LS-067 / Semántica y pragmática

Evidencialidad y compromiso epistémico

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  1. Fuente, certeza y compromiso
  2. La evidencialidad como categoría tipológica
  3. Una taxonomía básica de fuentes de información
  4. Fuente y certeza
  5. Evidencialidad y modalidad epistémica
  6. El quechua cuzqueño y la fuerza ilocutiva
  7. Compromiso discursivo y responsabilidad por una proposición
  8. Evidencialidad y contenido at-issue
  9. Evidenciales bajo la negación
  10. Interrogativas y anclaje de la evidencia
  11. Evidencia, verdad y justificación
  12. Recursos evidenciales del español
  13. Inferencia y modalidad en deber de
  14. Evidencia reportada y desacuerdo explícito
  15. Evidencialidad, autoridad y conocimiento compartido
  16. Fuentes anidadas en un ejemplo clínico
  17. Evidencialidad y miratividad
  18. Comparación de análisis rivales
  19. Inferencias inválidas a partir de un evidencial
  20. Un modelo multidimensional
  21. Referencias

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

Fuente, certeza y compromiso

Las oraciones María está en su oficina, Por lo que veo, María está en su oficina, Según Pedro, María está en su oficina, María debe de estar en su oficina y Al parecer, María está en su oficina pueden contribuir a una conversación sobre la misma proposición p, que María está en su oficina. No hacen, sin embargo, el mismo trabajo. Algunas indican la fuente de la información, sea la percepción, el reporte o la inferencia. Otras expresan una evaluación modal de la probabilidad de p. Algunas combinan ambas dimensiones. Cada forma puede modificar, además, de manera distinta el grado en que el hablante se compromete con la verdad de p.

La distinción es más difícil de lo que parece, porque en la experiencia ordinaria la fuente suele influir en la confianza. Si alguien dice lo vi con mis propios ojos, se interpreta normalmente una adhesión fuerte a la proposición. Si dice dicen que, puede inferirse distancia. Estas inferencias no demuestran, sin embargo, que las expresiones codifiquen de manera convencional grados de certeza.

En una caracterización tipológica clásica, la evidencialidad es la codificación lingüística de la fuente o del tipo de evidencia en que se basa una información. Algunas lenguas tienen sistemas gramaticales obligatorios que distinguen, por ejemplo, evidencia visual, no visual, inferida o reportada. Otras, como el español, disponen de múltiples recursos léxicos, sintácticos y gramaticalizados para expresar la fuente, aunque no suelen describirse como lenguas con un paradigma evidencial obligatorio comparable al de ciertas lenguas amazónicas, andinas o tibetano-birmanas.

La modalidad epistémica, por su parte, evalúa posibilidades respecto de un estado de conocimiento o de evidencia. Expresiones como quizá, debe de o ciertas lecturas de poder sitúan una proposición en un espacio de posibilidades epistémicas. El compromiso epistémico del hablante plantea una tercera cuestión, la de en qué medida su intervención pública lo presenta como responsable de sostener p.

Estas dimensiones interactúan sin confundirse. La fuente de la información, la fuerza modal, el grado de certeza y el compromiso discursivo son variables distintas. Este capítulo desarrolla esas diferencias y muestra por qué la evidencialidad es una interfaz especialmente productiva entre la tipología, la semántica formal, la pragmática y la teoría del discurso.

La evidencialidad como categoría tipológica

Aikhenvald (2004, 2018) reserva el término evidencialidad, en sentido estricto, para la codificación gramatical de la fuente de información. La definición tiene una consecuencia metodológica. Toda lengua puede expresar de algún modo de dónde procede una información, pero no toda lengua posee una categoría gramatical de evidencialidad. Aikhenvald (2004) estima que en alrededor de una cuarta parte de las lenguas del mundo la gramática obliga a especificar la fuente. El tariana, lengua arawak del noroeste amazónico, distingue así cinco valores obligatorios, que son el visual, el no visual, el inferido, el asumido y el reportado.

En español, Lo vi salir, Según el informe, salió a las ocho, Me dijeron que salió a las ocho y Por las huellas, salió por la puerta trasera expresan la fuente mediante recursos de clases diferentes, que son verbos de percepción, construcciones preposicionales, verbos de reporte y expresiones inferenciales. En otras lenguas la fuente se codifica mediante afijos, clíticos o partículas integradas de manera sistemática en la gramática. Algunos sistemas distinguen solo dos valores y otros tienen inventarios más complejos. Aikhenvald documenta oposiciones entre evidencia directa e indirecta, entre visual y no visual y entre inferencial y reportativa. Otros sistemas distinguen el conocimiento obtenido por experiencia propia del conocimiento transmitido por otros. No existe un inventario universal de morfemas evidenciales.

