# Capítulo 89. Minimalismo y contextualismo en la interfaz semántica-pragmática

## Cuánto dice una oración

*Ya comí*, *Está lloviendo*, *Todos llegaron*, *Marta está lista* y *La botella está vacía* parecen comprensibles. Ninguna de estas oraciones entrega, sin embargo, por sí sola todo lo que normalmente se interpreta. En la primera, el oyente suele reconstruir una comida pertinente y un intervalo temporal. En la segunda debe ser pertinente alguna localización. En la tercera, *todos* requiere un dominio. En la cuarta, *lista* exige responder para qué. En la quinta, *vacía* depende del contenido que cuenta como pertinente.

La disputa entre el minimalismo semántico y el contextualismo busca determinar cuánto contenido aporta la semántica lingüística antes de que intervenga la pragmática. Las posiciones coinciden en que el contexto importa. Todas aceptan que expresiones como *yo*, *aquí* o *ahora* dependen de él. La disputa surge al preguntar si muchos otros casos necesitan también un enriquecimiento pragmático para producir una proposición completa. Entre los extremos, que conceden todo el peso a la semántica o a la pragmática, la literatura contiene posiciones intermedias. Este capítulo reconstruye el problema y examina qué evidencia necesita cada arquitectura, sin adoptar una doctrina única.

## Una frontera funcional

La semántica estudia el contenido asociado por convención a las expresiones y a su composición. La pragmática estudia cómo el contexto, las intenciones y la interacción modifican o completan la interpretación. En una versión idealizada, el significado de la oración sumado al contexto produce el significado del enunciado. El problema es que la frontera no está dada de antemano. En *Marta está lista*, la semántica podría contener una variable que el contexto llena, del tipo *lista para x*. También podría ocurrir que *lista* exprese una propiedad incompleta que la pragmática desarrolla con libertad, o que exista un contenido mínimo, del tipo *Marta está lista*, lo bastante proposicional aunque sea poco informativo. Cada respuesta distribuye el trabajo de una manera distinta.

## Indexicalidad y saturación

Los casos menos polémicos son los indexicales, como en *Yo estoy aquí ahora*. Kaplan (1989) distinguió el carácter de una expresión, que es una regla lingüística estable, de su contenido, que es el referente o el valor en un contexto. El carácter de *yo* se aproxima a la regla que designa al hablante del contexto. En una emisión concreta, *yo* designa a quien habla. Esta dependencia está señalada por la lengua. Nadie necesita postular una operación pragmática libre para descubrir que *yo* depende del hablante.

La saturación es el proceso mediante el cual el contexto asigna valores a los parámetros que exige la representación lingüística. *Ella llegó ayer* requiere identificar la referente de *ella* y el día que designa *ayer*, que es el anterior al de la emisión. La saturación está guiada por material lingüístico, lo que la vuelve compatible con posiciones relativamente minimalistas. El desacuerdo aparece con contenidos que parecen necesarios para la interpretación sin estar claramente codificados.

## Constituyentes no articulados

*Está lloviendo* es el ejemplo clásico. En el uso ordinario se entiende que llueve en cierto lugar pertinente, pese a que la oración no contiene ninguna expresión locativa. Perry (1986) introdujo con este ejemplo la noción de constituyentes no articulados, componentes del contenido comunicado que no corresponden a material sintáctico pronunciado. Recanati (2004) la defendió como parte de una concepción contextualista del contenido explícito. La cuestión decisiva es si la localización está representada en la forma lógica. Si lo está, se trata de una saturación. Si no lo está, la localización sería un enriquecimiento pragmático libre.

