# Alomorfía, supleción y sincretismo

## Los límites de la segmentación

Los capítulos anteriores estudiaron cómo una lengua modifica palabras y construye otras nuevas. Este se ocupa de un problema distinto, porque una misma unidad puede presentar formas diferentes y una misma forma puede corresponder a unidades gramaticales diferentes. Identificar fragmentos recurrentes resulta insuficiente, por tanto, para reconstruir la organización de un paradigma.

Sean tres relaciones del español. En *casa/casas* y *sol/soles* el plural se expresa mediante terminaciones diferentes. Las formas *voy* y *fui* pertenecen a un mismo verbo pese a alejarse considerablemente entre sí. La forma *cantaba*, por último, aparece tanto con sujeto de primera persona (*yo cantaba*) como de tercera (*ella cantaba*). Cada relación exige una explicación propia.

La alomorfía es la existencia de variantes formales de una misma unidad morfológica. La supleción designa, en su uso prototípico, alternancias cuya distancia formal impide derivar una variante de otra mediante un proceso fonológico general. El sincretismo es la coincidencia de forma entre posiciones gramaticalmente distintas de un paradigma. Como las fronteras terminológicas varían entre teorías, cada sección declara la definición que utiliza antes de clasificar los ejemplos (RAE y ASALE, 2019, ss. vv. *alomorfo*, *sincretismo* y *supletivismo*).

La distinción tiene consecuencias metodológicas. El número de formas escritas no permite deducir cuántas unidades gramaticales existen. Una irregularidad puede aprenderse sin memorizar la palabra completa, del mismo modo que una semejanza puede darse sin que haya detrás una regla productiva. Cada forma debe relacionarse, en consecuencia, con sus contextos de aparición y con las demás celdas del paradigma. El capítulo busca determinar qué información debe representar una teoría para explicar correspondencias poco transparentes. Algunas dependen de la fonología; otras exigen identificar un lexema o una clase flexiva. En ciertos casos será posible comparar explicaciones rivales; en otros, los datos permitirán describir una distribución sin decidir todavía cómo está representada cognitivamente.

## Lexema, celda y exponente

Un lexema es una unidad léxica abstracta. CANTAR comprende todas sus formas sin identificarse con ninguna de ellas. Una celda paradigmática es una combinación de propiedades gramaticales pertinente para ese lexema, como la primera persona del singular del presente de indicativo o la tercera persona del singular del pretérito imperfecto de indicativo. Las celdas se definen por sus propiedades gramaticales, con independencia de que sus formas suenen distinto (RAE y ASALE, 2019, s. v. *paradigma flexivo*).

La correspondencia entre una celda y su forma puede escribirse R(CANTAR, {1.ª persona, singular, presente, indicativo}) = *canto*, donde R abrevia «realización». La notación es expositiva y separa lo que debe expresarse de la forma que lo expresa.

Llamaremos exponente a la realización formal de determinada información morfológica. Puede ser un sufijo, aunque también puede carecer de segmentación propia, como ocurre con una alternancia de raíz que contribuye a marcar una distinción. Un mismo exponente puede realizar además varios rasgos a la vez, como la terminación *-mos*, que expresa conjuntamente persona y número. Los modelos realizacionales hacen explícita esta separación entre propiedades gramaticales y operaciones sobre las formas (Stump, 2001, cap. 1).

Toda comparación entre variantes formales exige mantener constante alguna unidad pertinente. *Bonito* y *hermoso* son unidades léxicas diferentes, por mucho que se aproximen en significado. Las variantes de un sufijo, en cambio, pueden analizarse como alomorfos si realizan la misma función dentro de una distribución organizada.

Deben distinguirse también dos comparaciones. *Cantaba* y *cantabas* ocupan celdas distintas, mientras que *cantara* y *cantase*, en los contextos donde alternan como imperfectos de subjuntivo, realizan una misma combinación de propiedades (RAE y ASALE, 2025, apéndice «Modelos de conjugación verbal»). El segundo caso es una variación entre realizaciones de una sola celda. Tener varias formas para una celda y tener una forma para varias celdas son problemas diferentes. Ambos se apartan, eso sí, de la correspondencia ideal de una forma por casilla.

