Predicación y participantes
Ana entregó el informe a Luis contiene tres expresiones que designan participantes. Saber que aparecen Ana, un informe y Luis no permite reconstruir lo ocurrido, porque la oración distingue a quien entrega, lo entregado y quien recibe. Luis entregó el informe a Ana conserva las mismas entidades y describe otra relación. La estructura argumental hace explícita esa organización.
La predicación presenta una propiedad o una relación de la que participan una o más entidades. Puede organizarla un verbo, pero también un adjetivo o un nombre en una construcción predicativa. En Ana está cansada, el contenido de la propiedad procede del adjetivo; en Ana es médica, de una expresión nominal. La cópula aporta la estructura gramatical y la información verbal de tiempo y modo; la propiedad atribuida procede del atributo.
Representaciones iniciales como DORMIR(Ana) o ENTREGAR(Ana, informe, Luis) señalan posiciones en una relación, sin pretender que el cerebro almacene fórmulas de esa forma ni analizar todavía el tiempo, el aspecto o la estructura interna del evento. Su utilidad está en impedir que una lista de nombres sustituya a las relaciones que los conectan.
Este capítulo separa los participantes semánticos, los argumentos seleccionados, las funciones sintácticas y las expresiones pronunciadas. Compara después alternancias en las que una misma entidad cambia de función sin cambiar necesariamente de papel. La separación resulta especialmente útil al representar relatos y documentos, porque la fuente que informa de un evento no tiene por qué participar en él.
Valencia semántica, realización y aridad de una fórmula
El texto LS-026 presentó la valencia como el conjunto de argumentos de un predicado, descrito por su número o por un marco más rico que indique qué tipos de expresiones los realizan (RAE y ASALE, 2019, s. v. valencia). DAR relaciona prototípicamente a quien da, lo dado y quien recibe. DEPENDER, por su parte, selecciona una relación introducida por de. Esos datos no se reducen al número de nombres escritos en una oración.
La brevedad de Ana comió no autoriza a concluir que el verbo carezca de relación con algo comido, porque ese participante puede quedar inespecificado. Que toda comida ocurra en algún lugar, en cambio, no obliga a registrar el lugar como argumento léxico de COMER. La gramática trata de manera distinta los participantes seleccionados y las muchas circunstancias que contiene el mundo.
La distinción tampoco se resuelve contando posiciones en una fórmula. La aridad de COMER(x, y) es dos porque así se ha definido la relación. Una teoría que incorpora una variable de evento, como propuso Davidson (1967), puede escribir COMER(e, x, y) sin haber descubierto con ello un tercer participante comparable al alimento, porque lo que añade es otro tipo de entidad al análisis. La notación debe declarar qué representan sus variables antes de usar su número como argumento lingüístico.
La valencia puede variar según la acepción y la construcción. Ana abrió la puerta y La puerta se abrió realizan conjuntos distintos de participantes sintácticos. Explicar su relación exige decidir qué aporta el verbo y qué aporta la construcción, así como qué queda implícito, lo que impide atribuir a una palabra una cifra invariable de argumentos.
En el uso meteorológico de llueve, un verbo avalente, no aparece ningún participante referencial. El inglés exige, en cambio, un sujeto no referencial (it rains), lo que muestra que una posición sintáctica y un participante semántico no son unidades intercambiables. La valencia semántica no puede leerse mecánicamente en la cantidad de constituyentes presentes.
Papeles semánticos
Las etiquetas agente, paciente, tema, experimentante, estímulo, receptor y meta permiten comparar relaciones recurrentes. En Ana rompió el vaso deliberadamente, Ana presenta propiedades agentivas y el vaso experimenta un cambio de estado; en Ana recibió el informe, Ana es receptora. La misma función de sujeto admite, por tanto, papeles semánticos distintos. El Glosario de términos gramaticales llama a estos papeles funciones semánticas y advierte que, aunque se identifican con claridad en muchos casos, los gramáticos no coinciden en sus fronteras, sobre todo en la noción de tema, a menudo demasiado abarcadora (RAE y ASALE, 2019, s. v. función semántica).
Las etiquetas requieren definiciones. Llamar paciente a cualquier objeto directo confunde la semántica con la sintaxis, porque en Ana tiene una bicicleta la bicicleta no queda afectada como el vaso roto. Si se reserva paciente para las entidades afectadas y se usa tema en los demás casos, hay que explicar qué diferencia se registra. Dos manuales pueden distribuir estas etiquetas de manera distinta sin discrepar sobre la oración.
