# Capítulo 81. Questions Under Discussion y estructura del diálogo

## Informar sin responder

Si A pregunta *¿Quién entregó el informe?* y B contesta *El informe fue entregado ayer*, la respuesta puede ser verdadera y aportar información nueva sobre el mismo documento. Aun así, deja sin resolver lo que A preguntó. Si B contesta *Marta*, la contribución es mucho más breve y resuelve la pregunta. Las dos respuestas hablan del mismo informe y añaden contenido al intercambio, por lo que la diferencia entre ellas no depende de la verdad, del tema ni de la información compartida. Depende de su relación con la pregunta que organiza en ese momento el diálogo.

La teoría de las preguntas en discusión, conocida por la sigla inglesa QUD (*Questions Under Discussion*), parte de esa observación. Su formulación más influyente se debe a Craige Roberts (1996, 2012), quien propuso que los interlocutores organizan la conversación en torno a cuestiones que intentan resolver. Según esta perspectiva, una conversación avanza al reducir incertidumbres que los participantes han reconocido como abiertas. La mera acumulación de proposiciones verdaderas no basta para describirla.

El capítulo 80 caracterizó el *common ground* como el conjunto de proposiciones que los participantes tratan como compartidas (Stalnaker, 2002). La QUD añade a ese registro una segunda dimensión del estado discursivo. Mientras el *common ground* indica qué se da por aceptado, la pregunta en discusión indica qué información sería pertinente añadir a continuación. Si la pregunta activa es *¿Quién entregó el informe?*, una respuesta adecuada debe discriminar entre alternativas del tipo *Marta entregó el informe*, *Pedro entregó el informe* o *Ana entregó el informe*. La noción conecta así la semántica de las interrogativas con la estructura informativa, el foco, la relevancia, las implicaturas y la organización secuencial del diálogo. Este capítulo examina cómo una pregunta, explícita o implícita, determina qué cuenta como una contribución pertinente y suficientemente completa.

## De la semántica de las preguntas a la agenda del diálogo

El capítulo 65 trató las preguntas como objetos semánticos. Una interrogativa puede modelarse como el conjunto de sus respuestas posibles. *¿Vino Marta?* denota el par formado por *Marta vino* y *Marta no vino*. La interrogativa *¿Quién vino?*, por su parte, denota el conjunto de proposiciones de la forma *x vino*, donde *x* recorre los individuos pertinentes.

La teoría QUD agrega a esa semántica una dimensión pragmática. A la pregunta por las alternativas que denota una interrogativa se suma la pregunta por cuál interrogativa organiza la conversación en un momento dado. Esa interrogativa puede haberse pronunciado, como cuando alguien pregunta *¿Quién vino?*, o puede inferirse de la estructura del discurso. La secuencia *Marta llegó a las ocho. Pedro llegó después* se entiende con naturalidad como contribución a una pregunta que nadie formuló, del tipo *¿Cuándo llegó cada persona?* La QUD es, en este sentido, un modo de representar la agenda informativa del diálogo.

La idea tiene antecedentes. Carlson (1983) analizó el discurso como un juego de diálogo organizado por preguntas. Klein y von Stutterheim (1987) describieron la organización referencial de los relatos a partir de una *quaestio* que el texto responde. Van Kuppevelt (1995) propuso que los tópicos del discurso se definen por las preguntas, explícitas o implícitas, que las oraciones contestan. Roberts reunió estas intuiciones en un marco formal compatible con la semántica de preguntas y con la teoría del foco.

## La conversación como indagación cooperativa

Roberts (2012) propone analizar la conversación como un juego cooperativo cuyo propósito general es averiguar cómo son las cosas. La metáfora no implica que toda conversación persiga una meta única y consciente. Permite describir una estructura en la que existe una cuestión abierta, los participantes realizan movimientos y algunos de esos movimientos reducen la incertidumbre sobre la cuestión, que al resolverse deja lugar a otra. Roberts distingue dos clases de movimientos. Las preguntas son movimientos de preparación, porque proponen una cuestión que los participantes aceptan tratar. Las aserciones son movimientos de resolución, porque aportan respuestas que pueden incorporarse al *common ground*.