## Alomorfía y condicionamiento

El análisis alomórfico reconoce identidad morfológica pese a una diferencia formal. En los plurales *casas* y *soles*, las terminaciones *-s* y *-es* pueden tratarse como variantes del exponente de plural (RAE y ASALE, 2019, s. v. *alomorfo*). Esta descripción todavía no autoriza una regla válida para todos los nombres del español, pues los sustantivos invariables como *crisis* y los préstamos obligan a ampliar los datos antes de fijar la distribución completa.

El condicionamiento puede proceder de niveles diferentes. En *contable/contabilidad*, la variante *-bil-* aparece dentro de una configuración derivativa, por lo que la explicación debe identificar la operación morfológica que forma el sustantivo, además de las propiedades sonoras. Atribuir el cambio al «contexto» resulta insuficiente mientras no se precise qué clase de contexto selecciona la variante. Se distingue así el condicionamiento fonológico, que depende de propiedades de los sonidos o de la prosodia, del condicionamiento morfológico, que depende de categorías morfológicas o de posiciones paradigmáticas. Cuando hace falta saber qué palabra o qué clase de palabras participa, se habla de condicionamiento léxico. Los tipos pueden combinarse, porque una alternancia puede limitarse a una clase léxica y depender, dentro de ella, del acento.

Reconocer el condicionamiento deja abierta la cuestión del mecanismo. Si un sufijo tiene dos realizaciones previsibles, una teoría puede almacenar ambas y seleccionar la adecuada. Otra puede proponer una sola representación y una regla que derive la segunda. Ambas describen inicialmente los mismos datos. Paster (2009) examina, a propósito de la alomorfía supletiva condicionada fonológicamente, qué información interviene en la selección y en qué componente de la gramática debe situarse la explicación.

La escritura añade una dificultad. En *busco/busqué*, el paso de *c* a *qu* conserva la consonante /k/ ante vocales distintas y es, por tanto, un hecho ortográfico sin correlato en la raíz fonológica. Un análisis que contara letras postularía dos raíces donde no hay diferencia sonora. Tampoco toda realización fonética contextual exige un alomorfo almacenado. La alternancia entre oclusiva y aproximante que presentan /b d g/ en determinadas posiciones, como en *dedo* [ˈdeðo], recibe una explicación fonológica general. Llamar «variantes» a dos resultados solo describe una relación. Decidir qué se conserva en la representación y qué se obtiene mediante procesos requiere evidencia adicional.

## Alternancias de raíz y clases léxicas

La alternancia *pensar/pienso* muestra cómo se combinan distintas condiciones. La tabla 22.1 reúne formas seleccionadas de tres verbos.

Tabla 22.1. Formas seleccionadas de PENSAR, TEMER y PODER

| Celda | PENSAR | TEMER | PODER |
|---|---|---|---|
| 1.ª singular, presente de indicativo | *pienso* | *temo* | *puedo* |
| 1.ª plural, presente de indicativo | *pensamos* | *tememos* | *podemos* |
| 1.ª singular, pretérito perfecto simple | *pensé* | *temí* | *pude* |

*Pensar* sigue el modelo de los verbos con alternancia *e/ie*. *Poder* presenta, además de *o/ue*, una base *pud-* en el pretérito perfecto simple y en el imperfecto de subjuntivo, como en *pude* y *pudiera* (RAE y ASALE, 2025, s. v. *pensar* y apéndice «Modelos de conjugación verbal»). La tabla permite también separar la alternancia de raíz de la flexión añadida. En *pensé* la terminación cambia respecto de *pensamos* sin que aparezca la base diptongada de *pienso*. Por eso la etiqueta de alomorfos de la raíz debe aplicarse a las raíces, con indicación expresa de la parte de la palabra que se compara. El estudio de las desinencias exige controlar otras variables, entre ellas la persona y la clase de conjugación. Un mismo conjunto de formas permite investigar varias correspondencias siempre que cada análisis mantenga constantes las variables que le corresponden. Sin ese control, una diferencia debida al sufijo puede atribuirse a la raíz, o una diferencia entre clases de verbos puede confundirse con una regla de todo el idioma.

