LS-003 / Fundamentos del lenguaje

Estructuralismos y funciones del lenguaje

Ver secciones del texto
  1. Del signo al sistema
  2. La noción de estructura
  3. Del sistema saussureano a las escuelas estructuralistas
  4. El Círculo Lingüístico de Praga
  5. Trubetzkoy y la fonología estructural
  6. Oposición y diferencia
  7. Marcación
  8. Neutralización
  9. Roman Jakobson
  10. Los rasgos distintivos
  11. Estructura y función
  12. Las funciones del lenguaje
  13. Varias funciones en un mismo enunciado
  14. Jakobson y la afasia
  15. Metáfora y metonimia después de Jakobson
  16. Estructura lingüística y realidad
  17. El estatuto de las estructuras
  18. Estructuralismo y explicación
  19. Aplicación a la psicopatología
  20. Escritura científica y oposiciones conceptuales
  21. Estructuralismo y clasificación
  22. La influencia fuera de la lingüística
  23. Críticas al estructuralismo
  24. Estructura y probabilidad
  25. Estructuralismo y modelos de lenguaje
  26. Función, intención y origen
  27. Límites de la extrapolación clínica
  28. Preguntas para un análisis estructural
  29. Síntesis
  30. Referencias

DESARROLLO COMPLETO · BIBLIOGRAFÍA INCLUIDA

Del signo al sistema

Los dos primeros capítulos mostraron que Saussure y Peirce respondieron a problemas diferentes. Saussure partió de la lengua como sistema; Peirce, del problema más general de la representación y la inferencia. Este capítulo sigue una de las consecuencias históricas del proyecto saussureano, el surgimiento de distintas formas de estructuralismo lingüístico.

El término exige una precaución. «Estructuralismo» designa un conjunto de programas que comparten una intuición metodológica, según la cual un elemento lingüístico se comprende por las relaciones que mantiene dentro de un sistema. Esa intuición se aplicó a sonidos, formas morfológicas, categorías gramaticales, significados y funciones discursivas. Más tarde se extendió a fenómenos culturales. Los estructuralistas discrepan, sin embargo, sobre qué es una estructura y qué evidencia permite identificarla. Tampoco coinciden en la relación que mantiene el sistema con su historia. Por eso es más exacto hablar de estructuralismos, en plural.

La pregunta del capítulo es qué cambia en el análisis del lenguaje cuando sus unidades dejan de tratarse como objetos aislados y pasan a describirse mediante relaciones, oposiciones y funciones. Responderla exige distinguir tres conceptos que suelen mezclarse. Un sistema es un conjunto organizado de unidades y relaciones. Una estructura es la configuración de relaciones que define las propiedades funcionales de esas unidades. Una función, por último, es la contribución de una unidad o de una oposición al sistema o a una actividad comunicativa. Los tres conceptos están relacionados, pero no son sinónimos.

La noción de estructura

En el uso cotidiano, una estructura es una disposición relativamente estable de partes, como la de un edificio o la de un argumento. En lingüística estructural el concepto es más preciso. Una estructura es un patrón de relaciones en el que las propiedades relevantes de cada elemento dependen, al menos en parte, de su posición respecto de los demás.

Tomemos tres consonantes del español, /p/, /b/ y /m/. Una descripción física dice que /p/ es bilabial, oclusiva y sorda. La /b/ es bilabial y sonora, con realizaciones oclusivas o aproximantes según el contexto. La /m/ es bilabial, nasal y sonora. Una descripción estructural pregunta, además, qué contrastes permiten distinguir palabras. Pares como pala y bala o pata y bata muestran que la diferencia entre /p/ y /b/ importa lingüísticamente, porque separa unidades con significado distinto. La estructura organiza la dimensión física desde el punto de vista de una lengua particular, sin reemplazarla.

De aquí se sigue una idea que recorre todo el estructuralismo. Una diferencia física se convierte en oposición pertinente cuando participa de manera sistemática en la organización de la lengua. En español, la consonante de dedo se pronuncia oclusiva al comienzo de la palabra y aproximante entre vocales, [ˈdeð̞o], sin que ese cambio distinga palabras. En inglés, una diferencia muy parecida separa day de they. Una diferencia acústica pequeña puede, en cambio, cambiar una palabra por otra, como ocurre entre pala y bala. La lingüística estructural busca identificar esas relaciones de pertinencia.

Del sistema saussureano a las escuelas estructuralistas

Saussure había propuesto estudiar la lengua como un sistema cuyos términos adquieren valor por sus relaciones recíprocas (Saussure, 1916). La propuesta permitió abandonar una concepción atomista del lenguaje, según la cual cada palabra tendría una forma, un significado y una referencia propios. La lengua completa resultaría, en esa concepción, de sumar miles de palabras.

