# Capítulo 96. Intención, comunicación y racionalidad en Grice

## Qué hace que una conducta signifique algo

Ana deja deliberadamente las llaves sobre la mesa para que Pedro comprenda que puede usar el auto. En otra situación, Ana deja las llaves por descuido y Pedro infiere que puede usarlo. En ambos casos Pedro llega a la misma conclusión, aunque solo en el primero existe una intención comunicativa. La diferencia no está en el objeto físico. Está en la estructura de la acción. Paul Grice intentó explicar esa diferencia. Su pregunta central fue qué significa que alguien quiera decir algo mediante una conducta.

El proyecto de Grice no comienza con las palabras. Comienza con el significado no natural y con la intención del hablante. Una señal significa algo cuando se produce con una intención cuya reconocibilidad cumple un papel en la respuesta del oyente. Grice intentó después conectar este nivel individual con el significado convencional, las prácticas conversacionales, las implicaturas y la racionalidad cooperativa. El capítulo 77 introdujo estas ideas desde la pragmática. Aquí se reconstruyen como parte de una teoría filosófica del significado.

## Significado natural y no natural

Grice (1957) comenzó distinguiendo dos usos del verbo *significar*. En *Esas manchas significan sarampión*, la relación es indicativa o natural y no depende de ninguna intención. Si las manchas significan sarampión en ese sentido, sería contradictorio añadir que el paciente no tiene sarampión, porque la relación es factiva. El signo es una evidencia natural, del mismo modo en que el humo indica fuego sin que nadie lo haya producido para comunicar algo.

En otro ejemplo de Grice, tres toques del timbre de un autobús significan que el autobús está lleno. La relación depende aquí de una convención, como la que une la palabra *perro* con cierta clase de animal. La conexión es lingüística o social y no causal. Grice llamó a este dominio significado no natural. Una señal puede tener significado no natural aunque su contenido sea falso. Quien dice *Está lloviendo* significa que llueve aunque no esté lloviendo. El conductor pudo, del mismo modo, tocar tres veces el timbre por error. La posibilidad de falsedad separa la comunicación de la indicación natural.

## Causar una respuesta no basta

Producir intencionalmente una creencia en otra persona no basta para significar algo. En un ejemplo de Grice, alguien deja el pañuelo de B cerca del lugar de un crimen para que el detective crea que B es el asesino. Hay intención de producir una creencia y falta, sin embargo, el significado no natural, porque el éxito depende de que el detective trate el pañuelo como evidencia independiente. El agente no quiere que el detective piense que alguien quiere hacerle creer algo. Quiere ocultar esa intención. La acción puede ser engañosa sin ser comunicativa en el sentido de Grice.

En la comunicación abierta, la estructura cambia. Cuando Ana dice *Estoy en casa*, quiere que Pedro crea que está en casa. Quiere, además, que Pedro reconozca que ella quiere producir esa creencia. Quiere también que ese reconocimiento forme parte de su razón para creerlo. El reconocimiento de la intención es parte del mecanismo. La comunicación es reflexiva, porque además de producir una respuesta hace visible que pretende producirla.

Grice distinguió también mostrar de decir. Si alguien enseña a un marido una fotografía de su esposa en actitud íntima con otro hombre, la fotografía produce la creencia por sí misma, sea cual sea la intención de quien la muestra. Si alguien dibuja esa misma escena, el dibujo solo produce la creencia si el observador reconoce la intención del dibujante. Solo el segundo caso es significado no natural, porque el reconocimiento de la intención cumple un papel en la respuesta.

## Intenciones del hablante

Las versiones maduras de la teoría precisan esta estructura (Grice, 1969). Un hablante quiere decir algo mediante una emisión cuando la produce con la intención de que el oyente dé cierta respuesta, de que reconozca esa intención y de que ese reconocimiento funcione como parte de su razón para responder. La arquitectura permite separar la comunicación de la manipulación encubierta, de la evidencia natural, de la causación accidental y de la influencia no reconocida. Abre, en cambio, nuevos problemas, porque no queda claro cuántos niveles de intención son necesarios, si un niño pequeño puede satisfacerlos o si una rutina convencional puede funcionar sin esa reflexividad explícita.