La comparación entre *pienso* y *temo* permite rechazar una generalización demasiado amplia, según la cual toda /e/ tónica de una raíz verbal diptonga en /ie/. *Temo* tiene una vocal radical tónica y no diptonga. La gramática debe especificar, por tanto, qué lexemas pertenecen a la clase alternante. El acento condiciona la distribución, pero no basta para predecir qué verbos alternan. Las formas de PODER impiden, a su vez, reducir la alternancia a una oposición entre sílaba tónica y átona. *Puedo* y *pude* tienen ambas el acento en la raíz y muestran, sin embargo, vocales distintas, porque la posición dentro del paradigma también cuenta. Un análisis limitado al entorno fonético local pierde esa información.

La irregularidad admite grados. Una forma puede ser impredecible a partir del infinitivo y predecible, en cambio, una vez que se conoce la clase del verbo o una de sus bases. La pregunta pertinente es cuánto debe aprenderse para reconstruir el resto del paradigma. Almacenar una base alternante exige mucho menos que almacenar por separado cada palabra flexionada.

Albright y Hayes (2003) compararon modelos de reglas y modelos analógicos del pasado inglés mediante experimentos en los que los hablantes flexionaban verbos inventados. Su interés para este capítulo es metodológico. Para distinguir mecanismos hay que comparar sus predicciones sobre formas que no intervinieron en la construcción del modelo, ya que dos mecanismos distintos pueden explicar igual de bien las formas conocidas.

## Supleción e identidad paradigmática

La supleción es especialmente clara cuando un paradigma contiene bases muy diferentes. En IR encontramos *voy*, *vamos*, *iba*, *fui* e *iré*, formas que ninguna combinación de una raíz invariable con las terminaciones regulares de la tercera conjugación permite obtener (RAE y ASALE, 2025, s. v. *ir*). Todas pertenecen, sin embargo, al paradigma del mismo verbo, porque ocupan las posiciones que otras conjugaciones realizan con bases más estables. Esa pertenencia necesita respaldo gramatical, ya que la proximidad de significado es insuficiente. CAMINAR se parece a IR por su contenido y es, con todo, un verbo distinto con paradigma propio. Reconocer supleción exige justificar la relación paradigmática, además de observar la distancia entre las formas.

El término se usa con amplitud variable. En su sentido estricto designa alternancias extremas como *go/went* en inglés, mientras que un sentido más amplio admite grados según cuánto material formal comparten las bases. Veselinova (2013) adopta criterios sincrónicos en su comparación tipológica, con lo cual la relación histórica entre las raíces no decide la clasificación. Desde esa perspectiva, la supleción es el extremo de un continuo de irregularidad formal con casos intermedios cuya clasificación depende de los criterios elegidos.

El *Glosario de términos gramaticales* emplea *supletivismo*, que da como sinónimo de *supleción*, en un sentido amplio. Lo aplica a formas flexionadas como *es*, *fue* o *será* y a derivados como *fraternal* respecto de *hermano* u *ocular* respecto de *ojo*. También lo extiende a bases que comparten origen latino, como *pus-* en *puso* frente a *pon-* en *poner*. La variante que solo afecta al timbre de una vocal de la raíz, como en *barba* frente a *imberbe*, recibe según la obra el nombre de apofonía (RAE y ASALE, 2019, s. v. *supletivismo*). Los derivados son pertinentes para la herencia culta estudiada en el capítulo 21. Plantean, con todo, un problema distinto del de *voy/fui*, porque relacionan lexemas de categorías diferentes; *voy* y *fui* son formas flexionadas de un mismo verbo.

Tal amplitud obliga a declarar en cada análisis el sentido que se adopta y a separar la historia de las formas de la organización que se atribuye a los hablantes actuales. En este capítulo, las alternancias de diptongación como *pienso/pensamos* se tratan como alomorfía de raíz condicionada por el acento y por la clase léxica. De ahí se sigue una consecuencia precisa para la supleción. Una base supletiva debe registrarse en la entrada del lexema junto con sus condiciones de aparición, porque su forma es impredecible desde la fonología aunque su distribución esté gramaticalmente organizada. Aunque *fui* no puede predecirse a partir de *ir*, es posible estudiar en qué celdas aparece y qué otras formas comparten su base, como *fuimos* o *fuera*.

