El léxico como red
El capítulo anterior distinguió el significado, la referencia, la extensión, la intensión y las condiciones de verdad. Queda por examinar cómo se relacionan entre sí las unidades léxicas. Un diccionario ordena las palabras alfabéticamente, disposición editorial que no corresponde a la organización semántica del vocabulario, porque las palabras forman redes.
Perro se relaciona con animal, con mamífero, con can, con cachorro y con gato mediante vínculos de distinto tipo. La primera es jerárquica; la última une dos términos bajo una categoría común; can se aproxima a la sinonimia en ciertos registros; cachorro añade información de edad. La semántica léxica describe esas relaciones de manera sistemática, con la sinonimia, la antonimia, la hiponimia, la hiperonimia, la meronimia, la polisemia y la homonimia como categorías básicas (Cruse, 1986; Murphy, 2003).
El capítulo examina también la noción de campo semántico, que suele emplearse con demasiada amplitud. La distinción entre una relación léxica estructural y una asociación conceptual, clínica o cultural resulta especialmente pertinente en psicopatología y en análisis del discurso, porque dos términos que aparecen juntos en una historia clínica no pertenecen por ello al mismo campo semántico en sentido estricto.
Sinonimia
Dos expresiones son sinónimas cuando sus significados son equivalentes o muy próximos, como ocurre con comenzar y empezar o con fallecer y morir. La sinonimia absoluta es rara. El paciente falleció y El paciente murió describen el mismo evento y difieren en registro, en frecuencia y en efecto pragmático, ya que la primera forma es más formal o eufemística. La equivalencia referencial no equivale, por tanto, a la equivalencia total de significado y uso.
La sinonimia admite evaluación en varios niveles. En el plano de las condiciones de verdad, Juan comenzó el tratamiento y Juan empezó el tratamiento se implican mutuamente en la mayoría de los contextos. En el plano de la distribución, la prueba de sustitución revela límites, porque empezó a llover y comenzó a llover son igualmente naturales, mientras que un motor arranca sin que sea natural decir que comienza.
Las colocaciones restringen aún más la sustitución. El español dice cometer un error y rechaza la combinación con realizar, pese a que ambos verbos coinciden en otros contextos de realización. Conocer una palabra incluye saber con qué otras se combina, en qué registros aparece y qué restricciones arrastra, información que ninguna definición aislada recoge.
Oposiciones léxicas
La etiqueta de antónimo cubre relaciones estructuralmente distintas. Vivo y muerto, alto y bajo, comprar y vender, entrar y salir expresan oposiciones que funcionan de maneras diferentes, que deben separarse en complementarias, graduales, conversas y reversivas (Lyons, 1977).
Los complementarios dividen un dominio sin punto intermedio, así que afirmar uno niega el otro. Incluso en ese caso, los dominios técnicos introducen matices, porque la muerte encefálica establece criterios que la oposición léxica ordinaria no contempla. La semántica de la lengua común y la definición médica responden a exigencias distintas.
Los graduales se organizan sobre una escala y admiten grados intermedios, negación doble y modificadores de intensidad. Su verdad depende de un estándar contextual, como se vio en el texto LS-037 a propósito de la vaguedad, porque una misma estatura resulta alta para un niño y baja para un jugador profesional de básquetbol.
Los conversos expresan la misma relación desde participantes diferentes. Si Ana vende un libro a Juan, entonces Juan compra el libro a Ana, de modo que VENDER(Ana, libro, Juan) corresponde a COMPRAR(Juan, libro, Ana). Los pares dar y recibir, padre e hijo, encima y debajo siguen el mismo patrón, donde la oposición es una inversión de perspectiva relacional más que una negación.
Los reversivos describen procesos que revierten un estado previo, como atar y desatar o construir y destruir. La morfología sugiere la oposición sin determinarla por completo, porque desconocer no equivale a revertir el acto de conocer en todos sus usos.
La morfología del español construye además buena parte de sus oposiciones con prefijos negativos, como en posible e imposible o en feliz e infeliz. La forma prefijada no equivale a la simple negación de la base, porque no es infeliz deja abierto un terreno intermedio que es feliz excluye. Los prefijos generan oposiciones graduales o complementarias según el adjetivo, de manera que la marca morfológica señala la oposición sin determinar su tipo.
Hiponimia y taxonomías
Un término es hipónimo de otro cuando su extensión queda incluida en la del término más general. Todo perro es un animal y no todo animal es un perro; perro es hipónimo de animal y animal, su hiperónimo. La relación autoriza inferencias, porque de la pertenencia a la clase inferior se sigue la pertenencia a la superior.