## Contextualismo moderado y enriquecimiento libre

Recanati (2004) sostiene que una parte del contenido proposicional explícito surge de procesos pragmáticos que van más allá de saturar los indexicales exigidos por la lengua. *Ya comí* puede entenderse como que el hablante comió la comida pertinente. *Está lloviendo* puede recibir la localización del lugar de la emisión. *La botella está vacía* puede ajustarse a la ausencia del líquido pertinente. La proposición comunicada procede, según esta tesis, del contenido lingüístico sumado a un enriquecimiento pragmático libre. La pragmática participa así en la construcción de lo que se comunica de manera explícita, antes de que exista una proposición semántica completa. La tesis acerca el contextualismo a la noción de explicatura de la teoría de la relevancia (Carston, 2002; Wilson y Sperber, 2004).

*Ana y Pedro se casaron* se interpreta habitualmente como que se casaron entre sí, aunque la semántica literal admite que cada uno se haya casado con otra persona. *Ya desayuné* se interpreta como referido al día de la emisión, sin que la palabra *hoy* aparezca en la oración. Si la representación lingüística no contiene una variable temporal que deba saturarse, el contenido temporal sería un caso de enriquecimiento libre. El adjetivo libre no significa arbitrario. La interpretación sigue restringida por el significado léxico, la estructura, el contexto y la relevancia, aunque el enriquecimiento no responda a una variable articulada en la lengua.

## Minimalismo semántico

Cappelen y Lepore (2005) defendieron una versión influyente del minimalismo semántico. Según su propuesta, salvo un conjunto básico de expresiones sensibles al contexto, como los pronombres personales, los demostrativos, los adverbios como *aquí* y *ahora* y los tiempos verbales, las oraciones expresan contenidos semánticos relativamente estables. El contexto interviene para resolver esas expresiones. Muchos de los enriquecimientos que el contextualista incorpora a lo dicho pertenecen, para el minimalista, al nivel pragmático de lo que el hablante comunica. Una oración puede expresar una proposición mínima y usarse después para comunicar algo más específico. Borg (2004) propuso una versión distinta, que vincula la semántica mínima con un sistema de comprensión lingüística de carácter formal y modular. El minimalismo intenta preservar una semántica estable y transportable entre contextos.

## Pluralismo de los actos de habla

Cappelen y Lepore combinaron el minimalismo con el pluralismo de los actos de habla, según el cual una misma emisión puede realizar varios actos y comunicar varios contenidos pragmáticos. *Está lloviendo* tiene un contenido semántico mínimo, que llueve. El hablante puede comunicar, además, que llueve aquí, que no conviene salir, que hay que llevar paraguas o que el partido se suspenderá. El minimalista reconoce esa riqueza y la ubica en el contenido de los actos de habla. La disputa no enfrenta, por lo tanto, una teoría rica con una teoría pobre. Ambas reconocen mucha información comunicada y difieren en el nivel donde la sitúan.

Los minimalistas invocan varias ventajas. Una semántica estable explica cómo una oración conserva su significado entre contextos y cómo los textos escritos pueden interpretarse fuera de su contexto original. Cappelen y Lepore dieron especial peso a los informes indirectos. Podemos decir *Marta dijo que estaba lloviendo* sin reconstruir todo el contexto de Marta, lo que sugiere que el contenido informado se mantiene entre contextos. Una semántica estable facilita también la teoría formal de la composición y permite explicar que dos personas en contextos distintos puedan contradecirse sobre una misma proposición.

## La objeción de los contenidos mínimos

El contextualista pregunta qué proposición mínima expresa realmente *Está lloviendo*. Si no contiene un lugar, sus condiciones de verdad serían extrañas, porque sería verdadera si lloviera en cualquier parte del universo, algo poco relacionado con el uso normal. Lo mismo ocurre con *Todos llegaron*, cuyo dominio no puede ser el de todos los seres humanos. Una proposición semántica demasiado austera puede ser poco intuitiva, difícil de evaluar y ajena al acto comunicativo. Cappelen y Lepore aceptaron esta consecuencia y sostuvieron que esas proposiciones, pese a su rareza, cumplen una función teórica. El contextualismo propone, en cambio, que el contexto penetre más profundamente en las condiciones de verdad.

