# Capítulo 99. Externalismo semántico y división del trabajo lingüístico en Putnam y Burge

## El significado y la cabeza del hablante

Supóngase que dos personas son internamente idénticas, con los mismos estados cerebrales, las mismas creencias conscientes, la misma historia introspectiva y la misma conducta verbal. Ambas usan la palabra *agua*. La intuición tradicional dice que, si nada difiere dentro de ellas, deben significar lo mismo. Hilary Putnam y Tyler Burge cuestionaron esa conclusión. Sus argumentos sostienen, por vías distintas, que el contenido de nuestras palabras y de nuestros pensamientos depende de factores externos al individuo. Putnam puso el acento en el entorno físico y en la estructura de las sustancias. Burge lo puso en las prácticas lingüísticas de la comunidad. El significado puede depender así de relaciones que el hablante no controla ni conoce por completo, una posición que suele llamarse externalismo semántico o antiindividualismo.

El capítulo 98 mostró que Kripke (1980) cuestionó la idea de que un nombre alcance su referente a través de una descripción que el hablante asocia. Un hablante puede referirse a Aristóteles con descripciones incompletas o erróneas, porque la referencia depende en parte de una cadena histórica y social. Putnam extendió esa transformación a los términos de sustancias y de clases naturales. La pregunta deja de ser solo cómo refiere un nombre propio y pasa a ser cómo obtiene su contenido un término como *agua*, *oro* o *artritis*. La respuesta externalista desplaza parte de la semántica desde los estados mentales del hablante hacia el entorno y la comunidad, lo que rompe con una imagen cartesiana del significado como algo determinado por completo desde dentro.

## Tierra Gemela

El experimento mental más conocido de Putnam (1973, 1975) imagina un planeta idéntico a la Tierra en casi todo, con ciudades, personas, idiomas y ríos equivalentes. El líquido que llena esos ríos no es H₂O y tiene otra composición, que Putnam abrevia como XYZ, indistinguible del agua en condiciones ordinarias. En 1750, antes de la química moderna, Oscar en la Tierra y su gemelo en Tierra Gemela son duplicados internos perfectos. Ambos dicen *agua* con las mismas imágenes mentales, las mismas creencias y la misma conducta. Putnam sostiene que la palabra de Oscar se refiere al H₂O y la de su gemelo al XYZ. El significado difiere aunque los estados internos coincidan.

La consigna de Putnam afirma que los significados no están en la cabeza. El entorno participa en la individuación del contenido. Por eso dos hablantes molecularmente idénticos pueden mantener relaciones referenciales distintas con el mundo. La diferencia no está en lo que piensan ni en lo que creen saber. Está en la sustancia con la que su comunidad ha estado en contacto y a la que sus usos del término se remontan.

Putnam criticó por eso las teorías en las que conocer la intensión de una palabra determina su extensión. La intensión asociada a *agua* podría ser la de un líquido transparente, insípido y potable que llena lagos y ríos. Tanto el H₂O como el XYZ satisfacen esa descripción superficial. Ese contenido conceptual no basta para fijar la extensión. La semántica debe incorporar una relación histórica con muestras paradigmáticas de la sustancia.

Un término de clase natural puede fijarse en parte mediante ostensión, cuando alguien señala una muestra y la llama agua. La comunidad usa entonces el término para referirse a lo que sea la misma sustancia que esa muestra. La ciencia puede descubrir más tarde que su microestructura es H₂O. La referencia se estabiliza así sobre una sustancia cuyo criterio profundo era inicialmente desconocido, lo que permite que la investigación descubra qué es aquello de lo que ya se hablaba. El experimento no afirma solo que existan dos líquidos parecidos. Afirma que un hablante de 1750 ya hablaba del H₂O sin poder saberlo. Una sustancia XYZ no sería agua aunque ocupara un papel superficialmente idéntico. Externalismo y designación rígida se refuerzan de este modo.

Putnam no eliminó toda información descriptiva asociada a las palabras. Introdujo la noción de estereotipo, que reúne los rasgos que un hablante competente asocia con un término, como que los tigres son felinos grandes y rayados. Un tigre albino o un tigre sin rayas por una anomalía genética sigue siendo un tigre. El estereotipo permite reconocer casos típicos y enseñar la palabra sin fijar por sí solo la extensión.

Conviene separar dos tesis que suelen mezclarse. La semántica externalista explica cómo un término conserva su referencia pese a la ignorancia del hablante. La tesis de que el H₂O es la naturaleza esencial del agua depende, además, de una metafísica de las clases naturales. No debe generalizarse a todos los términos, porque *democracia*, *inteligencia* o *trastorno* no parecen designar sustancias con una microestructura común. La estructura semántica depende del tipo de término.

