Decir más de lo que se nombra
En La discusión se calentó, El ministerio respondió esta mañana, Ana devoró la novela en dos días, La ciudad despertó con miedo y Ese investigador es un tiburón hay un desplazamiento respecto de la interpretación literal. Una discusión no sube de temperatura, un ministerio carece de aparato fonador y una novela no se ingiere. Una ciudad tampoco duerme como un organismo ni un investigador pertenece a la especie de los tiburones. Los hablantes comprenden, sin embargo, estas expresiones con facilidad. Algunas están muy convencionalizadas, como la discusión se calentó, mientras que otras dependen más del contexto, como llamar tiburón a una persona. Unas explotan una relación de semejanza y otras una relación de contigüidad o de asociación estable.
Las dos etiquetas tradicionales son metáfora y metonimia. En una primera aproximación, la metáfora proyecta estructura de un dominio a otro por semejanza, analogía o correspondencia. La metonimia se apoya, en cambio, en una relación interna a un mismo dominio, como la que une la institución con sus miembros, el autor con su obra, el recipiente con su contenido o el lugar con sus habitantes. Esta distinción elemental deja abiertos varios problemas, como la relación conceptual que hace posible la interpretación, la parte de esa relación que está lexicalizada, la que se deriva pragmáticamente en el contexto y el efecto de la lectura figurada sobre las condiciones de verdad, la perspectiva o ambas. Este capítulo examina cómo una expresión adquiere una lectura extendida y en qué momento esa extensión pasa a formar parte del léxico.
Metáfora, metonimia y polisemia
El capítulo 73 estudió la polisemia sistemática, un marco que permite situar ahora la metáfora y la metonimia. En El banco anunció nuevas medidas, banco puede designar la institución financiera o, metonímicamente, a sus directivos o representantes, una relación que se ha convencionalizado hasta formar parte del repertorio habitual de la palabra. En El escritorio decidió rechazar el artículo, la interpretación institucional es mucho menos natural, porque la transferencia depende de que exista una asociación estable entre el nombre y un agente colectivo pertinente. Un uso figurado novedoso puede volverse recurrente, convencionalizarse y terminar como polisemia léxica, de modo que la frontera entre la pragmática y el léxico no siempre es discreta.
Una metáfora inicialmente creativa puede volverse tan convencional que los hablantes dejan de percibir su carácter figurado. La pata de la mesa ya no exige imaginar una extremidad animal, porque la extensión forma parte del repertorio léxico estable. Una metáfora histórica es, por tanto, distinta de una metáfora sincrónicamente activa. La etimología puede mostrar que una expresión tuvo un origen figurado sin demostrar que los hablantes actuales la interpreten mediante una comparación viva.
La metáfora como semejanza
La definición más intuitiva de la metáfora apela a la semejanza. Juan es un león no clasifica a Juan como miembro de Panthera leo. Selecciona propiedades asociadas al león, como la valentía, la fuerza o la ferocidad, dentro de un conjunto de dimensiones que fija el contexto. La dificultad aparece de inmediato, porque el león tiene muchas propiedades no pertinentes. Tiene cuatro patas, es un mamífero, los machos tienen melena y pesa entre decenas y cientos de kilos. La semejanza sola es demasiado flexible, ya que cualquier par de objetos se parece en alguna dimensión. La teoría necesita explicar qué dimensiones son pertinentes y cómo las restringe el contexto. Esto acerca la metáfora a las teorías de categorías del capítulo 72, porque la interpretación depende de propiedades prominentes, prototipos, expectativas y conocimiento de fondo.
Black y la interacción
Black (1954, 1962) criticó la idea de que toda metáfora sea una comparación abreviada. En su ejemplo El hombre es un lobo no se recupera simplemente una semejanza preexistente, porque la metáfora reorganiza la manera de conceptualizar al sujeto. El dominio del lobo activa un sistema de lugares comunes asociados, como la agresividad, el peligro, la conducta de manada o la depredación, que se proyectan selectivamente sobre el hombre. Black habló de una teoría interactiva, en la que los dos términos no permanecen semánticamente intactos y la metáfora crea una perspectiva. La proyección del dominio fuente sobre el dominio meta no transfiere todos los rasgos de manera mecánica, porque el contexto selecciona un subconjunto pertinente. La propuesta de Black anticipa las teorías cognitivas posteriores, aunque no debe identificarse sin más con la teoría de la metáfora conceptual de Lakoff y Johnson (1980). Se trata de programas relacionados pero históricamente distintos.