La perspectiva estructural sostiene que el significado y la función de una unidad dependen también de las unidades con que contrasta, de las posiciones que puede ocupar, de las alternativas que excluye y de las reglas que gobiernan su aparición. La lengua es, en esta concepción, una red organizada de restricciones y posibilidades.

Las escuelas estructuralistas transformaron los conceptos de Saussure y en ocasiones se alejaron bastante de la formulación original (Joseph, 2012). Tres tradiciones fueron especialmente influyentes. El Círculo Lingüístico de Praga desarrolló una fonología funcional; en Copenhague, Louis Hjelmslev elaboró la glosemática, una teoría formal del lenguaje (Hjelmslev, 1943); en Estados Unidos, el estructuralismo descriptivo encabezado por Leonard Bloomfield siguió una genealogía propia, que no depende directamente de Saussure. Este capítulo se concentra en la escuela de Praga y en Roman Jakobson, porque sus aportes permiten comprender las nociones de oposición, rasgo distintivo y función.

El Círculo Lingüístico de Praga

El Círculo Lingüístico de Praga se fundó en 1926 y reunió a lingüistas como Vilém Mathesius, Nikolai Trubetzkoy y Roman Jakobson. Su programa combinó el análisis estructural con una atención explícita a la función. Una de sus contribuciones más duraderas fue analizar los sonidos de una lengua como elementos de una organización funcional, además de como eventos físicos.

La fonología hizo especialmente visible este cambio. La fonética describe los sonidos desde el punto de vista articulatorio o acústico, mientras que la fonología pregunta cuáles de esas diferencias son pertinentes en una lengua. Que dos sonidos difieran físicamente no basta para concluir que son fonemas distintos; hace falta saber si la diferencia puede producir una diferencia de significado dentro del sistema. Los pares mínimos permiten responder en parte a esa pregunta. El par peso y beso muestra que la oposición entre /p/ y /b/ distingue palabras en español y es, por tanto, fonológicamente pertinente.

Trubetzkoy y la fonología estructural

Trubetzkoy consolidó la fonología estructural en Grundzüge der Phonologie, publicada en 1939, un año después de su muerte (Trubetzkoy, 1939). Su punto de partida es que la identidad de un fonema depende de una red de contrastes. La /p/ y la /b/ comparten el lugar de articulación bilabial y el modo oclusivo, así que su oposición descansa en una sola dimensión, la sonoridad.

Esta manera de pensar condujo a la teoría de los rasgos distintivos, que Jakobson formuló de manera especialmente influyente y que la fonología generativa reformuló después (Anderson, 1985). Su idea básica es que los fonemas pueden analizarse como conjuntos organizados de propiedades contrastivas. El análisis permite formular generalizaciones sobre clases naturales. En español, por ejemplo, /b/, /d/ y /g/ se realizan como aproximantes entre vocales, como en lobo, lado o lago. La regla puede enunciarse de una sola vez para la clase de las oclusivas sonoras, sin enumerar cada consonante. La estructura reduce así la arbitrariedad descriptiva.

Oposición y diferencia

La palabra oposición puede inducir a error. Dos elementos pueden ser diferentes sin formar una oposición estructural, porque una oposición lingüística requiere que la diferencia cumpla una función dentro del sistema. En fonología, una oposición distingue significados. En morfología se encuentran oposiciones como las de singular y plural o indicativo y subjuntivo.

Las categorías lingüísticas no siempre forman pares binarios simétricos. La persona gramatical del español tiene tres valores. Hay además sincretismos, como el de cantaba, que corresponde tanto a la primera como a la tercera persona del singular. Hay también distribuciones asimétricas entre los miembros de una oposición, como se verá al tratar la marcación. El análisis por oposiciones permite formular contrastes precisos, siempre que se compruebe cuántos valores admite el sistema y si sus distinciones dependen del contexto. Una dicotomía elegida de antemano puede deformar el análisis, problema que se agravó cuando el estructuralismo pasó de la lingüística a la antropología y a los estudios culturales.

Marcación

La escuela de Praga mostró además que los dos miembros de una oposición no siempre tienen el mismo estatuto. En perro y perros, el plural lleva una marca explícita, /s/, que el singular no tiene. La marcación va más allá del material fonológico, porque puede involucrar la distribución, la frecuencia, el significado o la neutralización. El miembro no marcado suele tener una distribución más amplia o una interpretación más general, mientras que el marcado introduce una especificación adicional.

El género gramatical es un ejemplo clásico. En español, el masculino plural puede tener valor genérico, como en los padres referido a un padre y una madre, mientras que el femenino plural se refiere solo a mujeres. La noción técnica describe relaciones dentro de un sistema gramatical; por sí sola no autoriza conclusiones sociológicas ni ontológicas sobre el sexo o el género. Una herramienta formal puede identificar una asimetría estructural sin explicar su origen histórico ni su significado político. Esta separación reaparecerá a lo largo del libro.