Las metas de una conversación rara vez se agotan en lo informativo. Roberts separa las metas discursivas, que consisten en responder preguntas, de las metas del dominio, que corresponden a lo que los participantes quieren hacer en el mundo, como decidir un tratamiento o coordinar una acción. Las metas del dominio motivan preguntas. Una cuestión global amplia se descompone luego en preguntas más pequeñas, cuya resolución contribuye a responder la superior. Por eso la estructura del diálogo es jerárquica y no puede describirse como una simple sucesión lineal de enunciados.

## Preguntas explícitas y actualización del contexto

El caso más sencillo es una pregunta pronunciada. Si A pregunta *¿Cuándo llegó Marta?* y B responde *A las ocho*, la pregunta de A entra en la agenda común y la respuesta de B aporta la proposición de que Marta llegó a las ocho. Si A acepta esa proposición, el *common ground* se actualiza con ella y la pregunta queda resuelta. La actualización puede escribirse *CG + p*. En la formulación de Roberts, las preguntas en discusión forman una pila. Una pregunta aceptada se coloca en la parte superior y se retira cuando queda respondida o cuando los participantes concluyen que no pueden responderla.

Este esquema separa tres operaciones que el lenguaje cotidiano tiende a confundir. Introducir una pregunta no equivale a responderla. Responder una pregunta tampoco garantiza que la respuesta sea aceptada. La distinción impide identificar la interrogación con la actualización informativa. También permite describir situaciones frecuentes en las que una respuesta queda en suspenso porque el interlocutor duda de ella o pide aclaraciones.

## Preguntas implícitas y sus restricciones

Muchas conversaciones y casi todos los textos escritos avanzan sin preguntas explícitas. El comienzo de un artículo puede decir *Los modelos actuales alcanzan una alta precisión en la clasificación. Sin embargo, su rendimiento cae al cambiar de hospital*. La segunda oración se entiende como respuesta parcial a una pregunta que el texto no formula, del tipo *¿Se mantiene el rendimiento de estos modelos fuera del contexto en que fueron entrenados?* La teoría permite reconstruir esa estructura. El riesgo metodológico es evidente, porque el analista puede postular retrospectivamente cualquier pregunta que convenga a su lectura.

Riester (2019) observó que muchas conclusiones sobre las QUD se han apoyado en ejemplos mal construidos, en los que una pregunta explícita seguida de una respuesta incongruente se tomó por la pregunta efectivamente en discusión. Para el análisis de datos naturales propuso reglas de reconstrucción que exigen, entre otras condiciones, que la pregunta implícita sea congruente con el foco de la respuesta, que retome en lo posible material ya presente en el discurso y que su postulación deje intacto el contenido del texto analizado. Una QUD implícita debe apoyarse en la continuidad temática, el foco, los contrastes, las relaciones discursivas y los propósitos del género. Es una hipótesis sobre la organización del discurso que debe justificarse con evidencia textual.

## Relevancia respecto de una pregunta

La teoría permite dar a la relevancia una definición precisa. En la formulación de Roberts (2012), una aserción es relevante respecto de la pregunta en discusión si aporta al menos una respuesta parcial a ella. Una pregunta lo es si forma parte de una estrategia para responderla. Supóngase que la pregunta activa es *¿Quién vino a la reunión?* La proposición *Marta vino* elimina las posibilidades en que Marta no asistió, de manera que reduce la incertidumbre respecto de la pregunta. La proposición *Marta tiene un perro* puede ser verdadera, pero en un contexto ordinario no distingue entre ninguna de las respuestas posibles. La primera es relevante y la segunda no lo es.

Esta definición convierte la relevancia en una relación entre una proposición y una pregunta. Decir que una frase es relevante «por el contexto» deja sin especificar qué rasgo del contexto la vuelve pertinente. La teoría QUD identifica ese rasgo con la pregunta activa y con sus alternativas. La relevancia así definida es local, porque se evalúa respecto de la pregunta que ocupa la parte superior de la pila, aunque una contribución puede ser relevante para una pregunta superior a través de una subpregunta.

## Respuestas parciales, completas y exhaustivas

Si A pregunta *¿Quién vino?* y B responde *Marta*, saber si B respondió por completo depende del contexto. Cuando solo podían venir Marta y Pedro y se sabe que Pedro no vino, la respuesta basta. Cuando había veinte invitados, *Marta* solo establece que al menos una persona vino. Groenendijk y Stokhof (1984) precisaron esta diferencia con su análisis de las preguntas como particiones del espacio lógico. Una respuesta parcial excluye algunas de las alternativas de la pregunta. Una respuesta completa determina, respecto del dominio pertinente, cuál de las alternativas es la verdadera. En una pregunta polar como *¿Vino Marta?*, la respuesta *Sí* es completa. En *¿Quiénes vinieron?*, la respuesta *Marta* puede ser parcial. La distinción es indispensable para analizar la subinformatividad, tanto en la conversación cotidiana como en los contextos clínicos o periciales.

