LS-051 / Fundamentos del lenguaje

Integración general de los niveles de análisis lingüístico

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  1. Punto de partida
  2. De la señal a las categorías
  3. De los sonidos a las palabras
  4. De las palabras a la estructura
  5. Estructura argumental
  6. Del significado lexical a la proposición
  7. Contexto
  8. De la proposición a la acción
  9. Contenido implícito
  10. Discurso
  11. Variación
  12. Historia
  13. Contacto
  14. Adquisición
  15. Método
  16. Una jerarquía de preguntas
  17. Un caso integrado
  18. Error de nivel
  19. Interfaces
  20. Qué debe hacer un analista riguroso
  21. Arquitectura general de la primera parte
  22. Una matriz de análisis
  23. Clínica
  24. Escritura científica
  25. Inteligencia artificial
  26. Filosofía del lenguaje como sistema multinivel
  27. Cierre de la primera parte
  28. Referencias fundamentales y ampliadas

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

Cerrar la primera parte del libro exige integrar los niveles estudiados y no resumirlos. A lo largo de los primeros cincuenta capítulos el lenguaje ha sido separado en niveles, una separación que permite analizarlo con precisión y que dio lugar a un recorrido por la señal acústica, la fonética, la fonología, la morfología, el léxico, la sintaxis, la semántica, la pragmática, el discurso, la variación, la adquisición, el cambio y el método. El lenguaje real, sin embargo, no aparece fragmentado. Cuando un hablante dice «No creo que venga mañana» ocurren simultáneamente múltiples procesos. En esa emisión existen una señal física, una secuencia de sonidos, una estructura morfológica, una organización sintáctica, un contenido proposicional, un operador de negación, una actitud epistémica, un referente temporal, una función conversacional y una posición dentro de un discurso, sin que ningún nivel por sí solo explique la emisión completa. El objetivo del capítulo es construir una arquitectura integrada que permita analizar una expresión lingüística sin confundir niveles, sin reducir unos a otros y sin perder la relación entre ellos. Con ese fin, la exposición recorre los niveles, examina sus interfaces, analiza un caso integrado, define el error de nivel y condensa la arquitectura de la primera parte en una matriz y en cuatro principios.

Una primera arquitectura puede representarse mediante la cadena señal → forma → estructura → contenido → uso → discurso. Interpretada literalmente, esa representación resulta demasiado lineal para una comprensión real en la que los niveles interactúan. El contexto puede modificar la interpretación lexical, la sintaxis puede guiar el significado de una palabra nueva, la prosodia puede alterar el foco y el discurso puede resolver una referencia. Una representación más adecuada es una red que conecta fonética, fonología, morfología, sintaxis, semántica, pragmática y discurso, con conexiones adicionales hacia la cognición, la sociedad y la historia. La división en niveles tiene un carácter analítico que permite formular generalizaciones y construir interfaces sin implicar módulos neurobiológicos uno a uno ni una secuencia temporal obligatoria de procesamiento. Las teorías difieren, por su parte, en cuánta autonomía conceden a cada nivel y en dónde sitúan las interfaces.

De la señal a las categorías

Desde una perspectiva material, el habla comienza como una señal en la que pueden medirse frecuencia, duración, amplitud y espectro. La señal acústica no contiene etiquetas como «fonema /p/», de ahí que el sistema perceptual deba categorizarla. La señal no equivale al fonema, que es una categoría lingüística abstracta.

La fonética pregunta qué propiedades físicas posee la señal y la fonología, qué contrastes son funcionales dentro de una lengua. Dos realizaciones acústicamente diferentes pueden pertenecer al mismo fonema ([p₁], [p₂] → /p/). Ese hecho encierra una primera distinción de fondo, la que separa la variación física de la distinción lingüística.

Las categorías dependen además de cada lengua. Un contraste acústico puede ser fonológico en una lengua y no en otra, caso en el que dos sonidos que son variantes de un mismo fonema en español pueden corresponder a fonemas distintos en otro sistema. Es la comunidad lingüística la que organiza el espacio acústico. La estructura lingüística no se deriva, por tanto, únicamente de propiedades físicas universales.

De los sonidos a las palabras

Las palabras pueden contener unidades menores, como muestra «Cantábamos», que se analiza como cant-á-ba-mos, con una raíz, una vocal temática, un morfema de tiempo, aspecto y modo (-ba-) y un morfema de persona y número (-mos). Como la morfología puede fusionar en una sola unidad persona y número, o tiempo, aspecto y modo, un morfema no corresponde a una propiedad única.