Neutralización

Una oposición puede ser pertinente en ciertas posiciones y dejar de serlo en otras. El fenómeno se llama neutralización. En español, la vibrante simple y la múltiple distinguen pero de perro entre vocales, aunque en posición final de sílaba, como en mar o parte, la diferencia deja de distinguir palabras. Trubetzkoy llamó archifonema a la unidad que resulta de esa suspensión. La oposición sigue perteneciendo al sistema, si bien su capacidad contrastiva queda suspendida en condiciones específicas.

El fenómeno muestra que las relaciones estructurales dependen del contexto. La identidad funcional de una unidad depende de aquello con lo que contrasta y de las posiciones en que la oposición se mantiene o se neutraliza. En su mejor versión, el estructuralismo describe sistemas de relaciones condicionadas.

Roman Jakobson

Roman Jakobson nació en Moscú en 1896 y murió en 1982. Participó en el Círculo Lingüístico de Moscú, se trasladó a Praga en 1920 y, tras su exilio por Escandinavia y Estados Unidos, enseñó en Harvard y en el MIT. Contribuyó a la fonología estructural y a la teoría de los rasgos distintivos, al estudio lingüístico de la poesía, a la distinción entre selección y combinación, a una clasificación influyente de las funciones del lenguaje y a los enfoques estructurales de la afasia.

Su obra muestra cómo un programa lingüístico puede extenderse a fenómenos comunicativos y culturales. Esa amplitud exige cautela, porque una teoría productiva para analizar poesía o fonología no adquiere por ello validez clínica cuando se aplica a trastornos neurológicos o psiquiátricos.

Los rasgos distintivos

Jakobson, junto con Gunnar Fant y Morris Halle, desarrolló una teoría que describía los sistemas fonológicos mediante oposiciones elementales, los rasgos distintivos (Jakobson et al., 1952). La teoría representa el fonema como una combinación de propiedades, lo que permite dejar de tratarlo como una unidad indivisible. La tabla 3.1 presenta una simplificación didáctica, que no reproduce el inventario formal de Jakobson, Fant y Halle.

Tabla 3.1. Rasgos que distinguen tres consonantes bilabiales del español (simplificación didáctica)

Fonema Labial Sonoro Nasal
/p/ +
/b/ + +
/m/ + + +

La diferencia entre /p/ y /b/ se concentra en un rasgo y la diferencia entre /b/ y /m/, en otro. El enfoque permite descubrir patrones que serían invisibles si cada fonema se tratara como una entidad independiente. La fonología generativa de Chomsky y Halle (1968) mantuvo una concepción basada en rasgos, aunque modificó sustancialmente su formulación.

El principio general es que una unidad observada puede analizarse mediante propiedades relacionales más elementales, que permiten formular generalizaciones sobre conjuntos de unidades. La utilidad analítica de una descomposición no demuestra, sin embargo, que sus componentes sean átomos naturales en sentido ontológico. Un rasgo puede ser una herramienta explicativa potente sin corresponder a una pieza independiente del cerebro. Los niveles de análisis deben mantenerse separados.

Estructura y función

La escuela de Praga suele llamarse estructural-funcionalista porque, además de describir relaciones formales, preguntaba qué función cumplen esas relaciones en el sistema comunicativo. La palabra función tiene varios sentidos. Una unidad puede cumplir una función estructural cuando contribuye a distinguir formas, una función gramatical dentro de una oración o una función comunicativa, como informar, solicitar, expresar una actitud o mantener un canal. Estos sentidos pertenecen a niveles distintos y confundirlos produce errores.

Que una oposición fonológica distinga palabras, por ejemplo, no significa que haya surgido para cumplir esa función, como si la lengua hubiese diseñado el contraste. La explicación funcional debe evitar esa teleología ingenua, porque el hecho de que algo cumpla hoy una función no prueba que la función haya causado su aparición.

Las funciones del lenguaje

Una de las propuestas más conocidas de Jakobson analiza la comunicación verbal a partir de seis factores (Jakobson, 1960). Un emisor dirige un mensaje a un receptor; el mensaje remite a un contexto, se formula en un código al menos parcialmente compartido y requiere un contacto, es decir, un canal físico y una conexión psicológica entre los participantes. A cada factor corresponde una función predominante, como muestra la tabla 3.2.