## División del trabajo lingüístico

La mayoría de los hablantes no sabe química ni metalurgia. Alguien puede usar *aluminio* sin poder distinguirlo del molibdeno y hablar aun así del aluminio. Putnam explicó este hecho mediante la división del trabajo lingüístico. La comunidad distribuye el conocimiento. Algunos miembros pueden identificar las sustancias con precisión y los demás usan el término apoyándose en ellos. Putnam ilustró la idea con su propia incapacidad para distinguir un olmo de un haya, que no impide que su palabra *olmo* designe olmos, porque pertenece a una comunidad en la que otros sostienen la discriminación.

El hablante usa entonces la palabra con una actitud de deferencia, al querer decir con *olmo* lo mismo que llaman *olmo* los hablantes competentes de su comunidad. No necesita formular esa regla de manera consciente, porque se trata de una práctica. La deferencia no convierte a la comunidad en infalible, ya que los expertos se corrigen. Lo que muestra es que el hablante ordinario no fija de manera unilateral la extensión de sus términos.

La división del trabajo lingüístico es también epistémica. Un paciente usa *antibiótico* sin conocer los mecanismos de acción, un ciudadano usa *inflación* sin dominar la macroeconomía y un investigador de otro campo usa *entropía* sin manejar la termodinámica estadística. La comunidad permite un uso competente sin conocimiento exhaustivo. Queda abierta, sin embargo, la pregunta de cuánto debe saber alguien para usar realmente un término y no repetirlo sin más. El externalismo no elimina toda exigencia de competencia individual.

## Burge y el antiindividualismo

Burge (1979) sostuvo que el contenido mental puede depender de las prácticas lingüísticas de la comunidad. Su ejemplo clásico es el término *artritis*. Un hablante lo usa bien en muchos casos, aunque cree por error que la artritis puede afectar el muslo. Dice a su médico que tiene artritis en esa zona. El médico lo corrige al explicarle que la artritis es una inflamación de las articulaciones. El hablante tenía una concepción parcialmente equivocada. Su palabra y su pensamiento seguían siendo sobre la artritis, porque el error no cambia por sí solo el concepto.

El argumento se completa con un experimento contrafáctico. Imagínese una comunidad idéntica en todo salvo en que allí el término *artritis* se aplica a inflamaciones de articulaciones y de otros tejidos. El individuo contrafáctico es internamente idéntico al real, tiene la misma molestia en el muslo y pronuncia la misma frase. Su pensamiento versa, sin embargo, sobre esa otra condición más amplia que su comunidad designa con la misma palabra. Los estados internos son idénticos y el contenido difiere. El contenido mental queda individuado en parte por relaciones sociales. Este es el externalismo social, distinto del externalismo ambiental de Putnam.

El punto más importante de Burge es que el error conceptual no elimina el contenido. Una persona puede tener una comprensión incompleta de un concepto, aplicarlo mal en algunos casos y seguir pensando con él. La comunidad fija parte de las normas de aplicación, lo que permite distinguir tener un concepto de dominarlo por completo, una distinción esencial para el aprendizaje, la medicina y la ciencia. McGinn (1977) discutió cómo la interpretación de un hablante debe equilibrar la atribución de error con la atribución de contenido.

La práctica de deferencia se observa en la corrección misma. El hablante del caso de la artritis reconoce la autoridad lingüística del médico y admite que estaba usando mal la palabra, sin sostener que siempre quiso decir otro concepto. Acepta, además, que existía una respuesta correcta antes de que él la conociera, lo que aporta evidencia a favor del antiindividualismo.

Los dos externalismos se parecen sin ser idénticos. Putnam mantiene fija la mente y varía el mundo físico, con el resultado de que cambia la extensión. Burge mantiene fija la mente y varía la comunidad lingüística, con el resultado de que cambia el contenido del pensamiento. Ambos rechazan el individualismo semántico y atacan dimensiones distintas.

## Qué no afirma el externalismo

Una caricatura sostendría que el significado está por completo fuera del hablante. El estado interno sigue siendo importante, porque el hablante debe poseer alguna competencia, participar en la práctica, reconocer casos y responder a correcciones. La tesis externalista es más precisa. El estado interno no basta para determinar el contenido, que depende además del entorno, de la historia causal del término y de la comunidad. La discusión se refiere a la suficiencia de los factores internos y no a su irrelevancia.