El lexema abstrae sobre un conjunto de formas relacionadas, como CANTAR, que incluye «canto», «cantaba» y «cantaremos». El lexema es una unidad lexical abstracta, no una forma sonora concreta. La forma observable vuelve así a no coincidir con la unidad teórica.

El léxico tampoco es una lista. Incluye relaciones de sinonimia, antonimia, hiponimia y polisemia, como la inclusión de «perro» en «animal». Una red lexical no equivale a una red de asociaciones clínicas o culturales, dos nociones que deben mantenerse terminológicamente separadas.

De las palabras a la estructura

La sintaxis organiza dependencias. «María vio a Juan» se representa como VER(María, Juan). En «Juan vio a María» las palabras siguen siendo similares y la estructura cambia. El contraste indica que la sintaxis es necesaria para determinar quién hace qué, qué modifica a qué y qué depende de qué.

El orden no equivale a la función, como muestra «El libro lo compró María», donde el primer elemento no es el sujeto. La posición lineal no coincide con la función sintáctica y la estructura jerárquica puede diferir del orden superficial, distinción que atraviesa todo el curso.

La sintaxis puede representarse mediante constituyentes o mediante dependencias. Ambas perspectivas capturan organización jerárquica y no siempre compiten directamente. Una puede ser más útil para la estructura frasal y otra para las relaciones entre cabeza y dependiente, de modo que la elección del formalismo depende de la pregunta.

Estructura argumental

Un verbo puede seleccionar participantes, como en DAR(x, y, z), que puede corresponder a agente, tema y receptor. Los roles semánticos no se identifican automáticamente con el sujeto y el objeto, como muestra «Juan teme a los perros», donde el sujeto es experimentador y no agente. La equivalencia entre sujeto y agente queda así descartada.

La estructura argumental conecta léxico, sintaxis y semántica, indicio de que los niveles no son completamente independientes. Un cambio lexical puede alterar el número de argumentos y una construcción puede añadir una lectura causativa (Croft, 2001). Esa interacción exige describir la arquitectura lingüística en términos de niveles e interfaces.

Del significado lexical a la proposición

Una oración compleja no significa la suma de sus palabras. El significado es función del léxico y de la estructura (Heim & Kratzer, 1998), como se aprecia en «El perro mordió al hombre» y «El hombre mordió al perro», que comparten los elementos principales y difieren en condiciones de verdad, diferencia que solo la estructura explica.

Las expresiones pueden referir a entidades, como en ⟦María⟧ = m. La referencia, sin embargo, no equivale al significado completo. Dos expresiones pueden compartir referente y diferir en sentido, distinción establecida por Frege (1892).

Una oración declarativa puede analizarse por las condiciones bajo las cuales sería verdadera, como en «María duerme», verdadera si DORMIR(María). Este análisis permite formalizar el contenido sin agotar todo el significado lingüístico.

Contexto

Expresiones como «yo», «aquí» y «mañana» dependen del contexto. Su interpretación puede escribirse como ⟦yo⟧ᶜ = hablante(c), fórmula en la que la palabra posee una regla estable mientras el referente cambia.

En «María llegó. Ella estaba cansada», el pronombre recupera un antecedente discursivo. La dependencia de la referencia respecto del contexto situacional y del textual explica que la semántica necesite interfaces con la pragmática y con el discurso.

De la proposición a la acción

Decir una oración comunica contenido y puede, además, realizar una acción. «Cierra la puerta» tiene el contenido CERRAR(tú, puerta) y una fuerza de solicitud u orden. Ese desdoblamiento indica que el contenido no equivale a la fuerza ilocutiva con que se emite.

Austin (1962) distingue lo que se dice, lo que se hace al decirlo y lo que ocurre como efecto, tres niveles en los que «Hay fuego» puede, respectivamente, afirmar, advertir y causar miedo. Un mismo enunciado puede realizar los tres a la vez, de ahí que los tres niveles no deban confundirse.

Contenido implícito

«Juan dejó de fumar» presupone que Juan fumaba antes, inferencia que tiende a sobrevivir bajo negación (Levinson, 1983). «Algunos pacientes mejoraron» puede implicar que no todos, aunque «algunos; de hecho, todos» es posible, inferencia cancelable que corresponde a una implicatura en el sentido de Grice (1975). La presuposición no equivale, por tanto, a la implicatura. Ambas difieren a su vez del entailment, el único que se sigue necesariamente del contenido afirmado.