El capítulo 65 presentó distintas nociones de exhaustividad. La respuesta *Marta* a *¿Quién vino?* admite dos lecturas. En la no exhaustiva, vino Marta y quizá también otras personas. En la exhaustiva, vino Marta y nadie más. La estructura de la pregunta favorece con frecuencia la segunda. Si la conversación busca identificar el conjunto completo de asistentes, mencionar solo a Marta invita a inferir que nadie más asistió, siempre que se cumplan los supuestos adecuados, entre ellos que el hablante conozca la respuesta completa. La pregunta activa las alternativas y vuelve informativa la exclusión de las no mencionadas, que es el mecanismo estudiado en el capítulo 78. Sin embargo, la exhaustividad no es automática. Hay preguntas que admiten respuestas parciales perfectamente adecuadas, como *¿Quién sabe dónde están las llaves?* cuando basta con identificar a una persona que lo sepa.

## Jerarquía de preguntas y estrategias de indagación

Una cuestión global como *¿Por qué fracasó el proyecto?* puede dividirse en subpreguntas sobre los recursos, los plazos o la coordinación del equipo. Resolver una de ellas no resuelve la cuestión principal, aunque contribuye a ella. La jerarquía explica por qué ciertos cambios de tópico siguen siendo coherentes. Una conversación puede apartarse por un tiempo de la pregunta principal para resolver una subcuestión necesaria sin perder coherencia. Lo que la coherencia exige es que cada contribución tenga una ruta justificable dentro de la estrategia discursiva, aunque no responda en cada turno a la pregunta superior.

La metáfora de la pila permite describir ese movimiento. En una consulta, la pregunta *¿Qué ocurrió con el paciente esta semana?* puede quedar abierta mientras se introduce *¿Tomó el medicamento?* y luego *¿Por qué lo suspendió?* Mientras esta última ocupa la posición superior, la respuesta *Porque le producía náuseas* la resuelve localmente y contribuye de manera indirecta a la pregunta general. Una vez resuelta, el diálogo puede regresar a la pregunta sobre el medicamento o a la pregunta inicial. Las conversaciones reales son más flexibles que una pila estricta, porque admiten varios hilos abiertos y retornos a preguntas antiguas, de modo que la pila debe entenderse como una idealización.

Roberts llama estrategia de indagación a la organización de preguntas según sus relaciones de dependencia. Para decidir si un paciente debe hospitalizarse puede ser necesario averiguar qué síntomas presenta, qué apoyo tiene, qué capacidad de autocuidado conserva y qué alternativas ambulatorias existen. Estas subpreguntas no son equivalentes. Cada una aporta información pertinente para la decisión, que exige además criterios clínicos que ninguna estructura interrogativa contiene.

## Foco y congruencia entre pregunta y respuesta

Según se expuso en el capítulo 66, el foco genera alternativas. Krifka (2008) lo caracteriza como la indicación de que existen alternativas pertinentes para la interpretación de una expresión. La teoría QUD explica por qué ciertas configuraciones focales son naturales y otras no. Ante *¿Quién compró el libro?*, la respuesta *MARTA compró el libro*, con el acento nuclear sobre el sujeto, evoca alternativas del tipo *Ana compró el libro* o *Pedro compró el libro*, que coinciden con las respuestas posibles a la pregunta. La respuesta *Marta compró EL LIBRO* corresponde mejor a *¿Qué compró Marta?* Beaver y Clark (2008) formularon una versión de este vínculo según la cual alguna parte de una declarativa debe evocar un conjunto de alternativas que contenga las alternativas de la pregunta en curso. La prosodia y la estructura informativa ayudan al oyente a reconstruir la pregunta que una oración responde.

Esta congruencia permite usar el foco como indicio de una pregunta implícita. Sin pregunta previa, *Marta compró EL LIBRO* sugiere que la dimensión abierta es qué compró Marta. Esto no significa que el hablante haya formulado mentalmente esas palabras. La QUD es una representación funcional de la dimensión que queda abierta y puede describirse como el conjunto de proposiciones de la forma *Marta compró x*, donde *x* recorre los objetos pertinentes. La noción no exige que toda pregunta implícita corresponda a una oración interrogativa literal en la mente del hablante, porque designa un objeto teórico de la estructura del discurso.