## Sincretismo y subespecificación

El sincretismo invierte la dirección del problema, pues la pregunta pasa a ser cómo una sola forma realiza distinciones que la gramática mantiene. La tabla 22.2 presenta un fragmento del paradigma de CANTAR con las formas tuteantes de la segunda persona del singular. Se omite la segunda del plural, que en el español de América se expresa con las formas de tercera.

Tabla 22.2. Fragmento del paradigma de CANTAR

| Persona y número | Presente de indicativo | Pretérito imperfecto de indicativo |
|---|---|---|
| 1.ª singular | *canto* | *cantaba* |
| 2.ª singular | *cantas* | *cantabas* |
| 3.ª singular | *canta* | *cantaba* |
| 1.ª plural | *cantamos* | *cantábamos* |
| 3.ª plural | *cantan* | *cantaban* |

La forma *cantaba* aparece en dos celdas. Primera y tercera persona siguen siendo categorías distintas, como muestran *canto* y *canta* en el presente y los sujetos con que se combinan. El sincretismo consiste en que una distinción gramatical respaldada por el sistema carece de expresión formal diferenciada en un dominio del paradigma (RAE y ASALE, 2019, s. v. *sincretismo*). Con la notación introducida antes, el caso se escribe R(CANTAR, {1SG, IMPF, IND}) = R(CANTAR, {3SG, IMPF, IND}) = *cantaba*, donde las abreviaturas corresponden a primera o tercera persona del singular, pretérito imperfecto e indicativo. La igualdad afecta solo a la realización, pues los dos conjuntos de propiedades siguen siendo distintos. Quien dice *yo cantaba* habla de sí mismo en primera persona, aunque la forma verbal coincida con la de tercera.

La comparación tipológica exige evidencia de las distinciones que se postulan. Baerman y Brown (2013) separan las lenguas sin marcación verbal de persona de aquellas en que esa marcación es sincrética. Encontrar una forma invariable en otra lengua no autoriza a proyectar sobre ella las casillas de la conjugación española, porque hacen falta razones independientes para considerar esos valores parte del sistema estudiado.

El fenómeno permite plantear la subespecificación como hipótesis. Según ella, un exponente puede dejar sin expresar algunos de los contrastes que organiza la gramática. En *cantaba*, la ausencia de una terminación que distinga primera y tercera persona es compatible con que la oración tenga una persona plenamente determinada, pues el sujeto se encarga de resolverla. La hipótesis separa así una propiedad de la realización de una propiedad de la interpretación. Describir el sincretismo como «una palabra que significa a la vez primera y tercera persona» confunde ambos planos, ya que en cada enunciado la referencia puede estar completamente determinada aunque la forma verbal aislada no permita recuperarla.

Una coincidencia aislada tampoco revela el mecanismo que la produce. Si el patrón se repite en diferentes tiempos y clases, gana fuerza la idea de una generalización, aunque queda por decidir si una misma regla cubre varias celdas o si la realización neutraliza un rasgo. Pueden existir, además, coincidencias históricamente independientes. Clasificar un resultado como sincrético delimita el problema y deja abierta la elección de la teoría.

La historia puede mostrar que dos terminaciones antes distintas convergieron. Es lo que ocurrió con *cantaba*, heredera de las formas latinas *cantabam* y *cantabat*, que coincidieron al perderse la consonante final. El análisis sincrónico describe esa identidad formal sin necesidad de presuponer la trayectoria, pues la coincidencia existe con independencia de que pueda reconstruirse un estado anterior.

## Sincretismo, amalgama y homofonía

La exponencia acumulativa es un fenómeno distinto del sincretismo. En la segmentación convencional *cant-á-ba-mos*, el segmento *-ba-* expresa conjuntamente tiempo, aspecto y modo; *-mos*, primera persona y plural. Esta acumulación de propiedades en un solo exponente recibe el nombre de amalgama (RAE y ASALE, 2019, s. v. *amalgama*). Puede darse sin que dos celdas compartan la forma y es compatible con la segmentación de la palabra en constituyentes mayores.