Hay que evitar, por tanto, dos errores opuestos. Uno sería negar que el español exprese evidencialidad porque carece de un paradigma obligatorio. El otro sería llamar evidencial a cualquier expresión que, en algún contexto, permita inferir una fuente de información. El dominio semántico de la fuente de información debe distinguirse de su gramaticalización en sistemas particulares.

Una taxonomía básica de fuentes de información

Willett (1988) propuso una clasificación que organiza los sistemas evidenciales alrededor de una distinción amplia entre evidencia directa e indirecta. Las taxonomías posteriores difieren en los detalles, aunque varias categorías reaparecen con frecuencia. En la evidencia directa visual, el hablante tuvo acceso visual al evento o al estado, como en Vi a Laura entrar al edificio. Una lengua con un evidencial visual gramatical podría codificar esa fuente en la morfología de la cláusula. En la evidencia directa no visual, la información procede de la audición, del tacto o de otra modalidad, como en Escuché a Laura entrar. Una lengua puede distinguir lo visual de lo no visual, mientras que otra agrupa ambos valores como evidencia sensorial directa.

En la evidencia inferencial, la proposición se deriva de indicios o resultados. En Las luces están encendidas y el coche está afuera. Laura debe de estar en casa, el hablante percibe evidencia compatible con el estado descrito, sin percibir el estado mismo. En la evidencia reportativa, la información procede del discurso de otra fuente, como en Según Pedro, Laura está en casa. Algunos sistemas distinguen, además, el reporte ordinario del conocimiento tradicional o transmitido culturalmente. Estas categorías son generalizaciones tipológicas, sin formar una escala universal fija. Cada lengua debe analizarse según sus propias oposiciones gramaticales y condiciones de uso.

Fuente y certeza

Supongamos que un hablante dice Lo vi. Ana salió por la puerta trasera y otro dice Pedro me lo dijo. Ana salió por la puerta trasera. Es fácil asociar el primer caso con mayor certeza, aunque esa diferencia puede derivarse del contexto, si se confía más en la percepción propia que en el reporte de Pedro. Basta modificar la situación. En el primer caso, el hablante vio fugazmente una silueta a cincuenta metros y no está seguro de que fuera Ana. En el segundo, Pedro es quien abrió personalmente la puerta y el hablante confía por completo en él. Es posible, entonces, combinar evidencia visual con baja confianza y evidencia reportativa con alta confianza.

Cornillie (2009) insiste en que la fiabilidad atribuida a una fuente no debe confundirse con el compromiso epistémico del hablante. La fuente explica de dónde procede la información, mientras que la evaluación epistémica concierne a su probabilidad o credibilidad. Si Fuente(p) = s identifica el tipo de evidencia y Confianza(p) = r designa de manera abstracta el grado de confianza del hablante, ninguna razón lógica obliga a que una fuente determine un único valor de r. La notación no pretende medir la confianza psicológica real. Muestra que se trata de variables conceptualmente independientes.

Evidencialidad y modalidad epistémica

La independencia conceptual no implica que la evidencialidad y la modalidad epistémica carezcan de contacto. De Haan (1999) defendió una separación clara, según la cual la evidencialidad codifica la fuente de información y la modalidad epistémica el compromiso o la evaluación del hablante acerca de la proposición. Otros trabajos mostraron, sin embargo, que en ciertas lenguas los evidenciales se comportan semánticamente como modales epistémicos. Matthewson et al. (2007) analizan los evidenciales del stʼátʼimcets como elementos modales cuya base modal queda restringida a los mundos compatibles con un tipo determinado de evidencia. En ese análisis, un evidencial inferencial aplicado a p es verdadero si p se cumple en los mundos pertinentes compatibles con la evidencia inferencial disponible en el contexto.

Esta arquitectura enlaza con el capítulo 54. Una semántica modal puede usar dos parámetros. La base modal determina qué mundos cuentan como accesibles. La fuente de ordenación los jerarquiza según determinadas condiciones. Un evidencial puede restringir el tipo de evidencia que define esos mundos sin codificar un grado de certeza psicológica. La oposición entre evidenciales y modales no admite, por tanto, una respuesta universal. Algunas lenguas permiten análisis modales de sus evidenciales y otras presentan propiedades que motivan análisis diferentes.