Davidson y el significado literal de la metáfora
Davidson (1978) defendió una posición radicalmente distinta. Según él, las metáforas no tienen un significado figurado adicional codificado. Las palabras conservan su significado literal. La metáfora hace notar semejanzas, perspectivas o relaciones. Julieta es el sol, la metáfora de Shakespeare, es literalmente falsa en una interpretación ordinaria. Su función surge de lo que el enunciado hace que el oyente perciba o imagine. No procede de una proposición metafórica escondida que deba añadirse al diccionario. La tesis desafía a las teorías que reconstruyen toda metáfora mediante una paráfrasis semántica precisa.
Davidson señaló que ninguna paráfrasis agota una metáfora lograda. Decir que Julieta ilumina emocionalmente la vida de Romeo pierde parte del efecto interpretativo, porque la metáfora puede producir un espacio de asociaciones más rico que una proposición única. La posición davidsoniana enfrenta, sin embargo, un problema, ya que muchas metáforas parecen contribuir de manera sistemática a las condiciones de verdad del enunciado, además de producir efectos estéticos. Las teorías pragmáticas posteriores intentan integrar la semántica y la pragmática de manera más fina.
Significado del hablante y significado de la oración en Searle
Searle (1979) distinguió el significado de la oración del significado del hablante. En una metáfora, el hablante dice literalmente una cosa y comunica otra. En su ejemplo Sam es un cerdo, la semántica literal clasifica a Sam como un animal porcino, mientras que el hablante puede comunicar que Sam es sucio, desagradable o glotón. La interpretación requiere inferir qué propiedades del dominio fuente son pertinentes. La teoría se inscribe en una pragmática de la intención comunicativa.
El problema es que algunas metáforas son tan convencionales que la lectura figurada parece accesible sin un proceso inferencial fuerte. No siempre existe, además, una paráfrasis proposicional única que capte lo comunicado. Searle introdujo, con todo, una separación útil, la que distingue el significado codificado del significado comunicado. La metáfora es un caso privilegiado para estudiar esa diferencia.
Metáfora convencional y metáfora novedosa
La inflación se disparó es una metáfora muy convencionalizada. La teoría naufragó ante los nuevos datos también es frecuente, mientras que Su argumento es una escalera sin peldaños puede ser una creación contextual. Las metáforas se ordenan, por tanto, en un continuo que va de las convencionales a las novedosas, con las semiconvencionales en un punto intermedio. La interpretación de una metáfora convencional se acerca a una acepción léxica, mientras que la de una novedosa exige construir una relación en el contexto.
Esto produce diferencias de procesamiento. Según la hipótesis de la carrera de la metáfora de Bowdle y Gentner (2005), las metáforas novedosas se procesan como comparaciones y las convencionales, como categorizaciones. Una expresión convencional se reconoce rápidamente, mientras que una novedosa exige más elaboración. El mayor esfuerzo no indica, sin embargo, mayor riqueza, porque una metáfora difícil puede ser simplemente mala o poco interpretable. La convencionalización reduce la necesidad de reconstruir activamente el dominio fuente.
Las llamadas metáforas muertas
Se habla a veces de metáforas muertas para expresiones cuyo origen figurado ya no se percibe, como pata de la mesa, cuello de botella o raíz del problema. El término es intuitivo, aunque puede engañar. Si una expresión forma parte del léxico ordinario, es más claro hablar de una extensión léxica convencionalizada, porque lo que cambia en una metáfora es su estatuto sincrónico. El origen metafórico y la representación léxica actual deben mantenerse separados. Esa separación evita la falacia etimológica. Que comprender proceda históricamente de una raíz latina relacionada con asir no implica que los hablantes actuales activen una metáfora manual cada vez que usan la palabra.