Discurso

Los textos se conectan mediante pronombres, conectores, elipsis y repetición, recursos que Halliday y Hasan (1976) describen como mecanismos de cohesión; en «María llegó. Ella se sentó», la referencia crea esa cohesión.

Un discurso puede ser cohesivo y poco coherente. En «María llegó. Ella es un número primo» la cadena referencial funciona mientras la interpretación global falla. La coherencia necesita, por consiguiente, relaciones conceptuales, continuidad e inferencia.

La coherencia tampoco equivale a la verdad. Un relato puede ser perfectamente coherente y falso, o verdadero y desorganizado. Esta distinción tiene consecuencias directas en clínica, donde la organización de un relato no indica su veracidad.

Variación

No existe una única forma legítima de hablar español. La lengua presenta variación geográfica, social y estilística (Labov, 1972). «Tú sabes» y «vos sabís» pueden ser gramaticales en variedades diferentes.

La norma prescribe usos preferidos para determinados contextos; la gramática, en cambio, describe qué formas pertenecen al sistema. Lo no estándar no es agramatical. La distinción entre ambos planos es indispensable en sociolingüística y en evaluación clínica, donde evita confundir una variante social con un déficit.

Historia

Las formas cambian mediante innovación, difusión, reanálisis y analogía. La historia puede transformar una palabra lexical en un elemento gramatical, proceso denominado gramaticalización, cuyo componente semántico sigue trayectorias regulares (Traugott & Dasher, 2002).

La diacronía no determina la sincronía, distinción formulada por Saussure (1916). El origen de una palabra no define su significado actual ni la etimología equivale a la semántica presente. Del mismo modo, una categoría clínica antigua no debe interpretarse automáticamente mediante la nosología contemporánea.

Contacto

El bilingüismo muestra que varias lenguas pueden coexistir. Los hablantes pueden alternar, transferir e integrar préstamos. El code-switching, que puede ser altamente sistemático, no es automáticamente confusión.

La competencia de un bilingüe es distribuida entre sus lenguas. Un mismo hablante puede dominar el registro profesional en una lengua y el lenguaje familiar en otra, por lo que evaluar solo una de ellas puede subestimar la capacidad total.

Adquisición

La adquisición puede representarse como input + aprendiz → gramática, donde una teoría debe especificar qué contiene el input, qué estructura posee el aprendiz y qué algoritmo transforma uno en otro.

La oposición simple entre lo innato y lo aprendido es insuficiente, porque todo aprendizaje depende de una arquitectura biológica. La pregunta relevante es qué restricciones son específicas del lenguaje y cuáles provienen del aprendizaje general, punto en el que difieren el programa generativo (Chomsky, 1995) y los enfoques basados en el uso (Tomasello, 2003).

Los niños utilizan la distribución, el contexto, la atención conjunta y la estructura sintáctica (Tomasello, 2003). La adquisición probablemente integra múltiples fuentes y no exige un mecanismo único.

Método

La lingüística no tiene un dato único. El corpus observa el uso real, los juicios miden la aceptabilidad, el eye-tracking registra el procesamiento, la fonética analiza la señal, el EEG capta la dinámica neurofisiológica y los modelos evalúan la suficiencia computacional. Ninguna de estas técnicas mide «el lenguaje completo», lo que obliga a elegir el dato en función de la pregunta.

La evidencia es más fuerte cuando convergen métodos. Ante una restricción sintáctica pueden encontrarse a la vez juicios bajos, costo de procesamiento y poca frecuencia. La convergencia solo tiene valor si se evita la circularidad, es decir, si cada evidencia es independiente de las demás.

Una jerarquía de preguntas

El análisis puede ordenarse en ocho niveles de preguntas. El primero pregunta qué ocurrió, es decir, qué señal fue producida, mediante la grabación, la transcripción y la acústica. El segundo pregunta qué estructura posee, con qué morfemas, dependencias y constituyentes, mediante análisis gramatical, corpus y juicios. El tercero pregunta qué significa, con qué referencia, condiciones de verdad y alcance, mediante análisis semántico y experimentos de interpretación. El cuarto pregunta qué hace, si afirma, solicita o promete, mediante contexto, interacción y pragmática. El quinto pregunta cómo se integra al discurso, qué tópico mantiene, qué presupone y qué relación retórica establece, mediante análisis discursivo y corpus conversacional. El sexto pregunta cómo varía, en qué variedad, registro y generación, mediante sociolingüística y tipología. El séptimo pregunta cómo surgió, qué historia tiene la construcción y si hubo contacto o gramaticalización, mediante corpus históricos y método comparativo. El octavo pregunta cómo se aprende esa regularidad, mediante estudios de adquisición, experimentos y modelado.