No toda comunicación busca producir una creencia. *Está lloviendo* puede buscar que el oyente crea algo, mientras que *Cierra la puerta* busca que haga algo. Una definición general del significado del hablante debe admitir distintos tipos de respuesta, como creencias, acciones, actitudes o reconocimientos. Esta ampliación acerca el programa de Grice a las teorías de Austin y de Searle.

La reflexividad distingue la comunicación ostensiva de otras formas de coordinación. Una alarma automática puede causar una evacuación sin que haga falta atribuirle una intención comunicativa humana. Cuando una persona grita *¡Fuego!*, en cambio, quiere que los demás reconozcan que advierte y que actúen en parte por ese reconocimiento.

## Mentira y manipulación

Una mentira puede seguir siendo comunicación. Quien dice *No tomé el dinero* quiere que el oyente reconozca que afirma no haberlo tomado. La intención comunicativa es abierta, mientras que permanece oculta la intención de engañar sobre la verdad del contenido. La mentira no elimina el significado del hablante, porque separa la comunicación abierta de la veracidad.

La publicidad subliminal plantea el caso contrario. Un estímulo puede influir en la conducta sin que el receptor reconozca una intención comunicativa. Grice tendría razones para no considerarlo un caso paradigmático de significado no natural. Esto no niega que haya influencia social. Muestra que la influencia sin reconocimiento de la intención es distinta de la comunicación, una distinción útil para separar la comunicación, la persuasión abierta, la manipulación, la publicidad encubierta y la influencia algorítmica.

## Intenciones de orden superior

Las primeras formulaciones de Grice enfrentaron contraejemplos. Strawson (1964) describió casos en los que el hablante quiere que el oyente reconozca su intención de primer orden y, al mismo tiempo, oculta una intención de segundo orden, de modo que la comunicación sigue siendo en parte encubierta. Para excluir esos casos, la teoría añadió intenciones de orden superior, lo que abre el riesgo de un regreso infinito, en el que cada intención requiere otra intención de que sea reconocida. Strawson puso el acento en que la intención comunicativa debe ser abierta. No basta que el oyente pueda descubrirla por accidente, porque el hablante debe querer que su intención se reconozca como parte de la acción. La noción de intención abierta será central en teorías posteriores, según las cuales comunicar implica exponer la intención.

Schiffer (1972) desarrolló el programa de Grice de manera extensa. Intentó especificar las condiciones necesarias y suficientes del significado del hablante, las estructuras de conocimiento mutuo, las condiciones de reconocimiento y la relación entre la intención y la convención. Bennett (1976) exploró cómo podrían surgir convenciones lingüísticas a partir de la comunicación intencional. Estos trabajos muestran cuán difícil es reducir el significado a una fórmula intencional simple, porque cada contraejemplo obliga a añadir condiciones. La pregunta metodológica es si la complejidad indica profundidad explicativa o que la reducción no puede completarse. El debate sigue abierto. La influencia del programa no depende de que exista una definición final indiscutida.

## Significado del hablante y significado de la oración

El significado del hablante es ocasional y situado, a diferencia del significado de la oración. *Hace frío aquí* significa literalmente que la temperatura del lugar es baja. El hablante puede querer decir que se cierre la ventana. La distinción permite explicar la indirección sin multiplicar los significados léxicos.

Grice (1968) intentó explicar cómo se pasa del significado ocasional del hablante al significado estable de una expresión. Una expresión tiene significado convencional cuando una comunidad dispone de procedimientos relativamente estables para usarla con determinadas intenciones. La dirección reductiva invierte una intuición habitual. Grice no partió de un código lingüístico previo para explicar la comunicación. Intentó explicar el código a partir de patrones de comunicación intencional. En trabajos posteriores habló de procedimientos que los hablantes tienen en sus repertorios, lo que permite conectar la intención individual, la regularidad de uso, la convención social y el significado de las palabras. La teoría no puede prescindir de las convenciones, porque los hablantes necesitan procedimientos compartidos para que sus intenciones sean reconocibles con bajo costo. La cuestión es cuál de los dos niveles tiene prioridad explicativa.