La metonimia como relación dentro de un dominio
La metonimia suele definirse como una transferencia basada en la contigüidad o la asociación dentro de un dominio. Estoy leyendo a Borges va del autor a la obra. La Casa Blanca anunció nuevas medidas va del lugar o la institución a las personas, Bebió dos vasos del contenedor al contenido y Chile ganó 2-0 del país al equipo. A diferencia de la metáfora prototípica, la metonimia da acceso a una entidad mediante otra relacionada, sin proyectar propiedades desde un dominio distante. La relación puede ser de parte y todo, de causa y efecto, de productor y producto, de lugar e institución, de institución y miembros, de contenedor y contenido o de autor y obra. Esa lista no es una gramática completa, porque la interpretación depende de las convenciones y del contexto.
Referencia diferida en Nunberg
El capítulo 73 presentó los ejemplos de Nunberg (1995), como el del cliente al que se designa por el plato que pidió. Nunberg distinguió dos mecanismos. En la transferencia referencial, una expresión que designa una entidad permite referirse a otra asociada. En la transferencia predicativa, una propiedad se adapta a una clase relacionada. En Estoy estacionado atrás, la propiedad de estar estacionado corresponde literalmente al vehículo, aunque el hablante se la atribuye por su relación con él. Nunberg argumentó que en este caso cambia el predicado y no el sujeto, porque yo sigue designando al hablante, como muestra la continuación Estoy estacionado atrás y llevo quince minutos esperando. La metonimia puede operar, por tanto, sobre distintos componentes de la composición semántica, más allá de la sustitución de un sustantivo por otro.
Combinaciones de metáfora y metonimia
La oposición entre metáfora y metonimia es útil, aunque los casos reales pueden combinar ambas. En El corazón de la empresa dejó de latir, corazón de la empresa se construye metafóricamente a partir de la relación entre un órgano vital y un componente funcional de la organización. Dejó de latir extiende la misma estructura al cese de funcionamiento. Si corazón designa específicamente al departamento directivo, puede haber además una transferencia metonímica desde una parte de la institución hacia sus integrantes. Los mecanismos pueden encadenarse. Goossens (1990) propuso el término metaftonimia para los fenómenos en que metáfora y metonimia interactúan. Los casos híbridos muestran que las categorías analíticas no siempre dividen la interpretación en dos clases discretas. La pregunta adecuada es qué relaciones inferenciales participan en cada lectura concreta.
Alcance y límites de la metáfora conceptual
Lakoff y Johnson (1980) propusieron que numerosas expresiones metafóricas son manifestaciones de metáforas conceptuales más generales. Defender una posición, atacar un argumento y destruir una objeción se asocian con la metáfora UNA DISCUSIÓN ES UNA GUERRA. Gastar, ahorrar e invertir tiempo se han analizado mediante EL TIEMPO ES DINERO. La propuesta es más fuerte que afirmar la existencia de metáforas léxicas, porque sostiene que ciertas correspondencias estructuran la conceptualización de dominios abstractos. Aquí basta situarla dentro del mapa.
No todo uso figurado prueba la existencia de una metáfora conceptual. Una colección de expresiones similares puede deberse a la historia léxica, a una convención discursiva, a una analogía productiva o a una estructura conceptual compartida. Murphy (1996) objetó que la evidencia lingüística de la teoría no distingue entre una representación conceptual metafórica y una simple semejanza estructural entre dominios. La teoría necesita, por tanto, evidencia para decidir cuánto del patrón reside en el sistema conceptual y cuánto en el repertorio lingüístico.
Metáfora y composición
Si morir exige un participante animado en su selección léxica ordinaria, Esa idea murió produce una tensión semántica. Una interpretación metafórica puede proyectar sobre la idea una estructura de ser vivo y permitir así que la idea muera. Puede ocurrir también que morir ya tenga una extensión léxica convencional hacia proyectos, costumbres o ideas. La pregunta vuelve a ser si se trata de polisemia, de coerción o de metáfora pragmática. La gramática no marca cuál de estos mecanismos intervino. Las teorías deben usar los patrones de productividad, convencionalización y composición para decidir. El problema conecta con el capítulo 73 y anticipa el capítulo 75.
Selección semántica y reparación figurativa
Los predicados imponen expectativas sobre sus argumentos. La piedra argumentó durante horas es anómala en una lectura literal ordinaria, porque una piedra no satisface las propiedades de un agente discursivo. Un relato fantástico puede, sin embargo, establecer una piedra parlante. Una metáfora puede también reinterpretar piedra como una persona emocionalmente fría. La incompatibilidad inicial puede resolverse mediante personificación, cambio de referente, coerción, un mundo ficticio o una metonimia. Por eso la metáfora no puede definirse como una violación de la selección semántica. Una oración puede violar las expectativas literales y obtener una lectura no metafórica si el mundo discursivo redefine las entidades. La interpretación depende siempre de la arquitectura global del contexto.