Tabla 3.2. Factores de la comunicación y funciones del lenguaje según Jakobson (1960)

Factor predominante Función
Contexto Referencial
Emisor Emotiva o expresiva
Receptor Conativa
Contacto Fática
Código Metalingüística
Mensaje Poética

Jakobson insiste en que las funciones coexisten y en que una de ellas puede predominar según la organización del mensaje. La clasificación describe orientaciones analíticas del mensaje. Leerla como un conjunto de seis capacidades cerebrales o de seis puntajes clínicos sería un error. Su utilidad en una entrevista se comprueba al describir acciones comunicativas concretas, algo muy distinto de asociar una función «hipertrofiada» con un trastorno.

Función referencial

La función referencial se orienta hacia el contexto, es decir, hacia aquello de lo que se habla.

(1) La consulta comienza a las nueve.

La oración informa sobre un estado de cosas. Incluso una afirmación en apariencia puramente referencial tiene otras dimensiones, porque el hablante puede estar recordando una obligación o insinuando una crítica. La función referencial es, por eso, distinta del significado literal. El modelo de Jakobson describe la orientación funcional del mensaje y deja fuera buena parte de lo que estudia la pragmática.

Función emotiva o expresiva

La función emotiva se orienta hacia el emisor y se manifiesta mediante interjecciones, entonación, selección léxica, intensificadores o evaluaciones.

(2) Estoy completamente agotado.

La oración informa sobre un estado del hablante y expresa a la vez una posición subjetiva. La función expresiva no garantiza, sin embargo, transparencia psicológica. Una expresión puede cumplir una función emotiva sin reflejar con fidelidad el estado interno del hablante. La persona puede exagerar, minimizar, ironizar, repetir una fórmula aprendida o carecer del vocabulario adecuado. La función comunicativa deja abierta, por tanto, la cuestión de la veracidad o la precisión de lo expresado.

Función conativa

La función conativa se orienta hacia el receptor. Sus ejemplos prototípicos son imperativos como «Cierra la puerta» o fórmulas como «Por favor, siéntese». La influencia sobre el receptor puede ejercerse también sin imperativo gramatical.

(3) Hace bastante frío aquí.

Dicha en una habitación con la ventana abierta, la oración puede funcionar como una solicitud indirecta para cerrarla. La pragmática posterior estudió estos fenómenos con más detalle mediante las teorías de los actos de habla y de las implicaturas. El modelo de Jakobson ayuda a identificar orientaciones generales, aunque no reemplaza una teoría pragmática.

Función fática

La función fática se orienta a establecer, mantener o comprobar el contacto comunicativo. Expresiones como «¿Me escucha?», «Sí, sí» o «Ajá» parecen semánticamente pobres y, sin embargo, cumplen funciones interaccionales importantes. Un «mhm» breve puede indicar que el interlocutor sigue atendiendo y que el hablante puede conservar el turno. La función fática muestra que comunicar consiste también en coordinar la participación de quienes hablan, además de transmitir proposiciones.

Función metalingüística

La función metalingüística aparece cuando el lenguaje se usa para hablar del propio código, como en «¿Qué significa abulia?» o en «En este artículo usaremos agencia en un sentido restringido». Es una función necesaria para la ciencia y la filosofía, porque buena parte del trabajo conceptual consiste en detener el uso ordinario de una palabra para precisar cómo se usará.

También importa en la clínica. Si un paciente dice «Estoy disociando», una respuesta metalingüística adecuada puede ser la siguiente.

(4) Cuando dice «disociando», ¿qué experiencia concreta está describiendo?

La pregunta no presupone que el paciente use mal el término. Busca establecer su significado en ese contexto y previene un error frecuente, el de creer que compartir una palabra equivale a compartir un concepto.

Función poética

La función poética se orienta hacia la organización del mensaje mismo y es probablemente la más malinterpretada del modelo. Pone de relieve las relaciones formales dentro del mensaje, como el paralelismo, la repetición, el ritmo o la organización sonora. Designa, por tanto, algo más específico que el lenguaje bello o emotivo.

Jakobson la definió con una fórmula célebre, según la cual la función poética proyecta el principio de equivalencia del eje de la selección sobre el eje de la combinación (Jakobson, 1960, p. 358). La fórmula se aclara con los dos ejes estudiados en el capítulo 2. En el eje paradigmático se elige entre alternativas, como noche o tarde; en el eje sintagmático se combinan elementos, como en la noche cae lentamente. La poesía vuelve pertinentes dentro de la cadena relaciones de semejanza u oposición que normalmente operan entre alternativas, como ocurre con la rima o la aliteración.

(5) Verde que te quiero verde.

En el verso de García Lorca, la repetición de verde no añade información referencial. Es la organización formal del mensaje la que adquiere relevancia interpretativa. La función poética aparece también fuera de la poesía, en la publicidad o en los eslóganes políticos. Jakobson analizó el de la campaña presidencial de Eisenhower, I like Ike, cuyo efecto depende en buena medida de su organización sonora (Jakobson, 1960). La teoría describe una dimensión formal de la comunicación y deja a otras disciplinas la pregunta por qué textos merecen llamarse literatura.