El quechua cuzqueño y la fuerza ilocutiva

El trabajo de Faller (2002) sobre el quechua de Cuzco es uno de los casos más discutidos. El quechua cuzqueño marca la fuente mediante enclíticos. El enclítico -mi de Para-sha-n-mi 'está lloviendo' indica que el hablante tiene evidencia directa. Con -si, en Para-sha-n-si, el hablante indica que lo sabe por reporte. Con -chá, en Para-sha-n-chá, presenta la lluvia como una conjetura. Faller no trata todos estos marcadores como modales proposicionales. El reportativo -si plantea un problema particular, porque el hablante puede transmitir una proposición atribuida a otra fuente sin asumir su verdad.

Un reporte de p no equivale a que el hablante crea p, ni necesariamente a una necesidad epistémica sobre p. La contribución del evidencial puede operar sobre el acto de habla y señalar que la responsabilidad por p procede de una fuente reportada. Faller (2019) desarrolla esta intuición en términos de compromisos discursivos. Una expresión reportativa puede introducir p en la conversación de manera que pueda usarse como respuesta o para continuar el discurso, aunque el hablante no quede comprometido con p como en una aserción ordinaria. Hay que distinguir, por tanto, entre poner p en circulación y comprometerse personalmente con p. La distinción permite analizar el reporte, la cita, el rumor y la atribución de fuentes.

Compromiso discursivo y responsabilidad por una proposición

En una aserción ordinaria como El comité aprobó la propuesta, el hablante se presenta en condiciones normales como responsable de defender p. Si otro interlocutor pregunta ¿Cómo lo sabes?, la pregunta se dirige al hablante. En Según el secretario, el comité aprobó la propuesta, la arquitectura cambia. El hablante sigue siendo responsable de haber atribuido correctamente esa información al secretario, aunque su compromiso con la verdad de p puede ser menor o quedar suspendido de manera explícita. Pueden distinguirse, al menos, el compromiso con que la fuente dijo p y el compromiso con que p es verdadera. El primero puede ser alto mientras el segundo es reducido.

Según Pedro, el informe fue manipulado, pero yo no tengo evidencia para afirmarlo no encierra contradicción, porque el hablante se compromete con la atribución a Pedro sin comprometerse con el contenido reportado. Esto importa en la escritura científica y clínica. El paciente refiere que lo siguen compromete al redactor con el hecho de que el paciente hizo ese reporte, sin comprometerlo con la verdad del contenido subordinado. Difiere, por ello, de Lo siguen. La evidencialidad es así una herramienta para preservar la arquitectura de la responsabilidad epistémica.

Evidencialidad y contenido at-issue

Otra discusión concierne al estatus discursivo de la información evidencial. En Al parecer, Laura ya llegó, puede preguntarse si el contenido principal puesto en discusión es la proposición p, que Laura ya llegó, o la proposición compleja parece(p). En varias lenguas, la información evidencial tiene propiedades de contenido not-at-issue, porque contribuye significado sin comportarse como el núcleo que responde a la pregunta en discusión. Murray (2017) desarrolla, a partir de datos del cheyene, una teoría en la que ciertos evidenciales contribuyen a la vez información proposicional y restricciones sobre la fuente, con efectos sobre la actualización del contexto.

La distinción entre contenido at-issue y not-at-issue no equivale a la oposición entre lo afirmado y lo presupuesto, porque existen varias clases de contenido proyectivo. Las presuposiciones, las implicaturas convencionales y las contribuciones evidenciales pueden presentar perfiles distintos. El diagnóstico tiene que ser empírico. Hay que examinar qué parte responde a una pregunta explícita, qué parte puede negarse directamente, qué contenido se proyecta bajo operadores, qué contenido puede ser objeto de desacuerdo y quién aparece como responsable de cada componente. Estos criterios evitan las etiquetas intuitivas sin prueba.

Evidenciales bajo la negación

La negación es un diagnóstico clásico. Al parecer, Laura no vino recibe naturalmente una lectura en la que el evidencial tiene alcance sobre la proposición negada, EVID(¬p), donde p es que Laura vino. La negación puede interactuar con el componente evidencial de otras maneras. En los sistemas gramaticales de evidencialidad, averiguar si la negación afecta a la proposición, a la fuente de evidencia o a ambas permite discriminar entre teorías.