Un caso integrado

Considérese «No todos los pacientes volvieron a tomar el medicamento», frase que parece simple y contiene múltiples niveles.

En fonología y prosodia, si se dispusiera de audio podría observarse dónde recae la prominencia («no TODOS» frente a «no todos los pacientes volvieron a tomar el MEDICAMENTO»), prominencia que puede modificar el foco y que sin audio no debe inventarse. En morfología, «volvieron» expresa pasado y tercera persona plural, «pacientes» lleva plural y existe concordancia entre ambos. En sintaxis, la oración contiene un sujeto cuantificado («todos los pacientes»), una negación, la perífrasis «volver a tomar» y el objeto «el medicamento».

La semántica de alcance decide la lectura. La interpretación natural es ¬∀x[Paciente(x) → VolvióATomar(x)], es decir, no todos volvieron; no es ∀x[Paciente(x) → ¬VolvióATomar(x)], es decir, ninguno volvió. La diferencia entre ambas lecturas es de contenido, porque solo la segunda excluye que alguno haya retomado el tratamiento. La presuposición añade otra capa. La perífrasis «volver a tomar» puede presuponer que tomaban el medicamento antes, con lo que la oración contiene información no afirmada directamente. La referencia de «el medicamento» exige un medicamento identificable en contexto, desconocido sin discurso previo.

En pragmática, la frase puede emplearse como informe clínico, corrección o respuesta, con una fuerza que depende de la interacción. En el plano discursivo, si el párrafo anterior trataba la adherencia terapéutica, la frase mantiene el tópico; en un texto sobre fonología sería globalmente incoherente. En cuanto a la variación, un hablante podría usar una construcción dialectal diferente sin cambiar la proposición básica. En cuanto al método, cada pregunta requiere una evidencia distinta. Saber cuántos pacientes retomaron exige datos clínicos que el análisis lingüístico no revela, mientras que saber qué implica la oración es tarea de la semántica.

Error de nivel

Un error de nivel ocurre cuando una propiedad de un dominio se interpreta como evidencia directa sobre otro. Leer el tono alto como ansiedad, el sujeto como agente real, el relato coherente como relato verdadero o la ausencia en corpus como imposibilidad son ejemplos de este error. Ninguna de esas inferencias es necesaria. Los errores de nivel son, por consiguiente, conceptuales.

En clínica, si el paciente dice «Siento un vacío», traducirlo directamente a «anhedonia» es un error de nivel, pues la expresión puede necesitar exploración. El dato es una metáfora lexical, la interpretación es un posible fenómeno afectivo y el diagnóstico requiere evidencia adicional.

En IA, si un modelo produce una estructura correcta, concluir que posee la misma representación cognitiva que un humano es otro error de nivel. Lo demostrado es comportamiento, mientras que la equivalencia mecanística requiere evidencia adicional.

Interfaces

La sintaxis guía la composición semántica, como en «Juan admira a María», donde los roles dependen de la estructura. La semántica aporta contenido que la pragmática enriquece, como en «algunos», que es semánticamente ∃ y pragmáticamente puede implicar ¬todos. La prosodia puede marcar foco, pregunta y contraste, de modo que el significado interactivo también depende de la forma acústica. La elección de términos condiciona tópicos, asociaciones y marcos, aunque una palabra aislada no determina la interpretación global.

Qué debe hacer un analista riguroso

El análisis riguroso comprende seis pasos. El primero es preservar el dato, registrando la forma y el contexto sin corregir silenciosamente lo que se quiere analizar. El segundo es identificar el nivel, preguntando si se habla de sonido, forma, estructura, significado o uso, pregunta que previene saltos conceptuales. El tercero es formular una hipótesis específica («la ambigüedad surge del alcance de la negación» y no «la frase es confusa»). El cuarto es buscar la evidencia adecuada, midiendo la señal si la hipótesis es fonética, usando juicios y corpus si es sintáctica y examinando contexto e interacción si es pragmática, con un método que corresponda en cada caso al nivel. El quinto es considerar alternativas, dado que una oración poco aceptable puede deberse a la sintaxis, la semántica, la longitud o la rareza lexical. Una buena explicación es la que descarta rivales. El sexto es mantener la incertidumbre cuando la evidencia no permite decidir, ya que la lingüística rigurosa no necesita convertir toda ambigüedad en certeza.