## Indexicalismo y el argumento del ligamiento

Stanley (2000) criticó el enriquecimiento libre sin restricciones. Sostuvo que muchos efectos contextuales corresponden a variables presentes en la representación lingüística aunque no se pronuncien. *Todos llegaron* cuantifica sobre un dominio contextual. Ese dominio puede estar asociado con una variable sintáctica y semántica. El contexto interviene de manera controlada por la forma lógica. Esta posición suele llamarse indexicalismo, porque sostiene que los efectos del contexto sobre el contenido veritativo están mediados por elementos representados en la lengua, visibles o no.

Su argumento principal es el del ligamiento. En *Cada vez que Juan enciende un cigarrillo, llueve*, la lectura natural es que llueve en el lugar donde Juan lo enciende, un lugar que varía con cada ocasión. Si la localización de la lluvia puede quedar ligada por el cuantificador, debe existir en la forma lógica una variable que el cuantificador liga. El principio metodológico es sólido. Una variable oculta gana plausibilidad cuando produce efectos sintácticos y semánticos independientes, como el ligamiento, el alcance, la anáfora o las restricciones sintácticas. No basta con afirmar que, como se necesita contexto, debe haber una variable. Sus críticos, entre ellos Cappelen y Lepore (2005), respondieron que el argumento prueba demasiado, porque obligaría a postular variables ocultas para cualquier modificador que pudiera añadirse a una oración.

## Implicitura y completitud semántica

Bach (1994) propuso una posición intermedia. Distinguió lo dicho, la implicitura conversacional y la implicatura. Una implicitura es un completamiento o una expansión pragmática del contenido explícito. *Juan no ha comido* puede comunicar que Juan no ha comido hoy, una especificación temporal que no es una implicatura en el sentido griceano fuerte porque está ligada estrechamente a la proposición expresada. Bach distinguió dos procesos. El completamiento vuelve completa una proposición semánticamente incompleta. La expansión añade contenido a una proposición que ya está completa. La propuesta muestra que la interfaz admite arquitecturas intermedias entre el minimalismo extremo y el contextualismo amplio.

*Marta está lista* ilustra la incompletitud semántica. El adjetivo parece relacional, porque se está lista para algo. Si ese complemento no está articulado, la semántica sería incompleta y el contexto debería completarla con una especificación como lista para salir, para operar o para rendir el examen. Este caso difiere de un enriquecimiento opcional, porque sin el parámetro no se obtienen condiciones de verdad determinadas. La distinción entre incompletitud semántica y enriquecimiento pragmático es importante y controvertida. Un minimalista puede sostener que *lista* expresa una propiedad completa y que la especificación contextual pertenece al uso.

## Predicados graduables, dominios y modulación

La verdad de *Pedro es alto* depende de un estándar contextual. Un jugador de 1,80 metros puede ser bajo en su equipo de baloncesto y alto respecto de la población general. Muchas teorías formales sostienen que ese estándar está codificado en la semántica de los adjetivos graduables, que contienen parámetros de grado. Kennedy (2007) distinguió los adjetivos relativos, como *alto*, cuyo estándar depende del contexto, de los absolutos, como *vacío* o *plano*, cuyo estándar corresponde al extremo de una escala. No todo efecto contextual apoya, por tanto, el enriquecimiento libre, porque una semántica rica puede incorporar la sensibilidad al contexto de manera composicional, lo que obliga a decidir la disputa caso por caso.

*Todos están aquí* no significa que todos los seres del universo estén aquí, porque el cuantificador opera sobre un dominio restringido por el contexto. El problema es determinar el estatuto de esa restricción, que puede ser una variable semántica articulada, una restricción pragmática o una estructura híbrida. Los datos sobre el foco, el ligamiento y el contexto ayudan a decidir. La mera necesidad de un dominio no dice dónde está representado.