Tampoco procede multiplicar los papeles hasta disponer de una etiqueta exclusiva para cada verbo. Una clasificación que distingue un entregador de un donador describe diferencias léxicas sin explicar las semejanzas entre construcciones. Una teoría de papeles busca generalizaciones y debe mostrar qué predice cada agrupación.
En El viento abrió la puerta, el sujeto se presenta como causa sin poseer voluntad. Si el agente se define por el control intencional, el viento no es un agente prototípico. El Glosario admite agentes inanimados, a veces llamados fuerzas, como en El fuerte viento arrancó las cortinas. Reconoce también que la distinción entre causa y agente es escurridiza (RAE y ASALE, 2019, s. v. agente). El ejemplo impide, en todo caso, inferir voluntad desde la función de sujeto o desde cualquier relación causal, porque la causalidad y la intención son propiedades diferentes aunque suelan coincidir en las acciones humanas.
Los papeles corresponden a posiciones dentro de un evento descrito. Una misma persona es agente cuando escribe un informe y experimentante cuando siente miedo, de modo que lo que se clasifica son relaciones expresadas bajo una descripción determinada.
Los protopapeles de Dowty
Dowty (1991) propuso sustituir la lista de papeles mutuamente excluyentes por dos protopapeles, el protoagente y el protopaciente, definidos por conjuntos de propiedades. Al polo agentivo corresponden propiedades como la participación volitiva, la experiencia consciente o la causación; al polo paciente, el cambio de estado o la afectación causal. La propuesta permite que un participante reúna varias propiedades sin ajustarse del todo a un ejemplar ideal.
Dowty formuló además un principio de selección según el cual el argumento con más propiedades de protoagente se realiza como sujeto. Aquí el marco interesa como otra manera de plantear el enlace entre semántica y sintaxis, sin tratar el recuento de rasgos como una ley universal. Su adaptación a tareas computacionales permite etiquetar por separado las propiedades de cada participante, como la volición, además de una categoría global. Opitz y Frank (2019) proponen un modelo para una tarea de ese tipo, llamada etiquetado de protopapeles semánticos.
Una comparación básica reúne Ana rompió el vaso, El viento rompió el vaso y Ana oyó el timbre. En el primer caso, la intención depende de la lectura y del contexto, porque romper puede ser involuntario. En el segundo hay causación sin sentiencia. En el tercero hay experiencia consciente sin que Ana cause la existencia del timbre.
La comparación muestra que ninguna propiedad agentiva permite inferir las demás. Que alguien sea causa no prueba que quisiera el resultado, del mismo modo que ser consciente no prueba haber controlado el evento. La etiqueta global puede ser útil, siempre que las inferencias concretas se identifiquen por separado.
La observación tiene una consecuencia metodológica. Si dos teorías clasifican de manera diferente un participante, hay que preguntar primero qué propiedades afirman de él, porque una disputa sobre el nombre agente puede ocultar acuerdos sustantivos. Una discrepancia acerca de si el verbo entraña intención es, en cambio, una diferencia interpretativa que admite ejemplos y contraejemplos.
Argumentos no expresados y recuperación contextual
Ana ya comió deja abierta la identidad de lo comido y no equivale, en todos los contextos, a Ana comió el alimento del que estábamos hablando. La primera oración puede presentar una comida ya realizada sin identificar un objeto particular, mientras que la segunda requiere una referencia discursiva precisa.
La diferencia obliga a distinguir la omisión con interpretación inespecífica de la recuperación de un participante conocido. La gramática de cada verbo y de cada construcción condiciona qué tipos de omisión son posibles, de modo que no puede postularse una misma entidad silenciosa para todos los casos. La ausencia superficial, por otra parte, deja intacta la relación semántica, pues los argumentos implícitos siguen interpretándose (RAE y ASALE, 2019, s. v. argumento).
Ana leyó durante una hora resulta ordinaria sin precisar qué leyó; Ana colocó sobre la mesa exige normalmente recuperar qué colocó, como se vio en el texto LS-026. Un contexto muy preciso puede facilitar la recuperación sin volver idénticos ambos verbos en sus posibilidades de omisión. En los adjuntos, la opcionalidad sintáctica tampoco mide la importancia comunicativa. Retirar en el patio de Ana comió en el patio conserva la relación central, pero elimina la información solicitada si la pregunta era dónde comió Ana.
Un análisis cuidadoso indica qué se sabe y qué no. Ana entregó el informe permite recuperar un evento de entrega sin identificar al receptor. Añadir al supervisor porque parece probable completaría el documento con una conjetura. La estructura argumental indica qué participantes podrían estar ausentes, pero nunca autoriza a inventar su identidad.