Varias funciones en un mismo enunciado

(6) Doctor, de verdad necesito que me escuche.

El enunciado comunica una necesidad, expresa intensidad subjetiva, solicita una conducta al receptor e intenta asegurar su atención. Tiene, por tanto, dimensiones referenciales, emotivas, conativas y fáticas, además de una dimensión metalingüística implícita si lo que está en juego es qué cuenta como escuchar. La teoría de las funciones evita reducir el lenguaje a la transmisión de información. Convertirla en una clasificación mecánica sería, en cambio, un error, porque contar cuántas funciones aparecen no añade rigor. La pregunta útil es qué organización funcional explica mejor lo que ocurre en la interacción.

Jakobson y la afasia

Jakobson relacionó la distinción entre selección y combinación con las alteraciones observadas en la afasia (Jakobson, 1956). Asoció la selección, basada en la semejanza, con la metáfora; la combinación, basada en la contigüidad, con la metonimia. Propuso así dos tipos de trastorno. En el trastorno de la semejanza fallaría la selección de unidades; en el de la contigüidad, su combinación. El segundo se aproxima a lo que hoy se describe como agramatismo, mientras que el primero recuerda las dificultades de selección léxica de ciertas afasias fluentes.

La propuesta conectó la lingüística estructural con la retórica y la neurología. Hoy debe leerse como una hipótesis histórica importante, insuficiente como clasificación clínica. Las afasias tienen perfiles complejos y heterogéneos. La neuropsicología actual usa modelos mucho más específicos del procesamiento fonológico, léxico, sintáctico y semántico, por lo que dividir las afasias en trastornos metafóricos y metonímicos sería incorrecto. El aporte de Jakobson está en haber mostrado que un trastorno del lenguaje puede analizarse mediante relaciones estructurales, además de mediante listas de errores.

Metáfora y metonimia después de Jakobson

La oposición entre metáfora y metonimia tuvo después una gran influencia en el psicoanálisis, la teoría literaria, la semiótica y la lingüística cognitiva, aunque sus definiciones cambian según la tradición. En una formulación elemental, la metáfora se basa en una relación de semejanza o correspondencia, como en «Estoy hundido». La metonimia se basa en una relación de contigüidad dentro de un dominio, como en «La Casa Blanca anunció…», donde el edificio está por la institución.

Lacan (1966) asoció la condensación freudiana con la metáfora y el desplazamiento con la metonimia. La lingüística cognitiva, por su parte, reformuló la metáfora como una proyección entre dominios conceptuales que organiza el pensamiento cotidiano (Lakoff y Johnson, 1980). Estas reformulaciones parten de supuestos distintos de los de Jakobson; proyectarlas retrospectivamente sobre su obra produce confusiones.

Estructura lingüística y realidad

Una simplificación frecuente atribuye al estructuralismo la tesis de que la realidad existe solo porque el lenguaje la construye. Esa tesis ontológica es mucho más fuerte que la que el estructuralismo necesita. Un estructuralista puede sostener que existe una realidad independiente y afirmar a la vez que las categorías lingüísticas no la reproducen mediante correspondencias uno a uno. Las lenguas segmentan el espectro cromático de maneras distintas; el ruso, por ejemplo, tiene dos términos básicos, siniy y goluboy, para lo que el español llama azul oscuro y azul claro. De ello se sigue que la organización conceptual del dominio no coincide necesariamente con sus divisiones físicas, lo que es compatible con que las longitudes de onda existan con independencia de las palabras.

La distinción importa en las categorías clínicas. Que una clasificación diagnóstica organice los fenómenos mediante ciertas fronteras no demuestra que esas fronteras sean del todo naturales ni del todo arbitrarias. Tampoco pone en duda la existencia de los fenómenos clasificados.

El estatuto de las estructuras

Un fonema no se observa del mismo modo que una piedra. Lo que se observa son realizaciones acústicas, respuestas de hablantes, contrastes y distribuciones. A partir de esos datos se infiere una organización. La estructura no se vuelve por ello una ficción, porque muchas ciencias trabajan con entidades o relaciones inferidas de observaciones. La pregunta útil es qué evidencia justifica postular una estructura y qué fenómenos permite explicar.

Este criterio protege frente a dos extremos. Uno es un positivismo estrecho que solo acepta como real lo directamente observable; el otro, una proliferación de estructuras teóricas que no enfrentan ninguna restricción empírica. Una buena estructura teórica organiza datos, permite generalizaciones, predice o excluye casos y puede compararse con explicaciones alternativas.