*La botella está vacía*, *La carretera es plana* y *La pared es roja* son verdaderas en contextos ordinarios, aunque la botella contenga moléculas de aire, la carretera tenga irregularidades y la pared presente sombras. El contextualista trata estos casos como modulación léxica, un ajuste del predicado al contexto. El minimalista puede responder que los predicados ordinarios ya son vagos o sensibles al contexto. Lasersohn (1999) propuso que el uso impreciso de los predicados absolutos se explica mediante halos pragmáticos, conjuntos de objetos que difieren de la denotación estricta en aspectos que no importan para los fines de la conversación. La frontera entre la vaguedad y la modulación es una zona central de la disputa.

## Contextualismo radical

Travis desarrolló una forma fuerte de contextualismo, según la cual las condiciones de verdad de las palabras dependen profundamente de las circunstancias de uso (Travis, 1985). En uno de sus ejemplos, unas hojas naturalmente rojizas que alguien pintó de verde cuentan como verdes en una conversación sobre decoración y no cuentan como verdes para quien busca hojas verdes para un estudio botánico (Travis, 1997). Según esta tesis, el significado léxico y la sintaxis no determinan un contenido veritativo completo antes de considerar la ocasión. Las condiciones de verdad se convierten en un fenómeno sensible a la pragmática.

## Intuiciones sobre lo dicho

Recanati (2004) propuso, entre otros criterios, que lo dicho debe ser accesible a las intuiciones de los participantes. Si alguien dice *Ya desayuné* por la mañana, el contenido de haber desayunado ese día se siente como parte de lo dicho de manera explícita. El hablante no tiene la impresión de implicarlo mediante una cadena inferencial griceana independiente. Estas intuiciones apoyan una noción de contenido explícito enriquecida por la pragmática. No son, sin embargo, evidencia definitiva, porque pueden estar influidas por la teoría del hablante, por las expectativas o por la manera de formular la pregunta. La teoría debe combinar las intuiciones con diagnósticos estructurales.

## Inferencia sin variable oculta y explicatura

El contextualista responde a Stanley que no toda dependencia debe estar representada en la sintaxis. Los hablantes pueden construir una proposición pertinente mediante el conocimiento del mundo. En *Pedro sacó la llave y abrió la puerta*, la lectura según la cual abrió la puerta con la llave surge sin una variable instrumental obligatoria en la conjunción (Carston, 2002). La lengua permite comunicar contenidos que no están codificados uno por uno. Las teorías se separan al decidir si esos contenidos pertenecen a la proposición explícita o al contenido implicado.

La teoría de la relevancia habla de explicatura, mientras que el minimalismo habla de proposición mínima. Para *Ya comí*, el minimalista asigna como contenido semántico que el hablante comió y trata como comunicado pragmáticamente que comió la comida pertinente ese día. La teoría de la relevancia trata esa proposición enriquecida como la explicatura del enunciado (Wilson y Sperber, 2004). Ambas teorías pueden reconocer el mismo contenido final. Su diferencia está en la clasificación, es decir, en la arquitectura que distribuye el contenido entre semántica y pragmática.

## Dos riesgos simétricos

Si el contexto pudiera modificar libremente cualquier término, nada impediría interpretar *La mesa es roja* como que la mesa es peligrosa en una conversación sobre riesgos. Una teoría contextualista necesita restricciones, como el significado léxico, la estructura conceptual, la sintaxis y la relevancia. La modulación contextual debe distinguirse de la reinterpretación arbitraria, un desafío paralelo al de la coerción estudiada en el capítulo 75.

El riesgo opuesto aparece si la semántica mínima produce contenidos demasiado austeros. Un contenido de *Está lloviendo* sin localización podría ser tan débil que no correspondiera a nada que los hablantes evalúan de manera ordinaria. La teoría conservaría la estabilidad formal a costa de alejarse del uso. El desafío minimalista consiste en explicar qué papel teórico independiente cumplen esas proposiciones mínimas en la comunicación, el razonamiento o la memoria, porque la semántica necesita conectarse con fenómenos observables.