Metáfora y verdad
Ese abogado es un tiburón es probablemente falsa en una lectura literal. En una interpretación metafórica puede evaluarse, en cambio, respecto de propiedades como la agresividad, el oportunismo o la habilidad competitiva. Esto plantea la cuestión filosófica de si las metáforas expresan proposiciones con condiciones de verdad. Davidson era escéptico respecto de un significado metafórico adicional, mientras que otras teorías sostienen que la interpretación genera un contenido proposicional evaluable. En la pragmática contemporánea, una opción es que el contexto modifique la interpretación léxica hasta construir una propiedad ad hoc, TIBURÓN*, que designa aproximadamente a las personas con las propiedades de los tiburones pertinentes en el contexto. La teoría de la relevancia usa estos conceptos ad hoc para explicar las ampliaciones y restricciones del significado léxico. El debate muestra la estrecha conexión entre la metáfora y la frontera entre semántica y pragmática.
La teoría de la relevancia y los conceptos ad hoc
Sperber y Wilson (1995) y trabajos posteriores como el de Carston (2010) proponen que la comprensión pragmática construye conceptos ad hoc. En La habitación está vacía, la habitación puede contener aire, muebles o polvo. El hablante usa VACÍO* para comunicar que carece de las personas u objetos pertinentes. Este caso no es metafórico. El mismo mecanismo de ajuste contextual participa, sin embargo, en Juan es un robot, cuya interpretación crea el concepto ROBOT* con propiedades como la frialdad emocional, la rigidez o la previsibilidad. La metáfora aparece así dentro de un continuo de modulación léxica, sin una frontera absoluta entre el uso literal ajustado y el uso figurado. Esta propuesta difiere de las teorías en que la metáfora activa correspondencias conceptuales estables entre dominios. El capítulo 79 estudia la teoría de la relevancia con más detalle.
Metonimia y predicación institucional
El capítulo 73 analizó El hospital decidió suspender las visitas, cuya interpretación va del hospital a la autoridad institucional mediante una metonimia muy convencionalizada. El enunciado deja abierta, sin embargo, la identidad de quien decidió, que puede ser la dirección médica, la administración, un comité o una autoridad externa. La paráfrasis El director del hospital decidió… puede ser falsa aunque la oración original sea verdadera. Resolver la metonimia no equivale, por tanto, a identificar un referente específico. La representación adecuada puede quedar subespecificada, con un agente institucional del hospital cuyo ocupante no se determina. La metonimia permite ganar precisión conceptual sin inventar información.
Metonimia y coerción de tipos
En La ciudad votó por el candidato A, una ciudad como objeto geográfico no vota, porque el predicado selecciona agentes humanos. La interpretación va de la ciudad a sus habitantes o, con más precisión, a sus votantes habilitados. El proceso puede describirse como una adaptación de tipos, del lugar a las personas asociadas con él. Algunos formalismos lo tratan como coerción y otros como metonimia léxica o pragmática. La diferencia terminológica importa menos que la arquitectura explicativa. Para decidir si la relación pertenece al léxico, a una regla general o a la pragmática, hay que preguntar si la extensión es convencional y productiva, qué restricciones tiene, si se aplica a nombres nuevos y si aparece en copredicación.
Cancelación y convencionalización
La lectura institucional de El ministerio anunció la medida surge sin esfuerzo y no necesita un contexto extraordinario. Esto favorece la idea de una transferencia muy convencional. La corbata azul quiere pagar solo funciona, en cambio, en un contexto en que una prenda identifica de manera prominente a una persona. La lectura se cancela si el escenario cambia. En general, una alta dependencia contextual acompaña a una baja convencionalización, mientras que una baja dependencia acompaña a una alta convencionalización. La relación no es perfecta, porque una expresión puede ser convencional y seguir necesitando el contexto para identificar al referente. La convencionalización debe estudiarse, por tanto, mediante la frecuencia, la dispersión, los juicios de los hablantes, la productividad y la estabilidad de la interpretación. No basta con que el analista reconozca la relación.