Austin puso el acento en los actos convencionales y Grice en la intención. Ante *Te prometo que iré*, Austin preguntaría qué procedimiento convencional se invoca. Grice preguntaría qué intención comunicativa debe reconocer el oyente. En una promesa importan ambos niveles. La intención privada no basta para crear una promesa si ninguna conducta la hace pública. Una fórmula convencional sin intención puede, a su vez, producir un acto defectuoso o insincero. La teoría contemporánea necesita integrar la convención, la intención y la práctica social.

## De la intención a la conversación

Si el hablante puede querer decir más de lo que dice la oración, cabe preguntar cómo sabe el oyente qué contenido adicional debe inferir. Grice (1975) respondió con su teoría de la conversación. La comunicación racional presupone que los participantes interpretan las contribuciones como orientadas a una actividad conjunta, lo que da lugar al principio de cooperación. El principio no define el significado del hablante desde cero. Explica cómo se recuperan contenidos implícitos dentro de una interacción.

Grice entendió la conversación como una forma de conducta racional cooperativa. La cooperación no implica amabilidad, acuerdo, ausencia de conflicto ni altruismo. Implica que los participantes actúan con expectativas suficientes para que la interpretación sea posible. Incluso una discusión hostil sigue reglas inferenciales. Si toda contribución fuera arbitraria, faltaría una base para inferir. La racionalidad permite reconstruir por qué un hablante eligió cierta forma.

La formulación clásica del principio pide que la contribución sea la requerida, en el momento en que se produce, por el propósito o la dirección aceptados del intercambio. Esta idea se desarrollará más tarde en la teoría de las preguntas en discusión, estudiada en el capítulo 81. Grice no formalizó una estructura de preguntas. Reconoció, con todo, que la pertinencia depende del propósito de la interacción.

## Las máximas

Las máximas de cantidad piden que la contribución sea tan informativa como se requiere y no más. Explican inferencias como la que pasa de *algunos* a *no todos*. Si el hablante pudo decir *todos* y dijo *algunos*, el oyente puede inferir que no estaba en condiciones de afirmar lo más fuerte. El razonamiento depende también de la competencia epistémica del hablante, además del contraste léxico, un problema que desarrolló el capítulo 78.

Las máximas de calidad piden no decir lo que se cree falso ni aquello para lo que se carece de evidencia adecuada. Si alguien afirma *Pedro está en Santiago*, el oyente puede inferir que el hablante cree que Pedro está en Santiago y que tiene alguna razón para creerlo. La máxima es una norma conversacional y no una teoría completa de la justificación epistémica.

La máxima de relación se resume en la exigencia de ser pertinente. Grice no definió la pertinencia de manera exhaustiva. Una contribución aparentemente indirecta se interpreta buscando una conexión. Si alguien pregunta *¿Vendrá Ana?* y otro responde *Tiene guardia*, el oyente reconstruye que la guardia impide o dificulta la asistencia. La relación se obtiene mediante conocimiento del contexto. Sperber y Wilson transformaron esta intuición en una teoría completa de la relevancia (Wilson y Sperber, 2012).

Las máximas de manera se refieren a cómo se expresa la contribución y piden evitar la oscuridad y la ambigüedad, ser breve y ser ordenado. A diferencia de las demás, dependen de la forma. Grice contrastó *La señorita X cantó "Home sweet home"* con *La señorita X produjo una serie de sonidos que se correspondían de cerca con la partitura de "Home sweet home"*. El contenido descriptivo es cercano, aunque la segunda formulación sugiere un juicio negativo sobre la interpretación. Por eso las implicaturas de manera, a diferencia de las demás, pueden desaparecer si se reformula la emisión.

## Modos de no cumplir una máxima

Grice distinguió varios modos de no seguir una máxima. En la violación, el hablante incumple de manera encubierta, como ocurre en la mentira respecto de la calidad. En la explotación, el incumplimiento es ostensible y el oyente debe buscar una interpretación adicional, como en la ironía *Qué brillante*. En la exclusión, el hablante declara que no puede cumplir, como en *No puedo comentar ese asunto*. En el conflicto, dos máximas entran en tensión. En el ejemplo de Grice, alguien pregunta dónde vive C y otro responde *En algún lugar del sur de Francia*. La respuesta es menos informativa de lo requerido, porque el hablante no podría ser más preciso sin afirmar algo para lo que no tiene evidencia. Estas diferencias muestran que no toda desviación produce implicatura y que no toda implicatura requiere una violación literal.