## Diagnósticos

Ningún test decide por sí solo si un contenido es semántico o pragmático, por lo que se combinan varios diagnósticos. La cancelabilidad es uno de ellos. Si puede decirse *Ya comí, pero no hoy*, el día no parece codificado en la semántica. El ligamiento es otro, porque un contenido que puede quedar ligado apoya la existencia de una variable estructural. Otros diagnósticos examinan si la interpretación persiste bajo la negación, las preguntas o las actitudes, si se conserva en el discurso indirecto y si negar el enriquecimiento produce una contradicción o solo una rareza. Cada diagnóstico tiene limitaciones, por lo que la decisión requiere un conjunto de evidencias.

La incrustación es especialmente informativa. En *Si el rey murió y se declaró la república, Tomás estará contento. Si se declaró la república y el rey murió, no lo estará*, los dos antecedentes solo difieren por el orden de los hechos que la conjunción sugiere (Carston, 2002). Como las dos oraciones no se contradicen, el enriquecimiento temporal de *y* participa en las condiciones de verdad dentro del condicional. En *Marta cree que está lloviendo*, la localización puede depender del contexto del hablante o del de Marta. Estos datos sugieren que parte del enriquecimiento ocurre de manera local, un problema semejante al de las implicaturas escalares locales del capítulo 78. La interfaz debe explicar cómo opera el contexto bajo los operadores intensionales.

La negación plantea un problema semejante. En *La botella no está vacía*, si la interpretación contextual es vacía de agua, la negación parece operar sobre la propiedad ya contextualizada. El dato favorece las teorías en las que el ajuste ocurre antes de la composición veritativa final, aunque una semántica con parámetros contextuales puede obtener el mismo resultado. La evidencia no decide de manera automática entre el contextualismo y una semántica rica.

## Habla subsentencial

El habla subsentencial es otro desafío para una frontera rígida. Si un camarero pregunta *¿Qué va a tomar?* y el cliente responde *Un café*, la expresión no es una oración completa y comunica, aun así, algo como que el cliente quiere un café o que se lo traigan. Stainton (2006) usó casos de este tipo para sostener que los hablantes realizan actos proposicionales con expresiones subsentenciales sin que exista necesariamente una oración elíptica completa en la sintaxis. Las alternativas teóricas son la elipsis sintáctica, en la que la estructura contiene más material del pronunciado, la composición pragmática, en la que la frase nominal aporta un concepto a partir del cual el contexto construye el acto, o la acción convencional, en la que una frase nominal funciona de manera rutinaria como respuesta en ciertas secuencias. El capítulo 81 presentó un debate análogo sobre las respuestas fragmentarias. Observar que el oyente entiende el fragmento no basta para elegir entre estas opciones. El fenómeno muestra que la completitud de una oración y la completitud comunicativa son cosas distintas.

## Cuatro posiciones y tres niveles de análisis

Las posiciones examinadas pueden ordenarse según el lugar que asignan al contexto. El minimalismo propone una proposición mínima estable y sitúa el enriquecimiento en los actos de habla. El indexicalismo postula variables contextuales en la forma lógica, que el contexto satura. El contextualismo moderado admite un contenido explícito enriquecido por la pragmática, con constituyentes no articulados. El contextualismo radical hace depender las condiciones de verdad de la ocasión de uso. Las fronteras entre estas posiciones no son absolutas, porque distintos autores combinan elementos de varias.

Conviene separar, además, tres niveles. La teoría semántica pregunta qué representación produce las condiciones de verdad. La teoría psicológica pregunta cómo calcula un hablante real esa interpretación. El método empírico pregunta qué datos permiten distinguir los modelos. Un formalismo con una variable oculta no demuestra que la mente represente de manera literal una variable simbólica, del mismo modo que una inferencia rápida no demuestra que sea semántica.