Corpus y metáfora
El estudio de las metáforas en corpus enfrenta un problema de anotación. En La economía está enferma, enferma probablemente debe marcarse como metáfora si se compara el dominio ordinario de la enfermedad con el de la economía. Una economía saludable puede estar, en cambio, tan convencionalizada que muchos hablantes la procesen sin experiencia figurada consciente. El procedimiento de identificación de metáforas (MIP) del Pragglejaz Group (2007) compara el significado contextual de cada palabra con un significado más básico y examina si entre ambos hay contraste y semejanza. Steen et al. (2010) refinaron el procedimiento en la versión MIPVU. Estas herramientas buscan que la anotación sea reproducible. Identificar lingüísticamente una metáfora no demuestra, sin embargo, que el hablante haya activado dos dominios conceptuales en tiempo real, de modo que la anotación de corpus y la teoría cognitiva deben mantenerse separadas.
Metáfora deliberada y no deliberada
Steen (2008, 2017) propone distinguir la metáfora deliberada de la no deliberada. En una metáfora deliberada, el hablante invita explícitamente a considerar un dominio fuente para pensar otro, como en Imaginemos la memoria como una biblioteca, donde la biblioteca es una perspectiva consciente y explícita. En una expresión convencional como Capté la idea, el origen metafórico puede no ser pertinente para la interacción. La distinción separa la metáfora como propiedad léxica de la metáfora como estrategia comunicativa. No toda metáfora lingüística obliga al interlocutor a construir conscientemente una comparación. La teoría de la metáfora necesita, por tanto, varios niveles, que incluyen la historia léxica, el significado convencional, la interpretación contextual, el uso discursivo deliberado y el procesamiento.
La metáfora en la ciencia
La ciencia usa metáforas constantemente, como código genético, memoria de trabajo, cuello de botella, paisaje adaptativo, red neuronal o mecanismo de defensa. Estas expresiones pueden ser heurísticamente productivas, porque transfieren estructura desde un dominio conocido hacia uno menos familiar. Pueden introducir también inferencias no justificadas. Llamar memoria a un componente computacional puede sugerir almacenamiento estable, recuperación o identidad con la memoria humana, aunque solo algunas de esas propiedades sean pertinentes. La metáfora científica funciona bien cuando se explicita qué se preserva y qué no, porque una analogía no es una identidad. El modelo mejora cuando sus correspondencias generan predicciones y se especifican sus límites.
Metáfora clínica y diagnóstico
Cuando un paciente dice «Tengo un agujero negro adentro», la expresión puede evocar vacío, absorción, ausencia de salida, destrucción u oscuridad. El clínico no sabe cuáles de esas propiedades son pertinentes. Una entrevista rigurosa preguntaría qué quiere decir con agujero negro, porque la metáfora debe explorarse antes de traducirse a una categoría clínica. Registrar que presenta vacío emocional puede ser adecuado si el paciente confirma esa interpretación. Registrar una depresión grave solo a partir de la metáfora sería, en cambio, un salto injustificado. El mismo principio vale para «Mi cabeza va a explotar», que puede expresar dolor, estrés, aceleración del pensamiento, ira o una sensación somática. La metáfora es evidencia lingüística de cómo el hablante organiza una experiencia y no un código diagnóstico.
Metáfora y reificación
Una metáfora se vuelve conceptualmente peligrosa cuando su estructura figurada se toma como descripción literal de un mecanismo. La metáfora computacional de El cerebro procesa información puede ser útil. Si de ella se concluye que el cerebro funciona literalmente como una computadora digital de propósito general, la analogía se ha extendido indebidamente. Según el contexto, El trauma queda almacenado en el cuerpo puede ser una metáfora de la persistencia fisiológica o de la memoria implícita. Tomada literalmente, sugiere una entidad localizada y almacenada físicamente sin especificar ningún mecanismo. La escritura científica debe distinguir la metáfora explicativa de la hipótesis mecanística, porque una imagen puede orientar preguntas sin ser evidencia del mecanismo que describe.