Si un morfema evidencial queda sistemáticamente fuera del alcance de la negación proposicional, el dato apoya un análisis de alcance alto o de contribución ilocutiva. Si puede negarse de manera ordinaria, se comporta más bien como parte del contenido proposicional. No existe una respuesta universal para los evidenciales, porque los patrones varían entre lenguas y construcciones. Esa variación es una de las razones por las que Murray (2017, 2021) defiende estudiar conjuntamente la semántica, la fuerza oracional y la tipología.

Interrogativas y anclaje de la evidencia

Las preguntas introducen otro problema. En español, la naturalidad y la lectura de ¿Al parecer Laura llegó? dependen mucho de la prosodia y el contexto. En las lenguas con morfología evidencial puede preguntarse quién debe poseer la evidencia pertinente, si el hablante, el oyente, ambos o alguna fuente contextual. En una declarativa, el centro evidencial se asocia por defecto al hablante. Aikhenvald (2004) documenta que en las preguntas, en muchas lenguas, el evidencial suele referirse a la fuente de información del oyente. El fenómeno conecta con el capítulo 64. Así como los pronombres pueden depender de centros de perspectiva, los evidenciales pueden necesitar un parámetro que determine de quién es la evidencia. Ese parámetro no siempre corresponde al hablante.

Evidencia, verdad y justificación

Suponer que la evidencia directa asegura la verdad de p es otro error frecuente. La percepción puede engañar. Una persona puede codificar que obtuvo información visual y estar equivocada respecto del evento. El evidencial especifica la relación epistémica entre una fuente y una proposición, sin asegurar la verdad de esta. De manera simétrica, que una información sea reportada no la vuelve falsa ni dudosa. Una noticia puede ser reportativa y completamente verdadera, mientras que una percepción directa puede conducir a error.

La evidencialidad y la verdad deben mantenerse, por tanto, separadas. Lo mismo vale para la evidencialidad y la justificación. Una fuente puede contribuir a justificar una creencia, aunque la adecuación de la justificación depende de propiedades adicionales de la fuente, de las circunstancias y de los estándares epistemológicos pertinentes.

Recursos evidenciales del español

El español dispone de numerosos medios para marcar la fuente, como Según el informe, hubo tres fallas, Por lo visto, hubo tres fallas, Se ve que hubo tres fallas, Dicen que hubo tres fallas, Al parecer, hubo tres fallas o Habría habido tres fallas. Cada construcción requiere un análisis propio. Según X explicita una fuente. Por lo visto puede marcar inferencia y, en algunos usos, evidencia indirecta convencionalizada. Dicen que construye una fuente colectiva o indeterminada, mientras que al parecer puede expresar acceso inferencial o información no confirmada directamente.

El llamado condicional de rumor o periodístico aparece en titulares y registros informativos, como El ministro habría presentado su renuncia. En este uso, el redactor puede señalar que la información procede de una fuente que no asume como propia. No todos los condicionales del español son evidenciales. Los análisis difieren, además, sobre cuánto corresponde a la modalidad, a la temporalidad, al discurso referido o a la convencionalización evidencial. Squartini (2001, 2008) mostró que las lenguas romances permiten estudiar con especial provecho la interacción entre formas temporales, valores modales y valores evidenciales. Afirmar que el futuro o el condicional son evidenciales en bloque sería, por tanto, inexacto, porque se trata de valores que dependen de la construcción y del contexto.

Inferencia y modalidad en deber de

En Las luces están encendidas. Ana debe de estar en casa, la perífrasis debe de recibe una lectura epistémica, según la cual el hablante evalúa p como fuertemente apoyada por la evidencia disponible. En una representación modal simplificada, Ana está en casa en todos los mundos mejor situados en el orden entre los compatibles con la evidencia pertinente. La evidencia que motiva esa conclusión puede ser inferencial, aunque el modal no codifica una categoría evidencial morfológica. El contexto aporta los indicios y el modal expresa una fuerza cuantificacional sobre posibilidades.

En Por las luces encendidas, Ana está en casa, la inferencia se explicita mediante una construcción causal sin modal. En Por las luces encendidas, Ana debe de estar en casa coexisten la fuente inferencial y la modalidad epistémica. Las dos dimensiones pueden, por tanto, combinarse, sea como un evidencial inferencial con alcance sobre un modal epistémico o en una composición más integrada, según el análisis.

