para distinguir la observación de la interpretación.
Tangencialidad, interrupciones y manía
Supóngase que ante ¿Ha tomado el medicamento? el paciente responde Mi hermana fue al supermercado. El supermercado está cada vez más caro... La respuesta puede no aportar una segunda parte reconocible, iniciar una secuencia asociativa nueva o volver después a la pregunta. Antes de describir tangencialidad hay que observar si el turno termina por realizar la acción proyectada. Una respuesta larga no es tangencial por su longitud, ni una respuesta indirecta lo es por su indirección. Lo pertinente es la relación secuencial con la pregunta, lo que precisa el análisis de la lectura LS-081.
La clínica puede registrar un aumento de las interrupciones en ciertos estados, como la manía, aunque el concepto debe definirse. Contar cualquier solapamiento no basta. Hay que distinguir las señales de seguimiento, las completaciones colaborativas, la autoselección en un TRP, las entradas competitivas antes del posible final del turno y la persistencia pese al intento del otro de conservar la palabra. Solo algunos de estos patrones corresponden a interrupciones competitivas. El análisis lingüístico impide convertir el habla simultánea, que es un fenómeno acústico, en impulsividad clínica. El juicio clínico requiere el patrón completo y su contexto.
Diálogo narrativo
En la narrativa, los pares adyacentes permiten construir un diálogo verosímil. Si un personaje pregunta ¿Vienes? y el otro responde No, el intercambio es seco y directo. Si el segundo responde Bueno... quería hablarte de eso, la respuesta anuncia una negativa antes de formularla. El lector conoce estas prácticas y anticipa una respuesta no preferida, lo que la literatura puede aprovechar para producir tensión. Un diálogo creíble no necesita reproducir todas las disfluencias reales, porque le basta seleccionar patrones secuenciales reconocibles.
Interacción institucional y preguntas de examen
En los tribunales, las entrevistas laborales, las reuniones médicas o las aulas, el sistema de turnos puede modificarse. Un moderador puede seleccionar a los hablantes, un juez puede controlar las secuencias y un profesor formula preguntas cuya respuesta ya conoce. Estas interacciones siguen siendo conversaciones organizadas, con reglas de asignación del turno que dependen de la institución (Drew y Heritage, 1992). El modelo de Sacks et al. (1974) describe sobre todo la conversación ordinaria y permite estudiar por contraste las variantes institucionales.
Si el profesor pregunta ¿Cuál es la capital de Francia?, el alumno responde París y el profesor dice Correcto, la secuencia tiene tres partes, una pregunta, una respuesta y una evaluación. El profesor conoce la respuesta, de modo que su pregunta busca evaluar al estudiante. Una interrogativa no es siempre una petición de información, porque la posición institucional modifica la acción. Esta estructura corresponde a la secuencia de iniciación, respuesta y evaluación descrita por Mehan (1979), que Sinclair y Coulthard (1975) habían caracterizado como iniciación, respuesta y retroalimentación.
Escritura científica y secuencias implícitas
Un artículo científico no es un diálogo oral, aunque su organización puede simular secuencias de pregunta y respuesta. En Una objeción posible es que el efecto se deba a confusión residual. Para examinarla, realizamos un análisis de sensibilidad, la primera oración proyecta una cuestión y la siguiente la responde. La prosa argumentativa interioriza estructuras conversacionales como la objeción seguida de una réplica, la pregunta seguida de una respuesta o la afirmación seguida de evidencia. La observación conecta el análisis de la conversación con la retórica sin confundir ambos dominios.
Sistemas conversacionales y secuencia
Un asistente artificial debe reconocer la acción que proyecta cada turno. Ante ¿Puedes resumir este archivo?, la respuesta adecuada es el resumen. Contestar Sí, puedo ignoraría que la secuencia convencional convierte la pregunta por la capacidad en una petición. Ante Gracias, la respuesta De nada completa un par ritual. Los modelos pueden aprender estas regularidades a partir de grandes corpus. Su competencia funcional no demuestra, sin embargo, que representen de manera explícita primeras y segundas partes. La teoría permite evaluar la conducta del sistema. Las conclusiones sobre su arquitectura interna requieren otra evidencia.
Un sistema puede producir respuestas gramaticales y secuencialmente inadecuadas. Si el usuario pregunta ¿Cuál es la dosis que aparece en el documento? y el sistema responde Es importante consultar a un profesional de salud, la respuesta puede ser prudente, aunque deja sin resolver la pregunta si la tarea era extraer información del texto. Si el usuario pide Corrige solo la ortografía y recibe una reescritura completa, el sistema reconoció el tópico y perdió la acción proyectada. La evaluación debe distinguir la pertinencia temática de la adecuación secuencial, que consiste en realizar la acción que el turno anterior volvió pertinente.
Un sistema puede aprender también a rechazar solicitudes con mitigaciones. El exceso de mitigación degrada la eficiencia. Un Lamento muchísimo no poder... ante una solicitud trivial suena artificial. La organización de preferencia humana muestra que los rechazos suelen llevar justificaciones y atenuaciones, lo que no obliga a un sistema a imitar de manera mecánica todas esas marcas. El diseño debe equilibrar la claridad, la cortesía, la brevedad y el riesgo. La teoría describe prácticas humanas. Elegir una política de interfaz exige además otros criterios.
Una petición diferida
Sea una petición entre colegas. A pregunta ¿Puedes enviarme el manuscrito hoy? B responde Eh... hoy tengo consulta hasta tarde. A propone ¿Entonces mañana?, B contesta Sí, mañana en la mañana y A cierra con Perfecto.
La primera parte es una petición. B evita decir no y presenta una justificación, la consulta hasta tarde, que A interpreta como rechazo del plazo propuesto. La respuesta tiene los rasgos de una segunda parte no preferida e indirecta, con demora, prefacio y justificación. A reformula entonces la petición con una alternativa nueva, que B acepta con el formato preferido. El Perfecto final es un tercer turno de cierre. La secuencia combina indirección, organización de preferencia, justificación, reformulación y cierre, rasgos que solo se reconocen al considerar los turnos en conjunto.
Lo que la secuencia permite inferir
El formato de una respuesta permite inferir propiedades secuenciales. Puede afirmarse que la respuesta fue demorada, que incluyó un prefacio, que presentó una justificación o que no respondió de manera directa. No puede concluirse de manera automática que el hablante mintió, que estaba ansioso, que quería evitar la pregunta o que ocultaba información. La estructura conversacional restringe la interpretación sin dar acceso directo a los estados mentales. La distinción importa en particular en la clínica, el periodismo y el análisis forense.
El análisis de un intercambio puede seguir un orden. Conviene segmentar primero los turnos y sus TCU, identificando los posibles puntos de completitud. Después corresponde identificar las acciones, como preguntas, ofrecimientos, peticiones o evaluaciones, detectar los pares adyacentes y examinar sus expansiones previas, insertadas y posteriores. El paso siguiente es analizar la organización de preferencia, observando si la respuesta aparece directa, demorada, mitigada o justificada. El último paso separa la secuencia de la psicología, porque describe la práctica observable antes de atribuir motivos. Seguir este orden reduce el riesgo de inferencias excesivas.
La organización descrita en esta lectura puede fallar o ser insuficiente. De la manera en que los participantes detectan y resuelven problemas de audición, de referencia, de formulación o de comprensión sin detener la interacción se ocupa la lectura LS-084.
Referencias
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