Metonimia científica y agencia textual
La escritura académica usa abundantes metonimias, como El estudio demuestra…, La tabla muestra…, La literatura sostiene… o La evidencia indica…. Estas construcciones son normales, aunque pueden comprimir la arquitectura epistémica, como se vio en el capítulo 73. El estudio demuestra puede significar que los resultados obtenidos con cierto diseño justifican, según los autores, una conclusión. La literatura sostiene puede esconder desacuerdos entre las fuentes. La evidencia indica puede omitir quién decidió qué cuenta como evidencia. La metonimia da fluidez al texto, aunque en los puntos controvertidos es preferible descomprimirla. El análisis lingüístico permite preguntar qué agente o qué relación inferencial se ha omitido, con el fin de controlar el compromiso epistémico sin prohibir la metonimia.
Metáfora y traducción
Las metáforas rara vez se traducen palabra por palabra de manera perfecta. Una lengua puede decir defender una idea mientras otra usa una imagen distinta, e incluso cuando dos expresiones parecen equivalentes sus asociaciones culturales pueden diferir. Una traducción debe decidir qué preservar entre el significado proposicional, el dominio fuente, la intensidad, el registro y el efecto retórico. El capítulo 76 desarrolla este problema al estudiar la traducción conceptual y la equivalencia entre lenguas. Una traducción literalmente fiel puede ser semánticamente infiel si el dominio fuente no funciona en la lengua meta, mientras que una traducción no literal puede conservar mejor la función discursiva. La equivalencia metafórica es, por tanto, multidimensional.
Inteligencia artificial y metáfora
Los LLM interpretan y producen metáforas con gran fluidez. Pueden completar «La negociación está estancada» o explicar «Es un muro emocional». Este rendimiento demuestra competencia conductual con los patrones figurativos, aunque no demuestra qué representación interna usa el modelo. Esa competencia puede depender de asociaciones distribucionales, de patrones composicionales, de ejemplos aprendidos o de representaciones abstractas emergentes. Un mapa de atención tampoco prueba la existencia de una metáfora conceptual equivalente a la humana. La evaluación debe distinguir la detección, la paráfrasis, la generación, la generalización a casos novedosos y la representación que el modelo usa causalmente. Un modelo puede rendir bien en las cuatro primeras y dejar abierta la quinta.
Enterrar el informe
Después del escándalo, el ministerio enterró el informe admite al menos dos grandes lecturas. En la literal, el informe físico fue colocado bajo tierra. En la figurada, el ministerio intentó ocultarlo o impedir su circulación. En la segunda interactúan dos mecanismos. El primero es la metonimia que va del ministerio a sus agentes institucionales. El segundo es la metáfora, o extensión léxica convencionalizada, que va de enterrar a ocultar o suprimir. La interpretación completa combina la metonimia, la extensión metafórica y el contexto. Puede parafrasearse como que un agente institucional hizo que el informe dejara de ser accesible. Esa paráfrasis pierde, sin embargo, parte de la fuerza de enterrar, que sugiere deliberación, ocultamiento y una posible irreversibilidad. El ejemplo muestra que una oración figurada puede combinar mecanismos distintos y que una paráfrasis semántica rara vez agota sus efectos.
Criterios para elegir un análisis
Ante una interpretación no literal es útil formular varias hipótesis. La palabra puede tener una acepción convencional estable, o la lectura puede derivarse de una relación productiva presente en otras palabras, como en la polisemia sistemática. Puede depender de una correspondencia construida en el contexto, como en la metáfora contextual, o de una entidad que da acceso a otra dentro del mismo dominio, como en la metonimia. Cabe también que la composición exija adaptar el tipo de una expresión, en la coerción, o que la lectura sea literal dentro de una ficción o de una ontología local.
Los diagnósticos incluyen la dependencia contextual, la productividad, la convencionalización, la copredicación, el zeugma, la posibilidad de cancelación, la distribución en corpus y los juicios de los hablantes. La clasificación correcta puede quedar parcialmente abierta, porque lo que importa es explicar qué mecanismo contribuye a cada interpretación y no forzar cada ejemplo dentro de una casilla. El capítulo 75 examina las combinaciones en que los tipos léxicos no encajan de manera directa, como empezar el libro, terminar la cerveza o disfrutar la película. Examina también qué parte de esa flexibilidad corresponde al léxico, a la composición o a la inferencia pragmática.
Referencias
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