Evidencia reportada y desacuerdo explícito

Dicen que el proyecto fue aprobado, pero no lo creo es perfectamente interpretable. El hablante atribuye p a una fuente reportada y rechaza después su propia adhesión a p. El proyecto fue aprobado, pero no creo que haya sido aprobado es, en cambio, marcadamente incoherente bajo una lectura normal, porque el hablante primero se compromete con p y luego niega creerla. El contraste es una prueba del compromiso del hablante. La combinación de un reporte de p con la ausencia de creencia en p no es contradictoria. La combinación de una aserción de p con esa misma ausencia de creencia genera una tensión pragmática semejante a la paradoja de Moore.

No todas las formas reportativas permiten la misma distancia. Algunas construcciones sugieren que el hablante adopta la información salvo indicación contraria, mientras que otras permiten una neutralidad mayor. Reportativo no equivale, por tanto, a falta de compromiso. El grado y el tipo de compromiso deben determinarse mediante diagnósticos específicos.

Evidencialidad, autoridad y conocimiento compartido

La fuente de información interactúa también con las relaciones sociales. En Según el residente, el paciente fue evaluado ayer y Según el jefe de servicio, el paciente fue evaluado ayer, la estructura evidencial básica es similar, porque una proposición se atribuye a una fuente externa. Los interlocutores pueden asignar, sin embargo, una credibilidad distinta a cada fuente según su conocimiento institucional. Ese efecto no pertenece al significado convencional de según. Procede de la evaluación contextual de la autoridad y la fiabilidad de la fuente. La identidad de la fuente alimenta una evaluación pragmática de su fiabilidad, algo distinto de un morfema evidencial que codifique certeza.

En los estudios del discurso, mezclar estas capas produce errores frecuentes. Una forma reportativa puede correlacionarse estadísticamente con una adhesión baja en un género textual porque los autores la usan para distanciarse. Esa correlación discursiva no demuestra que el marcador codifique semánticamente incredulidad. El análisis procede del dato de uso a la descripción, de esta al análisis semántico y pragmático y solo después a la explicación.

Fuentes anidadas en un ejemplo clínico

Supongamos que un paciente dice «Mi hermano me dijo que el vecino instaló una cámara para vigilarme». Una documentación imprecisa escribiría «El vecino instaló una cámara para vigilarlo», reformulación que elimina la fuente reportativa y transforma el contenido subordinado en una afirmación del redactor. La versión «Refiere que su hermano le dijo que el vecino habría instalado una cámara para vigilarlo» conserva tres capas. La fuente inmediata del registro es el paciente, la fuente que el paciente reporta es el hermano y el contenido proposicional es que el vecino instaló una cámara con cierta finalidad. La estructura corresponde a un reporte del paciente que contiene un reporte del hermano sobre p. El esquema no decide si p es verdadera ni permite, sin otros datos, un diagnóstico.

Si el paciente añade «Yo no sé si creerle», modifica de manera explícita su compromiso con p, aunque no borra el hecho de que la fuente reportada existe. El ejemplo muestra por qué la evidencialidad importa para preservar la fuente, la modalidad y el grado de certeza sin convertir el lenguaje de un tercero en una afirmación del observador.

Evidencialidad y miratividad

La miratividad se relaciona con la información inesperada o recién adquirida por el hablante. Ambos dominios se han asociado históricamente, porque algunos marcadores evidenciales desarrollan usos mirativos. Son, sin embargo, categorías distintas. Una expresión que indica sorpresa no especifica necesariamente la fuente de información. Un evidencial visual, a la inversa, puede usarse sin sorpresa alguna. ¡Así que estaba aquí! puede manifestar descubrimiento o sorpresa sin codificar gramaticalmente si el conocimiento provino de la visión, del reporte o de la inferencia. Aikhenvald (2004) analiza las relaciones históricas y funcionales entre ambos dominios y los mantiene diferenciados. Las categorías lingüísticas pueden correlacionarse, gramaticalizarse juntas o desarrollar extensiones semánticas sin ser conceptualmente idénticas.

Comparación de análisis rivales

Supongamos que en una lengua poco estudiada aparece una partícula E cuando el hablante no presenció el evento. Concluir de inmediato que E es un evidencial indirecto sería precipitado. Hay que estudiar qué tipos de fuente admite, si es obligatoria o facultativa, cómo interactúa con la negación, qué ocurre bajo interrogación y si puede aparecer en cláusulas subordinadas. También hay que establecer quién es el centro evidencial, si el hablante puede negar p, si la partícula modifica la fuerza modal, si su contenido se proyecta, si admite desacuerdo directo y qué ocurre cuando la evidencia contradice la proposición.