## Tópico contrastivo y árboles discursivos

Büring (2003) desarrolló, a partir de Roberts, una teoría del tópico contrastivo. En los datos del inglés que analiza, el tópico contrastivo lleva un acento ascendente distinto del acento de foco. Ante la pregunta *¿Qué comieron los invitados?*, una respuesta como *ANA comió PASTA*, con un contorno que marca a *Ana* como tópico contrastivo y a *pasta* como foco, señala que la respuesta atiende a la subpregunta *¿Qué comió Ana?* dentro de una estrategia que incluye preguntas paralelas sobre los demás invitados. Büring modela esta organización mediante árboles discursivos, llamados *D-trees*, que relacionan preguntas y subpreguntas. La prosodia puede señalar, por lo tanto, el foco local y también la posición de una respuesta en la jerarquía del discurso.

## La pregunta en discusión y las implicaturas escalares

La oración *Algunos estudiantes aprobaron* puede comunicar que no todos aprobaron. Si la pregunta en discusión es *¿Aprobó algún estudiante?*, la oración la resuelve y la alternativa con *todos* carece de interés para la conversación. Si la pregunta es *¿Aprobaron todos?*, la misma oración invita con fuerza a inferir que no todos lo hicieron. La pregunta en discusión determina qué alternativas son salientes. Van Kuppevelt (1996) sostuvo que las implicaturas escalares dependen del tópico, entendido como la pregunta que la oración contesta, además de la escala léxica.

Estudios experimentales posteriores han documentado esa sensibilidad. Ronai y Xiang (2021) establecieron primero, mediante una tarea de elicitación, qué preguntas consideraban pertinentes los participantes para cada contexto. Encontraron después que la tasa de cálculo de la implicatura escalar y su costo de procesamiento variaban según la pregunta en discusión, un efecto que se extendía a la exhaustividad de las oraciones escindidas del inglés. Este resultado integra el análisis del capítulo 78 con una teoría explícita del diálogo. La escala léxica fija las alternativas posibles, mientras que la estructura del discurso contribuye a seleccionar cuáles de ellas son pertinentes en un intercambio dado.

## Preguntas con presuposiciones

Una pregunta puede contener presuposiciones. *¿Quién dejó de fumar?* da por sentado que alguien del grupo pertinente fumaba y dejó de hacerlo. Si el interlocutor contesta *Nadie fumaba*, cuestiona la base sobre la que la pregunta se formuló y la deja sin respuesta. El diálogo debe distinguir, por tanto, entre responder una pregunta y disputar sus condiciones. Hay respuestas aparentes que operan en otro nivel del juego interrogativo, porque el interlocutor retrocede y objeta el trasfondo de la pregunta. La estructura del diálogo necesita un lugar para esta reparación metapragmática, que devuelve la conversación a un punto anterior de la agenda.

## Respuestas indirectas, evasivas y parciales

Ante *¿Llegó Marta?*, la respuesta *Su auto está afuera* no coincide con ninguna de las respuestas polares directas. Aporta, sin embargo, evidencia que permite resolver la pregunta, porque el conocimiento del mundo vincula la presencia del auto con la presencia probable de su dueña. Una respuesta directa codifica una de las alternativas de la pregunta. Una respuesta indirecta aporta información a partir de la cual se infiere una de ellas. La pragmática griceana y la teoría de la relevancia explican el mecanismo de esa inferencia. A la teoría QUD le corresponde explicar por qué la inferencia es pertinente en ese punto del discurso.

Una respuesta puede relacionarse temáticamente con la pregunta y evitar resolverla. Si un periodista pregunta *¿Autorizó usted el pago?* y el funcionario contesta *Todos los procedimientos se realizaron conforme a protocolo*, la respuesta pertenece al mismo dominio institucional y deja abierta la pregunta formulada. Conviene distinguir la relevancia temática de la resolución de la pregunta. Clayman (2001) mostró, en el análisis de entrevistas periodísticas, que los entrevistados disponen de recursos para desplazar la agenda de la pregunta y que los entrevistadores suelen tratar esos desplazamientos como evasiones que justifican insistir. El contraste es útil en el análisis político, jurídico, clínico y mediático, siempre que se describa la estructura sin atribuir motivos no demostrados. Afirmar que una respuesta deja la pregunta sin resolver es una observación sobre el discurso. Afirmar que el hablante evita responder porque oculta algo exige evidencia adicional sobre sus intenciones.