Alternancia causativa y anticausativa
En Ana abrió la puerta, Ana aparece como participante causal y la puerta como entidad que cambia de estado. La puerta se abrió presenta el cambio sin realizar un argumento externo equivalente a Ana. La primera oración puede esquematizarse como CAUSAR(x, CAMBIAR_A(abierta(y))) y la segunda, como CAMBIAR_A(abierta(y)).
La segunda fórmula se limita a omitir el participante causal externo, sin afirmar que el cambio ocurriera sin causa. La puerta pudo abrirse por una corriente de aire o por una intervención humana no mencionada. Confundir la ausencia de expresión causal con la inexistencia de causa sería pasar indebidamente de una descripción gramatical a una tesis ontológica.
Los verbos no alternan todos de la misma manera. Ana rompió el vaso y El vaso se rompió se corresponden con claridad, mientras que Ana asesinó a Luis no tiene en Luis se asesinó una versión anticausativa que signifique simplemente que Luis murió. Esta última admite, con los ajustes léxicos y contextuales pertinentes, una lectura reflexiva en la que Luis causa su propia muerte. La oración carece solo de la lectura anticausativa neutral, de modo que marcarla como imposible en toda interpretación sería un error.
La diferencia obliga a usar los juicios negativos con precisión. Un asterisco debe indicar si la oración carece de la lectura buscada o si resulta imposible en cualquier lectura, porque ambas situaciones son distintas de la simple extrañeza fuera de contexto. Toda evaluación debe declarar qué interpretación somete a prueba.
El texto LS-031 desarrolla las construcciones con se, la voz y la impersonalidad. Aquí basta establecer que una forma superficial compartida puede corresponder a operaciones argumentales distintas. Un se reflexivo, uno anticausativo y uno impersonal no pueden tratarse como una única instrucción de borrar agentes.
Pasiva, reflexividad y conservación de relaciones
La pasiva permite comparar papeles y funciones con una alteración controlada. El equipo revisó el protocolo y El protocolo fue revisado por el equipo mantienen, en la lectura correspondiente, quién revisó y qué fue revisado. El protocolo pasa de objeto de la activa a sujeto de la pasiva sin convertirse por ello en agente.
El protocolo fue revisado deja sin expresar al revisor, lo que no permite afirmar que no existiera ni atribuir al autor la intención de ocultarlo, porque el dato puede ser conocido, desconocido o irrelevante para esa frase. Una interpretación crítica de un documento debe considerar el contexto y las alternativas reales antes de atribuir motivaciones a la elección de la voz.
La reflexividad plantea una relación diferente. En Ana se lavó, quien lava y quien recibe el lavado tienen el mismo referente, sin que ninguno de los dos papeles desaparezca. Una representación útil conserva la relación reflexiva LAVAR(Ana, Ana), aunque la teoría sintáctica adoptada la analice mediante reducción de valencia u otra arquitectura.
La reflexividad debe distinguirse también de la reciprocidad. Ana y Luis se saludaron puede describir acciones cruzadas, en las que el grupo plural no actúa sobre sí mismo como una entidad indiferenciada, porque la interpretación distribuye a los participantes dentro de la relación. Una única forma pronominal puede participar, así, en construcciones semánticamente distintas.
Estas comparaciones muestran correspondencias que cualquier teoría debe explicar, sin probar un mecanismo universal de transformación. Una teoría puede derivar una forma de otra y otra puede relacionarlas como construcciones independientes. La elección entre ambas exige restricciones y predicciones adicionales, porque la posibilidad de parafrasear un ejemplo sencillo es compatible con las dos.
Estructura de eventos y límites de las descomposiciones
Representar ROMPER mediante causación y cambio de estado ayuda a identificar componentes de su significado, pero deja sin explicar lo que lo distingue de otros predicados de cambio causado, como ABRIR o SECAR. La descomposición debe conservar ese contenido diferencial.
El aspecto depende, además, del predicado completo. Ana bebió agua no introduce la misma delimitación que Ana bebió un vaso de agua, cuyo objeto aporta una cantidad delimitada que favorece una lectura télica. La morfología verbal no garantiza, sin embargo, que la porción mencionada se haya consumido por completo en toda construcción, porque el tiempo, el aspecto, el objeto y el contexto interactúan.
Una representación de eventos puede incluir variables para el tiempo y los participantes sin convertir cada variable en una palabra tácita. REVISAR(e, Ana, informe) y TIEMPO(e, martes) hacen explícitas dos relaciones analíticas, lo que no demuestra que el martes ocupe una posición argumental idéntica a la del objeto del verbo.