Estructuralismo y explicación

El estructuralismo introdujo una forma particular de explicación. Si se pregunta por qué /p/ funciona en español como una unidad diferente de /b/, una explicación física describe las diferencias acústicas y articulatorias. La explicación estructural añade que esas diferencias participan de manera sistemática en contrastes capaces de distinguir formas lingüísticas. La identidad funcional se explica por la posición en el sistema. Es una explicación relacional, que deja abiertas las preguntas causales e históricas.

La tipología del capítulo 1 permite ordenar las preguntas posibles sobre un mismo fenómeno. La explicación estructural dice por qué una unidad tiene cierto valor, a partir de sus relaciones en el sistema. La histórica reconstruye cómo surgió la oposición mediante una secuencia de cambios; la cognitiva, cómo la representa y procesa el hablante; la fisiológica, cómo se produce materialmente mediante determinadas configuraciones articulatorias. Las cuatro pueden referirse al mismo fenómeno sin que ninguna elimine a las demás.

Aplicación a la psicopatología

La tentación inmediata es trasladar la lógica estructural a la psicopatología. Puede argumentarse, con razón, que categorías como tristeza, ansiedad, miedo, culpa o vergüenza adquieren parte de su significado por relaciones diferenciales. El término ansiedad tiene valor porque no equivale exactamente a miedo, estrés, angustia o agitación. Esas diferencias léxicas y conceptuales importan. De ello no se sigue que los síntomas psiquiátricos sean elementos de un sistema lingüístico. Los fenómenos clínicos incluyen experiencias, conductas, procesos fisiológicos, relaciones sociales y temporalidades que no se reducen a las categorías con que se describen. La herramienta estructural ayuda a analizar cómo se organizan los conceptos de una clasificación y qué oposiciones usa, sin reemplazar la investigación empírica sobre los fenómenos que esas categorías intentan representar.

Un ejemplo permite ver el alcance y el límite de este análisis. Consideremos tres expresiones que podrían aparecer en un mismo cuadro clínico.

(7) Estoy triste.

(8) Estoy vacío.

(9) No siento nada.

Desde el punto de vista estructural, cada expresión ocupa una posición diferente en un sistema conceptual. Triste contrasta con alegre o con tranquilo; vacío puede oponerse a lleno o a vivo; no siento nada introduce una negación global de la experiencia afectiva, próxima a lo que la clínica describe como anestesia afectiva. Sus contenidos semánticos son diferentes y, en la entrevista, cada formulación puede usarse para realizar acciones distintas. Clínicamente, las tres podrían relacionarse con un episodio depresivo, con experiencias traumáticas o disociativas, con rasgos de personalidad o con agotamiento, entre otras posibilidades. Ningún análisis estructural autoriza por sí solo una conclusión diagnóstica. El ejemplo muestra cómo usar herramientas lingüísticas sin convertirlas en pseudodiagnóstico.

Escritura científica y oposiciones conceptuales

El pensamiento estructural es especialmente útil en la escritura teórica. Definir un concepto obliga a establecer de qué otros conceptos se diferencia. Supongamos que un artículo propone la noción de agencia clínica y la define como «la capacidad de ejercer agencia en la clínica». La definición es circular y débil. Mejora cuando se establecen oposiciones pertinentes, como las que separan la agencia de la obediencia, de la capacidad, de la autonomía, de la responsabilidad o del control, porque cada una obliga a precisar la teoría. Una buena definición científica indica qué incluye un concepto y también qué excluye.

Estructuralismo y clasificación

Toda clasificación crea, de manera explícita o implícita, un sistema de diferencias. Dividir un dominio en clases supone afirmar que existen criterios para distinguirlas. El problema aparece cuando esas fronteras se tratan como evidentes. Una clasificación psiquiátrica puede distinguir el episodio depresivo, el trastorno bipolar y el trastorno adaptativo, aunque la existencia de categorías diferentes no demuestra por sí sola que correspondan a entidades naturales discretas.

La lingüística estructural enseña a formular preguntas precisas sobre una clasificación. Cabe preguntar qué rasgos diferencian las categorías y si son independientes, si hay casos fronterizos o neutralizaciones, si alguna categoría funciona como no marcada y qué ocurre cuando cambian los criterios. Estas preguntas no resuelven la nosología, aunque dan herramientas conceptuales para examinarla.

La influencia fuera de la lingüística

El éxito metodológico del estructuralismo lingüístico estimuló su expansión hacia otras disciplinas. Claude Lévi-Strauss aplicó ideas estructurales al estudio del parentesco y de los mitos; Roland Barthes analizó semiológicamente la moda y la cultura de masas; Jacques Lacan reinterpretó el psicoanálisis con conceptos de la lingüística estructural; Algirdas Julien Greimas elaboró modelos formales de la organización narrativa.