Una implicatura debe poder reconstruirse de manera racional. Esto no significa que el oyente ejecute de manera consciente un silogismo. Significa que puede explicarse por qué el oyente interpreta cierta intención, por qué el hablante eligió esa forma y por qué la inferencia es razonable dado el principio de cooperación. La reconstrucción normativa tiene aproximadamente la forma siguiente. El hablante dijo algo. Si solo quisiera decir eso, violaría cierta máxima. Supongo que coopera. Para ser cooperativo debe pensar algo más, sabe que puedo inferirlo y no hizo nada para impedirlo. Luego implica ese contenido adicional.

## Reconstrucción racional y procesamiento

Grice propuso una reconstrucción racional y una justificación normativa de las inferencias. La psicolingüística pregunta, en cambio, cuánto tarda la inferencia, qué información se activa, qué recursos cognitivos se usan y cuándo aparece el contenido implícito. Un oyente puede interpretar *Tengo guardia* casi de inmediato como una negativa, sin formular mentalmente las premisas de la reconstrucción. La teoría explica por qué la inferencia es razonable, mientras que otra teoría debe explicar cómo la calcula el cerebro. Neale (1992) examinó con detalle el estatuto de esta reconstrucción dentro de la filosofía de Grice.

La teoría presupone interlocutores suficientemente racionales. Las personas reales se cansan, se distraen, interpretan de manera egocéntrica, usan heurísticas, cometen errores y siguen normas culturales diversas. Cabe preguntar cuánto de la teoría describe competencia ideal, cuánto conducta real y cuánto normas de interpretación. Una respuesta trata las máximas como principios normativos y heurísticos, distintos de las leyes psicológicas, aunque entonces la conexión con el procesamiento empírico queda abierta.

Las normas conversacionales varían. Keenan (1976) describió comunidades malgaches en las que los hablantes suelen retener información sin que eso genere las inferencias que la máxima de cantidad predeciría, porque compartir cierta información puede comprometer al hablante. El hallazgo no refuta necesariamente a Grice. Obliga a distinguir la racionalidad general de la comunicación de la manera en que cada comunidad fija las expectativas de cantidad, cortesía, franqueza o indirección, lo que exige incorporar parámetros culturales a la teoría.

## Ironía, metáfora y actos indirectos

En la ironía, el hablante que dice *Gracias por avisar a tiempo* a alguien que avisó tarde quiere que el oyente reconozca que no agradece literalmente. Si el oyente interpreta la emisión de manera literal, la comunicación falla. Estos significados dependen del reconocimiento de la intención, del tono, del conocimiento compartido y de la relación entre los participantes, una dimensión que Grice captó con especial fuerza. El capítulo 86 examinó las teorías posteriores de la ironía.

En *Juan es un robot*, el hablante no espera que el oyente acepte que Juan es literalmente una máquina. Pretende que reconstruya una lectura pertinente. Grice trató la metáfora como una explotación de la máxima de calidad. Las teorías posteriores sostienen que algunas metáforas se procesan directamente mediante el ajuste de conceptos, sin una interpretación literal previa (capítulo 87). La pregunta es si la metáfora requiere primero una violación literal. La evidencia no obliga a una respuesta única. La teoría de Grice puede, con todo, sobregeneralizar un modelo de literalidad previa.

*¿Puedes cerrar la puerta?* es literalmente una pregunta sobre la capacidad del oyente y puede funcionar como petición. Una explicación griceana sostiene que la pregunta sería poco pertinente como consulta sobre una capacidad obvia. El oyente infiere entonces que el hablante quiere que cierre la puerta. Searle desarrolló una teoría de los actos indirectos, estudiada en el capítulo 95. El principio de la intención reconocible es central en ambas explicaciones.

## Error, intención privada y restricción pública

Un hablante puede intentar comunicar algo y fracasar, por ejemplo si usa una palabra equivocada. Si el oyente no recupera la intención, el significado pretendido y la recepción se separan, algo útil para analizar los malentendidos. Una teoría del significado público no puede depender solo de la intención privada, porque la comunicación necesita restricciones convencionales.