La utilidad de estos esquemas se evalúa por las inferencias que permiten distinguir. Ana comenzó a revisar el informe es compatible con que no terminara, mientras que Ana terminó de revisar el informe compromete al hablante con la culminación de la revisión. Un sistema que representara ambas oraciones como REVISAR(Ana, informe) perdería una diferencia central.
El ejemplo anticipa el texto LS-030. La estructura argumental identifica participantes; el tiempo, el aspecto, la negación y la modalidad determinan qué se afirma sobre el evento. Ninguno de esos componentes debe eliminarse por conveniencia al construir una representación compacta.
La comparación entre verbos intransitivos da otra razón para separar el número de argumentos de su organización interna. Ana trabajó y Ana llegó contienen un participante nominal explícito, aunque la primera presenta una actividad y la segunda una transición hacia una meta contextual. La hipótesis inacusativa, formulada por Perlmutter (1978), propone además diferencias estructurales entre los verbos inergativos (trabajar) y los inacusativos (llegar), cuyo único argumento se comporta en varios aspectos como un objeto.
Clasificar los verbos de acción como inergativos y los de movimiento como inacusativos es, sin embargo, insuficiente. Correr también expresa movimiento y no se comporta como llegar en todos los diagnósticos. La clasificación necesita pruebas gramaticales concretas, como la distribución del sujeto o las construcciones de participio absoluto, que admiten llegados los invitados y rechazan \trabajada la residente*. La etiqueta semántica orienta una hipótesis que la demostración sintáctica debe confirmar.
El texto LS-035 retoma esta distinción a propósito del orden de palabras. Por ahora basta el límite que impone al conteo valencial, pues dos verbos con un solo argumento pueden organizarlo de modo diferente. Una teoría que solo registre un argumento deja sin explicar varias alternancias. Una teoría que añada estructura interna debe mostrar, a su vez, qué predicciones nuevas obtiene.
Una misma familia léxica puede aparecer, además, en construcciones distintas sin recibir una clasificación fija para todo uso. Si una construcción introduce una meta, un resultado o una interpretación causativa ausentes en otro contexto, hay que decidir si se trata de una acepción diferente o de una contribución de la construcción. La decisión debe apoyarse en regularidades, con independencia de cualquier preferencia previa por situar la información en el léxico o en la sintaxis.
El método comparativo exige mantener constantes las condiciones pertinentes. Traducir un ejemplo del italiano o del inglés y conservar su etiqueta no demuestra que el español tenga la misma distribución, del mismo modo que una diferencia de traducción no excluye una generalización más amplia. Hay que separar la categoría descriptiva de cada lengua del problema comparativo que intenta capturar, para que la terminología especializada no parezca explicar diferencias que todavía no se han mostrado.
El verbo y la construcción
Los análisis difieren en el lugar donde sitúan la información argumental. Los enfoques lexicistas atribuyen a la entrada léxica un marco detallado, mientras que la gramática de construcciones distribuye parte de la relación entre el verbo y la construcción (Goldberg, 1995). La diferencia es una hipótesis sustantiva sobre la gramática.
Ana empezó el libro se interpreta como empezar a leerlo o a escribirlo, según el contexto. La expresión nominal no nombra un evento, pero la construcción permite recuperar uno. Pustejovsky (1995) explica este tipo de casos mediante una operación de coerción que aprovecha información de la entrada léxica del nombre, como su finalidad o su modo de creación. Otras teorías atribuyen más información al verbo o a patrones convencionalizados.
Que una interpretación sea recuperable no decide qué arquitectura es la correcta. Hay que preguntar qué interpretaciones admite la construcción con otros objetos y cuánto depende del contexto. Empezó el libro no puede significar libremente que Ana inició cualquier evento relacionado de modo remoto con un libro.
Una hipótesis irrestricta permitiría cualquier relación contextual entre empezar y un objeto. Otra limitaría las interpretaciones a eventos accesibles por convención o suficientemente introducidos en el discurso. Si una lectura solo resulta natural tras una explicación extensa, ese costo contextual forma parte de los datos y abona la existencia de restricciones. El texto LS-039 vuelve sobre la coerción a propósito de la composicionalidad.
Las generalizaciones deben delimitarse por lengua. La construcción inglesa de movimiento causado admite Sam sneezed the napkin off the table, oración que Goldberg (1995) analiza, pero su traducción literal al español no resulta natural. Una intuición negativa aislada tampoco prueba una prohibición universal. La comparación entre lenguas debe controlar el léxico, la construcción y la interpretación buscada.
Análisis integrado de un relato con fuente y participantes
Sea el texto construido El martes, Ana informó al supervisor de que Luis había entregado el informe a Marta el lunes. Contiene dos eventos principales, un acto de información y una entrega, que involucran a participantes distintos.