La diferencia se comprueba con un solo ejemplo. En *cantamos*, el exponente *-mos* realiza persona y número, lo que es un caso de amalgama. Hablar de sincretismo exige, en cambio, compararlo con otra celda. La primera persona del plural del presente y la del pretérito perfecto simple coinciden en *cantamos*. La amalgama se refiere a cuántas propiedades realiza una parte de la palabra; el sincretismo, a cuántas posiciones del paradigma comparten una realización.

La homofonía es una noción más amplia que el sincretismo morfológico, porque abarca también la identidad sonora entre formas de lexemas distintos. *Fui* pertenece tanto a SER como a IR. En *fui responsable* y *fui al hospital* hay que identificar primero el verbo, mientras que en *yo cantaba* y *ella cantaba* el lexema permanece fijo. Ambas situaciones producen ambigüedad potencial, en planos de análisis diferentes.

La identidad formal debe separarse también de la falta de información. Cuando una casilla no está documentada, queda por saber si la forma falta en la lengua o solo en la muestra. Cuando varias casillas presentan la misma forma, en cambio, hay evidencia positiva de coincidencia. Una coincidencia acústica puede deberse, por último, a un proceso fonológico aplicado durante el habla. Decidir si responde a un sincretismo morfológico o a una neutralización fonológica, que también pueden interactuar, exige comparar la pronunciación con la distribución de las formas en el paradigma. La impresión de que dos grabaciones concretas suenan igual es insuficiente para clasificar el caso.

## Tres arquitecturas morfológicas

Una primera arquitectura parte de unidades morfológicas combinables. En ella, el plural se representa como un morfema que dispone de varios exponentes y de condiciones para seleccionarlos. Su ventaja es que conserva una segmentación explícita y permite localizar el componente que varía. Sus dificultades aparecen cuando la correspondencia entre morfema y segmento se vuelve tan estricta que obliga a multiplicar las piezas nulas y las fusiones. Esas dificultades afectan a la versión restringida del modelo, aquella en la que cada significado debe tener siempre una pieza sonora independiente e invariable. La morfología distribuida (Distributed Morphology, DM), que admite la inserción contextual de exponentes y la fusión de rasgos en un solo exponente, escapa a esa objeción (Halle y Marantz, 1993). La evaluación debe dirigirse, por consiguiente, a las propuestas efectivas.

La arquitectura realizacional toma como punto de partida un conjunto de propiedades gramaticales y determina cómo se expresa. En la morfología de funciones paradigmáticas de Stump (Paradigm Function Morphology, PFM), las reglas relacionan bases y propiedades con realizaciones (Stump, 2001, cap. 1). Esta orientación permite que varias propiedades reciban una expresión conjunta y que distintas condiciones seleccionen bases diferentes. Como los rasgos pertenecen a la celda desde el principio, ningún sufijo tiene que introducirlos. Una regla de este tipo puede formularse para que *cantaba* realice tanto la primera como la tercera persona del singular del imperfecto de indicativo. La regla registra una generalización sobre las celdas y deja intacta la persona en la sintaxis, donde el hablante sigue distinguiendo los referentes.

Una tercera orientación concede prioridad a las palabras completas y a las relaciones entre ellas. Un patrón conecta formas y permite inferir unas a partir de otras sin asignar cada propiedad a un fragmento autónomo. Blevins (2016) sitúa en esta tradición de palabra y paradigma tanto los modelos implicativos, que infieren unas formas a partir de otras, como los realizacionales del tipo de PFM. En ambos casos las relaciones entre formas son sistemáticas y pueden ser productivas.

Las diferencias se aprecian al tratar una excepción. El análisis segmental registra una base alternativa junto con las condiciones de su inserción; el realizacional dispone una regla específica que prevalece sobre la general. El paradigmático, por su parte, conecta directamente una forma conocida con las celdas desde las que pueden inferirse otras. Estas descripciones reconstruyen estrategias posibles con fines expositivos y nada dicen sobre su realidad psicológica. Cada una debe especificar cómo evita extender la excepción a lexemas que no la presentan. Añadir una instrucción independiente para cada dato describe el inventario y deja sin mostrar qué regularidades se generalizan.