No toda respuesta parcial es evasiva. Ante *¿Qué causó la falla?*, la respuesta *Sabemos que el servidor perdió la conexión a las 14.03* todavía no identifica la causa. Aporta, con todo, una subrespuesta pertinente y abre una nueva pregunta sobre el motivo de la desconexión. La interacción científica y técnica avanza con frecuencia de este modo, porque las preguntas complejas se resuelven por acumulación de resultados parciales. Lo que distingue la indagación de la evasión es que las contribuciones avancen de manera razonable dentro de una estrategia reconocible.

## Coherencia, párrafos e introducciones científicas

El capítulo 43 distinguió la cohesión de la coherencia. La teoría QUD añade un criterio para explicar la segunda. En la secuencia *El ensayo incluyó 200 pacientes. La mitad recibió placebo. La diferencia entre grupos fue pequeña*, las tres oraciones responden a una pregunta implícita sobre lo que mostró el ensayo. Si la segunda oración se reemplaza por *Saturno tiene anillos*, la secuencia pierde coherencia, porque esa oración no contribuye a ninguna pregunta que las otras dos permitan reconstruir. La incoherencia global puede analizarse como la ruptura de una estrategia discursiva. La coherencia tiene otras fuentes, como las relaciones retóricas y la continuidad referencial, aunque la QUD explica una parte importante de la progresión informativa.

El mismo criterio sirve para examinar párrafos académicos. Un párrafo puede modelarse como respuesta a una pregunta local, por ejemplo *¿Por qué este método es insuficiente?*, a la que las oraciones contribuyen al presentar una limitación, aportar evidencia o comparar una alternativa. Un párrafo mal organizado puede contener oraciones verdaderas que no responden de manera acumulativa a ninguna pregunta reconocible. Al revisar un texto conviene preguntarse qué pregunta intenta resolver cada párrafo y si cada oración contribuye a ella. La herramienta permite detectar párrafos que acumulan información sin una función argumentativa clara, sin obligar a que el párrafo formule la pregunta de manera literal.

Las introducciones de los artículos científicos suelen construir una secuencia jerárquica de preguntas. Parten de una cuestión amplia, como la manera de mejorar una predicción, pasan a las limitaciones de los modelos disponibles, examinan si un procedimiento determinado las supera y terminan en lo que evaluará el estudio. Esa progresión coincide con los movimientos que Swales (1990) describió para las introducciones de investigación, que establecen un territorio, identifican en él un nicho y lo ocupan con el estudio propuesto. Una introducción funciona cuando cada tramo restringe la agenda hasta llegar a la pregunta de investigación. Puede ser informativa y fracasar en su estructura si abre muchas preguntas que no resuelve o si el estudio responde una pregunta distinta de la planteada.

## Narración y expectativa

Las narraciones también generan preguntas. Después de *Juan abrió la puerta y se quedó inmóvil*, el lector espera saber qué vio Juan. La oración siguiente, *En el suelo había una carta*, responde en parte a esa expectativa. Los relatos explotan preguntas abiertas para sostener el interés. Rara vez las pronuncian los personajes, porque el lector las infiere de la organización del texto. La teoría QUD puede aplicarse a la narración con una cautela. El suspenso y el afecto exceden una agenda puramente informativa, de modo que reducir el interés narrativo a una serie de interrogativas proposicionales empobrecería el análisis.

## La pregunta en la entrevista clínica

En la entrevista clínica, una respuesta que parece apartarse de la pregunta puede responderla por una vía distinta. Si el clínico pregunta *¿Qué pasó después de que dejó el medicamento?* y el paciente contesta *Mi madre se preocupó mucho*, la respuesta puede parecer tangencial. Quizá la secuencia real fue que la madre notó cambios y buscó ayuda, de manera que el paciente organiza el relato a partir de ese episodio. Antes de clasificar una respuesta como irrelevante conviene explorar su relación con la pregunta, por ejemplo preguntando qué relación tuvo la preocupación de la madre con lo ocurrido después. La QUD aporta un estándar de relevancia. El clínico debe admitir, con todo, que el hablante organice su relato con una estrategia distinta de la esperada, porque la divergencia respecto de la pregunta no equivale por sí misma a desorganización del pensamiento.