La jerarquía exige resolver antes la polisemia. Banco entra en una taxonomía como mueble y en otra como institución, así que preguntar por su hiperónimo sin fijar el sentido carece de respuesta. Las taxonomías léxicas son útiles y no agotan la organización del vocabulario, porque una misma palabra participa en varias clasificaciones cruzadas. Médico puede clasificarse por profesión, por especialidad, por institución o por función, dimensiones que ningún árbol único recoge.
Meronimia
La meronimia relaciona una parte con un todo, como la rueda con el automóvil, la mano con el cuerpo o el capítulo con el libro. El primer término recibe el nombre de merónimo y el segundo, el de holónimo.
La relación de parte a todo tampoco es única. Winston et al. (1987) distinguieron varios tipos, entre ellos el componente de un objeto integral, el miembro de una colección, la porción de una masa y el material de que algo está hecho. La rueda de un automóvil, el miembro de un comité, la porción de un pastel y el agua de una piscina ejemplifican relaciones distintas, con propiedades diferentes de transitividad y de separabilidad.
Polisemia y homonimia
La polisemia ocurre cuando una misma forma léxica tiene varios sentidos relacionados. Boca designa una parte del cuerpo, la desembocadura de un río y la entrada de un túnel, sentidos conectados por una relación estructural o metafórica. Tratar cada palabra como portadora de una definición única es, por eso, poco realista.
Algunos patrones de polisemia son productivos. La alternancia entre autor y obra permite decir que alguien está leyendo a Freud sin referirse a la persona. La alternancia entre continente y contenido permite decir que alguien bebió dos vasos. Apresjan (1974) llamó polisemia regular a estos patrones, que no exigen almacenar cada extensión por separado, porque responden a reglas o construcciones semánticas generales.
La polisemia se origina a menudo en la metáfora y en la metonimia. La primera proyecta estructura por semejanza, como en la cabeza de una organización; la segunda designa una entidad mediante otra asociada, como cuando el nombre de una sede designa a la institución que alberga. El uso repetido cristaliza esas extensiones y las incorpora al significado convencional.
La homonimia se da cuando dos unidades léxicas comparten forma con significados históricamente independientes, como los dos valores de banco, cuya conexión no resulta transparente para el hablante contemporáneo. La frontera con la polisemia es gradual. Los criterios disponibles son la etimología, la intuición de relación y la práctica lexicográfica, que no siempre convergen. Dos sentidos con historia común pueden volverse psicológicamente independientes, porque la semántica sincrónica y la etimología responden a preguntas diferentes.
El español presenta casos más claros de homonimia en pares como vino, que corresponde a un sustantivo y a una forma del verbo venir, o haya, que designa un árbol y realiza el presente de subjuntivo de haber. El caso de banco es intermedio, porque los dos sentidos remiten históricamente a una misma raíz germánica que designaba el asiento del cambista, relación que el hablante contemporáneo no reconoce. La clasificación depende, por tanto, de si se adopta un criterio histórico o uno sincrónico.
La consecuencia inmediata es la ambigüedad léxica. Fui al banco admite dos lecturas que la sintaxis no resuelve, a diferencia de la ambigüedad estructural que el texto LS-039 estudia. El contexto desambigua con rapidez, porque retirar dinero o sentarse en un parque activan sentidos distintos, de modo que la interpretación léxica integra el conocimiento del mundo con la probabilidad de cada uso.
Campos semánticos
Un campo semántico es un conjunto de unidades léxicas que cubre un dominio conceptual y se organiza mediante oposiciones o relaciones sistemáticas. Los nombres de color dividen un continuo perceptivo; los términos de temperatura se ordenan sobre una escala en que tibio ocupa una posición intermedia; los términos de parentesco se definen por generación, filiación y sexo. La noción procede de la tradición estructuralista europea, donde Trier (1931) propuso que el valor de cada unidad depende de su posición dentro del campo, idea próxima a la concepción del valor lingüístico de Saussure y que Geeraerts (2010) sitúa en el origen de la semántica léxica estructural.
Algunos autores distinguen el campo léxico, entendido como el conjunto de palabras asociadas con un dominio, del campo semántico, entendido como la organización de significados y oposiciones dentro de ese dominio. La terminología varía entre tradiciones; lo pertinente es especificar qué relación se pretende describir en cada caso.
El parentesco muestra además que las lenguas dividen un mismo dominio de maneras distintas. Algunas distinguen con palabras diferentes al tío materno del paterno; otras emplean un único término, como el español. La semántica léxica participa así en cómo una lengua categoriza relaciones sociales, sin que esa categorización refleje una división natural única.
De ahí se sigue una advertencia terminológica. Depresión, apetito, sueño y culpa aparecen juntas con frecuencia en un texto clínico, sin que esa coaparición las convierta en un campo semántico comparable al de los colores. La relación entre ellas es clínica, sindrómica o discursiva. Llamarla campo semántico equipara una red conceptual con una organización léxica estructurada. La etiqueta de red asociativa debe reservarse para los casos en que las palabras se conectan por experiencia, cultura o contexto, como ocurre con hospital, enfermera y ambulancia.