Davidson (1986) usó los malapropismos para desafiar la idea de que la comunicación depende de convenciones previas y compartidas. Su ejemplo procede de la señora Malaprop, que dice *una bonita perturbación de epitafios* cuando quiere decir *una bonita disposición de epítetos*. Aun así, es comprendida. El oyente reconstruye la intención a partir del contexto. Desde Grice, el caso muestra que el significado del hablante puede superar el error léxico si la intención es recuperable. Si cualquier intención pudiera determinar el significado, la comunicación sería imposible. Si alguien dice *perro* queriendo decir *planeta* y nada en el contexto permite recuperar esa intención, la comunicación fracasa. La intención debe ser reconocible, estar respaldada por evidencia y ser coherente con el contexto y el repertorio compartido. Grice no era un subjetivista extremo, porque el hablante no puede significar cualquier cosa con cualquier signo en cualquier situación.

Para que una intención sea reconocible, el hablante se apoya en información compartida. *Está afuera* comunica algo distinto según quién sea el referente, qué afuera sea pertinente, qué acción esté en curso y qué sepa el oyente. Grice no formalizó el terreno común estudiado en el capítulo 80, que su teoría presupone. La comunicación exitosa requiere estimar el conocimiento disponible para el oyente. La teoría de las preguntas en discusión puede verse, de manera semejante, como una formalización posterior de lo que en Grice aparecía como propósito conversacional. Las dos teorías no son idénticas, porque una propone principios de racionalidad y la otra organiza alternativas en el discurso.

## Economía, determinación y responsabilidad

Una virtud del programa es que evita inflar el léxico. Si *algunos* tuviera un significado de *al menos uno* y otro de *no todos*, el léxico se multiplicaría, mientras que la segunda lectura puede derivarse pragmáticamente. Grice formuló este criterio como una navaja de Occam modificada, según la cual los sentidos no deben multiplicarse más allá de lo necesario (Grice, 1989). La economía fue muy influyente y tiene un límite. Si demasiados fenómenos se derivan de manera pragmática, la inferencia puede sobrecargarse. La frontera con la semántica debe decidirse empíricamente.

Una emisión puede admitir varias inferencias racionales. *Está tarde* puede comunicar que hay que irse, que ya no conviene empezar algo, que alguien se atrasó o que la reunión debe terminar. La racionalidad restringe el espacio de interpretaciones sin producir siempre una solución única, porque se necesitan el contexto, el terreno común, la pregunta en discusión, la relación entre los participantes y la historia de la interacción. La pragmática debe aceptar cierta indeterminación. La comunicación puede tener suficiente éxito sin una identidad total de interpretaciones.

Un hablante que produce una expresión ambigua no es necesariamente responsable de todas las inferencias previsibles. Una implicatura fuerte requiere una intención comunicativa suficientemente dirigida. Una inferencia idiosincrática del oyente no se convierte automáticamente en significado del hablante. La teoría obliga a distinguir lo que el hablante dijo, lo que implicó, lo que el oyente infirió y lo que el oyente atribuyó, algo importante en el análisis jurídico, clínico y cotidiano.

## Aplicaciones clínicas, científicas y jurídicas

Un paciente que dice *No puedo seguir así* puede querer decir que está agotado, que necesita cambiar algo, que desea un alivio, que tiene ideación suicida o que no puede continuar un tratamiento. Ninguna de estas inferencias debe registrarse como significado del paciente sin evidencia. La pregunta *¿Qué quiere decir con que no puede seguir así?* busca recuperar el significado pretendido y debe complementarse con una pregunta directa sobre ideación suicida, porque la evidencia indica que preguntar por el suicidio no aumenta la ideación (Dazzi et al., 2014). La entrevista clínica necesita pasar de las inferencias posibles a la clarificación compartida. El error documental aparece cuando una inferencia del clínico se registra como contenido del paciente.

En un artículo, *Los resultados son consistentes con un efecto* puede comunicar que los datos no refutan el efecto, que la evidencia es compatible con él o que la hipótesis sigue siendo plausible. Un lector puede inferir que el efecto quedó demostrado. La frase facilita esa inferencia sin contenerla. La escritura científica rigurosa debe calibrar la distancia entre lo dicho, lo sugerido y lo que el lector probablemente inferirá. La teoría de Grice da un vocabulario preciso para esa revisión.