Algunos filósofos respondieron distinguiendo el contenido amplio, individuado en parte por el entorno, del contenido estrecho, que dependería solo de factores internos. Fodor (1980) defendió que la psicología científica debe individuar los estados mentales por sus propiedades internas, porque son las que intervienen en la causación de la conducta. La noción de contenido estrecho intenta explicar lo que Oscar y su gemelo comparten. Definirla ha resultado difícil. Podría tratarse de algo como el líquido transparente del entorno del hablante, aunque esa formulación pierde la referencia específica que el contenido ordinario tiene. Segal (2000) defendió una versión internalista del contenido, mientras que Stalnaker (1990) analizó qué papel puede cumplir el contenido estrecho dentro de una teoría más amplia, en un debate que sigue abierto.

La distinción tiene consecuencias para la explicación psicológica. Si Oscar y su gemelo reciben el mismo estímulo, producirán probablemente la misma conducta local. Una explicación causal de esa conducta puede apelar a los estados internos compartidos. Caracterizar qué piensan exige, en cambio, el contenido amplio, que los distingue. Una teoría psicológica y una teoría semántica pueden trabajar con niveles distintos sin ser rivales, algo que Burge (1986) discutió al examinar en qué medida la psicología científica individúa sus estados de manera antiindividualista.

## Externalismo y autoconocimiento

Surge aquí una paradoja aparente. Si el contenido de un pensamiento depende del entorno, cabe preguntar cómo puede el sujeto saber sin investigación qué está pensando. Burge (1988) sostuvo que el acceso privilegiado a los propios pensamientos es compatible con el antiindividualismo, porque el sujeto piensa su pensamiento con los mismos conceptos que lo constituyen, sin necesidad de conocer la química para saber que piensa que el agua está fría. McKinsey (1991) formuló la objeción más discutida, al señalar que combinar el externalismo con el acceso privilegiado parecería permitir deducir a priori hechos sobre el entorno, algo que ninguna de las dos tesis pretende.

La respuesta distingue dos cosas. Alguien puede saber que cree tener artritis en el muslo sin saber que la artritis solo afecta articulaciones. El autoconocimiento identifica el propio pensamiento bajo el concepto que se usa sin garantizar un dominio teórico completo de ese concepto, lo que preserva la posibilidad del error conceptual. La autoridad de la primera persona no fija de manera independiente la extensión de los términos, porque el sujeto sabe que piensa algo sin determinar por sí solo qué significa cada palabra que usa.

## Ciencia, expertos y cambio conceptual

El lenguaje científico funciona con una división del trabajo muy marcada. Un investigador puede usar *bosón de Higgs* confiando en instrumentos, colaboraciones, revisiones y resultados que no produjo. El contenido referencial se distribuye entre muchos agentes e instituciones. La división del trabajo lingüístico se convierte en una división del trabajo científico.

La deferencia no vuelve infalibles a los expertos. Una comunidad médica puede clasificar mal una enfermedad y corregirse después. El externalismo sostiene que la práctica comunitaria fija parte del contenido. Nada garantiza que la comunidad tenga siempre razón sobre el mundo. La normatividad social y la verdad científica siguen siendo dimensiones distintas, porque una práctica puede fijar un uso estable y sostener a la vez creencias falsas sobre su referente.

Cuando una enfermedad identificada por síntomas se divide después en dos mecanismos distintos, pueden ocurrir varias cosas. El término puede conservarse para una de las entidades, puede abandonarse, puede pasar a designar un grupo de condiciones o puede quedar como categoría clínica sin estatuto etiológico. No hay una regla semántica universal, porque la historia del término y la práctica científica determinan parte de la respuesta.

## Aplicaciones clínicas

El término *delirio* se aprende dentro de una comunidad profesional, con manuales, formación y supervisión. Un clínico en formación puede aplicarlo a una preocupación intensa. La corrección de sus supervisores indica que no domina todavía los criterios. Desde Burge, ese clínico usa el mismo concepto de manera imperfecta y no otro distinto. La comunidad profesional fija las normas de corrección. Conviene recordar, además, que en español *delirio* designa la idea delirante, mientras que el *delirium* nombra un estado confusional agudo, dos conceptos que la semejanza de las formas confunde con facilidad.

El paciente no tiene por qué deferir al clínico en todo. Si usa *ataque de pánico* para describir una crisis de ansiedad que no cumple los criterios técnicos, conviene evitar la conclusión de que uno de los dos usos es simplemente incorrecto, porque pueden coexistir un uso técnico y un uso experiencial con propósitos distintos. La deferencia hacia los expertos depende del dominio y del propósito. El externalismo social no autoriza un imperialismo terminológico.