Análisis componencial y prototipos
Una tradición estructural intentó describir los significados mediante rasgos binarios, con los que hombre, mujer y niño se distinguirían por combinaciones de humanidad, edad adulta y sexo. El procedimiento describe bien ciertos dominios cerrados y encuentra límites evidentes fuera de ellos, porque conceptos como juego, arte, depresión o democracia no se descomponen en listas breves de condiciones necesarias y suficientes. Wittgenstein (1953) había señalado ya que los miembros de una categoría pueden relacionarse por semejanzas parciales encadenadas, sin un núcleo común a todos.
La investigación psicológica añadió una dimensión distinta. Rosch (1975) mostró que muchas categorías tienen estructura prototípica, con la consecuencia de que un gorrión se juzga más típico de la categoría de las aves que un pingüino, pese a que ambos pertenecen a ella. Los miembros típicos se identifican con mayor rapidez, se aprenden antes y se eligen como mejores ejemplos, lo que indica que la pertenencia categorial y la tipicidad son dimensiones separables.
La distinción tiene consecuencias clínicas directas. Una categoría diagnóstica se define mediante criterios operacionales. Los clínicos desarrollan además prototipos informales que guían el reconocimiento rápido. Un paciente puede parecer típicamente melancólico y no cumplir los criterios establecidos, o cumplirlos sin ajustarse al prototipo. La psicología del concepto y la definición normativa deben mantenerse, por tanto, separadas.
Redes léxicas y semántica distribucional
WordNet organiza el léxico inglés en una red explícita de sentidos, agrupados en conjuntos de sinónimos y enlazados por relaciones de hiperonimia, hiponimia y meronimia (Miller, 1995). La unidad básica es el sentido léxico, de modo que los valores de una palabra polisémica pertenecen a conjuntos distintos. La red es una modelización léxica útil para el trabajo computacional, sin equivaler a una teoría de la organización conceptual humana.
La semántica distribucional parte de otra idea. Firth (1957) resumió la intuición al sostener que una palabra se conoce por la compañía que mantiene. Los modelos actuales describen cada unidad mediante vectores construidos a partir de sus contextos de aparición (Mikolov et al., 2013). El procedimiento captura semejanzas de uso con una eficacia considerable.
La semejanza distribucional no equivale, con todo, a la sinonimia. Médico, hospital y paciente ocupan regiones próximas porque comparten contextos, sin que ninguna relación de sinonimia las una. El caso de los antónimos es más claro todavía, porque caliente y frío aparecen en entornos casi idénticos y quedan cerca en el espacio vectorial pese a expresar polos opuestos. La coaparición no distingue por sí misma las relaciones léxicas, que requieren información adicional.
La cuestión tiene consecuencias prácticas en el ámbito clínico. Un sistema puede situar muy próximos términos como desesperanza, depresión y otros que nombran fenómenos de riesgo, proximidad útil para recuperar documentos y sin valor como equivalencia diagnóstica ni como relación causal. Los vectores recogen patrones de coaparición en los textos y su interpretación exige categorías clínicas independientes.
Las limitaciones se aprecian también en la jerarquía. La relación entre perro y animal es asimétrica, mientras que la semejanza vectorial suele ser simétrica, por lo que la proximidad no indica la dirección de la inclusión. Los modelos contextuales han mejorado en cambio el tratamiento de la polisemia, porque generan representaciones dependientes de la oración y distinguen el banco del que se retira dinero del banco en que alguien se sienta.
Asociación clínica y relación semántica
La distinción entre relación léxica y asociación conceptual evita errores frecuentes en psiquiatría. La depresión se asocia con alteraciones del sueño sin que exista entre ambos términos inclusión, identidad ni oposición. La relación pertenece a una red clínica, donde una condición incluye alteraciones en otro dominio. Describirla como una relación léxica confunde dos niveles.
El vocabulario del paciente plantea un problema paralelo. Quien dice sentir un vacío emplea una palabra cuyos sentidos convencionales remiten a la ausencia de contenido, con una extensión metafórica que puede apuntar a la ausencia afectiva, a la falta de sentido o a la desconexión. Adscribir el término al campo semántico de la depresión sería demasiado amplio, porque la relación es metafórica, fenomenológica o discursiva. Corresponde describirla en esos términos.
La proximidad entre términos tampoco autoriza la sustitución. Tristeza y depresión se aproximan en la lengua cotidiana y designan cosas distintas en el uso clínico, donde la primera nombra una emoción o un síntoma y la segunda, un síndrome o un diagnóstico. Ansiedad y angustia tienen historias conceptuales parcialmente solapadas, con tradiciones que las tratan como equivalentes y otras que las separan, de manera que el análisis debe distinguir el uso ordinario, la tradición clínica y la definición operacional.