La noción permite describir con más precisión la tangencialidad. Andreasen (1986) la define como la respuesta a una pregunta de manera oblicua o irrelevante. La distingue del descarrilamiento, en el que el discurso espontáneo se desliza de una idea a otra relacionada de modo lejano o sin relación alguna. Supóngase que, ante *¿Por qué dejó el tratamiento?*, un paciente responde *Los medicamentos vienen de laboratorios. Los laboratorios contratan representantes. Los representantes viajan mucho. Viajar es caro*. Cada transición es interpretable en el nivel local, aunque la cadena nunca converge hacia la pregunta formulada. La coherencia local se conserva en buena medida mientras el progreso respecto de la pregunta es nulo. La sucesión de deslizamientos comparte, además, rasgos con el descarrilamiento. Esta descripción informa mejor que el rótulo de habla incoherente. Un ejemplo aislado no basta, sin embargo, para establecer un trastorno formal del pensamiento, porque la evaluación clínica requiere considerar el patrón, su frecuencia, el contexto, la comprensión de la pregunta y el repertorio lingüístico del paciente.

## Preguntas que imponen una agenda

Una pregunta puede estructurar las respuestas y también el espacio de posibilidades que el interlocutor considera. *¿Cuándo empezaron las voces a darle órdenes?* presupone que existen voces, que su contenido es imperativo y que tuvieron un comienzo identificable. El paciente puede responder dentro de esa agenda y parecer ratificarla sin haberla afirmado nunca. Formular una pregunta equivale, en parte, a proponer una estructura de indagación. Una pregunta más abierta, como *¿Cómo describiría esa experiencia?*, deja a la pregunta inicial un dominio de alternativas menos categorizado.

El diseño de una pregunta tiene efectos medibles. Heritage et al. (2007) compararon dos formas de invitar a pacientes de atención primaria a plantear preocupaciones adicionales, una construida con *anything* y otra con *something*. En relación con las consultas sin intervención, la versión con *something* eliminó el 78 % de las preocupaciones que quedaban sin tratar, mientras que la versión con *anything* no se distinguió del grupo de control. Los autores atribuyen la diferencia a la polaridad de los términos, porque *any* suele aparecer en contextos negativos y orienta la pregunta hacia una respuesta negativa. Estos resultados tienen consecuencias metodológicas directas para la entrevista clínica y para el diseño de encuestas.

## La documentación clínica como secuencia de preguntas

Una anamnesis bien organizada responde una secuencia de preguntas implícitas sobre lo que ocurrió, desde cuándo, cómo evolucionó el cuadro, qué factores se asociaron con él y qué pasó con el tratamiento. Si una nota mezcla sin transición antecedentes remotos, síntomas actuales y decisiones terapéuticas, cada sección pierde su pregunta local. La organización por apartados ayuda a mantener separadas esas agendas. La anamnesis próxima responde a cómo se desarrolló el cuadro actual. El plan responde a lo que se hará a continuación. Confundir ambas preguntas produce notas difíciles de seguir aunque cada oración sea correcta.

La pregunta y el foco también ayudan a documentar respuestas con exactitud. Si ante *¿Ha tenido pensamientos de muerte esta semana?* el paciente responde *AYER pensé que sería mejor no despertar*, el foco sobre *ayer* responde a una pregunta temporal además de contestar la pregunta polar. Registrar solo «ideación de muerte presente» pierde esa información. La respuesta contiene un contenido, el pensamiento de no despertar, junto con un anclaje temporal preciso. Una documentación que conserva el contenido, su fuente, su temporalidad y su modalidad refleja mejor lo que el paciente comunicó.

## Conversaciones con varios participantes

En una reunión, distintas personas pueden perseguir agendas en parte diferentes. Si A pregunta *¿Cuándo lanzamos?*, B responde sobre el presupuesto y C pregunta por los riesgos técnicos, puede existir una pregunta global sobre cuándo es viable el lanzamiento, con subpreguntas sobre el presupuesto, el estado del sistema y los riesgos pendientes. Lo que parece un cambio de tema puede ser una estrategia legítima para resolver la cuestión global. En grupos complejos, sin embargo, los participantes pueden no compartir la misma pregunta. La conversación sufre entonces una desalineación de agendas, en la que uno habla de la fecha, otro de la calidad y otro del costo. La teoría debe admitir preguntas en discusión parcialmente divergentes entre los participantes.