La documentación clínica transforma a menudo el lenguaje del paciente. Cuando alguien dice que le da una crisis de angustia y la nota registra ataques de pánico, la reformulación introduce un término técnico con criterios definidos. Si esos criterios no se verificaron, la nota atribuye al paciente una afirmación que no hizo. La comunidad profesional tiene autoridad terminológica y debe usarla con responsabilidad, porque la división del trabajo lingüístico crea una asimetría de poder semántico. Conservar las palabras del paciente junto a la categoría aplicada protege contra la sobreclasificación.

Algo semejante ocurre en la traducción de expresiones de otras lenguas. Una palabra que designa una experiencia de malestar dentro de una práctica cultural específica no equivale sin más a *depresión*, porque el contenido depende del uso, de las prácticas comunitarias y de la autoridad interpretativa dentro de esa comunidad. La equivalencia requiere examinar quién usa el término, con qué propósito y bajo qué normas.

Los significados también cambian por la acción de las comunidades afectadas. Los términos sobre discapacidad, diversidad, identidad y enfermedad mental se han transformado por iniciativa de los propios grupos, que discuten cómo quieren ser nombrados. La autoridad semántica no pertenece solo a los expertos. El externalismo social debe evitar una imagen jerárquica simple de la comunidad lingüística.

## Límites y críticas

La idea de deferencia hacia expertos funciona bien para sustancias, especies y términos técnicos. No todos los términos tienen expertos claros, porque no existe una autoridad reconocida sobre *juego*, *amistad* o *dignidad*, cuyos usos la comunidad regula sin una élite epistémica definida. No toda semántica social se reduce por eso a la deferencia hacia los expertos.

El antiindividualismo de Burge tampoco se limita a los términos médicos. Su extensión a conceptos cotidianos plantea una dificultad. Cuanto menos institucionalizada está una palabra, más difícil es identificar qué norma comunitaria fija su aplicación. Las comunidades contienen desacuerdo, variación y cambio. La teoría necesita por eso una noción flexible de práctica lingüística y no la invocación de la comunidad como entidad homogénea. Si dos comunidades usan la misma forma con extensiones distintas, la semántica debe admitir variación dialectal y sociolectal, porque no siempre hay una única comunidad lingüística pertinente. Un hablante pertenece a la vez a su familia, su profesión, su región y su generación. La individuación social del contenido puede ser multicapa.

El argumento de Tierra Gemela depende de intuiciones modales y semánticas. Alguien puede sostener que en Tierra Gemela *agua* significa el líquido acuoso local y no una sustancia con microestructura determinada. La fuerza del experimento depende de la teoría de los términos naturales que se adopte, porque es un argumento filosófico apoyado en intuiciones sobre el uso y la referencia, distinto de una demostración.

Los términos de clase natural tampoco se comportan todos igual. El caso del jade es ilustrativo, porque la categoría agrupa dos minerales distintos, la jadeíta y la nefrita, sin una microestructura común. La externalidad del significado puede ser correcta sin que cada palabra corresponda a una esencia microestructural única.

La autoridad social plantea un problema adicional cuando la comunidad está dividida, como ocurre con los términos diagnósticos discutidos o con las palabras cuyo uso cambia por razones políticas. La respuesta no puede consistir en afirmar que una de las comunidades tiene el significado verdadero, porque hace falta identificar qué prácticas, en qué contextos y con qué propósitos fijan el uso. El externalismo social debe convivir con la variación lingüística.

El externalismo tampoco elimina la interpretación. Aunque el entorno contribuya a fijar la referencia, los hablantes deben interpretar usos concretos, porque *agua* puede aparecer en contextos en los que designa una bebida, una muestra de laboratorio o una metáfora. El externalismo responde a la pregunta por la determinación de la extensión sin resolver por sí solo la interpretación situada, de la que debe ocuparse otro nivel de la teoría.

## Inteligencia artificial y anclaje externo

Un modelo de lenguaje puede aprender que *agua* aparece junto a *beber*, *río*, *líquido* y *sed*, lo que no basta para explicar la referencia. En Tierra Gemela, un corpus local sería distribucionalmente idéntico al terrestre y las palabras referirían a sustancias distintas. La diferencia reside en la relación con el entorno, lo que plantea un desafío a las semánticas puramente distribucionales. La distribución puede aproximar el uso sin garantizar el anclaje externo.