La expansión produjo obras influyentes y también problemas. En fonología, una oposición puede demostrarse mediante distribuciones y pares mínimos. En antropología o en crítica cultural, identificar oposiciones como naturaleza y cultura o vida y muerte exige otros criterios. Encontrar una dicotomía interpretable no demuestra que sea la estructura causal de un sistema cultural. El prestigio del estructuralismo llevó a veces a extender sus modelos a dominios en los que su eficacia no estaba demostrada.

Críticas al estructuralismo

Las críticas posteriores fueron diversas. Se objetó que los análisis estructurales privilegiaban los estados sincrónicos y subestimaban los procesos históricos. También se señaló que la búsqueda de un sistema abstracto ocultaba la heterogeneidad entre hablantes y situaciones. Algunas versiones parecían conceder tanto peso a las estructuras que reducían la capacidad de acción de individuos y grupos. Otras abstraían las unidades de las situaciones concretas de uso o tenían dificultades para explicar cómo se transforman las relaciones estables. En sus aplicaciones culturales, además, ciertas reconstrucciones estructurales resultaban difíciles de contrastar de manera independiente.

Estas críticas deben atribuirse a versiones y problemas concretos, porque no caracterizan por igual a toda la tradición. Los análisis funcionales de Praga, por ejemplo, se ocuparon de la variación contextual y del cambio fonológico. El contraste históricamente defendible se da entre programas que privilegian fenómenos distintos y admiten mecanismos distintos.

Las críticas tampoco invalidaron los descubrimientos estructurales. La lingüística actual conserva conceptos relacionales como los rasgos, los constituyentes, las oposiciones, las distribuciones, las dependencias y los paradigmas. Lo que desapareció fue la pretensión de que una única metodología estructural bastaría para explicar todo el lenguaje y toda la cultura.

Estructura y probabilidad

Estructura y probabilidad son compatibles. Una lengua presenta restricciones categóricas junto con preferencias graduales y variación contextual. El español, por ejemplo, no admite palabras que comiencen por /s/ seguida de consonante, de modo que los préstamos reciben una vocal inicial, como en estrés o esnob. Otras combinaciones son posibles aunque poco frecuentes. La tradición estructural tendía a privilegiar los contrastes discretos entre lo permitido y lo no permitido, mientras que la lingüística actual incorpora además distribuciones probabilísticas.

Un modelo de lenguaje actual aprende regularidades estadísticas en espacios de muy alta dimensión, lo que excede con mucho las oposiciones binarias del estructuralismo clásico. La pregunta estructural sigue vigente, sin embargo, porque sigue siendo necesario saber qué relaciones entre unidades dan a una secuencia cierta organización.

Estructuralismo y modelos de lenguaje

Existe hoy la tentación de afirmar que los LLM demuestran que Saussure tenía razón, porque aprenden a partir de relaciones entre palabras. El capítulo 2 examinó la analogía entre los embeddings y el valor saussureano. Su conclusión se extiende a los modelos completos. Los modelos distribucionales representan las unidades mediante patrones de coaparición, lo que recuerda la intuición de que el valor depende de relaciones. Saussure desarrollaba, sin embargo, una teoría lingüística sobre sistemas de signos y valores, mientras que un embedding es una representación matemática aprendida mediante un procedimiento computacional específico. La semejanza conceptual no implica filiación causal ni identidad teórica. Una formulación prudente dice que ciertos modelos distribucionales muestran que una gran cantidad de información lingüística puede extraerse de patrones relacionales. Presentar los transformers como estructuralismo saussureano convertido en código es, en cambio, históricamente impreciso y técnicamente superficial.

Función, intención y origen

La palabra función requiere una última aclaración. Decir que la función fática mantiene el contacto describe el papel de una expresión en una interacción, sin implicar un propósito consciente. Un hablante puede decir «ajá» sin representarse la intención de mantener abierto el canal comunicativo. Las funciones pueden describirse en el plano de la organización del sistema. Una estructura lingüística puede cumplir una función sin haber sido diseñada para ello. La distinción entre función, intención y origen tiene consecuencias en biología y en inteligencia artificial, porque una conducta puede tener un efecto funcional sin que ningún agente haya concebido ese efecto como objetivo.

Límites de la extrapolación clínica

La utilidad clínica de la lingüística estructural depende de no pedirle más de lo que puede dar. Permite describir patrones, diferenciar niveles de alteración, comparar selecciones léxicas y analizar secuencias. Por sí sola, en cambio, no permite diagnosticar un trastorno, inferir una etiología, determinar intenciones ni estimar un riesgo clínico.

Consideremos a un paciente que encadena palabras por su semejanza sonora.