Para comparar estas arquitecturas hay que examinar qué predicen con información parcial. Hay que establecer si basta conocer el infinitivo o se necesita una base adicional. También importa si una alternancia se extiende a palabras nuevas o se limita a los casos conocidos. Dos modelos que producen las mismas formas conocidas empatan en ese terreno. La elección exige, entonces, buscar datos en que sus predicciones diverjan. La sección siguiente plantea esa comparación sobre un sistema construido.

## Análisis integrado de un sistema construido

Los datos de la tabla 22.3 pertenecen a una lengua inventada para este capítulo, con dos números y dos casos, directo y oblicuo. Se estipula que las etiquetas de caso remiten a funciones establecidas con independencia de las terminaciones. Los guiones marcan una segmentación analítica.

Tabla 22.3. Paradigmas nominales de una lengua construida

| Lexema | Singular directo | Singular oblicuo | Plural directo | Plural oblicuo |
|---|---|---|---|---|
| LUM, «recipiente» | *lum* | *lum-da* | *lum-i* | *lum-i* |
| TAK, «herramienta» | *tak* | *tak-ta* | *tak-i* | *tak-i* |
| SEN, «tejido» | *sen* | *sen-da* | *sen-i* | *sen-i* |
| VEK, «sendero» | *vek* | *vek-ta* | *vek-i* | *vek-i* |
| ZUN, «criatura» | *zun* | *zun-da* | *pal-i* | *pal-i* |

La primera regularidad afecta al singular oblicuo, que presenta *-da* tras bases terminadas en nasal y *-ta* tras las demás consonantes representadas. Las dos variantes realizan la misma combinación gramatical con una distribución condicionada. Pueden describirse, en consecuencia, como alomorfos seleccionados por el final de la base dentro del dominio observado.

Dos hipótesis compiten para explicar esa distribución. La hipótesis fonológica general almacena un sufijo /ta/ y propone que toda /t/ inicial de sufijo se sonoriza tras una nasal. La hipótesis de selección morfológica almacena dos exponentes del singular oblicuo, *-da* tras nasal y *-ta* en los demás contextos. Ambas producen los mismos resultados sobre la tabla. Hace falta un dato que las discrimine. Supongamos que la lengua tiene además un sufijo derivativo /ti/ y que su combinación con LUM se realiza [lumti], sin sonorización. La hipótesis fonológica general predice [lumdi] y falla, mientras que la de selección morfológica acierta porque restringe la variante al exponente de caso. El resultado favorece la segunda hipótesis tal como fueron formuladas ambas. Una regla fonológica restringida a determinados morfemas podría recuperar los datos, pero esa modificación tendría que declararse y someterse a una nueva comparación.

La segunda regularidad es la identidad de los dos casos en plural, pese a que el contraste de caso se manifiesta en singular. Se trata de un sincretismo condicionado por número. Una formulación realizacional podría asignar *-i* al plural sin exigir un exponente de caso distinto en ese dominio. Otra podría incorporar una neutralización de caso en la realización. La tabla es compatible con ambas arquitecturas.

La tercera regularidad afecta a ZUN, cuya base singular *zun-* contrasta con *pal-* en plural, aunque el plural conserva la terminación *-i* de los demás nombres. Si la estipulación de identidad léxica es correcta, el análisis más directo postula una base supletiva condicionada por número. La irregularidad queda localizada en la base; el sufijo de plural es el regular.

La capacidad de generalización puede ponerse a prueba con un nombre nuevo, MEM. Las reglas propuestas predicen *mem-da* en singular oblicuo y *mem-i* en ambos plurales, salvo que exista información léxica excepcional. Conocer solo el singular de ZUN, en cambio, no permite predecir que su plural use *pal-*. El sistema combina, así, regularidades generalizables con información específica de cada lexema. El ejercicio permite separar lo observado de lo supuesto. La distribución de las terminaciones forma parte de los datos; la identidad de los lexemas y los valores de caso fueron estipulados. La elección entre mecanismos requiere contrastes adicionales, porque una segmentación conveniente todavía está lejos de ser una explicación completa.