Los sistemas de inteligencia artificial dependen, además, de una división epistémica enorme, porque su vocabulario procede de textos producidos por comunidades de expertos y de hablantes. Cuando un modelo usa *artritis*, hereda el término de esa práctica sin mantener la misma relación institucional que un médico. Puede repetirlo sin autoridad profesional ni responsabilidad clínica. Un sistema que consulta bases de datos, calculadoras o buscadores obtiene además parte de su contenido de recursos externos, lo que recuerda al externalismo y a la cognición distribuida. La analogía es funcional. No conviene proyectar sin más las teorías filosóficas sobre la mente humana a sistemas técnicos.

## Los casos de la artritis y del agua

Un hablante dice que tiene artritis en el muslo y cree que la artritis es una enfermedad inflamatoria que puede afectar varias zonas. Su duplicado interno, en una comunidad donde la palabra cubre también inflamaciones de otros tejidos, dice exactamente lo mismo. El primer pensamiento es una aplicación errónea de un concepto compartido, mientras que el segundo puede ser verdadero en su comunidad. La diferencia no procede de la introspección, porque procede de las normas lingüísticas vigentes en cada comunidad.

Oscar dice que el agua está fría y su gemelo dice exactamente lo mismo en Tierra Gemela. Sus estados internos coinciden y su entorno difiere, porque uno está rodeado de H₂O y el otro de XYZ. La forma lingüística es idéntica, la experiencia subjetiva es idéntica y la referencia difiere. Este es el argumento más compacto contra el individualismo semántico.

## Quine, Kripke, Putnam y Burge

Quine sostuvo que la evidencia conductual no determina una traducción única y desconfió de los hechos semánticos que no producen diferencias observables. Putnam y Burge sostienen, en cambio, una forma de determinación externa del contenido. Las posiciones no son simplemente opuestas, porque Putnam heredó de Quine el naturalismo y la desconfianza hacia las esencias conceptuales internas. Rechazó, con todo, parte de su deflacionismo semántico. El externalismo intenta recuperar la objetividad referencial sin volver al internalismo descriptivista.

La progresión desde Kripke es clara. Kripke mostró que los nombres propios designan de manera rígida mediante cadenas históricas y no mediante descripciones. Putnam extendió el planteamiento a los términos de sustancias y clases naturales, con el entorno físico como factor determinante de la extensión. Burge lo extendió al contenido mental, con la comunidad lingüística como factor determinante de los conceptos con que pensamos. El recorrido desplaza el significado desde la mente individual hacia la historia, el mundo y la práctica social.

## Qué fija el contenido de un término

Lo que fija el contenido de un término puede estar en el entorno, en la historia causal o en la comunidad, con un peso distinto según el caso. El análisis examina si el hablante domina el concepto o lo usa con deferencia, así como quién tiene la autoridad sobre su aplicación. El estereotipo asociado al término debe distinguirse de aquello que fija su extensión. La tesis semántica, a su vez, debe separarse de la tesis metafísica sobre esencias. Muchos términos del lenguaje ordinario y de la clínica carecen de expertos reconocidos o circulan en varias comunidades a la vez, lo que limita el alcance de la deferencia como explicación.

Kripke, Putnam y Burge trasladaron la determinación del contenido hacia el mundo y la comunidad. El capítulo 100 examina la propuesta de Davidson, que intenta explicar el significado mediante una teoría de la verdad y la interpretación de otro hablante desde cero.

## Referencias

Burge, T. (1979). Individualism and the mental. *Midwest Studies in Philosophy*, *4*(1), 73-121.

Burge, T. (1986). Individualism and psychology. *The Philosophical Review*, *95*(1), 3-45.

Burge, T. (1988). Individualism and self-knowledge. *The Journal of Philosophy*, *85*(11), 649-663.

Fodor, J. A. (1980). Methodological solipsism considered as a research strategy in cognitive psychology. *Behavioral and Brain Sciences*, *3*(1), 63-73.

Kripke, S. A. (1980). *Naming and necessity*. Harvard University Press.

McGinn, C. (1977). Charity, interpretation, and belief. *The Journal of Philosophy*, *74*(9), 521-535.

McKinsey, M. (1991). Anti-individualism and privileged access. *Analysis*, *51*(1), 9-16.

Putnam, H. (1973). Meaning and reference. *The Journal of Philosophy*, *70*(19), 699-711.

Putnam, H. (1975). The meaning of "meaning". En *Mind, language and reality: Philosophical papers* (Vol. 2, pp. 215-271). Cambridge University Press.

Segal, G. (2000). *A slim book about narrow content*. MIT Press.

Stalnaker, R. (1990). Narrow content. En C. A. Anderson y J. Owens (Eds.), *Propositional attitudes: The role of content in logic, language, and mind* (pp. 131-145). CSLI.