Estos diagnósticos permiten discriminar entre al menos cuatro hipótesis. Según la primera, E es un operador de fuente que indica que p se basa en evidencia de tipo s. Según la segunda, es un modal epistémico restringido por esa evidencia. La tercera lo trata como un modificador ilocutivo que opera sobre la aserción de p. La cuarta lo analiza como contenido proyectivo adicional, de modo que p es el contenido at-issue y la indicación de la fuente, contenido not-at-issue. Una misma distribución superficial puede ser compatible al principio con más de una hipótesis. El análisis requiere datos de alcance, proyección, compromiso y composición.

Inferencias inválidas a partir de un evidencial

Varias inferencias son tentadoras e inválidas como reglas generales. Que alguien haya visto algo no lo vuelve verdadero, porque la evidencia visual puede equivocarse. El uso de un reportativo no indica duda, porque una persona puede estar completamente convencida de un reporte. Tampoco una inferencia implica baja certeza, ya que puede ser concluyente. Un modal epistémico puede evaluar posibilidades sin codificar qué evidencia concreta las sustenta, de modo que su uso no basta para expresar la fuente. Que el hablante no afirme directamente p no impide que p entre en el discurso, porque los reportativos permiten que p sea contenido discursivamente activo aunque el compromiso personal sea distinto. Las lenguas, por último, no distinguen todas las mismas fuentes. Estas restricciones permiten conservar la diferencia entre la categoría lingüística, el estado epistémico y la verdad del mundo.

Un modelo multidimensional

Una contribución evidencial puede describirse mediante varias dimensiones independientes. Para una intervención U acerca de una proposición p, el contenido proposicional es p. La fuente es s, que puede ser visual, inferencial, reportativa u otra categoría propia de la lengua. El centro evidencial es quien posee la evidencia, sea el hablante, el oyente u otro individuo. La fuerza modal indica si la construcción introduce necesidad, posibilidad u otra relación modal. El compromiso expresa de manera abstracta la responsabilidad discursiva del hablante respecto de p. El estatus discursivo de la fuente, por último, puede ser at-issue, not-at-issue, presuposicional o ilocutivo, entre otras posibilidades.

El esquema impide que una sola etiqueta, evidencial, oculte fenómenos diferentes, sin afirmar que toda lengua lexicalice seis variables. Una teoría concreta puede fusionar algunas dimensiones o derivar unas de otras, hipótesis que debe justificarse empíricamente. El capítulo 68 cambia de dominio formal. Estudia por qué expresiones como nadie, nunca, ni siquiera o ciertos usos de alguno dependen de entornos semánticos específicos. Muestra también cómo la monotonicidad caracteriza varias de esas distribuciones y por qué su licencia no se reduce a la presencia de una negación.

Referencias

Aikhenvald, A. Y. (2004). Evidentiality. Oxford University Press.

Aikhenvald, A. Y. (2018). Evidentiality: The framework. En A. Y. Aikhenvald (Ed.), The Oxford handbook of evidentiality (pp. 1-43). Oxford University Press.

Cornillie, B. (2009). Evidentiality and epistemic modality: On the close relationship between two different categories. Functions of Language, 16(1), 44-62.

de Haan, F. (1999). Evidentiality and epistemic modality: Setting boundaries. Southwest Journal of Linguistics, 18(1), 83-101.

Faller, M. (2002). Semantics and pragmatics of evidentials in Cuzco Quechua [Tesis doctoral, Stanford University].

Faller, M. (2019). The discourse commitments of illocutionary reportatives. Semantics and Pragmatics, 12, artículo 8.

Matthewson, L., Davis, H., y Rullmann, H. (2007). Evidentials as epistemic modals: Evidence from Stʼátʼimcets. Linguistic Variation Yearbook, 7, 201-254.

Murray, S. E. (2017). The semantics of evidentials. Oxford University Press.

Murray, S. E. (2021). Evidentiality, modality, and speech acts. Annual Review of Linguistics, 7, 213-233.

Squartini, M. (2001). The internal structure of evidentiality in Romance. Studies in Language, 25(2), 297-334.

Squartini, M. (2008). Lexical vs. grammatical evidentiality in French and Italian. Linguistics, 46(5), 917-947.

Willett, T. (1988). A cross-linguistic survey of the grammaticization of evidentiality. Studies in Language, 12(1), 51-97.

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