## El tablero de diálogo de Ginzburg

Jonathan Ginzburg desarrolló una teoría formal del diálogo, llamada KoS, en la que el contexto tiene más estructura que un único *common ground* (Ginzburg, 2012). El estado de información de cada participante incluye allí un componente público, llamado tablero de diálogo (*Dialogue GameBoard*), junto con un componente privado de creencias y metas no manifestadas. El tablero registra los hechos compartidos, las preguntas en discusión ordenadas por prioridad, los movimientos ya realizados y los enunciados pendientes de integración. Cada participante mantiene su propia versión del tablero, lo que permite modelar desajustes entre lo que uno y otro consideran establecido.

La motivación de este diseño es empírica. El diálogo contiene fenómenos que obligan a registrar qué se preguntó, qué está pendiente, qué necesita aclaración y qué turno acaba de producirse, además de lo que se ha aceptado. Entre ellos se cuentan las respuestas fragmentarias, las peticiones de aclaración, las reparaciones y, en general, la interacción mediante expresiones no oracionales.

## Respuestas fragmentarias y aclaraciones

Ante *¿Quién llamó?*, la respuesta *Marta* no es una oración completa, aunque se interpreta como la proposición de que Marta llamó. La pregunta aporta la estructura que falta. El mismo fragmento cambia de significado con otra pregunta. Ante *¿A quién llamó Pedro?*, la respuesta natural en español es *A Marta*, que significa que Pedro llamó a Marta. El fragmento lleva la marca *a* que tendría el objeto directo de persona en la oración completa. Merchant (2004) usó efectos de conectividad de este tipo como argumento a favor de que los fragmentos contienen una estructura sintáctica elidida. Ginzburg (2012) propone, en cambio, que el fragmento se interpreta directamente respecto de la pregunta de mayor prioridad del tablero y de su constituyente paralelo, sin postular una oración oculta. Las dos teorías coinciden en que el contexto del diálogo participa en la interpretación gramatical de las respuestas no oracionales.

Las peticiones de aclaración muestran otra propiedad de la agenda. Si A dice *Marta entregó el informe* y B pregunta *¿Qué informe?*, la pregunta de B deja en suspenso el contenido principal de A e introduce una pregunta sobre el referente de *el informe*. Esa pregunta pasa a ocupar de manera transitoria la posición superior de la agenda. La discusión original solo continúa cuando se resuelve. La jerarquía de preguntas permite representar interrupciones que sostienen la coherencia del diálogo. El capítulo 84 desarrollará la reparación y la aclaración con detalle.

## Partículas de respuesta

Incluso *sí* y *no* dependen de la pregunta. Ante *¿Vino Marta?*, la respuesta *Sí* comunica que Marta vino. Ante la pregunta negativa *¿Marta no vino?*, la misma respuesta puede entenderse como confirmación de que no vino o como afirmación de que sí lo hizo. Por eso el español tiende a reforzar estas respuestas con una cláusula que repite la polaridad, como en *No, no vino* o *Sí, sí vino*. Farkas y Bruce (2010) modelaron las aserciones y las preguntas polares como propuestas que colocan una cuestión sobre la mesa de la conversación, a la espera de que los participantes la resuelvan. Roelofsen y Farkas (2015) mostraron que las partículas de respuesta pueden expresar la polaridad absoluta de la respuesta o su relación de acuerdo o inversión con la proposición planteada. Las lenguas difieren en cómo reparten esas funciones. El francés y el alemán disponen de una tercera partícula, *si* y *doch*, reservada para contradecir una pregunta o una aserción negativa. En japonés, la partícula afirmativa ante una pregunta negativa confirma la proposición negativa. La pregunta aporta la proposición en disputa, mientras que la semántica de cada partícula determina cómo se relaciona con ella. Esta variación recuerda la necesidad tipológica de no universalizar los patrones del inglés o del español.

## Tres maneras de pensar la relevancia

La comparación con Grice y con la teoría de la relevancia ayuda a situar la propuesta. En la perspectiva de Grice (1975), una contribución se interpreta bajo el supuesto de que el hablante coopera. Las implicaturas surgen del esfuerzo del oyente por conciliar lo dicho con ese supuesto. En la teoría de Sperber y Wilson (1995), una interpretación es relevante en la medida en que produce efectos cognitivos suficientes a cambio del esfuerzo de procesamiento que exige. En la teoría QUD, una contribución es relevante en el nivel local si ayuda a resolver la pregunta en discusión.