(10) Todo calza, alcanza, descansa, avanza…

Puede describirse una organización fonológica basada en la rima. Determinar si responde a un juego verbal, a un estilo individual, a una fuga de ideas, a una intoxicación o a una desorganización psicótica exige, sin embargo, contexto clínico. La psicopatología describe estos encadenamientos como asociaciones por asonancia, frecuentes en la manía. El análisis lingüístico describe una propiedad de la producción; la psicopatología evalúa su significado clínico dentro de una configuración más amplia.

Preguntas para un análisis estructural

Los conceptos del capítulo pueden reunirse como preguntas de trabajo, que la tabla 3.3 ordena.

Tabla 3.3. Preguntas de un análisis estructural

Concepto Pregunta
Sistema ¿Qué conjunto organizado de relaciones se está describiendo?
Unidad ¿Qué elementos es necesario postular?
Oposición ¿Qué diferencias son funcionalmente pertinentes?
Distribución ¿Dónde puede aparecer cada unidad?
Marcación ¿Existe una asimetría entre los miembros de una oposición?
Neutralización ¿En qué contextos deja de operar una diferencia?
Selección ¿Qué alternativas podrían ocupar una posición?
Combinación ¿Cómo se encadenan las unidades?
Función ¿Qué contribución hace una forma al sistema o a la interacción?
Evidencia ¿Qué observaciones justifican postular estas relaciones?

La pregunta por la evidencia condiciona todas las demás, porque sin ella la palabra estructura puede encubrir una simple interpretación. El estructuralismo adquiere fuerza científica cuando las relaciones que propone organizan datos de manera explícita y pueden compararse con alternativas.

Síntesis

El giro estructural consistió en algo más preciso que afirmar que todo está relacionado, una tesis que sería trivial. Su aporte fue desarrollar procedimientos para identificar qué diferencias son lingüísticamente pertinentes y qué relaciones explican el valor funcional de las unidades. Saussure aportó la intuición de que las unidades valen por sus diferencias dentro de un sistema. El Círculo de Praga la convirtió en programas concretos de investigación fonológica y funcional, en los que Trubetzkoy sistematizó el análisis de las oposiciones. Jakobson contribuyó a la teoría de los rasgos distintivos, extendió el análisis a las funciones comunicativas y exploró las relaciones entre la estructura lingüística, la poesía y las alteraciones del lenguaje. La marcación mostró que las oposiciones pueden ser asimétricas; la neutralización, que dependen del contexto. Las funciones del lenguaje mostraron que la comunicación abarca acciones distintas de la transmisión de información referencial.

La expansión del estructuralismo reveló también sus límites. Una herramienta válida para analizar sistemas fonológicos no puede trasladarse sin controles a la mitología o a la psicopatología. Las estructuras necesitan evidencia y las oposiciones deben identificarse con criterios explícitos. Las funciones, por su parte, deben distinguirse de las intenciones conscientes, del mismo modo que las categorías lingüísticas deben distinguirse de las categorías ontológicas.

El capítulo 4 amplía la escala desde la estructura lingüística hacia la articulación de signos verbales y no verbales en discursos y configuraciones multimodales. Allí se examinan las condiciones para interpretar esos sistemas sin convertir cada gesto o cada silencio en un supuesto mensaje oculto.

Referencias

Anderson, S. R. (1985). Phonology in the twentieth century: Theories of rules and theories of representations. University of Chicago Press.

Chomsky, N. y Halle, M. (1968). The sound pattern of English. Harper & Row.

Hjelmslev, L. (1943). Omkring sprogteoriens grundlæggelse. Munksgaard.

Jakobson, R. (1956). Two aspects of language and two types of aphasic disturbances. En R. Jakobson y M. Halle, Fundamentals of language (pp. 55–82). Mouton.

Jakobson, R. (1960). Closing statement: Linguistics and poetics. En T. A. Sebeok (Ed.), Style in language (pp. 350–377). MIT Press.

Jakobson, R., Fant, C. G. M. y Halle, M. (1952). Preliminaries to speech analysis: The distinctive features and their correlates (Technical Report No. 13). Acoustics Laboratory, Massachusetts Institute of Technology.

Joseph, J. E. (2012). Saussure. Oxford University Press.

Lacan, J. (1966). Écrits. Éditions du Seuil.

Lakoff, G. y Johnson, M. (1980). Metaphors we live by. University of Chicago Press.

Saussure, F. de (1916). Cours de linguistique générale (C. Bally y A. Sechehaye, Eds.). Payot.

Trubetzkoy, N. S. (1939). Grundzüge der Phonologie (Travaux du Cercle Linguistique de Prague, 7). Cercle Linguistique de Prague.

Buscar en el atlas

Títulos, conceptos y secciones · las tildes no cambian los resultados.