En los contratos y los testamentos, una pregunta difícil es cuánto peso dar a las palabras, a la intención, al contexto, a las convenciones y a la expectativa razonable de las partes. Una teoría puramente griceana privilegiaría el significado del hablante. Las instituciones necesitan, en cambio, estabilidad pública. Por eso el derecho limita cuánto puede depender la interpretación de intenciones privadas no expresadas. La tensión entre el significado del hablante, el significado público y la estabilidad institucional muestra que Grice explica la comunicación ordinaria sin resolver por sí solo la hermenéutica jurídica.

## Inteligencia artificial e intención comunicativa

Cuando un sistema genera *Te recomiendo X*, el usuario puede atribuirle un acto de recomendación. No debe suponerse, sin embargo, que exista una intención comunicativa en el sentido de Grice. Un modelo puede producir secuencias que los humanos interpretan como comunicativas sin tener estados intencionales equivalentes a los humanos. Conviene distinguir la interpretación que hace el usuario, la función de la salida y la atribución de intenciones internas. La teoría de Grice puede describir cómo interpreta el usuario la salida, sin demostrar la arquitectura mental del sistema.

Los modelos pueden, a su vez, inferir de manera funcional las intenciones del usuario. Si alguien pregunta *¿Puedes hacerlo más corto?*, el sistema reconstruye una petición de acortar el texto, lo que se parece a un análisis griceano de un acto indirecto. El desempeño puede surgir, sin embargo, de patrones aprendidos. Una inferencia exitosa no prueba que el sistema represente intenciones de orden superior. El desempeño y el mecanismo siguen siendo cuestiones distintas.

## La cena y la cirugía

A pregunta *¿Vienes a la cena?* y B responde *Mañana tengo cirugía a las seis*. B dice que tiene una cirugía temprano al día siguiente. La pregunta en discusión es si B asistirá a la cena. La respuesta sería extraña si no estuviera relacionada con la invitación. Por la máxima de relación, A infiere que B probablemente no asistirá. La inferencia es cancelable, porque B podría añadir *Pero iré de todos modos y me retiraré temprano*, lo que muestra que no se trataba de una implicación lógica. El ejemplo reúne el significado del hablante, la cooperación, la pertinencia, la implicatura, la cancelabilidad y el terreno común.

## Grice entre Austin y Wittgenstein

Wittgenstein puso el acento en el uso, las reglas, las prácticas y las formas de vida. Austin lo puso en los actos convencionales, las condiciones de felicidad y las fuerzas ilocutivas. Grice lo puso en la intención, el reconocimiento, la racionalidad y la inferencia. Las tres perspectivas rechazan reducir el lenguaje a una correlación entre palabras y objetos, aunque priorizan dimensiones distintas, como la práctica social, la acción convencional y la intención racional. La filosofía del lenguaje contemporánea se construye en gran medida sobre la tensión entre esos niveles.

El programa enfrenta varios desafíos. Las intenciones de orden superior pueden parecer demasiado exigentes, el lenguaje público no se reduce con facilidad a la intención individual y algunos casos intuitivos de comunicación no parecen satisfacer metaintenciones fuertes. Varias inferencias pueden ser igualmente racionales, las normas conversacionales varían entre culturas y la reconstrucción racional no es un modelo temporal del procesamiento. La conducta comunicativa puede aparecer, además, sin una intención humana tradicional. Aun así, el programa sigue siendo básico, porque distingue con precisión lo dicho, lo implicado, lo querido decir, lo inferido y lo influido de manera encubierta.

## Preguntas griceanas ante una emisión

Ante una emisión, la teoría de Grice separa lo que significa la oración de lo que quiere decir el hablante. La intención comunicativa se examina después, con la respuesta que busca, su carácter abierto y la necesidad de que el oyente la reconozca. Las máximas en juego permiten formular la implicatura posible, comprobar si es cancelable y precisar qué terreno común presupone. La comunicación debe distinguirse de la influencia encubierta. Atribuir al hablante intenciones que la evidencia no respalda convierte una teoría intencionalista en una psicología adivinatoria.

Grice explicó el significado a partir de intenciones reconocibles dentro de una interacción. Quine, cuya crítica ocupa el capítulo 97, puso en duda que la evidencia disponible determine siquiera qué significa una expresión, con sus tesis de la indeterminación de la traducción y del holismo.

## Referencias

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