## Consecuencias clínicas y documentales

Cuando un paciente dice *Ya no puedo*, el contenido explícito puede referirse a que no puede seguir trabajando, a que no tolera la ansiedad o a que no puede seguir viviendo. La semántica subdetermina en gran medida la interpretación. El clínico debe preguntar qué quiere decir el paciente. La aplicación no requiere decidir entre Cappelen y Recanati. Basta reconocer que la forma lingüística no determina todavía la proposición clínicamente pertinente. En los contextos de alto impacto, el enriquecimiento debe verificarse.

Si el paciente dice *No quiero seguir con esto*, la nota *No quiere continuar el tratamiento* puede ser correcta si *esto* se refería al tratamiento. Si no se aclaró, la reformulación introduce una interpretación. Una documentación rigurosa puede registrar *Refiere «no quiero seguir con esto». Al aclarar, señala que se refiere al tratamiento*. El registro distingue la fuente, la aclaración y la paráfrasis. El problema de la interfaz se convierte así en un problema de trazabilidad documental, porque una interpretación contextualmente plausible no debe registrarse como contenido explícito sin indicar su origen.

## Precisión en la escritura científica

En la ciencia, muchas frases dependen de parámetros contextuales. *El efecto fue grande* deja abierta la escala de referencia. *El modelo fue estable* no indica ante qué perturbación. *La asociación fue fuerte* no dice según qué medida. Una escritura rigurosa reemplaza los parámetros implícitos por criterios explícitos cuando importan. Un efecto grande puede expresarse como una diferencia media estandarizada de 0,8. La explicitación reduce la dependencia pragmática del texto y mejora su auditabilidad, sin eliminar toda interpretación contextual.

## Sistemas conversacionales y contenido implícito

Los modelos conversacionales completan de manera constante información implícita. Ante *Hazlo más corto*, el sistema debe determinar qué debe acortar y en qué medida. El contexto previo suministra candidatos. Cuando la referencia es clara, preguntar sería innecesario. Cuando existen varias opciones plausibles, una aclaración puede ser preferible. La competencia práctica exige ponderar la ambigüedad junto con el costo de un error, lo que aplica de manera funcional la interfaz entre semántica y pragmática.

Un sistema puede también agregar demasiado. Si un usuario escribe *Mi jefe dijo que el informe estaba interesante*, el sistema no debería transformar *interesante* en *excelente*. La pragmática humana puede inferir evaluaciones. Una inferencia contextual no equivale, con todo, a un contenido explícito. Un enriquecimiento plausible no es un hecho documentado, una distinción que importa en particular al resumir correos, contratos, fichas clínicas o testimonios.

## *Todos llegaron* bajo tres análisis

A dice *Todos llegaron*. B pregunta *¿Todos quiénes?* A responde *Todos los residentes del turno de noche*. La forma inicial cuantifica sobre un dominio que no quedó identificado, B pide aclararlo y A lo restringe a los residentes del turno de noche. El intercambio admite tres análisis. Según el indexicalista, la representación contenía una variable de dominio y B pidió saturarla. Según el contextualista, la restricción del dominio se añadió de manera pragmática. Según el minimalista, la oración expresaba un contenido mínimo y la especificación pertenecía a lo comunicado. El intercambio observable es compatible con las tres arquitecturas, por lo que los datos conversacionales deben combinarse con evidencia formal.

## Pruebas para distribuir los efectos contextuales

Tres pruebas ayudan a decidir qué mecanismo produce un efecto contextual. La primera busca un elemento lingüístico que exija saturación y evidencia de una variable estructural. La segunda examina si el contenido puede cancelarse y si sobrevive bajo incrustación. La tercera distingue la modulación léxica de la implicatura independiente. Cada caso plantea, además, qué predicciones permiten diferenciar las teorías. El procedimiento evita dos errores simétricos, el de atribuir todo a la pragmática y el de postular sintaxis invisible para todo. La mejor explicación distribuye los mecanismos con restricciones empíricas.

La discusión sobre la interfaz presupone una concepción del significado. El inferencialismo, tema del capítulo 90, la busca en el papel de las expresiones dentro de las prácticas de dar y pedir razones.

## Referencias

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