Arquitectura general de la primera parte

El primer módulo aportó los fundamentos, con el signo, la estructura y los niveles de análisis; Saussure (1916) mostró la importancia de las relaciones dentro del sistema y Peirce amplió el problema del signo más allá de una relación binaria, sin que ambos marcos deban fundirse mecánicamente. La fonética y la fonología enseñaron a distinguir señal, articulación, percepción y categoría, con la conclusión de que el fonema no es un sonido físico único. La morfología aportó el lexema, el morfema, la flexión, la derivación, la alomorfía y la composición, con lo que la palabra dejó de ser una unidad simple. La sintaxis aportó categoría, función, constituyente, dependencia, estructura argumental, voz, movimiento, ligamiento y foco, aportes tras los cuales la oración dejó de ser una cadena lineal. La semántica y la pragmática aportaron referencia, condiciones de verdad, polisemia, alcance, deixis, actos de habla, presuposición e implicatura. El significado dejó así de equivaler a una definición de diccionario. El estudio del discurso mostró que la interpretación supera la oración y necesita cohesión, coherencia, tópicos y relaciones retóricas. La variación y la historia mostraron que la lengua varía, cambia, se mezcla y se aprende, sin que la gramática sea una entidad estática (Bybee, 2010). El método enseñó que toda afirmación necesita una fuente de evidencia apropiada, que la teoría debe arriesgar predicciones y que el dato debe poder contradecirla.

Una matriz de análisis

Nivel Pregunta principal Error típico
Fonética ¿Qué propiedades tiene la señal? Inferir categoría sin medir
Fonología ¿Qué contrastes son funcionales? Confundir variante con fonema
Morfología ¿Cómo se estructura la palabra? Confundir segmentación con etimología
Sintaxis ¿Cómo se organizan las dependencias? Confundir orden con función
Semántica ¿Qué contenido se expresa? Confundir referencia con significado
Pragmática ¿Qué se hace o infiere? Tratar implicatura como afirmación
Discurso ¿Cómo se integra el texto? Confundir coherencia con verdad
Sociolingüística ¿Cómo varía el uso? Confundir no estándar con error
Diacronía ¿Cómo surgió la forma? Confundir origen con significado actual
Método ¿Qué evidencia apoya la hipótesis? Confundir dato con explicación

Al asociar a cada nivel su pregunta definitoria y su error típico, la matriz resume buena parte de esta primera parte del libro.

Clínica

Una evaluación lingüística clínica rigurosa debería distinguir la forma (cómo habla), el contenido (qué dice), la función (qué intenta comunicar), la organización (cómo conecta ideas), el contexto (qué variedad y repertorio posee) y la línea base (qué ha cambiado), planos que la impresión global de «habla extraña» no separa.

Si un paciente dice «No sé si ese pensamiento es mío», pueden analizarse la negación de conocimiento, el demostrativo, la categoría mental y la posesión metafórica, sin concluir automáticamente una inserción del pensamiento. La lingüística delimita el dato y la psicopatología formula después una hipótesis clínica, orden que reduce la sobreinterpretación.

Escritura científica

Un artículo riguroso mantiene alineados el concepto, la definición, la medida, el resultado y la inferencia. Si una escala mide X, no debe concluirse directamente Y; si se observa una asociación, no debe escribirse causalidad sin el diseño adecuado. En ambos casos el control del lenguaje contribuye al control del razonamiento.

Las palabras cercanas no son siempre intercambiables. Asociación, predicción y causa comportan compromisos diferentes. Una prosa científica precisa es, por esa razón, epistemológicamente más correcta, con independencia de su valor estilístico.

Inteligencia artificial

Los modelos de lenguaje pueden reproducir morfología, sintaxis, semántica y pragmática aparente, aunque los diferentes niveles requieren evaluaciones diferentes. Un mismo modelo puede producir una frase gramatical, equivocarse factualmente, interpretar mal una negación y perder la referencia en un discurso largo. De ahí que no exista una métrica única de «comprensión».

Si un modelo realiza correctamente una tarea de anáfora, sintaxis o implicatura, puede afirmarse que muestra competencia conductual en esa dimensión, no que posea la misma arquitectura mental que un humano. La distinción entre función y mecanismo será desarrollada en capítulos posteriores.