La entrevista añade un problema de identidad terminológica. Un paciente puede llamar ataque de pánico a cualquier episodio de ansiedad intensa, mientras el clínico emplea la misma expresión con criterios definidos. Las dos formas son idénticas y sus contenidos difieren, razón por la cual el contenido debe aclararse antes de clasificar.
Precisión léxica en la escritura científica
La polisemia también afecta al vocabulario técnico. Significativo designa lo relevante y, en estadística, el resultado de una prueba frente a un umbral. La frase que afirma que una diferencia fue significativa deja abierta la lectura, de manera que debe explicitarse cuál de los dos sentidos se emplea. Algo semejante ocurre con evidencia, que puede nombrar un indicio, una prueba o un cuerpo de estudios, distinción que un texto interdisciplinario debe fijar desde el comienzo.
La variación terminológica por razones estilísticas crea un problema adicional. Alternar pacientes, sujetos, individuos y participantes para referirse a la misma población puede sugerir la existencia de grupos distintos. La consistencia es preferible cuando un término designa un constructo preciso, por más que la repetición parezca estilísticamente pobre.
La elección del nivel jerárquico modifica además el alcance de una afirmación. Hablar de intervenciones cuando el estudio examinó un solo grupo farmacológico emplea un hiperónimo verdadero que sugiere una evidencia más amplia de la disponible. El error inverso atribuye una especificidad injustificada, como ocurre al nombrar una modalidad concreta de psicoterapia cuando el trabajo incluyó varias. En ambos casos, el nivel jerárquico elegido altera el alcance metodológico de la afirmación.
Léxico, cambio y ontología
Los campos léxicos cambian con el tiempo. Viral se relacionaba sobre todo con los virus y la infección. Hoy remite además a la difusión rápida en redes sociales, con lo que su posición en la red léxica se ha reorganizado. Una palabra nueva puede desplazar o especializar a otra. Un término técnico puede adquirir, por su parte, un valor más restringido que su equivalente cotidiano. Los campos semánticos tienen, por tanto, una dimensión histórica que el análisis debe incorporar.
De ahí se sigue una advertencia final sobre la relación entre léxico y realidad. Las lenguas categorizan el mundo sin reflejar divisiones naturales únicas, como muestran las diferencias en la lexicalización del color, donde Berlin y Kay (1969) documentaron a la vez una variación considerable y regularidades en el orden de aparición de los términos básicos. Existen restricciones perceptivas que la lexicalización organiza de manera histórica y cultural.
La existencia de una palabra tampoco demuestra la existencia de una entidad unitaria. Que el español tenga el sustantivo inteligencia no prueba que exista una propiedad simple así llamada, porque el término estabiliza un concepto cuya estructura la investigación debe examinar. Acuñar un término técnico permite describir un patrón sin demostrar que todos sus casos compartan mecanismo, causa o significado clínico, lección que reaparece desde la morfología hasta la semántica.
Procedimiento y ejemplos trabajados
El análisis de dos palabras relacionadas puede ordenarse en unos pocos pasos. El primer paso determina si se comparan los mismos sentidos de cada palabra, probar después la sustitución en contextos donde las condiciones de verdad puedan evaluarse y examinar qué inferencias autoriza cada término respecto del otro. Corresponde luego establecer si existe inclusión jerárquica y en qué dirección, qué tipo de oposición las separa y si su relación se reduce a la coaparición temática. El último paso consiste en nombrar la relación con precisión, sin llamar campo semántico a cualquier conjunto de palabras próximas.
El procedimiento aplicado a tristeza, depresión y anhedonia arroja un resultado claro. La primera designa una emoción; la segunda, un estado afectivo, un síndrome o un diagnóstico según el uso; la tercera, la disminución de la capacidad de experimentar placer según la definición clínica adoptada. Las tres aparecen juntas con frecuencia y no son sinónimas, ni hipónimas unas de otras, ni antónimas. Su relación es clínica y fenomenológica, por lo que hablar de una red conceptual asociada con los trastornos depresivos es más preciso que hablar de un campo semántico de la depresión.
El contraste con los nombres de color completa el argumento. Rojo, naranja y amarillo ocupan regiones vecinas de un espacio perceptivo, contrastan de manera sistemática y se definen en parte unos frente a otros. Ese caso se ajusta al concepto clásico de campo semántico. La comparación con el ejemplo clínico muestra por qué la distinción merece conservarse.
El texto LS-039 estudia la composicionalidad y la ambigüedad, con el problema de cómo una misma secuencia puede recibir varias interpretaciones por diferencias léxicas, estructurales o de alcance.
Referencias
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