Estas teorías pueden complementarse. La teoría QUD especifica qué problema informativo está activo. La perspectiva de Grice explica por qué el oyente busca una lectura racional de la contribución. La teoría de la relevancia modela el modo en que el oyente selecciona una interpretación suficientemente productiva. Conviene evitar fundirlas como si fueran tres nombres para un mismo mecanismo, porque cada una formaliza un aspecto diferente de la interacción.

## Agendas en sistemas conversacionales

Un asistente artificial puede responder de manera plausible a cada mensaje y perder el objetivo global de la conversación. Supóngase que un usuario pide ayuda para elegir un máster en línea sobre sistemas complejos que cueste menos de siete millones de pesos. Si el sistema recomienda después programas presenciales o mucho más caros, es posible que haya respondido a palabras aisladas como *máster* o *complejidad* y haya perdido la pregunta global sobre qué programas cumplen esas restricciones. Esa pregunta se descompone en subpreguntas sobre la modalidad, el costo, el contenido y la compatibilidad con el objetivo formativo. Un sistema adecuado necesita conservar la agenda y las restricciones acumuladas a lo largo del intercambio. Esta capacidad puede evaluarse en términos funcionales sin concluir que el modelo represente las preguntas en discusión del mismo modo que un hablante humano.

## Un rechazo editorial analizado

Considérese el siguiente intercambio. A pregunta *¿Por qué rechazaron el artículo?* B responde *El editor dijo que el tema era interesante, pero que el manuscrito no encajaba en la revista*. A pregunta entonces *¿Cuestionó la calidad metodológica?*, a lo que B contesta *No. El correo solo mencionó la falta de encaje*.

La pregunta global es por qué rechazaron el artículo. La primera respuesta de B es parcial, porque informa que el editor señaló una falta de encaje. La pregunta de A abre una subpregunta sobre la existencia de una objeción metodológica, que B responde de manera negativa respecto de lo que el correo mencionó. El análisis permite separar lo que el editor dijo de lo que pudo haber pensado. Del intercambio se sigue que la razón comunicada de manera explícita fue la falta de encaje. No se sigue que la metodología haya sido considerada excelente, porque la ausencia de una objeción no equivale a una evaluación positiva. La estructura del diálogo y el control epistemológico trabajan aquí en conjunto, ya que la pregunta en discusión delimita qué inferencias autoriza cada respuesta.

## Límites de la teoría y análisis de un fragmento

La teoría QUD no explica todo el discurso. No toda conversación busca información. Los saludos, las bromas, los rituales y las expresiones afectivas pueden no organizarse como resolución de preguntas. Las preguntas implícitas pueden ser indeterminadas, porque más de una reconstrucción puede explicar el mismo segmento. Una respuesta puede importar por razones de cortesía o de identidad aunque añada poca información, de manera que la emoción y la relación social exceden la agenda informativa. Las conversaciones reales admiten digresiones, varios hilos simultáneos y retornos que no se ajustan a una jerarquía estricta. Por último, la intención de los hablantes no se observa de manera directa. Toda QUD implícita es, por eso, una hipótesis del analista. La teoría describe la organización informativa del diálogo, que es solo una de las dimensiones de la interacción humana.

Estos límites orientan el trabajo con textos reales. El punto de partida es la pregunta explícita, si la hay, formulada con precisión. La reconstrucción de una pregunta implícita viene después y solo se justifica cuando el foco, la continuidad temática y el propósito del texto la respaldan. Con las alternativas identificadas, cada contribución puede clasificarse según resuelva la pregunta, la responda en parte, abra una subpregunta, pida una aclaración o cambie la agenda. La estructura discursiva debe mantenerse separada del contenido fáctico y de la atribución psicológica. Una respuesta puede ser verdadera sin resolver la pregunta, resolverla siendo falsa o dejarla abierta sin que el analista sepa si hubo una evasión deliberada.

Una contribución pertinente todavía debe ser recibida y comprendida por los demás participantes. El capítulo 82 examina cómo los interlocutores muestran que han comprendido una emisión en la medida suficiente para seguir coordinándose. También distingue la comprensión, el acuerdo y el alineamiento como niveles diferentes de esa coordinación.

## Referencias

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