En el primer predicado, INFORMAR, Ana es la fuente del acto comunicativo, el supervisor es su destinatario y la cláusula subordinada expresa el contenido comunicado. En el segundo, ENTREGAR, Luis realiza la entrega, el informe es el tema y Marta, la receptora. El martes sitúa el reporte y el lunes, la entrega. El pluscuamperfecto había entregado sitúa la entrega antes de otro momento pasado, el del informe de Ana.
Una paráfrasis fiel sería Según informó Ana al supervisor el martes, Luis había entregado el informe a Marta el lunes. La redacción cambia y conserva la fuente, el destinatario, los participantes del evento y las relaciones temporales. Conserva que Ana informó ese contenido, sin establecer que la entrega ocurriera realmente.
Ana entregó el informe a Marta el lunes sustituye indebidamente al participante que entrega. Luis informó al supervisor confunde a un participante del evento subordinado con la fuente principal. El supervisor confirmó la entrega añade, por su parte, una confirmación que el original no expresa. Las tres frases son gramaticales y ninguna es una paráfrasis fiel.
La versión abreviada Se informó de una entrega conserva apenas una parte del contenido. Puede no ser falsa, pero pierde información cuya pertinencia depende de la tarea, ya que resulta insuficiente para documentar quién informó y adecuada, en cambio, para contar actos comunicativos sin identificar personas. La calidad de una compresión se evalúa respecto de lo que debe preservarse.
El caso muestra cómo la estructura argumental y la epistemología documental se conectan sin confundirse. Identificar los argumentos de INFORMAR permite separar la fuente del contenido, mientras que establecer si la fuente era confiable requiere evidencia adicional. Un análisis sintáctico correcto deja abierta la verdad de la proposición reportada.
Restricciones semánticas, creatividad y observación clínica
Una oración puede tener relaciones sintácticas claras y atribuir a sus participantes propiedades poco plausibles. La lámpara me amenaza contiene un sujeto y un objeto identificables. Puede ser una personificación literaria o una broma, el relato de una experiencia o una afirmación sostenida literalmente. La estructura no decide cuál de esas interpretaciones corresponde.
La misma cautela afecta a las restricciones de selección. Un objeto situado fuera del dominio prototípico de un verbo puede activar una lectura figurada, como en Devoró el informe, que describe una lectura intensa. El verbo conserva sus restricciones y la extensión semántica no es un error gramatical.
En un registro clínico debe separarse lo dicho de su clasificación posterior. Refiere que la lámpara lo amenaza atribuye una proposición al paciente; La lámpara lo amenaza la presenta directamente y Presenta un delirio añade una conclusión clínica. Esta última no se justifica por la forma de la primera, porque exige evaluar el significado, el contexto y el resto de la evidencia pertinente.
Las aplicaciones computacionales enfrentan una distinción equivalente, porque un sistema puede identificar correctamente el sujeto y el objeto y fallar al conservar la fuente o la literalidad. Una evaluación adecuada incluiría, por eso, ejemplos de estructura junto con transformaciones documentales controladas.
El objetivo lingüístico es describir las relaciones con precisión suficiente para que otras disciplinas evalúen las inferencias correspondientes. La sintaxis no es un método diagnóstico ni toda rareza conceptual tiene una causa clínica.
El texto LS-029 retoma la diferencia entre participante y función para examinar el sujeto, el objeto y la concordancia, con generalizaciones formuladas primero para el español y comparadas después con otras lenguas.
Referencias
Davidson, D. (1967). The logical form of action sentences. En N. Rescher (Ed.), The logic of decision and action (pp. 81-95). University of Pittsburgh Press.
Dowty, D. (1991). Thematic proto-roles and argument selection. Language, 67(3), 547-619. https://doi.org/10.2307/415037
Goldberg, A. E. (1995). Constructions: A construction grammar approach to argument structure. University of Chicago Press.
Opitz, J., y Frank, A. (2019). An argument-marker model for syntax-agnostic proto-role labeling. En Proceedings of the Eighth Joint Conference on Lexical and Computational Semantics (pp. 224-234). Association for Computational Linguistics. https://doi.org/10.18653/v1/S19-1025
Perlmutter, D. M. (1978). Impersonal passives and the unaccusative hypothesis. En Proceedings of the Fourth Annual Meeting of the Berkeley Linguistics Society (pp. 157-189). Berkeley Linguistics Society.
Pustejovsky, J. (1995). The generative lexicon. MIT Press.
Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. (2019). Glosario de términos gramaticales (versión 1.0 en línea). https://www.rae.es/gtg