## Inferencias desde una forma aislada

Generar una forma e interpretarla son operaciones distintas. Conocidos un lexema y sus propiedades gramaticales, puede buscarse su realización, mientras que la operación inversa puede devolver varias posibilidades. *Cantaba* no permite recuperar una persona única sin contexto. Esa ambigüedad deriva del funcionamiento regular del paradigma.

La observación tiene una aplicación concreta en la documentación clínica. En el enunciado construido «Dijo que tomaba el medicamento», la terminación de *tomaba* es compatible con un sujeto de primera o de tercera persona. En la lectura de tercera persona, además, el sujeto puede ser quien hizo la declaración u otra persona. El discurso puede resolver la ambigüedad, pero la terminación sola no basta para hacerlo. Reescribir el enunciado en una ficha como «El paciente tomaba el medicamento» añade una resolución referencial que solo está justificada si el contexto la respalda. La precisión gramatical consiste aquí en conservar la indeterminación hasta contar con información suficiente.

En el procesamiento computacional conviene separar las tareas de la misma manera. La generación morfológica recibe un lema y un conjunto de propiedades para producir una forma. Completar paradigmas consiste, por su parte, en inferir las formas que faltan a partir de algunas conocidas. La tarea compartida CoNLL-SIGMORPHON de 2017 evaluó ambas por separado en 52 lenguas (Cotterell et al., 2017). La distinción permite examinar qué información necesita un sistema. Una salida correcta no demuestra, con todo, que su representación morfológica coincida con la humana.

Una evaluación más informativa separaría las formas regulares de las alternancias condicionadas y de las bases supletivas, ya que cada grupo exige información distinta. Un analizador debería, además, poder mantener varias lecturas para una forma sincrética cuando carece de contexto. Si se le obliga a escoger una sola, la prueba mezcla su conocimiento morfológico con su estrategia de desambiguación.

El capítulo 23 vuelve a la creación de unidades léxicas para estudiar cómo se fija una innovación y qué separa una forma posible de un uso ocasional o de una unidad convencional.

## Referencias

Albright, A., y Hayes, B. (2003). Rules vs. analogy in English past tenses: A computational/experimental study. *Cognition*, *90*(2), 119-161. https://doi.org/10.1016/S0010-0277(03)00146-X

Baerman, M., y Brown, D. (2013). Syncretism in verbal person/number marking. En M. S. Dryer y M. Haspelmath (Eds.), *The world atlas of language structures online* (cap. 29). Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology. https://wals.info/chapter/29

Blevins, J. P. (2016). *Word and paradigm morphology*. Oxford University Press.

Cotterell, R., Kirov, C., Sylak-Glassman, J., Walther, G., Vylomova, E., Xia, P., Faruqui, M., Kübler, S., Yarowsky, D., Eisner, J., y Hulden, M. (2017). CoNLL-SIGMORPHON 2017 shared task: Universal morphological reinflection in 52 languages. En M. Hulden (Ed.), *Proceedings of the CoNLL SIGMORPHON 2017 Shared Task: Universal Morphological Reinflection* (pp. 1-30). Association for Computational Linguistics. https://doi.org/10.18653/v1/K17-2001

Halle, M., y Marantz, A. (1993). Distributed morphology and the pieces of inflection. En K. Hale y S. J. Keyser (Eds.), *The view from Building 20: Essays in linguistics in honor of Sylvain Bromberger* (pp. 111-176). MIT Press.

Paster, M. (2009). Explaining phonological conditions on affixation: Evidence from suppletive allomorphy and affix ordering. *Word Structure*, *2*(1), 18-37. https://doi.org/10.3366/E1750124509000282

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. (2019). *Glosario de términos gramaticales* (versión 1.0 en línea). https://www.rae.es/gtg

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. (2025). *Diccionario panhispánico de dudas* (2.ª ed., versión en línea). https://www.rae.es/dpd

Stump, G. T. (2001). *Inflectional morphology: A theory of paradigm structure*. Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9780511486333

Veselinova, L. N. (2013). Suppletion according to tense and aspect. En M. S. Dryer y M. Haspelmath (Eds.), *The world atlas of language structures online* (cap. 79). Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology. https://wals.info/chapter/79