Filosofía del lenguaje como sistema multinivel

Podría intentarse reducir todo el lenguaje a neuronas, estadística, sintaxis o intención. Cada una de esas reducciones captura algo, aunque ninguna parece suficiente por sí sola, de ahí que la explicación completa necesite varios niveles.

Decir que un nivel tiene autonomía relativa significa que posee regularidades propias. La sintaxis no se deduce directamente de la acústica ni la pragmática se deduce completamente de la sintaxis. Los niveles interactúan pese a esa autonomía, interacción compatible con una arquitectura multinivel.

Las categorías lingüísticas son herramientas teóricas. Algunas pueden corresponder a estructuras cognitivas reales, sin que deba asumirse que, porque una teoría usa X, el cerebro contiene literalmente X. La ontología necesita evidencia independiente. Esta prudencia será necesaria al estudiar la cognición, la psicopatología y la IA.

Cierre de la primera parte

Al terminar esta primera parte, el objetivo no es memorizar cientos de términos. Es poder examinar una expresión y preguntar sistemáticamente qué señal fue producida, qué unidades distingue la lengua, cómo se estructura la palabra, cómo se organiza la oración, qué contenido se compone, qué depende del contexto, qué se presupone o implica, qué función comunicativa cumple, cómo se integra al discurso, qué parte depende de la variedad, la historia o el aprendizaje y qué evidencia justifica la interpretación propuesta, conjunto de preguntas en el que reside la arquitectura de análisis del capítulo.

El lenguaje es un sistema multinivel, carácter que se resume en las distinciones siguientes. La señal acústica no equivale al fonema, el fonema no equivale al morfema, la morfología no determina por sí sola la sintaxis, la sintaxis no determina todo el significado, la semántica no agota el uso, la pragmática no elimina la estructura y el discurso no puede reducirse a una suma de oraciones. Del mismo modo, la variación no es error, la historia no define el significado actual, la adquisición no es imitación, la frecuencia no es gramaticalidad, la coherencia no es verdad y la fluidez no es comprensión, distinciones cada una de las cuales previene un tipo diferente de error de nivel.

La arquitectura de esta primera parte puede condensarse en cuatro principios. El primero exige separar niveles, puesto que forma, función, significado y uso no coinciden. El segundo exige analizar interfaces, dado que los niveles no son independientes e interactúan. El tercero exige preservar la cadena de inferencia que va del dato a la descripción, de la descripción a la interpretación y de esta a la explicación, sin saltar etapas. El cuarto exige elegir la evidencia adecuada, porque cada pregunta selecciona su método y no existe una técnica universal.

Con este capítulo se cierra la primera parte del libro, dedicada a los fundamentos del lenguaje y el análisis lingüístico. La segunda parte desplaza el foco desde cómo está construido el lenguaje hacia cómo produce significado, inferencia y acción en contexto. El capítulo LS-052 la abre con la semántica formal (tipos, funciones y composición), desarrollando con mayor rigor las herramientas lógicas introducidas en LS-037 y LS-039.

Referencias fundamentales y ampliadas

Austin, J. L. (1962). How to Do Things with Words. Oxford University Press.

Bybee, J. (2010). Language, Usage and Cognition. Cambridge University Press.

Chomsky, N. (1995). The Minimalist Program. MIT Press.

Clark, H. H. (1996). Using Language. Cambridge University Press.

Croft, W. (2001). Radical Construction Grammar. Oxford University Press.

Frege, G. (1892). Über Sinn und Bedeutung. Zeitschrift für Philosophie und philosophische Kritik, 100, 25–50.

Grice, H. P. (1975). Logic and conversation. En P. Cole & J. L. Morgan (Eds.), Syntax and Semantics 3: Speech Acts (pp. 41–58). Academic Press.

Halliday, M. A. K., & Hasan, R. (1976). Cohesion in English. Longman.

Heim, I., & Kratzer, A. (1998). Semantics in Generative Grammar. Blackwell.

Labov, W. (1972). Sociolinguistic Patterns. University of Pennsylvania Press.

Levinson, S. C. (1983). Pragmatics. Cambridge University Press.

Saussure, F. de. (1916). Cours de linguistique générale. Payot.

Tomasello, M. (2003). Constructing a Language: A Usage-Based Theory of Language Acquisition. Harvard University Press.

Traugott, E. C., & Dasher, R. B. (2002). Regularity in Semantic Change. Cambridge University Press.

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